Asistimos en estos días a una época en que cualquier acción de las dos clases en pugna (la burguesía y el proletariado) significan hechos trascendentales en la situación política chilena. Si los partidos políticos de la clase obrera no pesan la dimensión que adquiere cualquier movimiento táctico, una mal valoración de la coyuntura política pasará a ser fatal para nuestra perspectiva estratégica y significará el término sangriento del proceso revolucionario chileno.

La burguesía y el imperialismo se han lanzado en una ofensiva que parece ser definitiva, en contra del Gobierno Popular. Esta ofensiva se realiza con métodos que en la historia ya son conocidos. Se utiliza el terror como arma fundamental, se pretende dividir a la clase obrera para debilitar la base de apoyo del Gobierno; los atentados dinamiteros están a la orden del día, siendo blanco de estos ataques los partidos de izquierda, las embajadas y diplomáticos de países socialistas.

Estos métodos son conocidos, son los métodos del fascismo: el terror, la división de la clase. En otras palabras, es la desesperación de una clase parasitaria que se niega a renunciar a sus privilegios centenarios y apela a sus últimos recursos apoyada estrechamente por el imperialismo norteamericano.

Mucho hemos hablado del fascismo en números anteriores de "La Aurora de Chile". Hemos denunciado sus métodos para que cada obrero, cada poblador, conozca esta bestia que levanta su cabeza sobre el panorama político chileno. Hemos dicho también que al fascismo no hay que dejarlo organizarse, por el peligro que representa para la clase obrera y el pueblo.

La declaración de la Central  Única de Trabajadores es bastante alentadora, dado que la organización máxima de los trabajadores se ha dado cuenta de la situación, del peligro que encierra la actual coyuntura. En los siete puntos dados a conocer hace unos días están contenidas medidas fundamentales para derrotar la ofensiva fascista.

Vivimos un período pre-revolucionario prolongado, dado que ya es impotente la burguesía para imponerse en todos los aspectos como clase dominante. La división entre ella, entre los que quieren el golpe y los vacilantes, conforma un panorama de descomposición interna dentro de sus filas.

La situación tiene dos salidas: 1ª) La fascista, que significaría la cancelación sangrienta del proceso, destrucción de las organizaciones de la clase, de sus partidos políticos, fusilamiento de sus cuadros dirigentes y pauperización del proletariado. 2ª) La revolucionaria o la dictadura del proletariado, que es el anhelo de la gran masa del pueblo, la construcción del socialismo como único medio para solucionar los problemas que por décadas han tenido que sufrir. Cualquier salida intermedia, lo único que conseguirá será posponer, pero en ningún caso evitar la salida definitiva.

El camino que nos conduce a la victoria para por el fortalecimiento de los Comandos Comunales, los Cordones Industriales y las organizaciones que significan gérmenes de poder popular: alternativo al poder estatal burgués, utilizando con audacia uno de los instrumentos más efectivos con que cuenta la clase: el Gobierno.

Las medidas tomadas por el Gobierno, apoyadas decididamente por el pueblo, son las medidas que deben tomarse contra el fascismo. Pero esto no basta. Para liquidar el fascismo y abrir definitivamente las puertas a la revolución socialista hay que cortarle todos sus tentáculos: clausurar las radios que lo alientan, clausurar los diarios sediciosos, reprimir violentamente los canales piratas de televisión y también (esto es fundamental) poner fuera de la ley a la base de apoyo de "Patria y Libertad", el Partido Nacional. Todas estas medidas deben tomarse no superestructuralmente, sino que incorporando a la clase obrera y al pueblo, única garantía de cambios irreversibles. (La Aurora de Chile, 28-6-1973)

Las elecciones de marzo desengañaron al fascismo. Habían contado con que los problemas de abastecimiento corroerían considerablemente el apoyo de la opinión pública al Gobierno Popular. Ello no ocurrió. Sólida votación del 44 por ciento para los partidos populares. Extraordinaria comprensión de las masas sobre las verdaderas causas del mercado negro, la inflación y el desabastecimiento.


Con los resultados de la elección en la mano, el fascismo caviló sobre lo que había pasado. No más elecciones en el futuro próximo. Y la perspectiva de que el movimiento popular siguiera avanzando, siguiera requisando, expropiando, redistribuyendo. ¿Qué hacer? Como siempre en estos casos, los desesperados se impusieron: no sirven las elecciones, recurramos a las viejas tácticas insurreccionales, si seguimos esperando que el Gobierno pierda votación recibiremos más y más golpes en nuestro poderío económico, nos desmantelarán las estructuras paramilitares, harán avances en el terreno publicitario, nuestra gente se desalentará y se irá al extranjero, etc. Entonces se decidió crear las condiciones para la guerra civil. Uno nunca sabe, se dijeron. Es tan cambiante la opinión pública. A lo mejor las masas agarran papa.

EMPIEZA EL BAILE
Empezaron a fines de abril. El Gobierno popular, inoportunamente, había lanzado la Escuela Nacional Unificada (ENU). Aprovecharon esa bandera agitativa y sacaron a la calle a los secundarios demócratacristianos. En el medio, comandos del PN y del FNPL, dirigían los disturbios, que llegaron a alcanzar una cierta gravedad: buses quemados en las calles, ventanales rotos, barricadas en las calles. Lo de siempre.


La CUT respondió sacando los trabajadores a la calle. Allí los fascistas cometieron un error: mataron a tiros al obrero Ahumada. La izquierda se volcó a la calle a enterrar al hermano caído. El fascismo comprendió que había ido demasiado rápido, que el clima no estaba todavía para eso y amainaron la agitación por unos días.

NO FALTAN MOTIVOS
En la última semana de mayo retomaron el hilo, ahora utilizando la crisis del gas licuado y de los combustibles líquidos. También decidieron explotar la huelga de El Teniente, que se venía arrastrando desde hacía algún tiempo, pero que todavía no había sido explotada en todo su potencial. Sacaron de nuevo estudiantes a la calle y lanzaron simultáneamente el paro de la locomoción colectiva. El fascista Salazar se trasladó a Rancagua para movilizar a los estudiantes en apoyo al paro del cobre, se hizo la marcha de la Juventud DC hacia Rancagua y se contactaron los Colegios Profesionales de la zona para producir la paralización total.

EL CLIMAX
La situación se puso explosiva. Sin locomoción, sin gas licuado. La radio de Rancagua asaltada por un grupo de mujeres, con un promedio de tres o cuatro atentados dinamiteros al día, cortado un cable coaxial de Canal 9, volada una torre de Canal 7, paros inminentes en Chilectra, en Endesa, dos ministros acusados, varios intendentes acusados, carta a la Corte Suprema diciendo que la juridicidad estaba en quiebra, carta de los Almirantes y Generales en retiro criticando al Gobierno, conflicto indirimible entre el Ejecutivo y el Legislativo sobre el proyecto Hamilton-Fuentealba, etc., todo listo, todo dispuesto ya para la conflagración social.

EL DESINFLE
Y, de a poquito, la cosa se les fue desinflando. En el consultivo de las Confederación de Camiones, donde se quería sacar el acuerdo del paro camionero, la delegación de Vallenar protesta por la intervención de cuestiones políticas en las decisiones del gremio: el consultivo acuerda postergar la decisión sobre el paro y todo el mundo se va a su casa. Los trabajadores de Chuquicamata rechazan la huelga de apoyo a El Teniente por 300 votos. Fuentealba y Donoso reconocen el derecho del Gobierno a promulgar parcialmente el proyecto. 


Fuentealba y Hamilton advierten que votarán en conciencia y no admitirán órdenes del Partido sobre la materia y repudian a los que se empeñan en provocar acontecimientos reñidos con las soluciones democráticas. Las cuestiones reivindicativas pendientes con las filiales Corfo se van arreglando con cada filial independientemente y fracasan los intentos por cohesionar un comando único de todas las filiales para paralizar el sector Corfo.

EL VUELO DE LA GALLINA
El globo se ha desinflado. El complot de mayo y junio parece haber seguido el destino de los demás complots. Como una gallina que quiere volar por los cielos el complot ha desplegado sus alas, ha agitado desesperadamente el aire en torno suyo, se ha elevado un poquito del suelo y ha caído de nuevo, pesadamente, a la tierra. Flujos y reflujos de la contrarrevolución.

PERSPECTIVAS
Habrá nuevas intentonas. Habrá motivos, y muchos, de descontento social. El Congreso se ha negado a financiar los reajustes y por ello el monto del déficit fiscal subió de 50.000 millones de escudos a 90.000 millones. Habrá que emitir más dinero para cubrir el déficit. Ello hará subir los precios. Las siembras de primavera del año pasado fueron un 20% menores que en 1971. Consecuencialmente, las cosechas de este año mostrarán también una disminución, especialmente en el trigo. Habrá que importar el déficit alimenticio, pero tenemos los créditos bloqueados, etc. Sí, éste va a ser un invierno duro. Ellos lo saben, los fascistas lo saben.


Esperemos el invierno, dicen, esperemos que se empiecen a producir los efectos de los 90.000 millones de escudos de emisión inorgánica. En agosto más o menos empezarán los gremios a agitarse de nuevo y a pedir reajustes. Allí estaremos, piensan los fascistas, echándole carbón a la hoguera a ver si podemos transformarla en incendio.


Flujos y reflujos de la contrarrevolución. Pero a la contrarrevolución le está pasando lo que les pasa a los ahogados: cada vez los manotones son más desesperados, más histéricos, cada vez dejan más exhausta a la víctima, cada vez cuesta más recuperar las fuerzas para el nuevo manotón. Al fin, los manotones cesan y quedan unas burbujas. Después, nada.

TODO DEPENDE DE NOSOTROS
Tendríamos que cometer muchos errores, muchas vacilaciones, para que el fascismo gane la partida. No los cometeremos.


Debemos implantar rápidamente el racionamiento, ahora sí con decisión y de frentón. Debemos paliar rápidamente el déficit fiscal y subir los precios de las empresas estatales y de las empresas requisadas e intervenidas. Debemos negarnos a aumentar los precios del sector privado, salvo los de suntuarios que no consumen los trabajadores. Debemos echar a andar la reforma urbana. Debemos destinar los nuevos vehículos que se importen a las empresas del área social. Debemos dar la batalla en los sindicatos contra el economicismo. Debemos ser intransigentes en la aplicación de aumentos de salarios discriminados: más a los que ganan menos. Debemos volcar el aparato represivo contra el fascismo: cárcel para los fascistas.


Todos sabemos las cosas que debemos hacer.  Muchas no se han hecho para evitar tensiones. Criterio equivocado. Las tensiones no se evitan dejando de hacer cosas. Las tensiones se evitan haciendo cosas y remediando las colas, los desórdenes callejeros, la especulación. Hagamos esas cosas, de todos modos, aunque el Controlar, el Parlamento y los Tribunales pongan el grito en el cielo. Hagámoslas, de todas maneras y para cada cosa, salgamos a la calle los sindicatos y los campamentos. Salgamos a la calle los 44% que votaron por nosotros, a respaldar cada medida. Nos servirá para despertar mística, para infundir espíritu combativo, para tomar conciencia de nuestra fuerza.


Así podremos evitar que la gallina del pesado aletear se transforme en ave de presa. (La Aurora de Chile, 14-6-1973)

Muchas especulaciones han surgido en torno al baleo ocurrido en Huérfanos con Ahumada. Los jefes de Patria y Libertad, en sus declaraciones a la prensa, han afirmado que algún comando de izquierda habría individualizado al fascista Muller y decretado su ejecución. Esta afirmación no puede ser creída por nadie que conozca el método de análisis de la izquierda chilena. Los marxistas no creemos que ningún individuo, por genial o voluntarioso que sea, puede decidir el cambio histórico.
Nosotros los marxistas creemos que las grandes transformaciones sociales son provocadas por mecanismos impersonales del aparato social que, en virtud de un proceso de contradicciones, van moviendo las sociedades de una forma de organización a otra forma de organización. En consecuencia, creemos que la monarquía no se suprime baleando al monarca, ni que el capitalismo se suprime ajusticiando al dueño de un monopolio. La muerte individual no produce el cambio histórico, que es lo que a los marxistas nos interesa producir. Por ello pensamos que la muerte del fascista Aguilar y las lesiones del fascista Muller ni quitan ni ponen en el proceso social chileno. Cualquier grupo humano que piense ayudar al proceso de cambios y para ello premeditadamente elimine físicamente a algunos personeros de la oposición, estaría aplicando métodos de análisis que no son los propios del marxismo y estaría utilizando tácticas de lucha equivocadas.
Por otra parte, el movimiento fascista Patria y Libertad no es un movimiento que tenga gravitación en el proceso social chileno. Se trata de una pequeña colectividad terrorista que no controla frentes de masas, que carece de una ideología y cuya notoriedad publicitaria emana del carácter tremebundo de sus declaraciones, de los desórdenes que provoca en la vía pública y de otros hechos igualmente tropicales. Obviamente, dicho pequeño grupo no juega ningún papel importante en el proceso político chileno. Hay mucha fatuidad en la afirmación de dicho grupo en el sentido de que alguien les da tanta importancia como para considerar necesario eliminar a sus dirigentes. Ningún marxista consecuente consideraría semejante cosa.

EL QUE A HIERRO VIVE...
A lo largo de la historia, todos los jefes fascistas tuvieron siempre un final violento. En general, todo individuo dedicado a la acción violenta corre el riesgo de terminar violentamente su vida. La acción violenta atrae poderosamente a ciertos espíritus. A lo largo de la historia, condotieros, mercenarios, gangsters, pandilleros y demás integrantes de estas sociedades violentas, han pagado tributo a la ley que dice que el que a hierro vive a hierro muere.
En todos estos grupos violentos, la carencia de una ideología hace particularmente enconadas las luchas por el poder. Los conflictos no se producen entre ideologías divergentes, pues no existen ideologías en esos grupos, sino que se producen entre grupos que se disputan el poder, biológicamente definido. El poder, biológicamente definido es la mera facultad de mandar y aparecer en todas las comunidades animales. En todas las comunidades animales existe la lucha por el poder, entre los machos dominantes y no tiene más forma de solución que la violencia física. Sólo en las comunidades humanas, en algunas de ellas, capaces de elaborar ideologías, la lucha del poder se centra en torno a las ideologías, y en ese caso, puede resolverse mediante la discusión y el razonamiento. En el fascismo, carente de ideologías, la lucha por el poder revistió siempre un carácter exclusivamente violento. La pugna por el poder dentro de Patria y Libertad es un secreto a voces dentro de los analistas políticos bien informados. Entre condotieros no hay otra forma de arreglar diferencias que a balazos.
Lo malo de estas bandas es que en ella participan no sólo individuos adultos ya irremediablemente dedicados a una vida de violencia. Participan también, atraídos por la aventura, adolescentes que no han superado todavía la etapa de los juguetes, el período de jugar a los cowboys. Muchos de estos adolescentes, algunos años atrás, habrían crecido a la edad adulta, habrían ingresado a la vida activa del país y habría sido padres de familia útiles a la sociedad. Ahora, en cambio, están jugando con armas de fuego, con máscaras, con desfiles y con otras cosas más entretenidas que hacer las tareas en la casa. Uno de los jóvenes heridos tiene solo 15 años. Los padres de estos adolescentes deben darse ya por enterados que los juegos fascistas son juegos peligrosos. No se puede salir a las calles a incendiar los vehículos de la locomoción, a apedrear las vitrinas, a colocar barridas en las esquinas, a insultar a los transeúntes, sin correr un riesgo. No se puede participar en una sociedad violenta sin tomar bando con algunos de los grupos de condotieros en disputa y sin correr el riesgo de una purga interna.

QUE MEDITEN LOAS FASCISTAS
En resumen, nadie cree la versión dada por los fascistas. Nosotros no creemos en el asesinato político, en la muerte premeditada y sin fundamento, como instrumento de lucha política. Pero, ojo, ello no significa que no estemos dispuestos a defendernos.  No estamos dispuestos a mirar cruzados de brazos que nos quemen los locales. No estamos dispuestos a mirar cruzados de brazos que nos quemen los medios de locomoción, que nos arrojen piedras, que nos insulten en las calles o que nos agredan. No estamos dispuestos a aceptar provocaciones. Marxistas somos, pero no somos carneros.
Los fascistas deben meditar. Que se maten entre ellos si quieren. Ese será un problema entre ellos y la policía. Pero que lo piensen antes de dirigir su violencia contra los trabajadores. Porque esta vez fue entre ellos. Pero si continúan con sus provocaciones y el día de mañana atacan a una manifestación obrera o a una marcha partidaria, no se extrañen de obtener una contundente respuesta.
No queremos la violencia, ansiamos vivir en paz. Pero tenemos dignidad. No sufriremos pasivamente la violencia fascista. Nosotros somos varios millones de personas y los fascistas son unos pocos. Se puede amedrentar por la violencia a la población de un penal, pero no se puede amedrentar así a un país civilizado, dotado de una poderosa organización sindical y de un multitudinario movimiento popular. (La Aurora de Chile, 10-6-1973)

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