Hay una palabra que se utiliza una y otra vez para calificar a los inmigrantes que ingresan a un país sin haber cumplido con los trámites consulares o aduaneros establecidos por las autoridades del mismo: ilegales, término que emplean la mayoría de los medios de comunicación de todos los países, con independencia de su orientación editorial o política.

Según el Diccionario de la Real Academia Española de la lengua, ''ilegal'' significa ''Que es contra la ley''. ''Ley'', añade, es ''Regla y norma constante e invariable de las cosas, nacida de la causa primera o de las cualidades y condiciones de las mismas . Precepto dictado por la ley competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados''.

A tenor de esa definición no se puede decir con fundamento que la inmensa mayoría de los migrantes y en especial los de los sectores más empobrecidos, estén ''contra la ley''. Otra cosa sería que el término fuese utilizado para referirse a sectores minoritarios y multimillonarios que entran y salen de los países sin problemas, aunque muchos de ellos pertenezcan a mafias que participan en el negocio del narcotráfico, la prostitución o la venta de armas.


En la definición de la RAE también se expresa que la ley es un precepto por el que ''se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados''. Vale decir, si fuera correcto aplicar ese término, que los inmigrantes calificados de ''ilegales'' serían personas que estarían en contra de la justicia y del bien de los gobernados, o sea de los ciudadanos.


Pruebas de que muchos medios califican de esta forma a los migrantes las hay a miles y en todos los países. Por ejemplo, el diario en español de mayor venta en el mundo, Clarín, de Buenos Aires, el 22 de septiembre tituló una noticia ''El drama de los inmigrantes ilegales'' en la que informó sobre Ghosts, una película del británico Nick Broomfield, en la que éste para condenar la discriminación narra el drama de 23 inmigrantes chinos muertos mientras recogían mariscos. Broomfield no utilizó el término ''ilegales'' para referirse a ellos, pero el diario sí lo hizo.


Otro diario argentino, Página12, una semana después puso de título a una nota ''Todos los gobiernos proponen la lucha contra la inmigración clandestina como uno de los principios de su acción'', hablando en el texto de ''ambas migraciones, la clandestina y la legal''.

En la misma línea titularon el diario Los Tiempos, de Bolivia, al decir el 22 de septiembre que ''Las tragedias y los efectos de la inmigración ilegal serán el plato fuerte del Festival de Cine de San Sebastián'', el mexicano El Universal titulando el uno de septiembre que ''Los inmigrantes ilegales ven cada vez más difícil hallar trabajo en Estados Unidos'' y el español El País informando el 14 de septiembre que ''Senegal suspende la repatriación de inmigrantes ilegales llegados a Canarias''.

Los ejemplos son inacabables, en todos los países; en Brasil, La Folha de São Paulo, informó el uno de octubre de que Estados Unidos programa una muralla a lo largo de la frontera con México ''como forma de combater a imigração ilegal'', el chileno El Mercurio, dos días antes informó que ''al detectarse un bus que transportaba a inmigrantes ilegales desde la zona norte hacia la capital, el Gobierno anunció que promovería una reforma a la Ley de Extranjería, para penalizar a las bandas que organizan tal transporte''. El término ''ilegal'' se utiliza incluso cuando se informa acerca de hechos que se proponen reivindicar positivamente a estas personas, como ha sucedido con la presentación en el Festival Internacional de Cine de Venecia de la película ''Children of Men'' del mexicano Alfonso Cuarón. En esta ocasión el lenguaje utilizado por el diario El Comercio, de Ecuador, aún informando correctamente sobre la intención del cineasta de mostrar el sufrimiento de los inmigrantes, los califica de ilegales al poner que la película muestra ''Una ciudad contaminada y en conflicto, con ataques terroristas, en el que los inmigrantes ilegales son encerrados en campos de refugiados y las mujeres se volvieron infértiles''. Así, al referirse a una obra cinematográfica orientada a defender los derechos de estas personas la información falla en lo fundamental, pues califica a las mismas de manera injusta y agraviante al agregar la palabra ''ilegales''. Bastaba con poner ''inmigrantes''.


CON LA LEY Y LA JUSTICIA INTERNACIONAL
No caben dudas de que las personas que ingresan a un país sin contar con los visados u otros papeles exigidos en el mismo no son clandestinas ni ilegales, pues por ese solo hecho no están actuando contra la ley o la justicia. Y si, en principio, deben primar las leyes nacionales, no se deben dejar de lado los acuerdos y convenciones internacionales, así como las normas que desde tiempos inmemoriales rigen los usos y costumbres.

Por ello es exigible que el mundo periodístico y los responsables de los medios de comunicación seas conscientes de que existen acuerdos, declaraciones y compromisos globales sobre los derechos humanos y que, aunque algunos países no los acepten o respeten, para los periodistas deben ser una severa guía de conducta. Y así como cuando se informa sobre actos de violencia es necesario diferenciar entre ''terroristas'' e ''insurgentes'', con independencia de lo que ''legislen'' los estados respectivos, al hacerlo sobre migraciones se deben manejar idénticos criterios, ateniéndose al bien común.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos suscripta en 1948 a poco de haber sido fundada la Organización de las Naciones Unidas, comienza su preámbulo estableciendo que ''la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana'' y en su primer artículo especifica que ''Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros''.

En 1966 esta declaración se amplió con un Pacto que en su artículo quinto puntualiza: ''No podrá admitirse restricción o menoscabo de ninguno de los derechos humanos fundamentales reconocidos o vigentes en un país en virtud de leyes, convenciones, reglamentos o costumbres, a pretexto de que el presente Pacto no los reconoce o los reconoce en menor grado''. Es decir que ninguna ley o reglamento podrá restringir o menoscabar los derechos fundamentales y en especial los reconocidos en la Declaración Universal cuando ésta concreta que los ciudadanos del mundo deben ser ''libres e iguales en dignidad y derechos'', recordando que ''no podrá admitirse restricción'' a esos derechos fundamentales mediante leyes, convenciones, reglamentos o costumbres.

Posteriormente se firmó una convención de la ONU (1990) sobre los derechos de los trabajadores migrantes y sus familias, en consonancia con los acuerdos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que ya en 1919 se pronunció sobre la reciprocidad de trato a los mismos, a los que se agregaron años después otros acuerdos y tratados.
Asimismo, en el ámbito iberoamericano hay que tener presentes las declaraciones de los gobernantes de los 22 países que en las dos últimas décadas se han referido a este tema en las Cumbres Iberoamericanas, descartando utilizar en todas sus declaraciones el concepto de migrantes ilegales, clandestinos o similares.

En consecuencia, no hay que olvidar que cuando con buena voluntad y procurando no usar el término ''ilegales'' se habla de ''inmigrantes irregulares'' tampoco se acierta, pues se estaría diciendo que éstos no cumplen las reglas, siendo que es regla o ley aquello que ''se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia'', según la RAE, cuyas definiciones son aceptadas por las demás academias de la lengua española.

Y si leemos en el DRAE lo que se entiende por justicia vemos que es ''Una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. Derecho, razón o equidad. Conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien las tiene. Aquello que debe hacerse con derecho o razón''.


NO HAGAS LO QUE NO QUIERAS QUE TE HAGAN
En consecuencia, si se trata de dar a cada uno lo que le corresponde ''con derecho o razón'' no caben dudas de que el derecho, la razón y la equidad están a favor de que a los migrantes se les reconozcan sus derechos. ¿Cuáles son los límites? Los que se aplican a los demás ciudadanos del país: no delinquir y cumplir las leyes y normas de convivencia existentes en el mismo. Mientras los migrantes cumplan con ellas no pueden ser calificados de ilegales, tampoco de irregulares, si por ser regular se entiende que no se está infringiendo la ley.

Otra alternativa, que se suele utilizar, es la de calificarlos de ''sin papeles'', aunque tengan documentos de identidad de su país de origen. Si bien puede tener una connotación negativa, esta de ''sin papeles'' no es tan dura como las otras dos definiciones y ya se sabe que entre todos los males conviene siempre elegir el mal menor.

Los periodistas y los responsables de los medios de comunicación deberíamos tomar esto en cuenta y unirlo a lo tantas veces dicho respecto de la xenofobia, el racismo y el patriotismo mal entendido, que llevan a despreciar a los inmigrantes por el solo hecho de tener otro color de piel, profesar otra religión, hablar otro idioma o simplemente venir de otro país.
Y todo ello habría que hacerlo, para ser ''legales'', teniendo presente lo que dijo Voltaire: ''El derecho humano no puede fundarse en ningún caso más que en el derecho de la naturaleza y el gran principio universal: No hagas lo que no quieras que te hagan''. (Bitácora, Uruguay, junio 1994)