La ola de allanamientos por la Ley de Armas perpetrados contra las industrias de los trabajadores, la forma que esos allanamientos asumen, constituyen una abierta provocación. Despliegue de armas, destrozo de materiales, paralización de faenas, ofensa a los trabajadores, amenaza con armas, heridos y un muerto, son hechos que no merecen comentarios. Provocación. Provocación pura.


Quienes hacen las denuncias y quienes las acatan y las llevan a cabo de esa manera provocativa, saben claramente qué depósitos de armas existen en manos de fascistas. Son fascistas los que se alzaron el 29 de junio, son fascistas los que se llevaron ametralladoras y municiones del Blindado, son fascistas los que realizan la ola de atentados que conmueve al país, son fascistas los que asesinaron al Edecán Araya.


Sin embargo, no conocemos de un solo allanamiento hecho por las FF.AA. en las guaridas de Patria y Libertad. Todos los allanamientos contra fascistas los hizo Investigaciones.


LOS SOLDADOS DEBEN ENTENDER

Lo primero, que deben entender quienes participan en tales allanamientos es que no están tratando con delincuentes. Los trabajadores de las industrias no son delincuentes. Son padres de familia, personas responsables. Son ellos quienes producen los bienes que mantienen vivos al personal de las FF.AA., a sus mujeres, a sus hijos. Las casas, el combustible, el alimento, el vestuario, los muebles que los militares consumen, que sus mujeres y sus hijos consumen, sonn producidos por esos obreros.


No, no son delincuentes. Son el sector productivo del país. Son el conglomerado de abejas de esta colmena. No son zánganos que viven del sudor ajeno. Los zánganos son los latifundistas, los banqueros y el resto de los ociosos cuya explotación está terminando de existir y que son los que sustentan el fascismo.


NO DEJARSE PROVOCAR

Los trabajadores no se han dejado provocar. Quizás partiendo del principio de que si los fascistas buscan ahora una provocación, no es bueno prestarse a ella. ¿Qué habría pasado si algún trabajador hubiera resistido el tratamiento? Palabras traen palabras, empellones sacan empellones. Así es como se han montado tradicionalmente las provocaciones. La provocación es una actitud destinada a provocar una cierta reacción, que justifique los bayonetazos y el fusilamiento.


Los trabajadores han demostrado en estos días el más alto grado de conciencia y organización, capaz de desmontar la provocación. Que se notifiquen los fascistas. No ha sido debilidad, no ha sido el miedo que existe entre los proletarios. Ha sido la conciencia y la organización.


APRETANDO LOS DIENTES

Pero que se sepa que la provocación ha sido soportada apretando duramente los dientes. Que los puños estaban crispados. Que la tensión no cede.


Que se sabe que no todos los militares son fascistas. Que, en todo caso, son una ínfima minoría. Pero una minoría audaz, que debe ser reprimida de inmediato. Hay responsables en estos allanamientos. Deben ser juzgados. Y si realmente se desea que las FF.AA. estén junto al pueblo, deben ser depuradas de los malos elementos. En esa parada, sabe el compañero Presidente que tendrá a su lado no sólo a toda la clase obrera, sino también a todo lo que de sano y patriota exista en este país. ¡Y que no tiemble la mano, camarada Allende! ¡Que no tiemble!


... Y SEGUIR ORGANIZÁNDONOS

Tener presente que la derecha quiere desorientarnos, quiere desmoralizarnos, quiere dividirnos. Quiere, en suma, que bajemos la guardia.


Por encima de todo, tenemos que seguir organizándonos, a todos los niveles. Finalmente, la única garantía cierta de triunfo está en la creación y desarrollo del Poder popular. Todos sabemos lo que hay que hacer. A no dejarse desorientar, a continuar, cada vez con más fuerza, organizándonos. En la organización de la fuerza de los trabajadores está la garantía del triunfo. (La Aurora de Chile, 9-8-1973)

Fue bueno haber ganado las elecciones presidenciales. Sin sospechar que algún día la Presidencia de la República podía ser ganada electoralmente por los partidos populares, los patrones de este país le habían dado al Gobierno muchas, muchas atribuciones. Y cuando el Gobierno fue ganado legítimamente por los partidos populares, aplicando las mismas leyes electorales de los patrones, entonces esas atribuciones pasaron a ser ejercidas con un criterio distinto al aplicado hasta entonces.

LO QUE SE HIZO
Tener el Gobierno permitió mandar al Congreso una ley nacionalizando el cobre y las demás riquezas básicas. Tener el Gobierno permitió que Corfo abriera poder comprador y el sistema bancario pasara al área estatal. Tener el Gobierno permitió requisar e intervenir industrias. Permitió expropiar los latifundios. Permitió que los trabajadores se sentaran en los Consejos de Administración y se acostumbraran a ejercer el poder. Permitió redistribuir el ingreso, etc.


Fue así como se abrieron las compuestas a las fuerzas sociales acumuladas durante estos años de explotación. La clase obrera se movilizó, tomó industrias, tomó latifundios, se organizó para la defensa de las unidades y en esta defensa aprendió en pocos meses lo que no había aprendido en años, adquirió en pocos meses una combatividad que no había adquirido en años, adquirió en pocos meses una conciencia de clase que no había adquirido en años.

NO BASTA EL GOBIERNO
Sí, fue bueno haber conquistado el Gobierno. Para ya no basta tener el Gobierno. Hay un límite a las cosas que el Gobierno puede hacer y ese limite lo fijan la Contraloría, la Corte Suprema, el Congreso y los demás organismos creados por los patrones para defender sus intereses. Ese límite está dado por la maraña de leyes, reglamentos y demás trabas con que se pretende maniatar al movimiento popular.


En su desesperación por preservar la propiedad privada sobre los bienes de producción, en su desesperación por preservar la vieja sociedad, las clases propietarias han olvidado las diferencias que una vez las separaron. Hoy unidos, en el angustioso afán de defender los intereses que les quedan, latifundistas, grandes industriales, inversionistas extranjeros, grandes consorcios comerciales, banqueros, agudizan al máximo el uso de los instrumentos que todavía pueden manejar parlamentarios, publicitarios, callejeros, judiciales, etc. en un afán de amarrar las manos de los trabajadores, de interponerse en su camino, de esterilizar sus iniciativas, de entorpecer su acción.


Acusaciones constitucionales, provocación sediciosa de conflictos sindicales, encarcelamiento de interventores, bloqueos de cuentas corrientes de empresas intervenidas, publicidad alarmista, desórdenes callejeros, suspensiones de títulos a profesionales, terrorismo, etc.

PODER PARA AVANZAR
No, ya no basta tener el Gobierno. Para seguir avanzando se requiere algo más que el Gobierno, se requiere el poder. Poder para decidir, para administrar, para sancionar. Poder de los obreros, de los campesinos, de los pobladores, de los empleados pobres, para sanear, para organizar, para construir. Poder para desembarazarse de esta maraña de obstáculos que los patrones amontonan en nuestro camino. Y este poder no se conquista en las oficinas de la Contraloría, ni en las salas de la Corte Suprema, ni el hemiciclo del Congreso. Este poder se consigue en las fábricas, en las tierras, en los barrios, en las calles de este Chile nuestro. Allí, combatiendo, organizándose, vigilando, adoptando medidas, expropiando, requisando, sancionando allí y de esa manera es donde los pobres de la ciudad y del campo pueden arrebatar a los patrones y sus instituciones el poder que los pobres necesitan para seguir avanzando. Justo en estos momentos en que la ofensiva patronal arrecia, hay muchas e importantes tareas que llevar a cabo, tareas que incrementarán la dosis de poder de que hoy día disponemos.

NUESTRA TAREA
Debemos movilizarnos y exigir que se ponga fuera de la ley a las organizaciones fascistas. Hay una Ley de Seguridad Interior del Estado para aplicar a estos enemigos del pueblo. Que se la aplique.


Debemos controlar la producción de los artículos de consumo que el pueblo necesita. Que el movimiento popular centralice, además, la distribución y venta de esos productos. Debemos expropiar de inmediato los fundos entre 40 y 80 hectáreas mal explotados o abandonados. Debemos volcarnos a las empresas privadas para exigir que cada sindicato de esas empresas controle la producción y tenga acceso a los libros de contabilidad.


Debemos exigir de los gerentes una efectiva participación. Basta de organismos de participación con mero carácter consultivo. Poder decisorio para los trabajadores es lo que queremos.


Debemos afinar el funcionamiento de los Comités de Vigilancia y los Comités de Producción. Cada sindicato, en cada fábrica y en cada fundo, debe estar en condiciones de defender la respectiva unidad productiva. Cada centro comunal, cada organización vecinal, debe estar en condiciones de3 defender su barrio o localidad. Y todos deben estar en condiciones de volcarse a la calle, masivamente, combativamente, en el momento que se requiera.

¡A PARALIZAR EL PAIS!
La garra fascista está presta para lanzar el zarpazo a la primera coyuntura favorable. Cuando ello ocurra, cuando la antipatria se decida a la provocación final, la clase trabajadora debe paralizar de inmediato el país. Los trabajadores deberán de inmediato tomarse todas las fábricas, todos los fundos, todos los servicios. Y organizar la defensa. Y aprestarse al combate. ¡Mano firme y al ataque, compañeros! (La Aurora de Chile, 5-6-1973)

Los partidos políticos son agrupaciones de seres humanos que comparten una explicación común acerca del mundo, de la sociedad, del cambio histórico, etc. Y que quieren organizar la sociedad de determinada manera. Insertos en la lucha de las clases, los partidos marxistas leninistas deben enfrentarse diariamente con las colectividades políticas que representan intereses de clases antagónicos. Ahora bien, en ese enfrentamiento constante, deben tomarse decisiones día a día. ¿Cómo tomar esas decisiones?
Una alternativa sería juntar diariamente en el Estadio Nacional 150.000 militantes del partido y tomar allí cada decisión, mediante votación democrática. Procedimiento impracticable.


En cambio, se ha inventado otro procedimiento. Los militantes del Partido se reúnen en un Congreso y allí, cada uno dice lo que quiere, libremente. Enseguida, se vota. La línea política que obtenga mayor votación, esa es la línea oficial del partido. A los que no les gusta esa línea aprobada les queda siempre el recurso de abandonar ese partido, cuya línea no comparten. La otra alternativa es quedarse en el partido y acatar la línea. Pero, en este último caso, no están condenados a la mudez. Pueden seguir librando, internamente, una lucha ideológica contra la línea que estimen equivocada.  Pueden hablar en los plenos y tratar de convencer a los demás camaradas y se comentará el asunto y se discutirá y la vida interna del partido se enriquecerá con la discusión.


Pero, ojo. Nada más que eso. En ningún caso sabotear la implementación de la línea política aprobada en el Congreso. En ningún caso negarse a cumplir las tareas que razonablemente se asignen, ni tampoco desobedecer o incitar a que se desobedezcan las instrucciones de los organismos regulares del partido, ni plantear en los frentes de masas otra línea que aquella que aprobó el Congreso, aunque uno no haya estado de acuerdo. Y ello no para ocultar a nadie que existen desacuerdos, pues es normal que existan desacuerdos entre seres pensantes, sino para evitar confusiones al resto de la militancia y de los simpatizantes. Pues en una asamblea se levantará un militante del partido y dirá: hagamos una huelga general contra el gobierno porque es reformista. Y se levantará otro militante del mismo partido y dirá: me opongo, porque el gobierno es revolucionario. Y el resto de los presentes se confundirá, y pensará que por qué no se pone de acuerdo el respectivo partido. Y nadie sabrá entonces cual es la línea del partido. Y de ahí al despelote hay un paso.


Y si los hechos ocurren muy rápido y la línea del último "congreso" está quedando obsoleta pues bien, siempre hay la posibilidad de hacer un Congreso extraordinario y discutir y argumentar. Y los descontentos siempre tienen la posibilidad de hacer cambiar la línea si ofrecen argumentos convincentes.


Esas son las reglas del juego. Si no se cumplen, el partido se desintegra. Todos sabotean las iniciativas de los otros, todos dan instrucciones contradictorias, todos desobedecen y en vez de partido se queda uno con una torre de Babel.


Otra cosa. La línea aprobada en un Congreso es siempre general y no puede prever todas las contingencias que se presentarán antes del próximo Congreso Ordinario o Extraordinario. Alguien tiene que interpretar la línea general y aplicarla en la coyuntura. Para cumplir esta tarea, se eligen dirigentes. Y se eligen democráticamente, por el voto de la mayoría. Es probable que a uno no le guste algún dirigente, pero ahí hay que hacer de tripas corazón y conformarse al hecho de que el hombre no le gusta a uno, pero si le gustó a la mayoría, y aceptarlo como dirigente.


Tales son las reglas del juego. Después de todo, la militancia dentro de un partido es una cuestión absolutamente voluntaria. A nadie se le obliga. Y puesto que todos forman voluntariamente parte de la asociación, todos deben respetar las reglas del juego para que la asociación pueda funcionar. (La Aurora de Chile, 28-7-1973)

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