Un estruendoso batir de cacerolas en la Ciudad de Sagunto y una huelga silenciosa en Puerto Serrano, dos ciudades andaluzas, marcaron hoy la inquietud por el avance de la desocupación y el rechazo a la represión policial contra manifestaciones de trabajadores en España. Toda la población de Sagunto, una histórica ciudad con 50.000 habitantes, paralizó hoy sus actividades industriales, comerciales, estudiantiles y de servicios. Hacia el mediodía y durante dos horas, los habitantes se recluyeron, en silencio, en sus domicilios, dejando las calles desiertas.

   Al finalizar las dos horas de silencio, los pobladores salieron a las ventanas, balcones y calles, haciendo sonar cacerolas y todo tipo de improvisados instrumentos, que dieron gran resonancia a sus reclamos en contra del cierre de la cabecera de altos Hornos del Mediterráneo, empresa en la que se basa toda la actividad económica de la ciudad. Los saguntinos expresaron así su oposición al cierre de AHM dispuesta por el gobierno dentro de su plan de reconversión de la siderurgia integral y su repudio a la actuación policial, que el martes provocó tres heridos, uno de ellos a bala, al ser disuelta una manifestación.

   En Puerto Serrano, Cádiz, también se cumplió una huelga general, silenciosa, en señal de protesta por la violenta actuación de la Guardia Civil (policía rural militarizada) que también el martes disolvió una manifestación de jornaleros del campo, que reclamaban el giro de fondos para el pago de sus haberes en el trabajo comunitario. El gobernador civil de Cádiz recibió a una delegación del Ayuntamiento de Puerto Serrano y se comprometió a ordenar una investigación para determinar lo ocurrido. En el fondo de estas cuestiones se encuentra el problema de la desocupación, que este año se situó en el dieciséis por ciento del total de la población activa, lo que significa que ya hay más de dos millones de desempleados.

   El gobierno presidido por Felipe González asegura que la pérdida de puestos de trabajo se logró frenar en 1983 y que sus objetivos están centrados en lograr un crecimiento del producto interno bruto para 1984 del orden del 2,5 por ciento, para comenzar a generar empleo. Unos pronósticos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, Organización de los Países Industrializados de Economía de Mercado), conocidos esta semana auguran para España una tasa de desempleo de 18 por ciento para el próximo año.

   Los empresarios españoles son todavía más pesimistas. El presidente del Instituto de Analistas de Inversiones y director del servicio de uno de los siete grandes bancos de este país, afirmó hoy que es improbable que el crecimiento del PIB supere el uno y medio por ciento en 1984. Juan José Toribio añadió que, en consecuencia, la tasa de desempleo continuará subiendo y el próximo año se situará en 19 por ciento de la población activa. Los dos movimientos de protestas registrados hoy en Andalucía (el de Sagunto y el de Puerto Serrano) y en Pamplona, la capital de Navarra, están originados en la creciente desocupación y auguran lo que podrá deparar el próximo año al gobierno socialista.

   El gabinete económico de Felipe González, comandado por Miguel Boyer, está decidido a emplear la “Cirugía mayor”, con la esperanza de que después el enfermo (la economía española) entrará en una convalecencia favorable. En esa óptica, la policía económica tiene dos aristas particularmente molestas para el sector asalariado: la contracción del gasto público, que se traduce en menos inversiones y la reconversión industrial, que en una primera etapa prevé el cierre de establecimientos y la pérdida de puestos de trabajo.

   Ante esta situación, la reacción de los afectados se expresa de diversas maneras y frecuentemente con manifestaciones públicas, que suelen ser disueltas por la fuerza policial. Felipe González repitió varias veces que “un gobierno debe gobernar” y hacer respetar las leyes y bajo ese lema, rechaza cualquier posibilidad de dialogar bajo presión. Sagunto y Puerto Serrano, más que episodios en el drama de la desocupación, parecen señales de alerta para lo que puede ser en 1984 un problema explosivo para el gobierno socialista. (29-12-1983).