Isabel,, la hija menor del presidente chileno Salvador Allende, pidió al jefe del gobierno español, Felipe González, solidaridad para reconstruir su país después que termine la dictadura del general Augusto Pinochet. En una entrevista con IPS, Isabel Allende se definió como independiente pero ligada a la política de su país, sobre la que se pronunció, relató las impresiones y experiencias de su entrevista con González, otros dirigentes y el pueblo español y expresó la convicción de que su país retornara a la democracia.

   Isabel. 38 años, dos hijos, comenzó a militar en el Partido Socialista cuando cursaba la enseñanza media y dejó de hacerlo en 1979, cuando ese partido se escindió. “Desde entonces soy independiente y seguiré siéndolo, porque me da un mayor margen de autonomía para decisiones futuras”, señaló. Exiliada en México desde que un golpe de estado acabó con el gobierno de la Unidad Popular, curso allí una maestría en sociología, trabaja como investigadora y participa en acciones de solidaridad con su país. En ese carácter llegó a España y fue la principal oradora en un acto que congregó a 230.000 personas, el día del aniversario del “pinochetazo”.

   “Pedí a Felipe que la solidaridad del mañana sea superior a la de hoy, que ya es muy importante, porque Chile necesitará un gran sacrificio y esfuerzo de su pueblo y una solidaridad internacional decidida, para poder ser reconstruido, después que termine la dictadura que atentó contra su estructura misma”, dijo en relación a una larga entrevista que tuvo anoche con el jefe del gobierno español. De la experiencia española, “que no se puede trasladar mecánicamente a nuestro país”, le llamó la atención “la gran madurez y generosidad de todas las fuerzas políticas, incluso la Unión de Centro Democrático con la que Adolfo Suárez inició la transición”.

   Otra enseñanza es que los cuarenta años de la dictadura franquista no impidieron que se formara una tercera generación, “que es la que ahora gobierna”, “que supo guardar memoria, pero viviendo el hoy cotidiano”. Esa generación “tuvo la ventaja de no haber sido actora de la guerra civil y la lucidez de haberse dado cuenta que era desde aquí, desde España y no del exilio, de donde se tenían que arreglar las cosas. Saben lo que es su país, lo conocen, tienen un nivel excelente y una cultura amplia”.  Admite, sin embargo, una gran diferencia: el dictador Francisco Franco murió y después empezó la transición. En cambio el general Augusto Pinochet está vivo y se resiste a abandonar el poder.

   “Es imposible incluso el comienzo de una transición con Pinochet en el poder, es antagónica imaginárselo, pero hay salidas que hasta pueden reconocer un período de un gobierno cívico-militar de transición. Las movilizaciones, el clamor popular, la ilegitimidad total del régimen, su fracaso económico, el aislamiento mundial y la presión internacional seguramente influirán sobre todos los sectores y podrán ayudar a que se abra una nueva etapa en nuestro país”.

   La opción en el Chile de hoy es, para Isabel Allende, la alianza democrática que orienta el ex canciller Gabriel Valdés y que tiene el apoyo, entre otros, del Partido Socialista. Esa alianza “es la alternativa que se debe apoyar para evitar más enfrentamientos sangrientos e inútiles”. Los intentos de levantar otras coaliciones como alternativas los considera negativos. Isabel lamenta que en la alianza falten fuerzas políticas y aunque considera que es difícil, le parecería bueno que el Partido Comunista se incorpore a la misma, para lo cual deberá asumir el camino emprendido por la alianza y “dejar de invocar la lucha armada”. En relación con un reciente atentado que costó la vida al intendente de Santiago, expresó su “total desacuerdo con la violencia aislada, máxime en momentos en que la movilización popular pacífica se está mostrando como decisiva para forzar un cambio en mi país”.

   El apoyo a la Alianza Democrática, tanto de los que ya lo han manifestado como de futuras adhesiones, deberá significar el respaldo al compromiso de sostener un gobierno provisional durante dieciocho meses y el mantenimiento del consenso entre sus integrantes y la convocatoria de una asamblea constituyente. Interrogada sobre el papel del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), en relación a esa alianza, contestó: “el MIR queda fuera porque desconoce una estrategia común”.

   Isabel Allende relata que mantiene buenas relaciones con todas las fuerzas que integraron la Unidad Popular (coalición que llevó al gobierno a su padre), que es independiente y comprometida a la vez, que incluso tiene relaciones cordiales con algunos dirigentes de la democracia cristiana y mencionó a su presidente, Gabriel Valdés, al senador Alberto Jérez, exiliado en España y que se apresta a volver a Chile. “Tenemos que mirar hacia el futuro, sin recriminaciones, con la menta abierta, sin fijaciones dogmáticas, para comprender nuevos hechos y nuevas realidades. Debemos sumar fuerzas, los partidos necesitan incorporar nuevas formas de expresión y sensibilidad ante hechos nuevos. Me preocupa el mañana de Chile por su situación económica. Se necesitará gran honestidad para decir a nuestros compatriotas que será difícil y lento recuperar la economía nacional, que tendremos que hacer el país de nuevo”.

   La hija del último presidente constitucional de Chile se apresta ahora a iniciar una investigación para el Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales (ILET),, sobre la Internacional Socialista (IS) y su nueva política hacia América Latina, lo hace como socióloga “para conocer mejor el fenómeno de la internacionalización política”, pero sin vínculos orgánicos con la IS. Por último relata que hace ocho meses ejerció “un derecho legítimo” de solicitar poder regresar a su país, ero que son ocho meses sin respuesta alguna. Eso no la hace retroceder, recuerda los últimos instantes con su padre, en el Palacio de La Moneda, cuando a ella y a su hermana las obligó a salir, diciéndoles: “ustedes van a ser  un símbolo y las necesitamos vivas”.

   Isabel expresa que mucha gente quiso estar en La Moneda y no pudo entrar, que otros recibieron instrucciones de sus partidos para ir a otros puntos, pero que ella siente que haber podido estar allí le dio fuerza y la marcó para siempre, “en especial la serenidad, la consecuencia y la lealtad que vimos en mi padre, lo tomamos como una herencia”. (IPS Madrid, 28-9-1983).

   La detención de un miembro de la organización separatista vasca Eta Militar, en San José de Costa Rica, dio hoy lugar a versiones contradictorias en España. Eta M reconoció hoy que Gregorio Jiménez Morales es miembro de esa organización y que se exilió en América, pero negó cualquier actuación suya en Costa Rica y calificó las noticias a ese respecto de “manipulación informativa”.

   El director general de seguridad del estado, Rafael Vera, se limitó a confirmar que en la policía existen antecedentes que sindican a Jiménez Morales como miembro de Eta M. El ministro de asuntos exteriores, Fernando Morán, dijo hoy que su gobierno mantiene un contacto muy directo con el gobierno costarricense, para colaborar a la identificación del detenido y de otras personas de nacionalidad dudosa. Añadió que hay comunicación entre las dos policías.

   Morán aclaró que “si se comprobase la existencia de un complot para matar al comandante cero, Edén Pastora, quien dirige un movimiento guerrillero contra el gobierno sandinista, la implicación de Eta y el apoyo del gobierno nicaragüense, sacaremos todas las consecuencias”. El comandante Tomás Borge, ministro del Interior de Nicaragua, quien se encuentra en Madrid, negó cualquier relación de su país en relación a actuaciones clandestinas en costa Rica. “Queremos que nada perjudique nuestras relaciones con el gobierno español, que para nosotros son muy valiosas”, expresó.

   Noticias de agencias transnacionales yh despachos del enviado especial a San José de los rotativos conservadores La Vanguardia, de Barcelona y ABC, de Madrid, indican que activistas de Eta fueron detenidos por la policía de Costa Rica, acusados de preparar un atentado contra Pastora. Esa versión señala que Jiménez Morales, al que se califica de jefe de un comando internacionalista, llegó a Managua desde La Habana y que participaron en un campo de entrenamiento dirigido por consejeros cubanos y palestinos. Ese grupo, insiste la misma versión, estaría conectado con organizaciones izquierdistas de Costa Rica, lo que habría creado en ese país “una auténtica psicosis de amenaza”.

   La coalición Herri Batasuna (Unidad Popular, próxima a Eta Militar), anunció hoy que uno de sus parlamentarios, el abogado Mikel Castells, partirá esta noche hacia San José para conocer la situación jurídica de Jiménez Morales, “ante la imprecisión de las informaciones de las agencias de noticias”. En medios políticos madrileños la noticia del complot denunciado en Costa Rica fue recibida con escepticismo, ya que Eta por lo general opera en el País Vasco y solo como excepción en Madrid o provincias vecinas a aquella región, pero hasta ahora nunca lo hizo fuera de España.

   Está confirmado que existe contacto directo entre los gobiernos costarricenses y español en relación a este tema y una relación entre sus policías. Además, que el gobierno está preocupado por la visión que los dirigentes sandinistas pueden tener de Eta. “Hablaré con Borge sobre esto, aunque yo les he dicho muchas veces a los sandinistas que no caigan en el error de creer que Eta es un movimiento revolucionario o progresista”. (IPS Madrid, 19-9-1983).

   Un nuevo crecimiento, apoyado en la cooperación entre países de desarrollo medio y en su solidaridad con los atrasados, propone José Luis Pardos, encargado por el gobierno español de coordinar la cooperación internacional de este país. Pardos, un diplomático de 50 años, graduado también en ciencias políticas y doctorado en derecho internacional, es Director General de Cooperación Técnica Internacional del Ministerio de Asuntos Exteriores y recibió el encargo de establecer antes de finales de ese año, una red que coordine la actividad cooperativa de todos los ministerios e instituciones españolas.

 

En su libro “Los principios para establecer un nuevo modelo de crecimiento”, que circulará a partir de la próxima semana, comienza por señalar que las estadísticas más fiables “apuntan a un progresivo empobrecimiento de la humanidad, en términos de pobreza real”, ésta “reaparece no solo entre los pobres tradicionales, sino también entre los tradicionalmente ricos”. El aumento progresivo de la pobreza lo ubica en sentido transdisciplinario: es más que económica, es “humana, alimentaria, cultural, de términos de expresión y de lenguaje, de perdida de sentido de pertenencia a la tradición histórica, de desarraigo, de desaparición de las vinculaciones al propio entorno”.

 

   Además, esa pobreza “unifica la alienación con la materialización y la impersonalidad, tanto urbana como rural”. La pobreza “es la apariencia que revisten los cambios sociales o los procesos de mutación”, que se incrementarán en lo que resta de la década del 80 “y en los míseros 17 años que nos separan del siglo vigésimo primero”. El mundo debe enfrentar la lucha por su supervivencia. En base a una toma de conciencia global de su situación y con acciones locales ampliamente relacionadas. Añade: La amenaza a la supervivencia del mundo la constata en la degradación ecológica, la mutación de valores, el aumento de la inseguridad física, el aumento de la población que el año 2050 se volverá a duplicar y “la demencial aventura nuclear”.

 

   Pardos cree que se impone un amplio Pactos de Solidaridad para impedir la degradación de los ecosistemas, establecer áreas de desnuclearización y reducción de armas, crear seguridades alimentarias, cuantificar, utilizar y conservar los recursos renovables y desarrollar la cultura como una manera de auto expresión. El “nuevo crecimiento” se deberá diferenciar del “desarrollo”, aunque incluirá a éste, por entender el diplomático que esa última definición está gastada y solo comprende aspectos económicos, materialistas, consumistas, sin atender a la realidad socio-cultural de cada país.

 

   En ese nuevo modelo se deberá respetar el derecho a la libre admisión en la red, las compensaciones serán mutuas, la recompensa se obtiene por el mero hecho de participar en el esfuerzo común y el factor solidaridad reforzará la cohesión interna. El Nuevo Crecimiento debe tener como finalidad la gente, los seres humanos, las personas comunes, a partir de nudos. Éstos, concebidos como puntos de encuentro, se centrarán en la defensa de los océanos y de las tierras, ayudas al subdesarrollo, defensa de los derechos humanos, lucha contra el hambre, protección contra la amenaza nuclear, defensa de la paz y la convivencia.

 

   Además, oposición a la violencia, libre expresión de las creencias, afirmación de la mujer e integración de las razas. En un amplio catálogo de tareas para los países de desarrollo medio, como España, Pardos señala que es necesario compartir bienes con el tercer Mundo y propone establecer nudos que vinculen a los ciento y un mil movimientos de ayuda al Tercer Mundo, todavía basados en antiguas concepciones benéficas y moralistas, cuando el tema es muy global, transdisciplinario, meta-moral y de supervivencia.

 

   Ese crecimiento, que apuntará al siglo vigésimo primero, merece al autor una visión de futuro sobre lo que deparará la nueva época: coexistencia de diversas culturas, religiones, creencias y modos de vida, regímenes políticos fundadores sobre la participación en el poder, instituciones políticas federales, que se ejercerán a todos los niveles desde las comunas al mundo. Para enfrentar ese desafío, la cooperación internacional tiene en esta década un freno importante: la recesión económica y la detención del crecimiento acelerado de las décadas precedentes.

 

   La adición, el diálogo Norte-Sur, un monólogo para Pardos parece condenado al fracaso en su objetivo de facilitar una relación más igualitaria y justa entre los países industrializados del norte y los subdesarrollados del sur. El diálogo sur-sur (entre países en vías de desarrollo) se presenta como difícilmente realizable y progresivamente desalentador. Sin embargo, Pardos cree que la opción actual es la de una cooperación sur-sur, pero con tres variantes: Una localización de “ámbitos regionales”, homogéneos y similares, en un área geográfica, histórica, espiritual, ambiental, económica, política y cultural.

 

   Un papel de “agente catalizador” de los países de desarrollo medio (Italia, España, India, Argentina, Brasil), en relación a procesos de desarrollo distintos o tradicionales. Una complementación de intereses entre los actores de esa cooperación, en el que el beneficio “no tiene porque ser exclusivamente económica, sino que debe atender a la satisfacción de las necesidades básicas”. Entendidas éstas “del modo y forma en que la homogeneidad cultural regional lo requiera”. La descolonización fue una idea que produjo en las Naciones Unidas la aparición de sesenta estados nuevos. El “nuevo crecimiento” es otra idea, afirma Pardos, que debe ser objeto de análisis, debate y aclaración de lo que representa, para enfrentar el desafío de la supervivencia de la humanidad. (IPS Madrid, 1-10-1983).

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