Sin contradecir a Jorge Alberto Lozoya, respecto a que el presidente Salinas fue el primero en anunciar y proponer la cumbre de Guadalajara, quiero decir que en realidad existía una idea previa. Y es bueno saber por qué no se había concretado para, de esa manera, ver el carácter y la definición política de estas conferencias.


En 1976, cuando el Rey Juan Carlos hizo su primera visita a América, habló de la Comunidad Iberoamericana de Naciones y se refirió a la posibilidad de volver a encontrarse todos juntos.

También coincido con Jorge Alberto Lozoya en que este Rey no es tradicional. Es un Rey moderno, democrático, que cree en el pluralismo, y de ahí su reticencia cuando vio que fieles colaboradores suyos, como Manuel Prado y Colón de Carvajal, que dirigió el Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI), empezaron a plantear la idea de reunir a los mandatarios de América Latina, España y Portugal, se encontraron con que había una colección de dictadores importantes, y que era imposible reunir a demócratas con Videla, Pinochet y otra gente de esa calaña.

Esa fue la razón por la cual no pudo prosperar en la década pasada la idea de convocar esta reunión.

Recién cuando en la mayoría de los países de América Latina se recuperó la democracia pudo cuajar la idea de hacer una cumbre iberoamericana de mandatarios y ahí vino el proceso de como se llegó a Guadalajara y a Madrid con las dos primeras cumbres.

Menciono esto para señalar que la cumbre es ante todo un hecho político y de comunicación, no es una reunión de mercaderes, como a veces se ha dicho peyorativamente sobre los inicios de la Comunidad Europea.

El presidente Betancur ha analizado la declaración final de Guadalajara. Ahí se ve cuales son los puntos políticos esenciales en que hubo acuerdo entre los 23 mandatarios de 21 países.

Pero en aquella primera cumbre hubo algunos actos políticos que tuvieron gran trascendencia: al mismo tiempo que se hacía la reunión en los pasillos, en salas aledañas se reunieron las delegaciones de la guerrilla y del gobierno de El Salvador, donde cimentaron el proceso para la paz; Argentina y Brasil firmaron el acuerdo de control de sus instalaciones nucleares, lo cual significó terminar un diferendo de décadas, e iniciar un proceso de cooperación de uso científico de la energía atómica; Cuba y Colombia restablecieron relaciones diplomáticas; el grupo de los tres hizo acuerdos de libre comercio, y se gestaron otra infinidad de reuniones en las sesiones de puertas cerradas entre los mandatarios, que son mucho más importantes que las públicas, donde pronuncian los discursos.

Aquella primera cumbre fue también un éxito de comunicación: ahí comenzaron actividades de periódicos de América Latina, de España y de Portugal para producir suplementos conjuntos que se publicaron antes, durante y después de la cumbre, que dieron nacimiento a redes de intercambio de materiales sobre los hechos políticos fundamentales de esas cumbres, entre más de 20 periódicos, que se publicaron de manera sistemática y que ocuparon la primera plana de los medios.

No ocurrió así con la cumbre de Madrid, ni con la de Bahía.

En Madrid triunfaron incluso campañas de desinformación. En todas las cumbres los lugares donde se sientan los mandatarios en todos los actos son sorteados por los representantes de las cancillerías, y se sabe exactamente con anticipación adonde irá cada uno. De esa manera, todo el mundo sabía con antelación dónde se iba a sentar cada mandatario.

Sin embargo la noticia deslumbrante en la cumbre de Madrid, la noticia que ocupó espacio y tiempo a muchos de nuestros colegas, fue la falsa información de que Fidel Castro había sido aislado en la reunión.

Falsa, porque sabemos que ningún mandatario en ningún país del mundo va a ir a una cumbre si no sabe, en términos generales, cuál es su papel en esa reunión. Pero además, El País y Excelsior, por ejemplo, habían publicado un artículo el mismo día que empezaba la cumbre donde se decía que los lugares habían sido sorteados.

Pero alguien sacó una foto desde un ángulo determinado, en el que Fidel quedaba en un rincón, y esa fue la noticia dominante.

Aunque los que estuvimos allí sabemos que en una de las sesiones Fidel Castro estuvo entre Felipe González y Violeta Chamorro, y en otra entre Menem y Collor de Melo. ¡Si eso es estar de lado, ustedes me contarán!

En Bahía, sobre el mismo tema recurrente de Cuba, se inventó un atentado contra Fidel Castro. Y por una vez, los castristas y los anticastristas estuvieron de acuerdo en hacer de eso la noticia. Unos para denunciar que lo querían matar, y los otros para ganar popularidad diciendo que había gente que quería acabar con la dictadura por estos caminos.

Esto quiere decir que el fenómeno de comunicación de la cumbre no ha trascendido, que todavía encontramos gente que piensa que en la cumbre lo fundamental es la cooperación norte-sur y que los países europeos den fondos para ayudar a los países del sur, que serían los latinoamericanos.

Se deja a un lado así, por ejemplo, que el Producto Interno Bruto (PIB) de Brasil es similar al de España; que en muchos aspectos científicos, México, Brasil, Argentina, o Colombia, están a la altura y pueden, en el proceso de cooperación con España o Portugal, dar, recibir o trabajar juntos.

Para que esta cumbre tenga una finalidad en sí misma y no se diluya -como amenazó diluirse en Bahía, cuando varios países plantearon que había que espaciarla cada dos años, con lo cual se iniciaba la muerte segura de esta conferencia- debería afirmarse el carácter de no mercadeo de la cumbre.

Aunque hay que anotar sus aspectos positivos, que gracias a estas conferencias se ha constituido la Confederación Iberoamericana de Cámaras de Comercio e Industria, que se ha establecido una coordinación entre los empresarios de las Confederaciones de Empresarios de América Latina, España y Portugal, que han surgido una decena de organizaciones de este tipo y que el aspecto de inversión, de mercadeo y demás -aunque no sea su objetivo primordial- no es ajeno al proceso de las cumbres.

O sea, señoras y señores, que la Cumbre Iberoamericana es mucho más de lo que aparenta serlo en las notas periodísticas y que es un proceso en plena marcha que, con seguridad, llegará muy alto.

Respecto de cuál podría ser el interés de cada país por participar en esta cumbre, recuerdo que una vez estábamos en una reunión en San Pablo, y surgió la pregunta de por qué España se preocupa de hacer seminarios o participar en reuniones en América Latina.

Uno de nosotros dijo: porque el idioma español y el portugués no serían nada en el mundo sin América Latina. Es decir, no se podría hablar de un idioma español hoy, fuerte, vigoroso, presente en la comunidad internacional, si no estuvieran los pueblos hispanohablantes de América Latina. Y no se podría hablar del idioma portugués, con toda su tradición y su riqueza, sin Brasil.

Cada vez más, a partir de la lengua, se están gestando las industrias de la información y todo el desarrollo científico y tecnológico basado en las industrias de la lengua, que necesitan la unidad del idioma. Aunque no fuera más que por eso, por preservar el trabajo en torno a dos lenguas hermanas, sería importante que existiera una Comunidad Iberoamericana de Naciones.

Pero hay también temas políticos. El contrapeso para el panamericanismo, decía Federico Fasano, es el iberoamericanismo concebido como una comunidad con países a los dos lados del océano. Pero también para España y Portugal tener el apoyo latinoamericano les significa una mayor presencia en el mundo.

Se suele decir en España que cuando su canciller viaja para tratar cuestiones con otros países, siempre queda implícito que tiene un respaldo latinoamericano. Y cada vez más, en las cuestiones latinoamericanas, existe el respaldo español.

Eso que se ve en el concierto de las naciones no significa la idea de puente. Los países de América Latina tienen entidad suficiente para mantener cada uno sus relaciones con quien consideren conveniente. Pero, dentro de la Unión Europea -que hoy son doce socios- es bueno que cuando se reúnen a puertas cerradas estén España y Portugal con un oído puesto en América Latina.

No para hacer de puentes, sino para que en las reuniones en las que no puede estar Latinoamérica, por definición (ya que son europeos), se planteen también asuntos de su interés y teniendo presente su posición.

Respecto de si una comunidad se comienza por el tejado o por los cimientos, el ejemplo que podemos tomar es el de la Unión Europea, que ha tardado 35 años en hacer los cimientos económicos, para llegar al tratado de Mastrich, o el Mercosur, que ha avanzado muchísimo más rápido en tres años, a partir de decisiones eminentemente políticas.

El gran tesoro que tiene esta conferencia iberoamericana de mandatarios es precisamente que sus miembros pueden hablar de política sin intérpretes, entendiendo las razones y las sutilezas, en un clima cordial, amistoso, cooperante.

Hay un tema que siempre aparece como el más conflictivo, que es el de Cuba. No existe ningún foro a nivel mundial donde se le hubiera podido decir a Fidel Castro lo que se le ha dicho en la Cumbre sobre la apertura de la economía cubana,  sobre la necesidad de democratizar las instituciones de su país y sobre la necesidad de que se mantenga dentro de la comunidad. A su vez, no existe ningún foro donde Castro haya podido contestar a sus iguales lo que él pensaba al respecto.

Y mientras en la Cumbre se apoya un proceso de democratización y de apertura en Cuba, al mismo tiempo, como se dijo en Bahía, se expresa la más absoluta solidaridad en contra del embargo y en contra de cualquier intervención. Esto es impensable en otros foros. Aunque más no fuera por eso, valdría la pena consolidar esta comunidad.

He notado algunos puntos que nos definen, a partir de las propias conferencias: el criterio de la democracia como sistema de vida y como sistema político. La democracia en su más amplia acepción, no la que se aplique en un país u otro. La defensa de los derechos humanos, la defensa del no intervencionismo en los asuntos internos de otros estados, el tratamiento del narcotráfico, el medio ambiente, las industrias de la lengua -que son las que más pueden potenciar el desarrollo de iniciativas conjuntas de nuestros países-, el desarrollo social. Ahora que se habla tanto de neoliberalismo (que algunos decimos que es neoconservadurismo y no neoliberalismo), suele estar olvidándose el desarrollo humano y social.

El desarrollo social es un tema que está sobre la mesa en Latinoamérica y que debe ser encarado de manera conjunta.

Tenemos temas comunes en ciencia y técnica. Llama la atención, a veces, que los progresos científicos interesantes que se producen en Latinoamérica se desconozcan en la mayoría de nuestros países, porque generalmente en nuestras secciones de ciencia y técnica recogemos las gacetillas que nos envían las grandes transnacionales, y los descubrimientos que se producen en nuestros países pasan desapercibidos.

Son éstos temas comunes a Iberoamérica ¿O no? Tenemos que identificar cuáles son los temas claves.

En esta cumbre se va a hablar de integración y comercio. El tema clave que puede identificar a los países de los dos lados del océano, es cómo sus procesos de integración se pueden coordinar entre sí.

Se ha hablado del banano. Es un tema común pero contradictorio entre España y los países latinoamericanos, y tenemos que ver cómo se aborda, y como lo abordan nuestros medios para que tenga una trascendencia distinta.

El tema de la hoja de coca que mencionó Ana María Campero, es uno de los ejemplos en los cuales ha sido y pudo ser más positiva todavía la cumbre.

Everdad que cuando la delegación boliviana quiso entrar hojas de coca a la exposición de Sevilla, para servir té de coca a los visitantes, los funcionarios de aduana interpretando la legislación existente lo prohibieron.

Pero eso tiene un segundo capítulo: cuando la reina Sofía visitó Bolivia se hizo una foto tomando té de coca, que fue distribuida por EFE en toda España, y que fue la más importante campaña que pueda haber para diferenciar la cocaína de la coca.

En la segunda cumbre, en la de Madrid, el presidente Jaime Paz fue distribuyendo prendedores con forma de hojitas de coca para poner en la solapa, a todos los delegados, periodistas, conserjes, amigos, a todo el que pasaba le regalaba una de estas hojitas y le decía: ¡la hoja de coca es inofensiva, lo que es malo es la cocaína, que se produce con materias primas importadas de Europa!

Y Paz hizo el mismo teatro cuando se firmó el acuerdo del Fondo Indigenista. Quiere decir esto que la cumbre ha dado repercusión a aspectos positivos a este tema común a todos nosotros.

Cuba ha sido tema recurrente, como dice Pedro Margolles, en las cumbres. Pero en las declaraciones de las tres cumbres y discursos públicos de todos los mandatarios, Iberoamérica ha declarado su solidaridad con el pueblo cubano, y el rechazo al embargo.

Sin duda, a puerta cerrada, los mandatarios han comentado entre sí temas internos de sus países. En ese ambiente se le ha hablado a Castro sobre la Isla, pero el líder cubano tampoco es mudo y ha hecho muchos comentarios sobre las políticas internas de otros países.

Yo no coincido con el reclamo de que nos dejen entrar a las reuniones a puerta cerrada, porque si estuviéramos los periodistas en esas sesiones habría pura retórica, y discursos concertados para publicar.

Lo bueno de las reuniones a puertas cerradas es que se puedan plantear los temas conflictivos con la confianza con que se plantean. Yo he estado en algunas de esas reuniones y he visto que entre absolutamente todos los mandatarios reina un clima de suma confianza para plantear cualquier tema.

Respecto de España, es verdad que en este momento, cuando sus inversiones hacia América Latina son más grandes que nunca -en los últimos tres años, por ejemplo, España ha invertido en Argentina 6.000 millones de dólares- el interés político ha disminuido notoriamente.

Nos damos cuenta al notar la ausencia de ministros españoles en esta cumbre. Es verdad que en España hay elecciones en estos días, pero el interés político de España por América Latina ha bajado.

La identidad, sea la nacional, la étnica, la regional, o en el caso que nos ocupa la iberoamericana, no se asegura ni por leyes ni por declaraciones de mandatarios. Sino por el fortalecimiento de las culturas que la sustentan.

Y hablando de la cultura iberoamericana, en la que los países comparten muchos rasgos y aspectos, pero que no conforman una sola cultura, tenemos que decir cuál puede ser el papel de la comunicación social, que es lo que nos convoca.

En ese sentido tiene que ver la capacidad de elegir de los mediadores -que somos los periodistas- entre la sociedad y los hechos, los procesos, los contextos. Tenemos que desarrollar como tales mediadores nuestra capacidad de selección. Eso está vinculado a la idea de la escuela iberoamericana de periodistas, está en la línea de hacer seminarios, está en el plan de intercambiar informaciones, opiniones, y materiales.

Pero también está el derecho de los ciudadanos a elegir, para lo que hay que tener presentes dos aspectos:

Uno es que en la sociedad actual de internacionalización y globalización tenemos que alentar la formación de empresas bi o multinacionales en el seno de la Comunidad Iberoamericana.

Cuando hablo de multinacionalidad, no me refiero a esas empresas que la ONU define como transnacionales, es decir que están en un país y se expanden hacia los demás, sino empresas formadas por entes, sean empresas, o no, de distintas naciones.

Las experiencias que se han desarrollado en España -por ejemplo el caso del grupo El País, al que se refería Joaquín Estefanía, por los acuerdos de compartir redacciones, archivos, trabajos con otras instituciones, o mismo dentro de España, el trabajo de los periódicos regionales que comparten una agencia de prensa, corresponsales y demás- deberíamos trasladarlo al seno de la Comunidad Iberoamericana e impulsar acuerdos en ese sentido.

Si de esta reunión, además de las ideas, salieran intentos de hacer actividades comunes, las que fueran, entre los periodistas que se han conocido o reencontrado aquí, sería un paso adelante.

El otro aspecto que debemos impulsar los periodistas -y haciendo un ejercicio de humildad- es que el derecho y el deber de comunicar no es sólo de los periodistas, sino también y fundamentalmente de los ciudadanos.

Los ciudadanos tienen el derecho de crear sus propios medios, aunque no sean periodistas, tienen el derecho de influir en lo que se comunica y cómo se comunica, aunque no sean periodistas, y ahí aunque sea trasnochado hablar de que florezcan mil flores, podríamos decir que a lo que tendríamos que apuntar es a que florezcan mil y una.

Cuando hablamos de los problemas que surgen de la capacidad de ofrecimiento de las televisiones por cable, no nos olvidemos que en esa oferta múltiple, lo que realmente empieza a predominar siempre es la capacidad de producción. Y, lamentablemente, la mayor capacidad de producción de programas de películas y demás no está en nuestras manos.

Eso es lo que hay que fortalecer, porque cuando tenemos tres, cinco, diez canales, Dallas o Dinastía aparece en todos ellos, y lo grave es que después aparecen los subproductos que son mucho peores, y que nos inundan y nos cubren los espacios con telebasura.

Otro aspecto que debemos impulsar es la coproducción de programas, sean informativos o de entretenimiento, para poder competir con calidad, porque si nosotros lo que ofrecemos a través de los medios es baja calidad, no sólo no estaremos fortaleciendo nuestra identidad cultural, sino que además dejaremos abierta la puerta para que la gente, cuando coja el mando a distancia del televisor, sistemáticamente salte los canales donde pueden aparecer nuestras cosas.

Respecto a la propuesta de Federico, y que apoya el colega Salgar, yo les comentaba antes que habíamos hecho una experiencia que funcionó un año entero con veintitantos periódicos, y el esquema básico fue empezar por lo más fácil.

Lo más fácil es intercambiar artículos de opinión y de análisis. ¿Por qué? Nosotros podemos decir que los medios se comprometen todas las semanas a enviar dos artículos o un artículo, o los que sean, sobre el tema que ese diario considera importante que se conozca fuera. Sea de cultura, política, economía, deportes, lo que se le ocurra. Los demás tienen la obligación de recibirlo, y el derecho de publicarlo, si quieren.

Eso Comunica Press podría hacerlo sin costo para los medios, pero recurriendo a instituciones de cooperación como la UNESCO, para cubrir costos menores de administración y comunicaciones.

Otra parte, que podemos hacer entre todos, pero que necesita un compromiso personal de los aquí presentes, es lo de la agenda, la guía y las pautas. Es hacer nosotros contribuciones periódicas, intercambiándonos los titulares de primera plana que hemos hecho durante una semana todos los periódicos, y después cada uno da su opinión respecto a cuál fue realmente noticia para nuestra comunidad y cuál no.

La única contribución, el único compromiso que habría es suministrar esa información semanalmente. No información dura, porque esa es imposible de trabajar con este método y tendría que ser una segunda etapa, pues eso requiere mesas de edición, etc, y hoy otros problemas que son más difíciles de resolver. Pero el intercambio de materiales de opinión y análisis nosotros sí estaríamos dispuestos a organizarlo. Sobre el aspecto específico del intercambio,  María Teresa, Alicia y yo creemos que se debe intentar lo posible, lo viable, y plantearnos además, para el futuro, los grandes objetivos que ha mencionado Fernando Reyes Mata.

Una cosa es el plan que nosotros tenemos que desarrollar a largo plazo, y que debemos impulsarlo por todos los medios, pero al mismo tiempo poder marcar algunas etapas realizables en el corto plazo. En ese sentido lo que ayer se propuso y que nosotros asumimos es una primera etapa de intercambio de materiales, de artículos de opinión y análisis entre todos los medios que se incorporen, que estén aquí o que se puedan incorporar después.

Ese sistema funcionaría sobre la base de que cada medio facilite sin costo, una vez a la semana un artículo de su redacción o de sus colaboradores, y lo ponga a disposición de todos los demás de la red, que lo pueden publicar también, sin costo, con la condición de mencionar la fuente.

Nosotros arbitraríamos los medios desde Comunica para que este material circule a través de la red internacional de IPS y de la nuestra hasta las cabeceras en cada país. Cada medio tendría que cubrir sus costos locales para hacer llegar y para recibir la información.

Un segundo aspecto es un servicio de información periódico, sobre oportunidades de seminarios, becas, cursos de formación, congresos, conferencias, para que estén a la disposición de todos y puedan arbitrar, en cada medio, cual es la forma de aprovecharlos mejor.

Y una tercera parte que nos preocupa mucho y que requerirá de gran voluntad de los participantes para que salga bien, es el análisis periódico. Por ejemplo canalizar cada dos meses la agenda informativa iberoamericana, que consistiría en recibir de todos los países, los titulares de los medios, por ejemplo de una semana, esto cada dos meses, para ofrecerlo como base de trabajo a quien quiera analizarlo, y todos los miembros de la red tendrían derecho a hacer llegar sus opiniones diciendo por qué en tal país o en tal otro se ha dado tal tema y no tal otro, como materia de análisis.

Si pudiéramos cumplir y hacer funcionar durante un año esa mínima red, sería una buena posibilidad para sustentar proyectos posteriores.

La referencia al papel de España en una Comunidad Iberoamericana debe ser meditada y profundizada un poco más. En España todavía sigue habiendo gente que cuando dice Iberoamérica se está refiriendo a América Latina y utiliza la expresión Iberoamérica como sinónimo de América Latina.

Hay muchos que han discutido esto y dicen que si no se hiciera así habrían ganado los franceses que cuando ocuparon México pusieron en boga el término América Latina. Es falso, no es un invento de los franceses, fue un chileno el que primero habló de Latinoamérica, Francisco de Bilbao y además lo decía para diferenciarse del mundo sajón.

Iberoamérica y Latinoamérica no son sinónimos, pero cuando se da esa confusión en España, los que sostenemos la necesidad de crear y consolidar una Comunidad Iberoamericana, decimos que para hacer una comunidad latinoamericana, no hacen falta España ni Portugal.

Los países latinoamericanos tienen los mecanismos, los sistemas, los medios, para integrarse o no integrarse y para definirse en la globalización y formación de bloques regionales, en los que hay una fuerza que tiende a llevar a España y a Portugal solamente a la Unión Europea. Eso es una fuerza que existe dada por los hechos, por el comercio, por la cercanía, por la vecindad geográfica y por la fuerza económica, científica y tecnológica de Europa.

En este sentido es donde yo recojo lo que dice Juan Gabriel Valdés. Se requiere una decisión política española, -agrego y portuguesa- de querer ser iguales en esta comunidad, no venir de vez en cuando con algunas iniciativas específicas, preparadas y determinadas. En esto los medios de comunicación y los grupos de presión -entendidos como entes positivos- tenemos un papel importante para jugar, para convencer, primero, de que este no es un sueño utópico, ni sólo una consecuencia de la conmemoración del quinto centenario, sino que es una posibilidad real de defender un estilo de vida, una cultura y una manera de actuar juntos.

Pero es necesaria sobretodo la voluntad política, que se mide por la atención que dedican a estas cumbres los mandatarios, pero también por las relaciones de todos los días.

Baste decir que cuando se hizo la transmisión del mando en Chile, -que fue un hecho histórico, ya que después de una dictadura, un gobierno constitucional le entregaba el gobierno a otro presidente constitucional, apoyado por una concertación de partidos democráticos- el representante de España en esa ceremonia no fue ni el presidente del gobierno, ni el vicepresidente, ni el canciller, sino que fue el presidente del Congreso, que es importante, pero no tanto como un jefe de Gobierno o de Estado.

Es necesario que haya una mayor vinculación y presencia española en Latinoamérica, así como hay presencia latinoamericana en España. Es casi imposible que un mandatario latinoamericano inicie una gira por Europa, sin empezarla por España. Eso mismo hay que exigírselo a España a la inversa, que sea la primera en Europa en ocuparse y preocuparse por América Latina. A España y a Portugal. Esa es una fórmula política.
(Conferencia pronunciada en Cartagena de Indias, Colombia, el día previo a la inauguración de la Cumbre Iberoamericana, 1994)