Si el fascismo se alza contra el pueblo, a combatir con lo que se tenga. Pueblo y militares patriotas aplastaremos el fascismo. Ya al cierre de esta edición se prevé que fracasará el intento de provocar un alzamiento militar. La orden de paro de Manuel Rodríguez fue acatada por los patrones. Las fábricas trabajan normalmente. Los comandos terroristas están siendo desmontados día a día por la policía. Los pequeños propietarios de un camión presionan a los gangsters que los dirigen para que negocien la vuelta al trabajo. Los médicos patriotas y los trabajadores de la salud están haciendo funcionar los hospitales.


El Gobierno Popular y la clase trabajadora han enfrentado esta asonada a pie firme y con las manos seguras en el timón. A pesar del griterío de los medios de publicidad fascistas, el Gobierno Popular ha ejercitado con decisión las atribuciones que la Constitución otorga al Presidente de la República para aceptar la renuncia de Comandantes en Jefe, en su calidad de Jefe Supremo de las FF.AA. y para designar nuevos mandos. Obviamente no ha sido esta la actitud de un Gobierno que capitula.


El optimismo de los trabajadores en períodos como los que vivimos sufre altas y sufre bajas. A veces aparecen compañeros que dicen se está capitulando. A veces se piensa que el Gobierno Popular, bajo la presión fascista, está dispuesto a deponer las legítimas atribuciones, a frenar el avance de los trabajadores, a entregarse al fascismo bajo el chantaje del fascismo, granjerías que no debiera entregárseles. Se está capitulando, se dice. El Gobierno y algunos sectores están capitulando, se dice. Y algunos trabajadores se desaniman cuando escuchan esto.


Nosotros no creemos que la actitud del Gobierno Popular y de los partidos que lo apoyan haya sido una actitud de capitulación. Tantear el terreno, conversar, buscar los puntos de menor fricción no es capitular. En Corea, en Vietnam, muchas veces se paró la artillería para realizar una conversación, un tanteo. Muchas veces se concertó una tregua de un día y después se siguió el combate, con mayor fiereza que antes. Y nadie dijo que los vietnamitas estaban capitulando.


No, compañeros, el último gabinete no fue un acto de capitulación. Designar militares en un Gabinete no es en sí un acto de capitulación. La posición de nuestro partido sobre las FF.AA. ha sido claramente planteada por el camarada Altamirano. Estamos cansados de decirlo: Los militares patriotas, los militares leales, tienen una labor que cumplir en esta jornada del pueblo que quiere renovar su sociedad. Y cuando hubo que aceptar la renuncia de un general, se aceptó, a pesar de los pañuelos blancos, a pesar de las serenatas.


Y de reprimir el fascismo, se ha reprimido, en la medida que hay facultades para reprimirlo. Los organismos a quienes compete controlar la delincuencia han desarrollado un arduo trabajo al respecto. Basta leer los diarios para conocer los arrestos, los allanamientos, que se han estado haciendo.


El fascista Ossa Bulnes tiene clara conciencia que no se está enfrentando en un movimiento popular en capitulación. Este martes, la provocación montada por el fascismo frente al Congreso al medio día fue controlada por Carabineros y por trabajadores que circulaban por el sector. Según el diario La Segunda de esa tarde, Ossa Bulnes dijo que los carabineros ERAN UNOS PERROS INFAMES porque "asesinaban" a sus "democráticos" jóvenes nacionales. Palabras fruto de la desesperación. Sabemos que hubo al menos un muerto de la Juventud Nacional. No sabemos si el disparo provino de un carabinero, pero si así fuera, vaya nuestro respaldo al Cuerpo de Carabineros. Las fuerzas del orden tienen que enfrentarse con los que mataron a Schneider, contra los que mataron al Edecán Araya, contra los que volaron un oleoducto y carbonizaron a dos campesinos, contra los que le volaron la cabeza a un transeúnte el 29 de junio y asesinaron a un periodista extranjero.


Creemos que el movimiento popular está ahora mejor que nunca. Las distintas asonadas han ido templando a los trabajadores, forzándolos a mejorar su organización. La continua asonada del fascismo ha enseñado ya definitivamente a los trabajadores que solo ellos y nadie más que ellos son la única garantía de avance del proceso. Que sólo de su organización, coordinación, combatividad, audacia, depende el triunfo del proceso.


No hay fuerzas externas a los trabajadores, no hay sectores extraños a los trabajadores que puedan garantizar el proceso. Pero los trabajadores bastan y sobran para seguir con este proceso adelante, día a día, con seguridad, con firmeza.


Esta última crisis ha sido enfrentada con seguridad, con aplomo, por el movimiento popular, por el Gobierno Popular. Contrasta esta actitud con el histerismo de Ossa Bulnes, con el histerismo del Partido Nacional que quiere votar en el Congreso la ilegitimidad del Gobierno. Fracasado una vez más el intento de subvertir los cuarteles, puestos en su lugar en las calles, los fascistas se siguen hundiendo en la desesperación. El terrorismo es un procedimiento típico de los desesperados a los que les fallan los frentes de masas.


Sí, están cayendo en la desesperación y el histerismo. Y por eso son peligrosos. Nada hay más peligroso que la bestia herida en su agonía. Lanza al aire sus zarpas y si uno no está atento para actuar, puede a uno alcanzarlo el zarpazo.


Por eso, TODOS ALERTAS Y DISPUESTOS. Esta noche, mañana, puede montarse una nueva provocación. Los desesperados seguirán golpeando las puertas de los cuarteles, pinchando a sus pocos amigos fascistas para que se alcen como el 29 de junio. Seguirán mandando mujeres de pañuelitos blancos a insultar a los militares patriotas. Seguirán mandando el lumpen y el pijería a provocar en las calles. Y por ahí puede surgir la llama. Por ahí pueden encontrar el detonante que andan buscando.
Saben que están condenados, que es cuestión de tiempo. Y se van a jugar. Los vamos a derrotar. En cuanto se alcen los aplastaremos, porque serán pocos y nosotros tomos todo el pueblo. Los trabajadores y los uniformados leales aplastaremos la fea cabeza del fascismo.


Todos en sus puestos de combate. Todos alertas. Y en cuanto se alcen a golpear, todos juntos, unidos y sin asco. Con lo que se tenga. (La Aurora de Chile, 23-8-1973)