Ley de Armas en Chile PDF Imprimir Correo electrónico
Derechos Humanos

El sábado 21 de octubre apareció en el Diario Oficial la ley que establece el control sobre las armas. No se puede negar que el objetivo principal de esta ley es impedir que proliferen en nuestro país aquellas bandas de delincuentes, que por estar integradas por hijitos de su papá, reciben el pomposo nombre de "Comandos Rolando Matus". Se trata de evitar que, como quedó demostrado en el proceso seguido "contra Viaux y otros", los momios sigan trayendo armas desde Argentina, Panamá y otros países, para realizar sus acciones asesinas o sus preparativos sediciosos.
¿Pero se puede mediante una ley evitar todo esto? Hemos visto que en el sur se disparó en contra del Intendente Fuchslocher y, sin embargo, no se encontró a los culpables. Que diferentes grupos de reaccionarios han dado muerto a campesinos y, sin embargo, los Tribunales los han dejado en libertad. Que los grupos Rolando Matus y Patria y Libertad actúan en diversos lugares y, sin embargo, escapan con facilidad a la acción de la justicia.
El problema está en saber si con una ley se va a evitar todo esto. Es cierto que ahora se entregó a los Tribunales Militares el conocimiento de todos estos asuntos de armas. Pero, recordemos que al final de cuentas es la Corte Suprema la que dice la última palabra y ya tenemos la experiencia en el caso de Raúl Morales Adriazola. Lo condenó el Tribunal Militar ante evidencias que hacían irrefutable su participación en los hechos que culminaron con la muerte del General René Schneider, pero la Corte Suprema frente al alegato politiquero del jefe de Patria y Libertad, Pablo Rodríguez, lo declaró inocente.
Con justa razón podemos dudar de que se cumplan los objetivos que llevaron a la dictación de esta ley. En cambio, si que pueden producirse otros efectos.
Los Comandos Rolando Matus atacan provistos de buen armamento a campesinos y trabajadores indefensos. Solamente agreden cuando tienen una total superioridad sobre el atacado y cuando están seguros de no correr riesgo alguno. Es la técnica y la cobardía tradicional de todos los grupos fascistas a través la historia, compuestos generalmente por pervertidos mentales y sexuales.
Entonces, vamos a tener que estos Comandos Rolando Matus van a seguir operando igual que antes, pues su impunidad está asegurada. En cambio, los trabajadores y campesinos no van a disponer de ningún medio de defensa.
Con razón la derecha ha aplaudido tanto la entrada en vigencia de esta ley. Cuando la derecha aplaude una iniciativa es difícil pensar que ella va en beneficio de los trabajadores.
Pero hay más. El cogotero no anda en los barrios altos, basta revisar las crónicas policiales y los procesos por hechos ocurridos en el Gran Santiago para darse cuenta de ello. El cogotero ataca al trabajador, no al señor. Cogotear a alguien que anda en auto es bastante difícil, cogotear a alguien que tiene su dinero en el banco no tiene sentido. Aún frente a la delincuencia "el pobre" sale perjudicado y el rico beneficiado. La sociedad construida por los ricos es perfecta para ellos y hasta la delincuencia está a su servicio.
Ahora bien, el trabajador, el pequeño comerciante, el artesano, que vive en una población, sacaba permiso en la intendencia y portaba su arma. Con esto evitaba el cogoteo. Pues el cogotero al igual que el fascista sólo ataca cuando está completamente seguro de su superioridad y de no correr riesgo alguno. La traición y la cobardía unen al cogotero y al fascista.
La presente ley deja las cosas así como están respecto a los enemigos de la clase trabajadora. Los comandos Rolando Matus y los cogoteros seguirán proveyéndose de armas y usándolas contra los trabajadores. Éstos en cambio no podrán usarlas. Y si las usan recaerá sobre ellos todo el peso de la ley.
Creemos que la ley es poco flexible. Según ella, sólo en casos muy especiales y después de todos los informes que se estime convenientes se puede dar permiso para portar armas. Eso es dejar en la indefensión a los trabajadores. Por otra parte la ley se pasa de desconfiada. Creemos que no habría habido inconvenientes en que los intendentes siguieran otorgando permisos renovables anualmente, de acuerdo con los informes de necesidad real que recibieran de los solicitantes.  Aún se podrían haber puesto más requisitos, pero era un sistema más sencillo y al cual los trabajadores estaban ya habituados.
No se pueden negar los buenos propósitos que inspiran la presente ley. Pero, de buenos propósitos está lleno el reino de los cielos y en la tierra hace falta algo más que buenos propósitos. (La Aurora de Chile, 2-2-1972)