Daniel Balaban, director del Centro de Excelencia contra el Hambre del Programa Mundial de Alimentos, señala que el 2015 será un año crucial para el futuro mundial, ya que los actuales Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), cuyo plazo vence a fines de este año, serán sustituidos por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que fijarán las prioridades para los siguientes 15 años. Como país que tuvo un destacado desempeño en la consecución de los ODM, Brasil puede tener un papel importante en la formación y la conquista de los ODS.

En los últimos años se celebraron extensas consultas con los gobiernos y la sociedad civil, y el consenso en torno a muchas cuestiones se fijó y canalizó en una serie de documentos que guiarán las deliberaciones finales sobre el contenido exacto de los ODS.

El plazo fijado para su aprobación por parte de los estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas es septiembre de este año.

Un grupo de trabajo identificó 17 objetivos que abarcan temas como la pobreza, el hambre, la educación, el cambio climático y el acceso a la justicia. Aunque algunos ya estaban cubiertos por el marco de los ODM, hay un conjunto nuevo de metas, con énfasis en la preservación de los recursos naturales y condiciones de vida más sostenibles, con la intención de revertir la tendencia contemporánea de la sobreexplotación y la destrucción de los ecosistemas.

Con mucha fuerza se señala que a medida que los gobiernos actúan con rapidez para adoptar las ODS, deben sacar provecho de lo logrado con los ODM para fijar nuevas metas que trasciendan el mínimo común denominador.

Brasil cuenta con una trayectoria contundente en el logro de los ODM actuales y puede utilizar su experiencia para influir en las negociaciones finales de los ODS y alcanzar objetivos ambiciosos.

El país ya alcanzó cuatro de los ocho objetivos, como son la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, la enseñanza primaria universal, la promoción de la equidad de género y el empoderamiento de la mujer y  la lucha contra el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), y probablemente logre los restantes antes de que venza el plazo de los ODM este año.

Mediante un conjunto de políticas innovadoras y coordinadas, Brasil abordó estas diferentes áreas y demostró que es posible reducir radicalmente la pobreza y el hambre en el lapso de una década, prestando especial atención a los grupos más vulnerables.

El Programa Nacional de Alimentación Escolar es un ejemplo. En 2009, la política existente se actualizó para reconocer la alimentación escolar como un derecho, por el cual todos los alumnos y alumnas de las escuelas públicas tienen derecho a comidas suficientes y saludables, preparadas por nutricionistas y de acuerdo con las tradiciones locales.

Al menos 30 por ciento de los alimentos utilizados para preparar estas comidas deben adquirirse a productores locales, con incentivos dados a la compra de productos orgánicos.

El programa también dedica recursos adicionales a las escuelas con alumnado de poblaciones originarias, que suelen estar expuestas a la inseguridad alimentaria.

Otra característica de la política es la participación de la sociedad civil mediante consejos locales de alimentación escolar, que supervisan la ejecución del programa, así como los informes financieros que elaboran los municipios.

En total, el programa aborda una extensa gama de problemas y combina la acción para combatir el hambre, garantizar una nutrición adecuada que incluya a los grupos más vulnerables, apoyar a los agricultores locales y hacer participar a la sociedad civil de acuerdo con los principios de inclusión, equidad y sostenibilidad, que son también los principios rectores de los futuros ODS.

Es un buen ejemplo de cómo la incorporación de características innovadoras en las políticas en curso puede dar lugar a una mayor inclusión y sostenibilidad, a la vez que optimiza los recursos.

A medida que pasa a ocupar un papel más destacado en el escenario mundial, Brasil participa activamente en la promoción de este tipo de políticas en los foros multilaterales, además de invertir en la cooperación Sur-Sur para ayudar a otros países a lograr avances similares.

El Centro de Excelencia Contra el Hambre, del Programa Mundial de Alimentos, es el resultado de ese compromiso. En los últimos tres años, el organismo apoyó a más de 30 países para que aprendan de la experiencia brasileña en la lucha contra el hambre y la pobreza.

Brasil se encuentra ahora en posición de mostrar iniciativas tangibles durante las negociaciones de los ODS para demostrar que, mediante un fuerte compromiso político, es posible generar programas que repercutan en una diversidad de ámbitos.

Este tipo de acción y articulación entre diversos sectores será necesaria si los países de todo el mundo se deciden a encarar las necesidades más urgentes de la humanidad relacionadas con el hambre, un nivel de vida adecuado para las poblaciones excluidas y el desarrollo, mientras se revierte la tendencia del cambio climático y el uso insostenible de los recursos naturales.

El mundo está en una encrucijada para garantizar la sostenibilidad. Si no se toman las decisiones acertadas ahora, las generaciones futuras pagarán el precio. Por muy difícil que pueda ser la tarea, este es el momento para hacerla.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente las de IPS - Inter Press Service, ni pueden atribuírsele. (Edición de Phil Harris / Traducción de Álvaro Queiruga)