Mucho se caviló durante un tiempo. Si había guerra civil o si no la había. Si existían fascistas dentro de nuestras FF.AA. o si no existían. Si se quería o no derrocar al Gobierno Popular por la fuerza. Si la oposición era golpista o si no lo era, etc.


Todos esos interrogantes se han disipado ya. Y terminaron de disiparlas tres hechos: uno, el intento golpista del fascista Souper el 29 de junio; dos, el reconocimiento público del FNPL de que había participado en dicho intento, y tres, la conferencia de prensa dada por Thieme el 16 de julio en el restaurante Munich, en que  anunció el paso del FNPL a la clandestinidad y el inicio inmediato de las acciones para derrocar al Gobierno de Salvador Allende.
Claramente, no necesitamos de notificación mediante notario para darnos por enterados.

NOS DAMOS POR ENTERADOS  
Se ha declarado por el fascismo el estado de guerra interno. La guerra interna entre trabajadores y patrones, entre el proletariado y el pijerío, entre los pobres y los ricos, entre los que viven de su trabajo y los que vivían del trabajo ajeno.


En esta guerra interna declarada por el fascismo, el terrorismo será el arma preferida del fascismo. Carentes de una explicación científica del cambio histórico, los fascistas creen que se pueden alterar las leyes de la historia y suprimir las clases antagónicas mediante el homicidio. Mala conclusión emanada de premisas falsas. Pero lo harán. Estamos sufriendo un promedio de dos o tres atentados diarios y el ritmo se intensificará.


A NO DESCUIDARSE  
Los dirigentes de izquierda deben tomar las medidas del caso. No estamos en la clandestinidad, tenemos la responsabilidad de mantener funcionando el país, debemos concurrir a nuestros trabajos, cumplir ciertos horarios, actuar en público, etc.


Ello facilita la tarea de información y chequeo de los fascistas. Pero no obstante, deben afinarse los mecanismos de seguridad de la izquierda para proteger a los dirigentes.

NO QUEREMOS FASCISTAS
Los trabajadores deben entender que se alteraron las reglas del juego. Los fascistas que haya en las empresas, en los servicios, deben ser reprimidos sin contemplaciones. Cualquier individuo que sea sorprendido saboteando, entorpeciendo la buena administración, practicando la resistencia pasiva, espiando, debe ser puesto de patitas en la calle. Que vayan a alegar a los juzgados del trabajo si quieren.


Deben hacerse asambleas en todos los sitios de trabajo para decidir las medidas de represión que deben adoptarse. No queremos fascistas en nuestras oficinas, en nuestros servicios. No queremos fascistas a cargo de nuestros vehículos, a cargo de nuestros teléfonos. Sin ningún escrúpulo, el fascismo ha declarado su intención de derrocar al Gobierno Popular. Con ello, ha adquirido la categoría de asociación ilícita. Y los participantes de una asociación ilícita no pueden invocar el amparo de las leyes y de los reglamentos, ni el amparo de los contratos de trabajo, ni el amparo del estatuto administrativo. No pueden. De acuerdo a las mismas leyes que ellos crearon, los fascistas son ahora delincuentes. Como tales deben ser tratados.


Y que se pongan en la onda algunos ejecutivos UP que, por mal entendida política de pacificación, toleran a fascistas en sus empresas y servicios.

NO BASTA EL TERRORISMO
El solo terrorismo no basta para derrocar ningún Gobierno. Si así fuera el Loco Pepe se hubiera sentado en el sillón de O´Higgins hace tiempo. No basta el terrorismo. Es necesario, además, un movimiento de masas. Y el fascismo no lo tiene ni lo tendrá nunca, por lo menos en Chile. Las masas trabajadoras respaldan al Gobierno Popular. Hemos tenido numerosas pruebas de ello. Vilarín no controla a los pequeños choferes, ni Cumsille a los pequeños comerciantes. Y en cuanto a los Colegios Profesionales, sus superestructuras buenas sólo para publicar inserciones en El Mercurio.

LAS FF.AA.
En consecuencia, además del terrorismo, no le queda al fascismo más recurso que llamar a las puertas de los cuarteles. Y en esto están. Pero si bien hay algunos malos uniformados que son fascistas, así como hubo un Souper y un Viaux, son los menos y se sabe quienes son. Las FF.AA. en su conjunto no son fascistas y no oirán los cantos de sirena de los enemigos del pueblo.


Hay consideraciones de defensa nacional, de supervivencia de la sociedad chilena, que están por encima de las diferencias políticas. Y una guerra civil entregaría al vencedor un país calcinado hasta sus raíces, desangrado, inerme ante las aspiraciones expansionistas de algunos vecinos. Y todo, para proteger los intereses de una minoría antipatriota.


No, no se abrirán las puertas de los cuarteles a los fascistas. Y si algún extraviado pretende conducir su unidad contra el Gobierno Popular y contra los trabajadores del país, correrá la suerte de Viaux, de Souper y de los otros que se alzaron contra el pueblo.


Todos los integrantes de las FF.AA. leen los diarios, ven la televisión, están al tanto de lo que ocurre en el país. Muchos son los que asisten a academias donde se estudia economía, historia, sociología. Disciplinados serán, pero no son ignorantes ni son imbéciles y las monsergas sobre el Estado Integrador y otros ruidos similares sólo convencen a algunos industriales analfabetos.

NO RECUPERARÁN NADA
Y además estamos los trabajadores. Y defenderemos este proceso calle por calle, ciudad por ciudad, barrio por barrio. Y la política de tierra arrasada es una política de guerra. No recuperarán fábricas, ni instalaciones, ni yacimientos, ni sembrados, porque no dejaremos fábricas ni instalaciones paradas, ni yacimientos ni sembrados.
Las cartas están echadas y no quedan temas para vacilar. Ha sido una buena cosa esta declaración de guerra del fascismo. Buena para convencer a algunos que creían que estábamos viviendo la paz. Buena para que la izquierda adopte, definitivamente, métodos de guerra.


No queda más que hablar. Ahora a hacer lo que se debe con rapidez, con serenidad, con decisión. Pues queda poco tiempo. (La Aurora de Chile, 19-7-1973)

Desde la asonada fascista del 29 de Junio hasta la fecha, hemos tenido que soportar la campaña de rumores alarmistas propalados por los patrones.  Casi todos los días alguien llegaba a la carrera diciendo que decían que había un alzamiento militar en San Felipe o que se preparaba una degollina en Osorno, o que venían tanques por Arturo Prat, o que esto o que lo otro. Y todo el mundo se ponía tenso y empezaban las llamadas y la movilización. Y luego se informaba que no pasaba nada y la gente se relajaba de nuevo. Y a las horas, otros rumores y de nuevo empezaba la tensión y la movilización.


Compañeros hay que han pasado varias noches en vela en sus respectivos frentes y uno los ve por la mañana sonámbulos, amarillentos por la falta de descanso, quedándose dormidos de pie. Esos, cuando el lobo verdaderamente venga, van a estar roncando y no servirán de mucho. Y a cada rumor todo el mundo llama a todo el mundo y se van al diablo los teléfonos y al fin nadie puede comunicarse con nadie. Y hay que perder horas tranquilizando a las compañeras cuyos viejos no se aparecen por la casa hace tres días. Y todo lo demás.


Cada media hora los histéricos zamarrean a los paranoicos y éstos parten a los cuatro puntos cardinales llamando a zafarrancho de combate.


Por lo tanto, pongamos las cosas en su lugar. Que viene el nuevo golpe fascista, sí, viene. Pero no sabemos cuándo. Y no vamos a mantenernos todos despiertos las 24 horas del día, día tras día, semana tras semana, a la espera. Eso es lo que ellos querrían para pillarnos cansados y sonámbulos. La gente tiene que descansar, tiene que comer, tiene que asearse, etc. Tropas hambrientas y exhaustas no sirven para el combate.


De manera que a turnarse. No todos despiertos al mismo tiempo. Que unos descansen y otros vigilen, pero siempre todos en contacto, al alcance. Que la gente vaya a sus casas, hay medios de comunicación que permiten concentrarse todos en pocos minutos.


Y en cuanto a la información, no ponerse a repetir el primer rumor que uno escucha. ¿Quién lo dijo? ¿Lo vio? ¿Cuántos eran? ¿Dónde? Chequeemos la información con rapidez, pero no atolondramiento. Consultemos con los demás compañeros del sindicato, o de la célula o del núcleo, o de lo que sea, para ver si vale la pena pasar la información para arriba y alertar a la gente.


Y en todo esto una gran responsabilidad corresponde a las directivas de los partidos y a la Cut. Ellos tienen acceso al Presidente de la República, a los Ministros, a los Intendentes y demás funcionarios que se supone conocen la firme. Exijan información constante de esos funcionarios, chequeen con esos funcionarios la información que recojan de las bases y mantengan a sus bases constantemente informadas. Mantenerse alerta y vigilante no significa ponerse ulceroso innecesariamente. (La Aurora de Chile, 12-7-1973)

Lo dijo clarito Allende.... "llamo a los trabajadores a salir a las calles... con lo que tengan...". No podía ser de otra manera. Este es un Gobierno legal, constitucionalmente elegido. Cada ciudadano tiene la obligación, impuesto por la ley, de defender el Gobierno legalmente constituido. Los trabajadores salieron entonces a la calle, con lo que tenían.


Ahora bien, sabemos que el fallido golpe del viernes volverá a repetirse. Esto del fascismo es como la lombriz solitaria. Un día sale una cola, otro día sale otra, pero la lombriz sigue en el interior agazapada, viva, latente. Y sigue allí mientras no se le haya cortado la cabeza. Y la cabeza del fascismo se mantiene. Y allí está la alimañana, esperando, calculando, lista para el nuevo golpe cuando la condición sea propicia.


TODOS ALERTA

Por eso, alertamos contra el falso optimismo. Por eso llamamos a mantenerse tensos, a afinar la organización, a mejorar las medidas para la defensa. Que las guardias en las fábricas, en los servicios y en los barrios funcionen como reloj. Que todos sepamos donde encontrarnos en cualquier momento. Que las brigadas de defensa funcionen también como reloj y que se hagan ensayos para irse acostumbrando a las rutinas de la defensa. Que los planes para el contragolpe estén bien estudiados, a fin de que cada uno tenga una tarea bien específica que hacer y no anden los compañeros a cabezazos, a puro salto y pego de un lado a otro, haciendo muchas cosas al mismo tiempo y todas a medias. Que la gente descanse. Que algunos duerman y otros hagan turnos. No podemos estar todos trasnochados todos los días, porque si no, cuando haya que combatir, vamos a estar todos cayéndonos de sueño. A turnarse compañeros, a turnarse, pero siempre al alcance de la mano, siempre al lado del teléfono, siempre avisando dónde va a pernoctar uno, siempre avisando donde está uno para cuando llegue el momento.


CON LO QUE TENGAN

Y cuando llegue el momento, entonces, a combatir con lo que tengan. Es preferible que lo que se tenga sea adecuado. Los puros palos no sirven. El viernes Allende prometió armas al pueblo. Creemos que habría cumplido su promesa si las cosas se ponían feas. De Allende puede decirse cualquier cosa, menos que le falten pantalones. Pero no podemos, tranquilizados por esa promesa, cruzarnos de brazos. Porque ustedes saben que siempre se produce algún despelote y la entrega de armas al pueblo se puede dificultar en medio de la balacera, los tanques y el humo y todas esas cosas.


LO QUE PUEDE HACERSE

Por eso es necesario irnos dotando de los medios de defensa necesarios, para tenerlos desde ya en las industrias y en las poblaciones. Tenerlos de antemano. Tenerlos ya en nuestro poder cuando algún miserable fascista se alce contra el pueblo, como ocurrió el viernes. Los trabajadores hacemos edificios de 20 pisos, armamos automóviles, construimos torres. Si hacemos todas esas cosas también podemos hacer otras cosas para la defensa. Los sindicatos deben ponerse de inmediato a la tarea. Hay tornos, hay metal, hay esmeriladoras, hay de todo lo necesario en las industrias. A ponerse pues a trabajar compañeeros de los cordones. A ponerse a trabajar. Y a dejar de andar lloriqueando por ahí como los hemos visto, alegando que no tienen con qué defenderse. Lo que necesiten háganlo.


LO QUE PERDEMOS

Bien. Y ahora otra cosa sobre el espíritu de esta cosa. Hay algunos ilusos que piensan que si el golpe fascista triunfa, uno se podrá ir tranquilo a su casa y seguir después trabajando como todos los días. No, no va a pasar eso. La pasión política está demasiado exacerbada para que eso pase. Lean la lista de los muertos del viernes. Acuérdense de Indonesia. Lean lo que pasa en Brasil. Lo que pasaba en Argentina. No compañeros, si aquí no aplastamos el golpe entonces perderemos el pellejo. De todos modos perdemos el pellejo. Por angas o por mangas. De manera que a no hacerse ilusioncitas. A pelear por nuestro querido pellejo, sin cuartel y sin respiro.


¡VENCEREMOS!

Y otra cosa: el triunfo está al alcance de la mano. Hay leyes que rigen la historia. Así como la ley de la gravedad rige los cuerpos, la ley del cambio histórico rige las sociedades. Se fueron los reyes, se fueron los señores feudales. Ahora les toca irse a los capitalistas. Es inevitable. No hubiera habido fuerza humana ni divina capaz de mantener la monarquía como sistema mundial. Sí, el cambio es inevitable. Pero no tranquilo. Es convulso, desordenado, sangriento las más de las veces. La clase en agonía se resiste a abandonar el escenario. Se revuelca y manotea mientras las sombras se ciernen sobre ella. Sabotea, miente, asesina, incendia, insurrecciona cuarteles. Pero de todos modos, está condenada. Latifundistas, monopolistas, banqueros, inversionistas extranjeros, son esta clase en agonía, los condenados por la mecánica de las cosas.


Los militares fascistas, como los del viernes, no entienden estas cosas. Sin una explicación científica sobre el mundo, adhieren puerilmente a los valores de la clase en tránsito, en tránsito hacia su desaparecimiento. También los Romanov, también los Borbones, tuvieron sus Souper, sus Viaux, sus Marshall. Como los dinosaurios, no supieron interpretar el cambio en la atmósfera y desaparecieron.


Por eso, compañeros, a tener confianza y fe en el futuro. Por eso, cuando la nueva intentona se produzca, a combatir como se debe, alegremente, con mano firme y al ataque, todos juntos, todos unidos, con lo que se tenga, casa por casa, fábrica por fábrica, barrio por barrio. PATRIA - REVOLUCIÓN - SOCIALISMO ¡VENCEREMOS! (La Aurora de Chile, 5-7-1973)

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