La clara recuperación de la economía de España tendría escasos efectos sobre la desocupación, ya que los expertos predicen que el índice de desempleo se mantendrá por encima del 20 por ciento de la población activa.

El Producto Interno Bruto (PIB) creció 3,1 por ciento en el primer semestre del año, siguiendo una tendencia iniciada a principios de 1994.

Fuentes del ministerio de Economía aseguran incluso que en seis o siete meses más el ritmo de crecimiento subirá al 3,5 por ciento, una afirmación que economistas de la oposición y sindicalistas ponen en duda.

Esta semana dio una clara imagen de las contradicciones: mientras el ministro de Economía, Pedro Solbes, presentaba al parlamento su propuesta de presupuesto general del Estado para 1996, trabajadores de los astilleros salían a las calles para protestar por el cierre de sus fuentes de trabajo.

España, conocida por su sólida estructura industrial, se convierte cada vez más en un país de servicios, donde la industria turística es la principal fuente de divisas.

La región de Asturias, en el norte del país, con 1.100.000 habitantes y 10.565 kilómetros cuadrados, constituye un ejemplo de estos cambios.

Otrora fuerte y pujante zona carbonera y siderúrgica, Asturias perdió 25 por ciento de los puestos de trabajo en poco más de una década.

Además, una encuesta del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), señala que Asturias tiene los índices más altos de desempleo juvenil (57,8 por ciento) y de suicidios.

El conservador Sergio Marques, presidente de esa región, afirma que la destrucción de empleo en la industria ha alcanzado magnitudes prácticamente inasumibles.

El crecimiento económico con pérdida de puestos de trabajo se está traduciendo, también, en una dualización del mercado laboral, con un sector que mantiene altos ingresos y otro cada vez más empobrecido.

Un estudio de Francisco Melis, ex director de análisis del INE, indica que 7,7 millones de trabajadores, casi dos tercios de la población empleada, reciben un salario medio anual equivalente a veinte mil dólares, mientras que el otro tercio percibe un salario medio anual de 4.000 dólares.

Además, dice Melis, el 3,3 por ciento de los asalariados absorben casi el 15 por ciento de la masa total de salarios y el 27 por ciento recibe ingresos anuales inferiores al salario mínimo.

Con estos antecedentes, los sindicatos recibieron negativamente los presupuestos de Solbes, que, elaborados bajo la consigna de reducir el déficit público, prevén, como primera medida, el sacrificio de la inversión pública.

El veterano sindicalista Marcelino Camacho, presidente y fundador de la Confederación de Comisiones Obreras, señaló que el problema no consiste en unos presupuestos más o menos restrictivos, sino en la política económica en su conjunto.

No debemos construir la Europa de los mercaderes, basada en una unión que privilegia a los privilegiados de siempre, sino una Europa social, que asegure una vida digna a los trabajadores, fustigó.