La información periodística con respecto a la paz tiene los mismos objetivos que ante cualquier otro tema: llevar información al público de lo que pasa, buceando también en las más oscuras profundidades del secretismo oficial y acicagtear, incluso con sus aportes propios, para que se produzcan las necesrias reflexiones que posibiliten acciones futuras.


 

No se trata de hacer campañas en favor de la paz, aunque nunca estarán de más, sino de proporcionar la información suficiente y pertinente para que sus receptores puedan tener un conocimiento cabal de lo que pasa. Y, además, de facilitar una participación pluralista en el debate que necesariamente debe ser reflejado en los medios de comunicación y, a veces, hasta promovido en ellos.

 

La cuestión es, en todo caso, una cuestión de medidas y oportunidades. A los periodistas se nos están planteando opciones en cada momento de neustro trabajo, acerca de qué información y en qué medida es la que necesitan nuestros públicos respectivos.

 

Es en la adecuada solución de esa cuestión donde los periodistas, en tanto que profesionales y desde nuestro trabajo como tales, podemos hacer nuestros aportes a la paz. Es bueno reconocer que, salvo excepciones, las soluciones al problema son deficitarias.

 

En descargo de los periodistas cabe señalar que en otros sectores, quizás con mayor responsabilidad social, tampoco se advierte una buena ponderación de los esfuerzos que se dedican a la paz y el desarme. Como prueba, se puede mencionar que en las Cortes españolas todavía no se haya suscitado un debate a fondo sobre la carrera armamentista, el desarme nuclear y las opciones planteadas en su torno. Pareciera que es suficiente un compromiso parlamentario de no nuclearización y que lo verdaderamente importante es establecer exactamente donde está el límite entre la integración y la no integración en la estructura militar de la OTAN.

 

La paz y su antagonismo más absoluto, la guerra, se han convertido en las últimas décadas en la cuestión esencial para la supervivwencia de la humanidad como un todo. En los primeros estadios de la humanidad la guerra pudo suponer una forma de subsistencia para algunas tribus o pueblos y de avance social para otros. Hoy, a la vista de lo que ocurre todos los días en todas partes, se puede afirmar sin temor a equivocarse que la guerra, --la guerra en general, sin apelaciones--, ya ni como excepción puede significar una forma de subsistencia o de avance social.

 

Si admitimos como correcta esta afirmación de que paz y guerra son la cuestión esencial para la humabnidad, la conclusión inmediata es que, en términos generales, ese debería ser el tema principal, predominante en los medios de comunicación social. Cosa que, evidentemente, no ocurre. Y lo que es más grave aún, su tratamiento suele ser contraproducente.

 

Esto ocurre cuando las informaciones privilegian los aspectos técnicos y dejan en segundo lugar las consecuencias humanas, económicas y sociales de los conflictos.

 

Esto ocurre también cuando se privilegia el papel de las super-potencias en el proceso que quiere llegar al desarme y que subordinan acciones como la iniciativa de paz de los cuatro continentes, impulsada por los presidentes y primeros ministros de Argentina, India, México, Tanzania, Suecia y Grecia, que representan a la inmensa myoría de la humanidad, no alineada y neutral.

 

La información periodística debe ayudar también a que los ciudadanos entiendan que la guerra y la paz son problemas suyos, en cuya solución puede y debe participar. A los periodistas, que cotidianamente debemos estar resolviendo nuestras dudas de cual es el tema predomiante, cómo debe ser enfocado y tratado, se nos debería plantear también y en sentido positivo, la duda de si es más importante una declaración diplomática o una acción ciudadana por la paz. El protagonismo de los ciudadanos puede ser impulsado, entre otras cosas, si se le reconoce en los medios.

 

La horizontabilidad y nuevas redes aumentan esa posibilidad, sin caer en el exclusivismo profesional. Una prueba es el papel de los ayuntamientos que tienen cada vez más poder para fomentar la participación, organizar seminarios y cumplir un papel como origen de muichas informaciones.

 

Esto en lo que hace a la información periodística, que es sobre lo que se me pidió una intervención. Pero es necesario hacer un agregado: tanto o más importante que la periodística es la otra comunicación, que prevalece y cuyos mensajes subyacentes son mayoritariamente belicistas y exhaltadores de la violencia.

 

La televisión y el cine están inundados de filmes belicistas, donde la violencia, el coraje, la tortura y el asesinato –masivo o individual--, son presentados como valores dignos de ser imitados. La información periodística no puede evitar esta propaganda subliminal en favor de la guerra. Puede, en cambio, hacer que sea evidente, con lo que será menos nociva. (Madrid, 28 de abril de 1987)