La transición chilena hacia la democracia ha puesto fin a una etapa que se inició con dudoso pronóstico y en la que no estuvieron ausentes dificultades de índole política, económica y social. Sin embargo, la férrea decisión de los ciudadanos de ese país del cono sur de América, ha hecho posible que los cuatro primeros años del retorno a la Democracia, piloteados por el democristiano Patricio Aylwin, hayan culminado con resultados altamente positivos y que su correligionario, Eduardo Frei, pueda iniciar una nueva etapa con signos más alentadores.
Al asumir los destinos de Chile, en 1990, Aylwin tuvo que enfrentar dos problemas de gran envergadura, que fueron resueltos con distinto éxito. Por un lado, su gobierno constitucional debió convivir con el ex dictador Augusto Pinochet, hecho que lo obligó a ejercer un difícil equilibrio para poder gobernar sin aceptar dictados. Además, debió dar soluciones, aunque parciales, a las demandas sociales de la mayoría de la población, sin poner en peligro la estabilidad y el deasrrollo económicos.
Al traspasar la banda presidencial a su sucesor, el septuagenario político recordó que Chile es una nación en vías de desarrollo, abocada al enorme desafío de derrotar a la pobreza y afirmó que a pesar de haber avanzado mucho, "es mucho más lo que nos queda por haceer". Con estas palabras, Aylwin señaló el desafío para la nueva etapa: erradicar la pobreza, que todavía se mantiene en vastas capas de la población.
La recuperación de la democracia y de las libertades, un deseo de la inmensa mayoría de los chilenos, trajo implícito el derecho de los ciudadanos a reclamar pública y activamente cuestiones que les estaban vedadas bajo la dictadura. Una, la atención de sus necesidades económicas y sociales,  cuya satisfacción podría desatar la inflación y provocar una desestabilización, según los economistas y otra, la justicia por la violación de los derechos humanos, que podría despertar la resistencia de los pinochetistas.
Los temores de los economistas resultaron fallidos: en el cuatrienio democrático el salario mínimo real aumento el 6,7%, la tasa de desempleo bajó del 13% al 5,6%, el consumo por habitante creció 4,6% y subieron de manera notable los gastos sociales por habitante, sobre todo en educación, pensiones y salud. Y, sin embargo, la inflación se mantuvo estable y contenida, a la vez que creció la economía por encima del 6% anual y la inversión subió al 27% del PIB, la más alta del mundo.
Más difícil resultó el otro tema. La vigencia de un sistema de libertades permitió que los familiares de las víctimas de la dictadura reclamasen justicia y, como parte fundamental de ésta, el conocer la verdad de lo ocurrido. Hasta una semana antes de que Aylwin traspasase el mando a Frei, se seguían conociendo nuevos casos de asesinatos y desapariciones con resultado de muerte durante la dictadura. El 4 de marzo de 1994 la oficial Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación, dió a conocer nuevas cifras, que agregaron 850 casos a los 2.279 constatados en 1991 por la Comisión Rettig, formada también por disposición de Aylwin.
Los familiares de las víctimas podrán acogerse a los beneficios de una ley aprobada en 1992, que incluye compensaciones materiales y fórmulas legales para restituir la dignidad a sus parientes.
La comisión de familiares quieren más y exigen que se derogue una ley de amnistía dictada por Pinochet, alegando que en Chile se impuso la impunidad en favor de los uniformados violadores de los derechos humanos. La inmunidad les estaría garantizada por las normas legales e institucionales impuestas por Pinochet antes de entregar el Poder Ejecutivo.
No obstante y a pesar de las resistencias del sector pinochetista de las Fuerzas Armadas, también hubo logros en el frente de los derechos humanos. El general retirado Manuel Contreras y el brigadier Pedro Espinoza, jefes máximos de la policía secreta entre 1974 y 1977, enfrentan posibles penas de cárcel de siete y seis años respectivamente.
Las inquietudes de ese sector militar en torno a juicios por violaciones de derechos humanos y su malestar por los indultos presidenciales a presos políticos, cimentaron dos demostraciones de fuerza de los uniformados, en diciembre de 1990 y mayo de 1993, conocidas como el "ejercicio de enlace" y el "boinazo".
Una idea de como se evolucionó paso a paso, es la reacción militar ante el último acto de Aylwin en el campo de los derechos humanos, al indultar dos días antes de terminar su mandato a cuatro izquierdistas condenados por atentar contra Pinochet. El general Jorge Lucar, vicecomandante en jefe del Ejército, dijo que su institución "no tiene opinión" sobre la decisión de Aylwin, por tratarse del ejercicio de una facultad del Presidente de la República, que los militares acatan.
La cuestión militar, según como se han venido desarrollando los hechos, no será un problema para Eduardo Frei. Y eso, con independencia de que se cumpla el plazo fijado por el mismo Pinochet para su permanencia como Comandante en Jefe hasta 1997.
Otros son los temas que ocuparán prioritariamente la atención del nuevo Gobierno, sea por iniciativa propia o presionado por la ciudadanía: un ataque más decidido a la pobreza y la marginalidad y una respuesta a las demandas de integración del país con sus hermanos de América Latina.
Dos asuntos que, bien mirados, deberían marchar unidos. Porque un desarrollo sostenible, equilibrado y socialmente justo, para tener éxito debe ser encarado de manera conjunta por los países de América Latina. Eso, que es una aspiración de largo plazo en la que coinciden la mayoría de las fuerzas políticas del subcontinente, en el corto y medio plazo encuentra todavía grandes obstáculos, de carácter técnico, económico, cultural y político. (8-3-1994)

A la marinería de la Armada, a la tropa y oficiales leales de las FF.AA. les decimos: ¡No aflojen compañeros! Lentamente se están filtrando hacia la opinión pública los detalles de las torturas a que han sido sometidos los suboficiales, clases y marineros detenidos en la Armada. Muy lentamente, debido a la prolongada incomunicación a que se ha sometido a las víctimas.

Regina Muñoz Vara, esposa del sargento Juan Cárdenas, hizo un llamado por las radios del país, para que los trabajadores se movilicen en respaldo de los marineros torturados por los oficiales golpistas. Los nombres de los torturadores: el capitán Koeller, los tenientes Grage, Letelier, Luna, Alarcón, Tapia, Maldonado, el subteniente Besh y el capitán Acuña, son ahora conocidos en todas las asambleas de trabajadores del país en que se ha debatido la situación de la marinería. Esos nombres figuran ya en la lista de los torturadores del pueblo a continuación del comandante Claudio Clavijo y del general Manuel Torres, responsables de la muerte del obrero González en Lanera Austral.

La burda provocación montada por los oficiales golpistas de la Armada no engaña a nadie en este país. El alegato pueril de que la marinería estaba complotando para subvertir el orden público no engaña a nadie en este país.

Ante el pueblo de Chile, los marineros están siendo torturados porque se negaron a la incitación golpistas de sus oficiales. El pueblo le cre más a los marineros torturados que a los oficiales golpistas. Y por eso nuestro Partido Socialista, a través del Secretario General, ha expresado a los marineros torturados su más amplia solidaridad.

La persecución contra la marinería no es un hecho aislado. Los allanamientos contra las industrias y el asesinato del obrero Manuel González no son hechos aislados. No, no son hechos aislados, impremeditados, carentes de intención. Ellos son los eslabones de la cadena fascista que en el campo civil y militar implementa la CIA para derrocar al Gobierno de Chile.

Tal es la descarnada situación. Ningún grupo de civiles tiene derecho a pedir que se cambie un Presidente de la República que no le gusta. Ningún hombre encaramado encima de un tanque tiene derecho a exigir que se cambie un Presidente de la República porque no le gusta. PARA ESO ESTÁ LA ACUSACIÓN CONSTITUCIONAL. Y si no tienen los dos tercios que se aguanten. Porque este es un país civilizado y aquí todavía no manda cualquier grupo de matones encaramados sobre un buque. Todavía no. Muchas cosas pasarán antes. Muchas.

Este no es un gobierno de minorías. Cuarenta y cuatro por ciento del electorado apoyó a este Gobierno hace sólo cinco meses. Alessandri en su época perdió hasta el tercio. Frei terminó con menos de 35%.

Y esos obreros, esos campesinos, esos pobladores que apoyan al gobierno constitucional, no se irán a sus casas si se produce el golpe militar que los fascistas buscan. Navarrete dice que prefiere el golpe militar antes que la guerra civil. Dese por enterado, Navarrete, de que en el mismo momento en que se dé el golpe militar, en el mismo momento empezará la guerra civil.

Si hay golpe militar, habrá guerra civil. Nadie tenga duda sobre eso. Sí, habrá una guerra civil en forma si hay golpe militar. Los trabajadores deben estar preparados para la eventualidad. Los trabajadores pueden, en muy poco tiempo, dejar a este país sin electricidad, sin agua potable, sin alimentos. Los trabajadores pueden dinamitar los yacimientos y sus instalaciones. Los cordones industriales, los sindicatos, los comandos campesinos, están en control de una parte importante del aparato productivo del país y dudamos que los fascistas puedan movilizarse con la suficiente celeridad como para expulsar a tiempo a los trabajadores de sus puestos de trabajo.

Y los obreros industriales, lo hemos visto, organizan sus cosas con rapidez, requisan vehículos con rapidez, levantan barricadas y copan calles con rapidez. Desde octubre, se han ido ejercitando en tareas de emergencia. Y no son tímidos, Navarrete, no son tímidos. De manera que pensar en golpe militar sin guerra civil es una fantasía, una hermosa fantasía fascista.

Claro, pensarán algunos, esos obreros desarmados nada podrán contra ejércitos regulares. Pero la cosa no se dará como la sueña Navarrete. No, porque importantes sectores de las FF.AA. no se plegarán al golpe fascista. El que crea que toda la Armada, todo el Ejército, toda la Aviación, todo Carabineros, se alzará contra el Gobierno constitucional, el que crea eso, no sabe lo que está pasando en los cuarteles hoy en día.

Habrá tropas que combatirán junto a los obreros, junto a los campesinos, junto a los pobladores. Se sabrá en el momento oportuno qué regimientos apoyan al Gobierno constitucional y entregarán armas a la población civil para que combate por su Gobierno. Los militares patriotas saben qué hacer en el momento oportuno. Los dirigentes de los cordones industriales, de los sindicatos, saben qué hacer en el momento oportuno. Y ninguno se va a quedar sentado en la fábrica esperando que lleguen los fascistas a fusilarlo.

Ahora, a lo que hay que hacer. Decíamos que Regina Muñoz, la esposa de uno de los marineros torturados, había hecho un llamado a los trabajadores de Chile. Hay que responder a ese llamado compañeros, hay que responder. Si 20 mujeres se movilizaron para insultar a un general patriota y a su compañera, bien podemos nosotros movilizar un millón de trabajadores para defender a los marinos torturados.

Citemos hoy día mismo, en cada fábrica, en cada campamento, en cada fundo, a una asamblea general y saquemos un acuerdo unánime. Exijamos en ese acuerdo: 1) El término de las torturas, 2) La libertad de los marinos detenidos, 3) El sometimiento a juicio de los torturadores, 4) La llamada a retiro de los torturadores. Vayamos con nuestros acuerdos a todas las radios, a todos los periódicos, a todos los canales de TV, para que Chile entero conozca nuestra opinión.

Pongamos carteles en los frontis de nuestras fábricas. Rayemos las murallas de nuestras fábricas, de nuestros fundos, de nuestros campamentos, de todo Chile, pongamos allí: FUERA DE LOS CUARTELES LOS TORTURADORES. BASTA DE TORTURAS. LIBERTAD PARA LOS MARINEROS.

Visitemos las familias de los detenidos, para que sepan que Chile está a su lado, para que sepan que no están solos, que un pueblo entero los respalda. Hagámoslo ahora mismo, camaradas, ahora para que el llamado de Regina Muñoz no sea en vano, para que las torturas sufridas por el sargento Cárdenas y la marinería no sean en vanos. Ahora, compañeros. AHORA. (La Autora de Chile, 30-8-1973)

Si el fascismo se alza contra el pueblo, a combatir con lo que se tenga. Pueblo y militares patriotas aplastaremos el fascismo. Ya al cierre de esta edición se prevé que fracasará el intento de provocar un alzamiento militar. La orden de paro de Manuel Rodríguez fue acatada por los patrones. Las fábricas trabajan normalmente. Los comandos terroristas están siendo desmontados día a día por la policía. Los pequeños propietarios de un camión presionan a los gangsters que los dirigen para que negocien la vuelta al trabajo. Los médicos patriotas y los trabajadores de la salud están haciendo funcionar los hospitales.


El Gobierno Popular y la clase trabajadora han enfrentado esta asonada a pie firme y con las manos seguras en el timón. A pesar del griterío de los medios de publicidad fascistas, el Gobierno Popular ha ejercitado con decisión las atribuciones que la Constitución otorga al Presidente de la República para aceptar la renuncia de Comandantes en Jefe, en su calidad de Jefe Supremo de las FF.AA. y para designar nuevos mandos. Obviamente no ha sido esta la actitud de un Gobierno que capitula.


El optimismo de los trabajadores en períodos como los que vivimos sufre altas y sufre bajas. A veces aparecen compañeros que dicen se está capitulando. A veces se piensa que el Gobierno Popular, bajo la presión fascista, está dispuesto a deponer las legítimas atribuciones, a frenar el avance de los trabajadores, a entregarse al fascismo bajo el chantaje del fascismo, granjerías que no debiera entregárseles. Se está capitulando, se dice. El Gobierno y algunos sectores están capitulando, se dice. Y algunos trabajadores se desaniman cuando escuchan esto.


Nosotros no creemos que la actitud del Gobierno Popular y de los partidos que lo apoyan haya sido una actitud de capitulación. Tantear el terreno, conversar, buscar los puntos de menor fricción no es capitular. En Corea, en Vietnam, muchas veces se paró la artillería para realizar una conversación, un tanteo. Muchas veces se concertó una tregua de un día y después se siguió el combate, con mayor fiereza que antes. Y nadie dijo que los vietnamitas estaban capitulando.


No, compañeros, el último gabinete no fue un acto de capitulación. Designar militares en un Gabinete no es en sí un acto de capitulación. La posición de nuestro partido sobre las FF.AA. ha sido claramente planteada por el camarada Altamirano. Estamos cansados de decirlo: Los militares patriotas, los militares leales, tienen una labor que cumplir en esta jornada del pueblo que quiere renovar su sociedad. Y cuando hubo que aceptar la renuncia de un general, se aceptó, a pesar de los pañuelos blancos, a pesar de las serenatas.


Y de reprimir el fascismo, se ha reprimido, en la medida que hay facultades para reprimirlo. Los organismos a quienes compete controlar la delincuencia han desarrollado un arduo trabajo al respecto. Basta leer los diarios para conocer los arrestos, los allanamientos, que se han estado haciendo.


El fascista Ossa Bulnes tiene clara conciencia que no se está enfrentando en un movimiento popular en capitulación. Este martes, la provocación montada por el fascismo frente al Congreso al medio día fue controlada por Carabineros y por trabajadores que circulaban por el sector. Según el diario La Segunda de esa tarde, Ossa Bulnes dijo que los carabineros ERAN UNOS PERROS INFAMES porque "asesinaban" a sus "democráticos" jóvenes nacionales. Palabras fruto de la desesperación. Sabemos que hubo al menos un muerto de la Juventud Nacional. No sabemos si el disparo provino de un carabinero, pero si así fuera, vaya nuestro respaldo al Cuerpo de Carabineros. Las fuerzas del orden tienen que enfrentarse con los que mataron a Schneider, contra los que mataron al Edecán Araya, contra los que volaron un oleoducto y carbonizaron a dos campesinos, contra los que le volaron la cabeza a un transeúnte el 29 de junio y asesinaron a un periodista extranjero.


Creemos que el movimiento popular está ahora mejor que nunca. Las distintas asonadas han ido templando a los trabajadores, forzándolos a mejorar su organización. La continua asonada del fascismo ha enseñado ya definitivamente a los trabajadores que solo ellos y nadie más que ellos son la única garantía de avance del proceso. Que sólo de su organización, coordinación, combatividad, audacia, depende el triunfo del proceso.


No hay fuerzas externas a los trabajadores, no hay sectores extraños a los trabajadores que puedan garantizar el proceso. Pero los trabajadores bastan y sobran para seguir con este proceso adelante, día a día, con seguridad, con firmeza.


Esta última crisis ha sido enfrentada con seguridad, con aplomo, por el movimiento popular, por el Gobierno Popular. Contrasta esta actitud con el histerismo de Ossa Bulnes, con el histerismo del Partido Nacional que quiere votar en el Congreso la ilegitimidad del Gobierno. Fracasado una vez más el intento de subvertir los cuarteles, puestos en su lugar en las calles, los fascistas se siguen hundiendo en la desesperación. El terrorismo es un procedimiento típico de los desesperados a los que les fallan los frentes de masas.


Sí, están cayendo en la desesperación y el histerismo. Y por eso son peligrosos. Nada hay más peligroso que la bestia herida en su agonía. Lanza al aire sus zarpas y si uno no está atento para actuar, puede a uno alcanzarlo el zarpazo.


Por eso, TODOS ALERTAS Y DISPUESTOS. Esta noche, mañana, puede montarse una nueva provocación. Los desesperados seguirán golpeando las puertas de los cuarteles, pinchando a sus pocos amigos fascistas para que se alcen como el 29 de junio. Seguirán mandando mujeres de pañuelitos blancos a insultar a los militares patriotas. Seguirán mandando el lumpen y el pijería a provocar en las calles. Y por ahí puede surgir la llama. Por ahí pueden encontrar el detonante que andan buscando.
Saben que están condenados, que es cuestión de tiempo. Y se van a jugar. Los vamos a derrotar. En cuanto se alcen los aplastaremos, porque serán pocos y nosotros tomos todo el pueblo. Los trabajadores y los uniformados leales aplastaremos la fea cabeza del fascismo.


Todos en sus puestos de combate. Todos alertas. Y en cuanto se alcen a golpear, todos juntos, unidos y sin asco. Con lo que se tenga. (La Aurora de Chile, 23-8-1973)

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