Un mexicano radicado en España descubrió el número JI, equivalente al Pi (3,1416…) que estaría en la base de toda la arquitectura y los calendarios de las culturas mesoamericanas. Claudio Favier Orendain, arquitecto, pintor, escultor, filósofo, explica su descubrimiento en el libro “Ruinas de utopía” publicado por la editora regional de Extremadura y que fue presentado en esta ciudad.

La obra surgió de su experiencia en San Juan de Tlacayapán, un pueblo del estado mexicano de Morelos, donde tuvo un estudio-taller, se especializó en arquitectura del adobe y ejerció de maestro rural hasta 1978.

Ese año, dijo, decidió tomarse un descanso sabático y vino a España. Los doce meses del año sabático se transformaron en doce años que lleva vivienda en la finca Las Coscojas, en Extremadura.  “Ruinas de utopía” combina una investigación de las técnicas arquitectónicas y urbanistas y de las razones que llevaron a la construcción de los edificios de Tlacapayàn, con incursiones en la leyenda, la religión, la mitología, la astrología y la sociedad humana en su conjunto.

Favier Orfendain llama proporción equilátera a la relación entre la base y la altura de un triángulo de lados iguales, que es la misma existente entre el lado de un hexágono  y su apotema, o distancia más corta entre el centro y el lado. Si la altura o apotema tiene un valor unitario, el radio o lado resulta igual a dos entre raíz cuadrada de tres, con el resultado del número JI 1,1547005… inconmensurable, o sea que tiene números a su derecha hasta el infinito, explica el autor. A efectos prácticos, de análisis plástico, arquitectónico y urbano, basta considerar una aproximación de un decimal (1,1) o un centesimal (1,15).

El investigador afirmó que bautizó su descubrimiento con la letra “JI” poco usada en matemáticas por su semejanza con la equis, por razones sentimentales: el sonido JI es frecuente en Nahuatl, lengua indígena mexicana. La forma de esa letra griega, añadió, es igual a la del jeroglífico del movimiento “OLLÍN”, estructurado en dos equiláteros y común en las culturas precolombinas de Mesoamérica.

Un dibujo del autor indica que en el rectángulo interior de ese hexágono, las diagonales marcan dos equiláteros opuestos por el vértice. Al dar el valor unitario al lado del hexágono, el menor del rectángulo, los dos equiláteros resultan de una altura igual a la raíz cuadrada de tres entre dos, o sea la inversa de JI.

Si el mismo rectángulo se dividiera con equiláteros apoyados en la base, cabrían uno y medio y el valor de sus lados sería equivalente a JI. El autor abunda en ejemplos, gráficos y matemáticos, de diversas combinaciones geométricas basadas en la arquitectura mesoamericana, que llevan matemáticamente al número JI.

Un 2 octacatl o cuerda de medir dividida por cuatro nudos principales en tresyolotl iguales de 20 Omiti cada una, puede marcar los puntos de quiebra para cerrar un triángulo equilátero.

Favier Orendain señala que como cada Yolotl tiene 20 Omitl, la altura del triángulo es igual a 18 Omitl y si a la base se le da valor de 60 unidades, la altura resulta de 52. Esa relación, expresada con número sería: 20/18 igual 60/52 que, a su vez, es igual a 1,15…el descubierto número Ji. El autor niega que esa deducción sea vana, pues con ella se obtienen los números más significativos de los calendarios mesoamericanos.

Esa relación, expresada con números sería: 20/13 igual 60/52 que, a su vez, es igual a 1,15…el descubierto número Ji. El autor niega que esa deducción sea vana, pues con ella se obtienen los números más significativos de los calendarios mesoamericanos. Admite que la geometría puede convertirse en vicio de la imaginación: en el hexágono pueden distribuirse el centro y las cuatro direcciones, así como las nueve regiones del mundo.

También dándole medida de octacatl con sus 600 mnitl cada uno, se dibuja en calendario anual como una circunferencia de 360 grados día. En cada triángulo del hexágono puede quebrarse el octacatl en sus tgerceras partes y formar una flora de seis pétalos equiláteros, cuyos 18 lados representan los meses de 20 días, los “cen.pual-Tonalli”, que siempre terminan en el signo “Xachitl” flor, agrupados en trimestres de 50 días.

El libro incluye otros ejemplos, entre ellos el Teocali de caba, la plaza de monte Alan y el Teocali de las ocho serpientes, en todos los cuales el análisis termina o empieza en 1,15… el número JI. (Mérida, España, 7-10-1989)

La lógica del mercado globalizado debe convivir sobre nuevas bases con la de la democracia, para responder a los desafíos de la sociedad del siglo XXI, afirmó el ex presidente de Bolivia Jaime Paz Zamora.

Paz Zamora participó hasta este sábado junto a unas 30 personalidades españolas y latinoamericanas en un seminario realizado en el histórico monasterio de Guadalupe, en la provincia española de Extremadura, que conserva las dos primeras actas de bautismo de indígenas americanos y la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Entre otros, asistieron Domingo Laíno, candidato a la presidencia de Paraguay, el ex presidente ecuatoriano Rodrigo Borja, el Contralor General de la República de Paraguay, Daniel Fretes Ventre, el obispo chileno Jorge Hourton, el rector de la Universidad de Uruguay, Jorge Brovetto y el ambientalista chileno Raúl Brañes.

La globalización de la economía y de las relaciones internacionales y sus efectos sobre América Latina se convirtió en el tema central del debate.

Laíno señaló que la globalización es una realidad, cuya existencia no cabe negar ni atribuir a ''fuerzas maléficas''. No obstante, añadió, es un fenómeno ''que puede y debe ser podado'', como se hace con un árbol para que crezca y se desarrolle en el sentido más conveniente.

Borja, en cambio, definió a la globalización como ''un instrumento de hegemonía política y económica que tienen los países poderosos'', mediante ''la conquista de mercados o la colocación de sus excedentes de producción''.

La globalización, prosiguió Borja, responde al interés de Estados Unidos, con un mercado mundial denominado ''libre'', pero que está controlado por las empresas transnacionales ''hasta el mínimo detalle''. A su juicio, ''el neoliberalismo es la libertad del zorro en el gallinero''.

El economista y ex ministro argentino Aldo Ferrer advirtió que no debe incurrirse ''en una visión exagerada de la globalización''. Lo importante ahora, destacó, es que las decisiones ya no se adoptan exclusivamente a nivel nacional, sino que cada vez se ceden más porciones de soberanía.

Ferrer también relativizó la importancia que se atribuye a la mundialización de los flujos financieros. Las corporaciones internacionales no suman más de cinco por ciento del total de las inversiones en el mundo, ya que el ahorro interno de los países es responsable de más de 90 de la inversión mundial, puntualizó.

Los participantes coincidieron en que son necesarias actuaciones referidas a la globalización, para que los países se beneficien de sus aspectos positivos y se protejan de los negativos.

En ese sentido, Borja expresó que ''se debe remodelar el Estado para que sea instrumento del desarrollo humano''.

El presidente de española Región Autónoma de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, opinó que el Estado no puede ser considerado un mero portador de servicios.

Rodríguez Ibarra se preguntó: ''¿Acaso la educación, la jubilación, la sanidad y la cultura deben ser considerados servicios y no derechos fundamentales de las personas?''.

Si se aceptase que son servicios, explicó, se debería admitir la tesis neoliberal de que los servicios se prestan cuando hay recursos y cuando faltan se deja de prestarlos.

''Algo tiene que hacer el Estado, pues las lógicas de la democracia y del mercado, aunque sean antagónicas, deben convivir'', indicó Paz Zamora.

El fin de siglo, agregó el político boliviano, asiste a ''la revolución de la democracia, como una toma de conciencia de todos los pueblos, que levantan nuevas y múltiples exigencias''. Esos pueblos, además, ''cuestionan las intermediaciones, en especial de los políticos, de los partidos y de las instituciones''.

De ese cuestionamiento, prosiguió, y de un nuevo papel de la sociedad civil organizada horizontalmente, saldrán las respuestas al desafío de la globalización.

Ferrer, por último, dijo que la globalización será gobernada si existe voluntad política pata hacerlo, ya que el problema no es técnico sino político.

Agregó que hay instrumentos para gobernarla y mencionó, como ejemplo, el tratamiento que Chile aplica a las inversiones extranjeras, lo que le ha permitido sortear las tormentas financieras internacionales.

Los dos partidos políticos latinoamericanos más antiguos son uruguayos y fueron fundados en 1836, según el Manual de los Partidos Políticos de América Latina presentado en la capital de España.

El Manual, editado por el Parlamento Latinoamericano y el Instituto de Relaciones Europeo-Latinoamericanas, contiene una breve historia política de los 22 países representados en ese parlamento, sus bases constitucionales, los resultados de las últimas elecciones y la historia de cada partido.

En estas historias se incluye su definición ideológica y corrientes internas, nombre de sus dirigentes, representación parlamentaria, dirección postal, teléfono y fax.

También, como un signo de los tiempos, el Manual facilita ''como la primera obra de consulta en su género las direcciones de las páginas web de los partidos, así como sus direcciones de correo electrónico'', se señala en su introducción.

El presidente del Parlamento Latinoamericano, el uruguayo Juan Adolfo Singer, señala que el objetivo del Manual es aportar información actualizada, integral y práctica ''que permita identificar los actores fundamentales de la democracia latinoamericana''.

La idea de elaborar esta publicación es fruto de la cooperación entre la Unión Europea (UE) y América Latina, dice Wolf Grabendorf, director del Irela, un instituto financiado por el bloque europeo con sede en Madrid y un patronato integrado por personalidades europeas y latinoamericanas.

Los dos partidos uruguayos tradicionales todavía vigentes, el Colorado y el Blanco (hoy denominado Partido Nacional), nacieron en el mismo año, 1836, respondiendo a las tendencias liberal y conservadora.

Sus nombres tienen origen en las divisas utilizadas para distinguir a los ejércitos enfrentados en batalla.

En el Manual no se consigna el último partido fundado, la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), heredero de la alianza guerrillera del mismo nombre, que fue creado en 1997 como consecuencia del acuerdo de paz firmado a fines de 1996.

Como último partido fundado en la región aparece la Unión por el Perú (UPP), creada en 1995 por el ex secretario general de las Naciones Unidas Javier Pérez de Cuéllar.

En Brasil, un país sujeto a grandes cambios en su estructura de partidos, aparece como el más antiguo el Partido Popular Socialista (PPS), nacido en 1922 como Partido Comunista y que en 1990, al conjuro del derrumbe del muro de Berlín, cambió su nombre por el actual.

Además de los dos partidos uruguayos, aparecen otros pocos creados en el siglo pasado.

Entre estos están La Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado) de Paraguay (1887), el Partido Radical (hoy Radical Socialdemócrata) de Chile (1863), el Conservador de Colombia (1850), el Liberal Radical Ecuatoriano (1895), el Conservador Ecuatoriano (1883) y la Unión Cívica Radical de Argentina (1891).

En América Central hay un solo partido originado en el siglo pasado, el Partido Liberal de Honduras (1891), en Nicaragua son todos recientes, excepto el Liberal Independiente (1944), y en El Salvador el más antiguo, el Demócrata Cristiano, data de 1960.

En Cuba, aunque tuvo partidos políticos desde su primera Constitución independiente, en 1901, en la actualidad existe sólo el Partido Comunista, fundado en 1961, del que se incluye una página web: ceniai.inf.cuu/ppc/pg_intermedia.html.

El Manual incluye informaciones sobre las internacionales presentes en la región: Demócrata Cristiana, Liberal, Socialista y Unión Demócrata.

Asimismo sobre la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (COPPAL), el Foro de Sao Paulo, la Organización Demócrata Cristiana de América Latina y la Unión de Partidos Latinoamericanos (UPLA), de centroderecha.

Por último, la obra informa sobre los parlamentos latinoamericanos, Andino y Centroamericano, la Comisión Parlamentaria Conjunta del Mercosur, el Parlamento Amazónico y el Parlamento Indígena de América.

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