Si la cuestión medioambiental es compleja y requiere un tratamiento multidisciplinario, global, antidogmático, en el que pocas respuestas están listas a priori, la relación entre la comunicación social y el desarrollo sostenible es aún más compleja y conlleva exigencias más amplias todavía.

 

            En este trabajo pretendemos exponer una concepción sobre la comunicación social -que es bastante más que un mecanismo de información-, en relación con las demandas del desarrollo sostenible y estrategias que de ella se pueden derivar para periodistas y ambientalistas.

 

 

Una comunicación global

 

            Las reflexiones sobre el incipiente nuevo orden mundial, del que emerge una globalización de las relaciones económicas, culturales y políticas, deberían tomar en cuenta que en materia de comunica­ción social también se tiende hacia la globalidad y complejidad.  La interdepen­dencia de los países, la concentración de capitales y medios y el pujante desarrollo tecnológico trascienden las fronteras de cada nación. No obstante, esa globalización y un flujo informativo cuyo volumen crece cada día, no significan una mejor información ni un progreso en la comunicación entre los pueblos y dentro de éstos entre todos sus sectores.

 

            Esto se debe, en primer lugar, a que las nuevas tecnologías se utilizan para transmitir noticias en el sentido tradicional, que perpetúa el viejo modelo de circulación vertical de las informaciones desde unos pocos, activos y poten­tes emisores, hacia una mayoría de receptores pasivos. En ese modelo que se superpone, reproduce y alimenta, a una organización económica y social que tiende a ampliar cada vez más la brecha que separa al Norte industrializado y rico del Sur subdesarrollado y empobrecido, y a fomentar en el Norte un sistema de vida consumista, insostenible ambientalmente e injusto socialmente. Por ello, si se piensa en una proyección de futuro, la comunicación, entendida como un proceso participativo y multidireccional, apare­ce cada vez más vinculada al desarrollo sostenible, entendido como un estilo y una filosofía de vida que garantice una seguridad humana global.

 

            Según el Secretario General de la Sociedad Internacional para el Desarrollo (SID) y Director General de la agencia internacional de noticias IPS, Roberto Savio, "sin comunicación, el desarrollo y la seguridad humana global no superarán el punto de partida; la comunicación es el motor necesario para la participación y ésta reside en el corazón de ambos procesos. La participación es esencial al desarrollo y a la seguridad humana mundial". Puede afirmarse asimismo que la participación no existe si la comunica­ción está ausente.

 

            La información es necesaria para la comunicación, pero ambos conceptos no son sinónimos. La información consiste en una sucesión de noticias transmitidas unidireccionalmente, desde un emisor activo y minoritario hacia receptores pasivos y mayoritarios. Eso es lo que generalmente se conoce como información periodística difundida a través de los medios tradicionales. Se trata, por lo general, de noticias aisladas de su contexto, centradas en los hechos y no en los procesos, cuya selección, orientación y transmisión queda en pocas manos.

 

            La rutina dominante en la profesión periodística otorga prioridad a los hechos sobre los procesos y a la noticia sobre el contexto. Por ello aparecen y desaparecen hechos noticiosos de la noche a la mañana, de manera aparentemente inexplicable. ¿Quién sabe lo que está ocurriendo ahora en Kuwait, Irak o en Los Angeles, tres focos noticiosos que en un momento dado ocuparon las primeras planas de prensa, radio y televisión, en todo el mundo?

 

            La creciente complejidad de la realidad social torna cada vez más difícil el contar con fuentes buenas, fiables y suficientes. Cada vez más quienes son fuentes noticiosas adquieren una mayor conciencia de serlo y con ello adaptan sus actitudes, sus informaciones, sus trascendidos y sus confidencias, a su carácter de tales. Ello exige una mayor y mejor trabajo periodístico, aunque las condiciones económicas de las empresas de la comunicación obligan a resringir sus recursos.

 

            Hay que conocer mucho a la gente con la que se trabaja, tener claridad acerca de las claves de un determinado proceso y bastante oficio para discernir, no siempre acertadamente, si una confidencia de las que se hacen con la advertencia de que "es para no contar, sólo para que tú lo sepas", persigue de verdad ese objetivo confidencial o si sólo se trata de un intento de intoxicación indirecta. Más complejo aún es superar la apariencia de información que se produce tras los grandes montajes de comunicación.

 

            Tomemos por ejemplo un hecho que tuvo la mayor trascendencia mundial. Cuando los sucesivos intentos de negociación con Sadam Hussein fueron fracasando y se comprobó que el presidente iraquí al invadir Kuwait había caído en una trampa similar a la del general Galtieri en las Islas Malvinas, y quedó claro que la solución del conflicto sería de carácter militar, la movilización de periodistas hacia la zona de conflicto se tornó masiva. El convencimiento de que el mundo podría asistir a una guerra "en vivo y en directo" se hizo general, sobre todo cuando se conoció el despliegue de las agencias de noticias y de las cadenas de televisión, muchas de ellas portando sus propias antenas para engancharse a los satélites de comunicaciones.

 

            Sin embargo, y pese a todo ese despliegue tecnológico y humano, lo que se pudo ver fue una guerra virtual, una simulación de la guerra,  una representación ideal y apoyada en las técnicas más modernas de una guerra cuya realidad transitaba por otros caminos, ocultado por ambos bandos a la curiosidad mundial. Sadam Hussein aplicó la más férrea y tradicional de las censuras, con expulsión de corresponsales y represión sobre periodistas y fuentes. El Pentágono contrató una compañía, la Hill and Knolwton, para el diseño y desarrollo de una campaña de comunicación para "vender la guerra", que costó diez millones de dólares. Esa campaña orientó la información desde el bando aliado, sin que los periodistas que asistían a las ruedas de prensa o que debían esperar noticias confinados en sus hoteles, se hubiesen enterado de ello.

 

            En la cobertura de esa guerra se comprobó que las nuevas tecnologías de la comunicación incrementan de una manera notable la posibilidad de aumentar el caudal informativo, pero utilizadas para lo contrario también permiten que una sobreinformación manipulada deje a la opinión pública sin conocer lo que verdaderamente ocurre.

 

            Esto significa que en ese cúmulo de noticias, en esa saturación informativa, en ese océano de información, cuanto más trascendente, cuanto más importante, cuanto más globalizadora sea la información, más necesario será tener buenos métodos de navegación por ella, para navegar y encontrar puertos seguros.

 

            Nosotros podíamos conocer infinidad de hechos en torno a aquella guerra o a otros acontecimientos y seguir sin entender lo que pasaba. Seguir sin entender cuál era el contexto político, humano y social de los acontecimientos que estaban ocurriendo. Cuanto mayor sea la información periodística, más necesidad tendremos de que esa información sea tratada de tal manera que se la interrelacione por un lado y que se la contraste por otro; que la lucha por que salga la información en tiempo real no haga imposible la tarea de verificar su veracidad.

 

            Porque una de las técnicas que se utilizaron en la información en aquél conflicto fue apabullar a los medios con informaciones aparentemente reales. La disputa de éstos en los mercados por llegar primero unos que otros, hizo que no se verificaran ni se contrastaran esas noticias con datos fiables, para entender si eso podía ser cierto o no. Eran informaciones que seguían estando parceladas como en los primeros años de la imposición de la pirámide invertida, esa rutinaria fórmula de la información periodística que todavía domina en las redacciones y que es un obstáculo para un uso racional y eficiente de la telemática.  Particularmente interesante es el análisis a posteriori de la información sobre la contaminación por petróleo de las aguas del Golfo y la del aire por el incendio de los pozos petrolíferos. ¿Quién puede decir hoy cuáles fueron los daños, quienes los culpables, cuánto se recuperó y cuánto es irreversible?

 

            Si en las guerras, en las que pareciera que los bandos están bien definidos y en las que las acciones son ofensivas o defensivas y con suficiente estruendo como para no pasar desapercibidas, es complicado separar la paja del trigo, la verdad de la mentira y, más difícil aún, descubrir el curso de los acontecimientos, es fácil imaginar cómo se multiplican esas dificultades al cubrir informativamente la vida cotidiana. Y, hablando ante expertos ambientalistas, que saben las innumerables concatenaciones de los factores ambientales, parecería superfluo tener que destacar la necesidad de que los hechos sean ubicados siempre en su contexto.

 

            La parcelación es negativa incluso para los movimientos ecologistas. Las elecciones del año pasado en Francia mostraron una caída de las expectativas del voto verde, que Alainc Minc, autor de "Le media-choc", atribuye a que su discurso es limitado y ambiguo. Es como si los mismos votantes ecologistas hubieran advertido que las soluciones extremas, aisladas, compartimentadas, no son viables y que los problemas globales exigen soluciones también globales.

 

            Por eso, considero que es preferible hablar de comunicación -que globaliza los mensajes- y no de mera información -que los parcializa y compartimenta-, entendiendo la comunicación como un acto participativo, en el que en vez de privilegiar los hechos, se privilegian lo procesos y en vez de los datos los contextos, en el que se aspira a que el flujo de los mensajes tenga un doble sentido, y en el que los papeles de emisor y receptor se intercambien e influyan mutuamente.

 

            En una comunicación global deben encontrar su lugar todas las fuerzas sociales, de manera de utilizar las potencialidades que encierran las nuevas tecnologías para que se puedan expresar la totalidad de los sectores naciona­les e internacionales tradicionalmente excluidos del proceso de toma de decisiones. Se trata de lograr una comunicación global en la que el Sur -no solo el identificado con el Tercer Mundo, sino también el Sur dentro del Norte-, pueda estar presente con su propia voz. Sin esa participación será imposible asegurar que la sociedad del mañana disponga de una base democrática amplia, en la que se respeten los derechos humanos, se acceda a un desarrollo integral y las generaciones presentes y futuras tengan asegurada una vida digna.

 

            La opinión pública influye cada vez más en los procesos sociales y en los mecanismos para la toma de decisiones. En los gobiernos de la mayoría de los países del mundo, y con mayor fuerza cuanto más desarrolladas están sus sociedades, es habitual consultar mediante encuestas el estado de opinión pública antes de proponer leyes o adoptar medidas. Hay veces que se piensa que por encima de los programas y compromisos electorales mandan las encuestas de opinión.

 

            Así como esta influencia se fortalece, también se diluye lo que se considera opinión pública y al mismo tiempo se tornan más complejos los mecanismos para su formación y expresión. El resultado de las encuestas no deben ser confundidido con el estado de la opinión pública. Las encuestas dan la suma de respuestas individuales, en tanto que la opinión pública es el reflejo de una totalidad múltiple, plural y compleja.  Por el juego de intereses de todo tipo y por lo  problemas para acceder a la comunicación de masas, lo menos que se puede decir es que la participación de los ciudadanos es imperfecta y que en muchos casos se reduce a apretar el botón de mando para cambiar de canal o a la compra o no de periódicos.

 

 


El cambio en las conductas

 

            Casi como un símbolo, los presidentes de los ocho países que comparten la región del globo que se convirtió en el centro mundial de la discusión ecológica, la Amazonia, señalaron en su declaración de Manaos, en 1992, que "Un planeta ambientalmente sano debe corresponderse con un mundo social y económicamente justo. Para lograr este objetivo es fundamental transformar conductas y modelos de desarrollo y patrones de consumo no sustentables".

 

            La transformación de las conductas y de los modelos de desarrollo y de patrones de consumo es imposible sin cambios en la opinión pública y sin que ésta pueda formarse con la efectiva, democrática y plural participación de los ciudadanos.

 

            Sin una conciencia social que haga compatible la necesidad del desarrollo integral con la preservación del medio ambiente y con un uso sostenible de los recursos, será imposible encarar de verdad los problemas ambientales, con vocación de generar soluciones racionales y con la vista puesta en el largo plazo.

 

            Esa es una tarea en la que deben cumplir su papel los periodistas, con conocimiento de causa, fines y objetivos. Pero no sólo a ellos les compete hacerlo, ya que es una responsabilidad compartida por todos aquellos involucrados en el proceso. Una falsa noción de lo que significa la independencia profesional de los periodistas y de la libertad de expresión puede derivar en que las acciones para influir en los medios, y a través de ellos en la opinión pública, queden solo o mayoritariamente en manos de sectores interesados prioritariamente en obtener ganancias rápidas antes que en asegurar el porvenir. La irrupción del medio ambiente en el mercado, con efectos y reacciones positivas en unos casos y con un aprovechamiento bastardo en otros, ha tornado más competitiva e importante la información ambientalmente sana.

 

 

Los medios en la educación no formal

 

            "No demos por sentado que todos los adultos son alfabetos. Incluso en los Estados Unidos se estima que uno de cada cinco adultos es analfabeto funcional. Ni confiemos en que los conocimientos que adquirimos hoy nos servirán toda la vida, porque en un mundo que cambia tan rápidamente como el nuestro la esperanza de vida de las mayoría de los conocimientos científicos y técnicos es sólo de unos cinco años. No es que la verdad no exista, sino que suele ser aproximada y reemplazable por una mejor aproximación, o bien por una verdad más pertinente. Por estos dos motivos es preciso intensificar la educación de adultos". (Mario Bunge).

 

            Bunge pone el acento en la relatividad de los conocimientos y en su constante renovación, para concluir que es necesario intensificar la educación de los adultos. Cabe agregar que una de las formas más influyentes que asume esa formación es la comunicación social, no sólo en los adultos pero sí fundamentalmente en ellos.

 

            El educador Miguel Angel Escotet, ex Secretario General de La Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la cultura (OEI), sostiene que "En la base de toda acción educativa está la comunicación. De ahí que se afirme que en su aspecto relacional, constituye el problema central de toda la pedagogía". Escotet se refiere a la comunicación dentro del sistema educativo, pero su reflexión es aplicable a la información y la comunicación social en general.

 

            La educación no formal que llega a través de los medios, informadora, formadora y deformadora de opinión pública, desempeña un papel de relieve en los procesos de desarrollo y en la conservación o modificación de estilos de vida.

 

            ¿Alguien se atreve a decir qué porcentaje de responsabilidad tienen la publicidad y la acción de empresas comerciales para introducir en España, por ejemplo, el hábito de consumir hamburguesas y qué porcentaje los medios de comunicación social, incluyendo en ellos la prensa, la radio, la televisión y el cine?

 

            Los medios siempre educan, para bien o para mal. El discurso que pretende asignar un papel inocuo para los medios esconde, en la realidad, la elusión de responsabilidades en unos casos, la creencia de que las cosas ocurren porque sí, o la intención de perpetuar un determinado modelo de comunicación que responde, a la vez, a un modelo determinado de producción, distribución y  consumo.

 

            El desarrollo económico que dió  nacimiento a la sociedad moderna tuvo en los periódicos uno de sus resortes fundamentales. Sería imposible reconocer a aquella sociedad librecambista que estuvo en la base de la pujanza del capitalismo en sus albores, sin sus medios de expresión libres. De la misma manera, la sociedad actual sería igualmente irreconocible sin el sistema de comunicación social transnacional, que reproduce e incita a reproducir un modelo consumista, aunque no haya condiciones para que todos lo puedan disfrutar.

 

            Un ejemplo se puede derivar de la información y la publicidad (dos aspectos de la comunicación social que deben ser analizados individualmente y en conjunto) sobre los automóviles. Es difícil encontrar un medio, tanto en el Norte industrializado como en el Sur subdesarrollado, que no dedique abundante espacio informativo y que no recoja la correspondiente publicidad incitando a la compra de más coches, privilegiando su uso sobre el de los transportes colectivos.

 

            Con la población mundial actual, si en todos los países se lograran las metas implícitas o explícitas de desarrollo económico de todos los programas de gobierno, y suponiendo que en todos los países los modelos de consumo se mantuvieran de acuerdo a lo que ocurre hoy en los Estados Unidos, Europa y Japón, el resultado llevaría a contar con unos tres mil millones de coches privados.

 

            El reputado ecologista y ex-Secretario Nacional del Medio Ambiente de Brasil, José Lutzenberger, autor del cálculo precedente, añadió que cuando la población mundial alcance los diez mil millones de habitantes, alrededor del 2020 o del 2030 y si se siguiera aplicando con éxito el mismo modelo de desarrollo, la previsión sería de unos siete mil millones de coches. Una cifra que aterra al solo pensar que ya son demasiados los 350 millones de coches que existen en la actualidad.

 

            Sea en forma de publicidad, de información o de entretenimiento, se comunican mensajes absurdos, si los analizamos desde la lógica de un desarrollo sostenible. ¿Qué sentido tienen los mensajes sobre alimentos sin calorías, "alimentos que no alimentan", en un mundo donde millones pasan hambre a pesar de que se está produciendo, a nivel mundial, los productos necesarios como para alimentar racionalmente a toda la humanidad?

 

            El economista y escritor español José Luis Sampedro indicó que el problema del consumismo y la proliferación de bienes que se convierten en metas de consumo por sí mismos, más allá de su real utilidad o necesidad en la vida cotidiana del consumidor, no es solamente un fenómeno económico sino que tiene un claro origen cultural, expresado en la propagación y asunción de determinados esquemas y valores por la sociedad.

 

            Si esa propagación de esquemas de valores consumistas debe ser cuestionada en el Norte, ¿qué queda para el Sur? En el Tercer Mundo, donde habitan las tres cuartas partes de la población mundial, los medios de comunicación social siguen propagando noticias, comentarios, opiniones, publicidad, novelas, películas y fotografías importadas en su mayor partedel Norte, ilustrando metas de un consumismo inalcanzable para ellos y destructivo para los industrializados. Es patético ver los anuncios de espléndidos automóviles de lujo en países donde faltan carreteras y transportes públicos, de lavadoras de ropa superautomáticas en regiones de mayorías andrajosas, de televisiones en colores y por cable donde los analfabetos se cuentan por millones, de bebidas de lujo importadas y refrescos que pagan "royalties" incluso donde falta el agua potable y campea la desnutrición. Cualquiera que haya viajado a algún país de la orilla Sur del Mediterráneo pudo haber comprobado como, a una o dos emisoras locales con escasa capacidad de producción se le superponen ocho o diez que les llegan desde Europa, más la CNN, desde los Estados Unidos.

 

            El poderoso flujo comunicativo desde el Norte produce  efectos imitativos en el Sur. El Norte marca las pautas, la agenda de la información, el qué es noticia de cada día. Al marcar pautas y temas, bastante poco importa cómo se enfoquen.

 

 

Libertad de empresa y libertad de expresión

 

            La relación entre la libertad de expresión y la formación de la conciencia social tiene una relación directa con las posibilidades de cambiar, modificar o alterar los hábitos de consumo que, en última instancia, son una consecuencia de los hábitos de vida concebidos en su forma más amplia.

 

            "La supervivencia de la sociedad de consumo y de un sistema industrial en expansión requiere que se cultive una conciencia falsa de las realidades sociales, económicas y políticas, pues sólo así puede permanecer estable y expandir constantemente la producción y el consumo". (Chakravarti Raghavan, La información en el nuevo internacional, Ed. ILET, México).).

 

            La creación de demandas copiadas de otros países, o la creación de demanda artificial, no sólo vulnera las identidades culturales nacionales,  sino que en el caso de los países subdesarrollados acerca demasiado la cerilla a la mecha de un polvorín donde la mezcla explosiva surge de la comparación entre la miseria cotidiana y la ilusoria riqueza ofrecida o "vendida" por los medios.

 

            El sistema de libre empresa dominante en la comunicación social que, es en gran medida la libertad para unos pocos empresarios, requiere de la publicidad para subsistir. Pero ésta, indica Heriberto Muraro, "no consiste en proponer al público la adopción de una marca o producto determinado, sino todo un estilo de vida, un conjunto de fines y valores normativos". Desde luego que la solución no está en la estatización de los medios en la restricción de la publicidad ni en el control público de la comunicación, sino en la búsqueda de caminos y vías de participación, diversificación y descentralización, algo que no podrán hacer solos los profesionales del periodismo y que exige una actividad sistemática de los sectores involucrados en los procesos sociales, en estrecha relación con lo periodistas.

 

            Si bien no siempre libertad de empresa es sinónimo de libertad de información, y en muchos casos significa lo contrario, lo cierto es que el concepto mismo de la libertad de expresión y de información es una de las mayores conquistas de la sociedad y que toda modificación debe ser realizada para ampliar el ejercicio de ese derecho y no para restringirlo. La ampliación debe apuntar, ante todo, a que más veces puedan usar efectivamente ese derecho.

 

            Como veremos más adelante, no se trata de imponer, de ninguna forma y mucho menos a través del poder del Estado, que los medios de comunicación social "eduquen" o informen "a favor" de la preservación del medio ambiente y del equilibrio necesario entre desarrollo y medio ambiente. Por ese camino no sólo se atentaría contra la libertad de expresión, sino que se conseguiría una comunicación social tan aburrida e ineficaz como la que existía en la ex Unión Soviética y en sus países dependientes.

 

 

Información y comunicación social

 

            A menudo se suele utilizar el término "información" como sinónimo de "comunicación social". En los últimos años este último concepto comenzó a adquirir un significado bien  diferenciado del primero.

 

            Según Roberto Savio, cuya agencia IPS  se caracteriza por una amplia y sistemática cobertura de las cuestiones ambientales, "la información es una estructura vertical no interactiva, a través de la cual un número reducido de personas comunica -o más bien informa- datos, información o ideas a un gran número de receptores".

 

            Ese concepto de información, tradiciones y que es el dominante en nuestros días se caracteriza por:

 

- Tener un único sentido de transmisión, de emisores hacia receptores, de emisores fuertes hacia receptores débiles en el proceso de comunicación.

 

- Ser vertical y minoritario, por transmitir informaciones desde un pequeño hacia un gran número de personas y desde arriba hacia abajo.

 

- Establecer un polo activo (el emisor) que decide qué es noticia y qué no, y uno pasivo (los receptores), que carece de capacidad de decidir qué es noticia y que a menudo ni siquiera tiene la posibilidad de elegir el mensaje que desea recibir. En muchos casos la capacidad de elección es ilusoria, ya que el monopolio de la oferta sólo permite elegir entre más de lo mismo o parecido.

 

- Privilegiar los hechos sobre el proceso, y la noticia sobre el contexto y el análisis.

 

- Atribuir más importancia a la cantidad de noticias que a la calidad, la pertinencia y la comprensibilidad de la información. Como se demostró en la Guerra del Golfo, el "bombardeo" de noticias, aunque se transmitan en vivo y en directo, puede derivar en una desinformación manifiesta.

 

            Por contraposición a ese esquema anticuado de información, aunque todavía siga siendo el dominante, surge la diferenciación del concepto de comunicación social, el cual, en una situación ideal, debería caracterizarse por eliminar la pasividad. La comunicación, para merecer tal nombre, debe tener dos sentidos de transmisión, de ida y vuelta, en un sistema donde los intervinientes sean a la vez receptores y emisores, aspecto que contribuye a resolver de una manera más plural y democrática qué es y qué no es noticia. En síntesis, se puede afirmar que la comunicación privilegia el proceso sobre los hechos y el contexto sobre las noticias, sin ignorar, desde luego, ni los hechos ni las noticias. En más, debe asentarse sobre un conocimiento claro, profundo y equilibrado de los hechos.

 

            Como ejemplo se puede mencionar que en el periodismo tradicionalmente se decía que si un perro mordía a una persona no era noticia, pero que si era la persona la que mordía al perro ese hecho sí se constituía en noticia. Ese concepto lleva a convertir en titular el descuartizamiento de una persona por un alienado o por un criminal y a silenciar el "holocausto silencioso", calificado así por el estadounidense George Kent y que consiste en la muerte por hambre de más de catorce millones de niños al año. Cuarenta mil cada día.

 

            Esa información sobre los 14 millones de niños muertos cada año, "no son grandes noticias, sólo malnutrición; alguna infección; diarrea en un cuerpecillo incapaz de retener el agua; deshidratación, debilitamiento general del cuerpo; y después una enfermedad u otro germen da el golpe final". (Johan Galtung).

 

            La degradación del medio ambiente, que es una sucesión e interacción de hechos y omisiones con unas causas y derivaciones económicas y sociales complejas, pocas veces es analizado como un proceso. La contaminación de la atmósfera no se produce de un día para el otro, sino que es el resultado de miles y millones de emisiones contaminantes, pero sólo se convierte en noticia, en titular, cuando se declara una zona en emergencia o cuando un científico comunica una drástica reducción del ozono en las capas altas de la atmósfera.

 

            La deforestación de los bosques tropicales suele ser presentada como una película de malos y buenos, donde los buenos son los países industrializados, que exigen a los del Sur (los malos) que se abstengan de hacer ahora lo que ellos hicieron con sus propios bosques. Esa información deja de lado la relación entre el subdesarrollo y la deforestación ("La peor contaminación es la pobreza", dijo la ex primera ministra de la India,Indira Gandhi) y habla poco y nada de la voracidad de los mercados de Europa, Japón y los Estados Unidos por las materias primas del trópico, incluyendo la madera de esos mismos árboles cuya tala critican de labios para fuera.

 

            Un enfoque maniqueo de los problemas, en el que los culpables siempre son los otros, además de falsear la realidad contribuye a que los ciudadanos eludan su propia responsabilidad. Si el culpable es "el otro", resulta evidente que se puede firmar un manifiesto contra la deforestación de la Amazonia y al mismo tiempo apoyar políticas, en Europa por ejemplo, que mantienen relaciones comerciales discriminatorias para los países amazónicos y precios bajos para sus productos, lo que de manera indirecta contribuye a aumentar la presión sobre los bosques tropicales, incluida la Amazonia.

 

            La información sobre la Amazonia es uno de los ejemplos más claros de unilateralidad. Un fenómeno social complejo, que afecta a la vida de millones de personas, es por lo general presentado como una película de malos y buenos. Los malos, en el sentido más inmediato, son los garimpeiros y los buenos los indígenas; los malos son los brasileños y los buenos las sociedades del Norte que claman porque se mantenga el mal llamado "pulmón de la humanidad". El problema amazónico es mucho más complejo que eso, afecta directamente al menos a ocho países y, en primer lugar, es responsabilidad de los pueblos y gobiernos de esos países el procurar y manejar las soluciones. Todo lo más estrechamente que se pueda con el resto de los países, pero sin pretender imponerles soluciones o recetas desde fuera y, sobre todo, cuando se presentan sin pensar en las soluciones sociales para quienes viven en o de la Amazonia y su zona de influencia.

 

 

Medio ambiente y comunicación social

 

            La relación entre los ambientalistas y el periodismo es similar a la que el brasileño Manuel Chaparro, de la Escuela de Comunicación y Artes de la Universidad de San Pablo, atribuye a los científicos y periodistas.

 

            Éstos, dice, "ven el mundo por ópticas propias, se orientan por objetivos diferentes y actúan bajo motivaciones antagónicas. Por esos y otros motivos no hablan el mismo lenguaje". Chaparro añade que "cuando el hecho científico (en nuestro caso deberíamos decir también el ambiental) adquiere la dimensión de noticia, la información sale del universo y del control de los científicos, para ingresar en los procesos de producción periodística, y cuyos criterios y objetivos aunque diferentes, no son necesariamente incompatibles con las finalidades de la ciencia". Podríamos añadir que tampoco lo son con los objetivos ambientalistas o ecologistas.

 

            El periodismo tiene sus propias normas, que resultan de años de experiencia de una profesión -u oficio, según sostenemos algunos-, cada vez más estudiada y discutida, pero también cada vez más considerada como necesaria, por no decir insustituible, a la hora de mediar entre la realidad social y los ciudadanos. Como es imposible que nadie perciba directamente todo lo que ocurre, ni siquiera en su entorno más inmediato, el papel de los mediadores de la comunicación resulta necesario.

 

            Ese carácter de mediadores hace que su tarea esté cargada en gran medida de subjetividad y que sus códigos sean diferentes de los que utilizan otras profesiones, por ejemplo la de los científicos, sean ecólogos, físicos o matemáticos. Cuando los ecologistas tratan de convertir a los periodistas en sus compañeros de camino, hacen bien, si aceptan que continúen siendo periodistas y hacen mal cuando tratan de asimilarlos. Un periodista puede ser un militante ecologista en todo, excepto cuando realiza su labor profesional. Allí, puede y debe tener en cuenta los intereses ecologistas, pero por sobre todo debe tener en cuenta el derecho de los receptores de sus mensajes de recibir una información veraz, contrastada, libre y plural.

 

            Es bueno que las ONG, los organismos ambientales y otros similares se ocupen de los periodistas, de una manera especial.

 

            Sin embargo, no se trata de que los periodistas se conviertan en especialistas en medio ambiente, sino de que manejen la información suficiente como para introducirse en los procesos que vinculan al desarrollo y al medio ambiente, una tarea en la que tienen una responsabilidad propia pero que también los sobrepasa, correspondiéndole una cuota de esa responsabilidad a los mismos ambientalistas.

 

            Los periodistas y los ambientalistas utilizan códigos distintos para referirse a las mismas cosas y no se debe pretender que los periodistas cambien el suyo, pues de los contrario no cumplirían con su objetivo de llegar con un mensaje claro y veraz a los consumidores de los medios de comunicación.

           

            Si un periodista llegara a especializarse en medio ambiente hasta el extremo de convertirse en un experto ambientalista, lo más probable es que comience a utilizar unos códigos de comunicación distintos de los del periodismo. Cuando la especialización es extrema, insensiblemente se comienza a utilizar la misma jerga de los especialistas, con lo cual éstos sienten más cercano a ese periodista, tanto más cuanto más se aleja del término medio de los ciudadanos. Un buen comunicador social debe emitir mensajes comprensibles para niños de 13 años, personas que tienen desarrollada totalmente su capacidad de comprensión, pero que todavía deben completar su información. Y, hay que tener presente que un niño de 13 años dista de ser un especialista.

 

 


La comunicación social desde el periodismo

 

            De esas consideraciones generales sobre la profesión de periodista no se debería deducir que da lo mismo el que tengan o no una mejor formación sobre medio ambiente, o el que se deba excluir que un periodista se defina en favor de un desarrollo sostenible. Por el contrario, cuantos más lo hagan, mucho mejor.

 

            Los periodistas que se interesen en contribuir con su trabajo a lograr un desarrollo sostenible y mantener en buen estado de salud a la biosfera, deberían tomar en cuenta algunas de las siguientes recomendaciones, manteniendo claro que su primera responsabilidad es proporcionar una información veraz, plural y contrastada, pero sin renunciar a asumir su parte de responsabilidad social:

 

a) Privilegiar el proceso sobre los hechos o, mejor, relacionar los hechos informativos con el proceso en los que están insertos.

 

b) Comprender que, en materia ambiental, el proceso tiene ya una característica global, mundial y que si en aspectos parciales son legítimos los enfoques también parciales, en términos generales los problemas afectan a todos.

 

c) Aceptar que en materia ambiental la sociedad civil tiene mucho que decir y que, como norma general, las organizaciones no gubernamentales tienen una menor capacidad de emitir informaciones que la administración y las empresas. Esto lleva a buscar más informaciones en aquellas fuentes no gubernamentales, para poder ofrecer una información más equilibrada. La rutina y la espera de que la noticia llegue a las redacciones termina privilegiando, de manera inconsciente, a los emisores más fuertes y entre éstos por regla general no se encuentran las ONG.

 

d) No contraponer la conservación al desarrollo, sino relacionar las noticias, las informaciones, con un necesario proceso de desarrollo sostenible, de un desarrollo que permita satisfacer las necesidades de la población mundial sin poner en riesgo la supervivencia del planeta.

 

e) Alentar la participación ciudadana en la comunicación social, prestando mayor atención a las ONG, pero también brindándoles la tribuna de su propio medio, como fuentes informativas y como opiniones a tomar en cuenta.

 

f) Reducir el alarmismo y el sensacionalismo de las denuncias. Es verdad que se producen hechos alarmantes, pero la información sobre medio ambiente debería propiciar más la reflexión que la alarma y más el conocimiento que la mera sensación.

 

g) Propiciar en el seno de sus propias organizaciones profesionales la creación de espacios para la discusión, intercambio y capacitación en temas de medio ambiente y desarrollo sostenible.

 

h) Integrar el tema del medio ambiente y desarrollo sostenible en la cobertura de todos los ámbitos del quehacer cotidiano, sea político, económico, social o cultural. Porque se debe de tener presente siempre que el medio ambiente no es un compartimento estanco de la realidad social, sino la suma de sus complejas relaciones.

 

i) Introducir siempre que sea posible una previsión, una mirada al futuro, una advertencia sobre lo que podrá ocurrir. José Fernández Beaumont señala que en la información sobre ciencia, y con mayor razón sobre medio ambiente, es preciso respetar la fórmula tradicional de la noticia, que incluye en su estructura la necesidad de responder a las clásicas preguntas de "Quién, qué, cómo, cuándo, dónde y por qué". Además, sostiene que se debe agregar otra: "CON QUÉ EFECTOS".

 

            Esa mirada hacia el futuro es particularmente necesaria en la información ambiental ya que, por regla general, las acciones y omisiones, sean negativas o positivas, tienen efectos diferidos. Desde luego que no se trata de convertir a los periodistas en futurólogos, pues también en este plano deben continuar aplicando los métodos propios de su profesión, consistente en analizar con seriedad a partir de fuentes, datos y opiniones de terceros. Es en la búsqueda y encuentro de esos datos y opiniones fundadas, en la comprobación y constatación, en el contraste de fuentes, donde el periodista muestra su profesionalidad.

 

 

La comunicación social, desde el medioambientalismo

 

            Los centros de enseñanza, de investigación y de desarrollo, las organizaciones ecologistas, los órganos competentes de la administración, las ONG, sean de carácter local, nacional o internacional, deben habituarse a desempeñar un papel activo en la comunicación, en defensa de sus intereses respectivos.

 

            La queja reiterada de que "los medios no nos hacen caso" o de que los periodistas entienden mal  los problemas, sirve de muy poco para lograr un mejor reflejo en la prensa de los problemas u soluciones que se desean plantear.

 

            Las instituciones arriba mencionadas y sus representantes deben tener presente que la presión de las fuentes sobre los periodistas y los medios es cada vez mayor y no siempre ni en la mayoría de los casos se trata de presiones ilegítimas. La intermediación entre las fuentes y los periodistas es un fenómeno cada vez más desarrollado en nuestras sociedades, cuya exteriorización más visible son los gabinetes de prensa y la más reciente las empresas de comunicación. Ese es un dato de la realidad que debe ser tenido en cuenta y que no puede ser tomado sin beneficio de inventario. En unos casos, cumplen una función correcta, de acercar y facilitar información y acceso a las fuentes a los periodistas. En otros, se trata de manipularlos. Pero en los dos casos e incluso en los intermedios, se manifiesta como una fuerte presión sobre el colectivo de los periodistas.

 

            Esa presión se manifiesta en el envío constante a los medios y a los periodistas de comunicados de prensa, carpetas, casetes y vídeocasetes con producciones de alta calidad, colaboraciones espontáneas e invitaciones, que inundan los despachos y salas de redacción y que en principio provocan una primera selección de los hechos noticiables. Los medios convencionales informan cuando hay noticias, hechos o circunstancias, o cuando se le presentan temas o procesos, que pueden interesar a su público y que, bien o mal, cubran un vacío.

 

            Una primera regla que debe respetar quien quiera llamar la atención de esos medios sobre determinados temas o hechos, es que su manera de acercarse y de mantener la relación con los periodistas será vital para su consideración como fuente noticiosa. Nada puede ser más valioso para un periodista que tener una fuente que le merezca fé y que esté disponible y  pocas cosas puede repudiar tanto como a quienes tratan de hacerle pasar gato por liebre o que hacen de la exageración su manera de llamar la atención.

 

            La relación desde esas fuentes con los periodistas debería contemplar las siguientes pautas:

 

- Mantener un flujo regular de informaciones, serias, comprobadas y con la menor adjetivización posible, sobre los temas de su competencia. Si un periodista comprueba, con el paso del tiempo, que esa fuente es seria, que le facilita su trabajo y que no intenta pasarle contrabando ni sorprender su bueno fe, recurrirá a ella por su propia iniciativa cuando le resulte necesario.

 

- Incluir en ese flujo informaciones originadas en otras fuentes, sobre los mismos temas o relacionadas con éstos, consignando siempre su origen, incluso cuando contradicen  las opiniones o intereses propios.

 

- Estimular y facilitar el contacto directo entre los periodistas y las fuentes, con reuniones, seminarios e intercambio de teléfonos, faxes y direcciones.

 

- Evitar cualquier tentación de "dictar" las noticias a los periodistas y comprender que éstos tienen el derecho y la obligación de preguntar y volver a preguntar, de desconfiar, verificar, contrastar, elegir y descartar información.

 

- Tener presente las características de los medios, de su público y de su proceso de producción. Las fuentes interesadas en que su información sea utilizada por los medios deben preocuparse por hacerla llegar a las personas y secciones específicas, en los días y horarios adecuados.

 

            Además, deben saber que muchas veces sus comunicados tienen como destino inmediato el cesto de los papeles inservibles, sólo porque llegan dos o tres días después de producidos lo hechos a los que se refieren. El conocimiento de los horarios de cierre es una elemento fundamental para poder llegar oportunamente, si a una persona interesada en un tema específico, por ejemplo el medio ambiente. le importa menos la rapidez de la noticia que su contenido, par los medios de comunicación la actualidad y la competencia mandan.

 

            Las instituciones, organizaciones y personas dedicadas al medio ambiente tienen también la posibilidad cada vez mayor de crear flujos de comunicación no convencionales, al amparo del desarrollo de la telemática. La creación de nuevas redes de comunicación entre nuevos actores será útil por sí misma y, a la vez, podrá convertirse en otra fuente de alimentación para los periodistas.

 

 


La ecología como noticia y reclamo publicitario

 

            Un fenómeno de los últimos tiempos, es que la ecología está desplazando al sexo como reclamo en las estrategias publicitarias en todo el mundo, trátese de países industrializados o subdesarrollados. La directora de mercadeo de la Papelera Peninsular, de España, Amelia Vicente, asegura básandose en su propia experiencia que "La ecología se ha convertido actualmente en una potente herramienta de venta para promocionar productos, como ocurrió con el sexo en los años 50".

 

            En la actualidad es habitual comprobar que las grandes empresas incluyen el reclamo ecológico en sus campañas publicitarias. La IBM, el gigante azul, coloca lemas sobre "el gigante verde" y ofrece computadoras ecológicas..., porque gastan menos energía eléctrica que otras. En España podemos observar la oferta de jabón ecológico para las máquinas de lavar ropa porque sus envases están fabricados con papel o cartón, reemplazando a los que utilizaban antes, de plástico. La Aracruz Celulose LTD., publica unos anuncios asegurando que "Cuidar la naturaleza es un buen negocio" y los explica informando que planta cerca de 40 millones de eucaliptos por año, destinados a producir pulpa de celulosa. Grandes supermercados se publicitan anunciando que una parte del producto de sus ventas se dedica a salvar la naturaleza y así sucesivamente, en todos los sectores de la producción, el comercio y los servicios.

 

            Esta presencia de mensajes ecológicos debería ponernos contentos a quienes trabajamos en favor de un desarrollo sostenible. Sin embargo, no hay que echar las campanas al vuelo, sino separar la paja del trigo y verificar que en unos casos se trata de una aportación realmente positiva y en otros pura y simplemente de hacer pasar gato por liebre.

 

            Si los productos, su presentación y su publicidad no quedan regidos por normas claras para su control, lo "verde" apenas servirá para vender más. Si eso ocurriera, el mercado habría absorbido una demanda social hasta convertirla en inocua. Ocurriría como con algunos organismos, que en sus orígenes se conocieron como Ministerios de la guerra, para denominarse después de la Defensa y sólo habrá que esperar un tiempo para que nos los presenten como Ministerios de la Paz y la Amistad.

 

            Esa tendencia a mercantilizar los temas ambientales es creciente. Un estudio realizado por un equipo de investigadores españoles (Juan Barrios y ots., Telos 21) sobre unas campañas de publicidad realizadas en España en 1988, indica que: "El medio ambiente se vincula de forma característica en los campos de la familia-hogar y de la diversión-aventura, apareciendo una clara oposición de mensajes entre lo tecnológico y los símbolos y referencias naturales, como el paisaje, plantas, animales y agua".

 

            Así, en la promoción de productos alimenticios familiares, de limpieza personal y de hogar prima un visión de la naturaleza bucólica y amable. En cambio, en la publicidad de los coches, tabaco, bebidas alcohólicas y refrescos la naturaleza aparece como estímulo y fuente de riesgos y de desafíos.

 

            Barrios y sus colegas concluyen que "Los símbolos ambientales siguen desempeñando en nuestras sociedades urbanas un papel destacado y desproporcionado, si tenemos en cuenta la menor importancia de las relaciones cotidianas de los ciudadanos con la naturaleza, en comparación con las que caracterizan la evolución de nuestra especie". La naturaleza, en suma, se convierte en una moda.

 

            Si dos décadas atrás la información ambiental era la cenicienta en los medios de comunicación de masas ahora, una vez ganado un espacio en ellos, el principal peligro al que se enfrenta es el de su banalización, atrapada en la inercia de las leyes del mercado.

 

            La información ambiental de carácter periodístico ha sufrido una profunda transformación en las dos últimas décadas, casi tanta como han evolucionado los conceptos mismos de medio ambiente, medio ambiente y desarrollo, desarrollo sostenido, y desarrollo sostenible. Los temas ambientales se incorporaron a la actualidad del mundo y hoy el problema no consiste en que los medios de comunicación ignoren al medio ambiente, sino en que éste resulte banalizado por su incorporación adecuada. Es necesario distinguir entre lo que se podría llamar información ecologista de la información ambiental o sobre desarrollo sostenible.

 

            En los últimos años, la información ambiental ha ganado espacios. Los más influyentes medios incluyen espacios, suplementos o páginas especiales sobre medio ambiente o ecología de manera periódica y sistemática. Ese hecho positivo, en vez de disminuir la importancia  del trabajo de los ambientalistas hacia los medios, debería hacerla aumentar, porque en la misma medida que crecen los espacios crece la actividad de los gabinetes de prensa y de las empresas de comunicación.

 

            Hemos mencionado la necesidad de una información globalizada y del mercadeo ambiental, temas que deben ser encuadrados en el marco de la necesaria evolución del concepto de desarrollo sostenible hacia el de seguridad humana global, como un objetivo tras el que se debería movilizar a toda la sociedad y que no puede quedar librado a las solas fuerzas del mercado. Que el medio ambiente haya abierto las puertas del mercado es un hecho positivo, señal de una conciencia más madura en la sociedad, pero admitir que su tratamiento deba regirse solo por la ley de la oferta y la demanda sería banalizarlo, restarle valor. A este respecto parecen válidas las mismas consideraciones referidas a la educación o la sanidad.

 

            Habrá una seguridad humana global cuando culmine un proceso orientado a que la sociedad sea capaz de garantizar una vida digna y segura para las generaciones actuales y para las venideras, en todo el mundo, sin distinciones étnicas, religiosas, políticas, nacionales ni sociales. En ese proceso, no cabe hablar de periodismo aséptico, de prescindencia ni de una objetividad aparentemente imparcial, pues se trata de un compromiso con la supervivencia de la especie humana.

 

 

 

 


 

 

Bibliografia recomendada

 

* Arbor, nº 534-35, junio-julio 1990, número monográfico dedicado a "La ciencia y la opinión pública".

 

* Drago, Tito. Medio Ambiente y desarrollo, CIFCA, 1980.

 

* Desarrollo, Edición en español de la Revista de la Sociedad Internacional para el Desarrollo, nº 18-19, número monográfico dedicado a la "comunicación, participación y democracia".

 

*  Educación y conocimiento: eje de la transformación productiva con equidad. CEPAL, 1992.

 

* El desafío político del medio ambiente. Nueva Sociedad. nº 119. Caracas. Noviembre-Diciembre, 1992.

 

* El orden internacional del desorden mundial. Nueva Sociedad. nº 122, Caracas. Mayo-Junio, 1992.

 

*  La internacional publicitaria. Colección sectores. Fundesco, 1989.

 

* Impert, Gérard y Vidal Beneyto, José. El País o la referencia dominante. Editorial Mitre, 1986.

 

* Libro de Estilo, RTVE.

 

* Libro de Estilo diario "El País"

 

* Secanella, Petra María. El lid, fórmula inicial de la noticia. Editorial ATE, Barcelona, 1980.

 

* Villafañe, Justo y otros. Fabricar noticias. Las rutinas en radio y televisión. Ed. Mitre, 1987.

 

* Williamson, Daniel r. Técnica y arte de la nota periodística. Edisar, Buenos Aires, 1977.

 

* Revista Telos, Madrid, nº 21.

 El cambio climático es la mayor amenaza universal y, por tanto, se requiere una respuesta global, pero si Estados Unidos, China y Europa, los mayores contaminantes del planeta, se pusieran de acuerdo, es seguro que se podría afrontar mejor la situación, señaló el ex diputado español Manuel Marín.

La variación del clima, producto del recalentamiento global, es un problema con "varios envoltorios" como si fueran capas de una cebolla, explicó Marín. Así están la cuestión económica, la geopolítica y geoestratégica, todo lo relativo al modelo energético y también de seguridad, detalló a IPS.

"Son envoltorios que están sujetos a cambios formidables en las relaciones internacionales", añadió este dirigente socialista de larga trayectoria en la Unión Europea (UE), tras lo cual puso como ejemplo que "el tenedor más importante de títulos del Tesoro de Estados Unidos es hoy el Banco Popular de China (banco central)".

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1. Si un perro muerde...

 

      La comunicación social, que es algo más amplio que lo habitualmente entendido por información periodística, no solo es necesaria sino que es vital, indispensable, para lograr un desarrollo económico y social sostenible, un objetivo éste que la globalización ha convertido en una condición ineludible para asegurar la supervivencia de la humanidad.

 

Desde que se comenzó a escribir y a opinar sobre el ejercicio del periodismo, en las escuelas y academias se repite una y otra vez: “Cuando un perro muerde a un hombre no es noticia. Pero si un hombre muerde a un perro sí lo es”.

 

A pesar de que una primera lectura hace reír, y hasta puede que en un primer momento se coincida con esa apreciación al tenor de lo que se lee, escucha y contempla en los medios, la verdad es que si una persona muerde a un perro lo que corresponde es llamar al psiquiatra.  Sin embargo, la rutina y la competencia por la audiencia, y por lo tanto por la publicidad, presionan para que en los medios se prefieran las noticias negativas a las positivas, los crímenes a las acciones solidarias, las guerras a la paz y, en lo que hace al medio ambiente, a la destrucción antes que a la preservación de la naturaleza y al  impulso del desarrollo sostenible. Aunque en los últimos años se ha avanzado, la preeminencia de las informaciones ambientales negativas es todavía una realidad en la mayoría de los medios de comunicación.

 

Un ejemplo, no el único aunque sí bastante ilustrativo, es la información que se difunde en todo el mundo acerca de Brasil, un gran país, uno de los más desarrollados del mundo y determinante en el futuro de América Latina. Las noticias que predominan en la prensa internacional se refieren a la destrucción de la Amazonia, el carnaval de Río, el fútbol y poco más. Poco y nada se dice sobre las medidas efectivas para que el desarrollo sostenible sea una realidad en la Amazonia y otras zonas del país, tampoco se informa acerca de otros carnavales, como el de Salvador de Bahía y de otras realidades culturales y científicas de primer nivel.

 

¿Cuánta gente sabe que en ese país, el más grande y más poblado de América Latina, se realizaron elecciones con urnas electrónicas, y que en ellas votaron 106 millones de personas sin que se registrase ninguna anomalía? Una noticia sin duda destacable es que ese sistema electoral se aplicó incluso en los rincones más alejados e inaccesibles de la Amazonia. También es oportuno es señalar que las elecciones brasileñas se celebraron meses antes de las presidenciales norteamericanas que llevaron a la presidencia a George Bush, con anomalías y fallos electrónicos que saltaron a la luz por la disputa de votos en Miami y que pusieron en cuestión la validez de los resultados. Después de las elecciones norteamericanas se realizó en el Palacio de las Cortes, en Madrid, un seminario organizado por la Asociación de ex Diputados y Senadores de España teniendo como tema central los sistemas electorales. Allí un jurista brasileño especialmente invitado explicó el sistema utilizado en su país, lo ilustró con un vídeo en el que se pudo apreciar cómo se garantizó el secreto del voto y se facilitó el ejercicio de su derecho a los analfabetos, así como el rigor para su cómputo y supervisión del mismo por todos los partidos políticos. Ni un solo medio de comunicación recogió esa información, a pesar de la cantidad de periodistas que cubrieron el acto.

 

¿Cuántos medios recogieron la información de que en julio de 2000 el gobierno de Fernando Henrique Cardoso anuló el registro de propiedad de 1.899 grandes predios rurales que suman 62,7 millones de hectáreas, el equivalente al 7,4% del territorio brasileño y al 23% de toda España, incluyendo la península y las islas? ¿Cuántos de que ese mismo gobierno entregó 13 millones de hectáreas a 462.866 familias? Además de la tierra, esas familias reciben subsidios para subsistir el primer año, apoyo tecnológico y prestaciones sociales. Nada se habló sobre eso, o muy poco, reduciendo la información sobre ese tema a los actos realizados por el Movimiento de los Sin Tierra (MST), actos sobre los que indudablemente cabe informar pero sin dejar de lado los destacables pasos positivos dados para resolver el problema.

 

Otro ejemplo brasileño se aprecia en la información referente a la Amazonia.  La información que predomina se refiere a la quema de extensas zonas de esa selva, a las reivindicaciones de los pueblos indígenas, a la depredación causada por los garimpeiros (buscadores artesanales de oro) y a la preocupación mundial por ese manantial de la biodiversidad.

 

Pero, ¿Cuánta información se difundió fuera de Brasil, e incluso dentro, sobre lo que está ocurriendo en uno de los estados que forman esa federación, el de Amapá? Ese estado, ubicado sobre la ribera norte del río Amazonas, limita con el Océano Atlántico, la Guayana llamada francesa y el también brasileño estado de Pará. Tiene una extensión de 143.000 km2, equivalente a casi una cuarta parte de la superficie de España y muy pocos habitantes, en torno a 500.000. Desde 1994, cuando asumió como gobernador Joâo Alberto Caparibe, el Desarrollo Sostenible es un programa de gobierno que obliga a todos los ministerios de ese Estado a aplicar los criterios aprobados en la cumbre de Río que dio nacimiento a la Agenda21.

 

El estado de Amapá, a pesar de su subdesarrollo económico, fue el primero de Brasil –y uno de los pocos del mundo--  en cumplir con la Agenda21, instituyendo el Código Ambiental y aprobando una Ley de Biodiversidad. Estas leyes, más el Relevamiento Ecológico y Económico del estado permitió establecer reglas claras para la actividad económica y social con una perspectiva sostenible. Eso se tradujo en el desarrollo de nuevas formas de agricultura, ganadería y pesca y la incorporación de la ciudadanía a la gobernación participativa.

 

En cinco años se duplicó el ingreso por habitante, disminuyó la mortalidad infantil a 23 muertos por cada mil nacimientos (el segundo lugar en Brasil, donde Rio Grande do Sul ocupa el primero) y se está aplicando el Plan de Desarrollo Sostenible como programa de gobierno. Otra vez el perro mordió al hombre, porque lo ocurrido en Amapá siguió sin ser noticia.

 

Más todavía sobre Brasil. Se culpa a ese país de atentar contra la humanidad porque la quema de vastas zonas de la Amazonia reduciría la producción de oxígeno para todo el mundo  --algo que muchos científicos niegan--, pero no se recoge la información sobre los esfuerzos que allí se realizan para lograr energías alternativas al uso del petróleo, el carbón y la reacción nuclear.

 

José Bautista Vidal, el ingeniero que dirigió el proyecto y el desarrollo del Programa Nacional del Alcohol, creado en 1970 para enfrentar la crisis petrolera de esos años y que dio origen al uso como combustible del alcohol proveniente de la caña de azúcar, sostiene que la fotosíntesis moverá el mundo del futuro. Todos los vehículos cargan en Brasil un 22 por ciento, como mínimo, de ese combustible, por disposición legal o sea que ese país consume proporcionalmente un 22 por ciento al menos de petróleo que cualquier otro país del mundo para atender a las mismas necesidades.

 

En sus últimas investigaciones Vidal identificó cerca de 180 aceites vegetales (desde el dendé a la soja, el girasol, el ricino y los cocos) que en su opinión basada en datos científicos constituyen una riqueza espectacular y pueden reemplazar a las energías tradicionales.

 

 El Sol es “un eterno generador de fusión nuclear”, que arroja sobre su país una energía equivalente a 4.500 millones de megavatios, de los cuales la tierra consume dos tercios en forma de calor o evaporación de agua, quedando un tercio disponible. Ese tercio corresponde a 22.000 veces la capacidad instalada de generación eléctrica en Brasil. Es una energía, prosiguió, dispersa y cuya captación directa sería muy cara pero, recordó, “la vegetación la almacena en forma de azúcares, amido, aceites o celulosa”. Por eso, está seguro de que la energía del futuro se obtendrá de la fotosíntesis, el mecanismo de producción vegetal activado por la luz solar. Esta es otra información que brilla por su ausencia incluso en los medios especializados en medio ambiente y desarrollo.

 

Algo de lo que ha descubierto Vidal debe de haber entrevisto por la vía de la percepción artística el popular Caetano Veloso, cuando escribió una letra de sus canciones en la que dice:

 

Luz do Sol

que a folha traga e traduz

em verde novo

em folha, en graça, em vida, em força, em luz”.

 

                        (Luz del Sol

                        que la hoja traga y traduce

                        en verde nuevo

                        en hoja, en gracia, en vida, en fuerza, en luz).

           

 

2.  De la Conservación al Desarrollo Sostenible.

 

La lucha por lograr una conciencia y una información ambiental adecuada y de vanguardia, comenzó hace mucho tiempo, pero todavía no se ha logrado que sean las predominantes en los medios de comunicación, un déficit que se nota incluso en muchos mensajes mediáticos originados en sectores ecologistas seria y honradamente comprometidos con el presente y el futuro de nuestro Planeta.

 

Los primeros planteamientos ambientales surgieron en los años 60, a partir de los informes del Club de Roma, con su famoso “Los límites del crecimiento” y del Instituto Tecnológico de Massachusets.

 

Pero la primera toma de conciencia internacional se formalizó recién en 1972, con la liminar Conferencia sobre Medio Ambiente Humano, realizada en Estocolmo por convocatoria de las Naciones Unidas y que sirvió para crear el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Es bueno tener presente que a nadie se le ocurrió entonces vincular Medio Ambiente y Desarrollo, al extremo de que la ONU creó otra agencia, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Todavía hoy –cuando ya se ha establecido con claridad que medio ambiente y desarrollo van unidos, que se persigue un desarrollo sostenible- esas dos agencias internacionales se mantienen separadas aunque desde hace unos años tienden a coordinar sus trabajos.

 

Aquellos primeros años fueron conservacionistas de la naturaleza. Recién a fines de los 70 se comienza a vincular el Desarrollo con el Medio Ambiente, de lo que fue una punta de lanza la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, o Comisión Brundtland, que inició sus trabajos en 1983 y los culminó en 1987 al presentar su informe, Nuestro futuro común, que fortaleció el objetivo de lograr un Desarrollo Sostenible.

 

A pesar de que ya en esos años se vinculó estrechamente el desarrollo con el medio ambiente y de que ese criterio fue aprobado en la Cumbre de Río (1992), todavía hoy la información ambiental, como norma general, sigue enfrentando la cuestión desde el punto de vista catastrofista... con el hombre mordiendo al perro.

 

 

3.  Del CIFCA-IPS a TerraViva, TierrAmérica e IPS 2000, o la comunicación para el   ecodesarrollo

 

 

La primera red internacional de información para el medio ambiente y el desarrollo nació en Madrid en 1979. Desde cuatro años antes existía, con sede en la capital española, el Centro Internacional de Formación en Ciencias Ambientales (CIFCA). En 1979 la agencia internacional Inter Press Service (IPS) firmó un acuerdo con el CIFCA y partir de la primera semana de enero de 1980 se comenzó a editar el Boletín sobre Medio Ambiente y Desarrollo, de periodicidad semanal, con corresponsales en más de cien países, pero con énfasis en América Latina. La palabra “boletín” definió a un servicio periodístico de agencia, cuyos principales usuarios eran los medios de comunicación que utilizaban los análisis y noticias para reproducirlos tal cual o para basarse en ellos y preparar sus propios materiales.

 

También en 1979 se comenzó a actuar con los periodistas, al celebrarse en Madrid el primer Seminario de Comunicación y Medio Ambiente, en el Cifca. En 1980 se realizó otro en Bogotá, en el que ya se vinculaba “La información alternativa para el Medio Ambiente y el Desarrollo”, y que fue el primero de una serie que se realizaría en varios países de América Latina. En algunos de esos seminarios los medios destacaron como participantes a profesionales de la sección de turismo, ya que seguían vinculando el medio ambiente con la naturaleza pero no con el desarrollo y otros se negaron a enviar a los de economía, por la misma razón. Comparando aquello con la situación actual se puede afirmar sin dudarlo de que se ha avanzado mucho.

 

Aunque el CIFCA fue disuelto en 1984, al negarse el Gobierno español a proseguir con su cofinanciación, que compartía con las Naciones Unidas, el Boletín se sigue editando por acuerdo de IPS, el PNUMA y el PNUD y todas las semanas se distribuye a los medios de comunicación, ONG, instituciones académicas y gubernamentales.

 

En 1992, bajo el nombre de TerraViva, el boletín fue editado diariamente, bajo forma de periódico, en Río de Janeiro y sirvió para que todos los asistentes –oficiales y no gubernamentales— a la Cumbre de la Tierra estuviesen informados día a día de lo que estaba ocurriendo en esa Conferencia y, sobre todo, de lo que podía ocurrir. TerraViva se continúa editando semanalmente en Internet, desde su redacción central en Nueva York y se edita en soporte papel, desde entonces, en cada conferencia de la ONU, aunque no se refiere sólo a Medio Ambiente.

 

Aquél boletín iniciado en 1980 dio origen, años después, a un proyecto que hoy tiene gran fuerza: TierrAmérica, que es la principal plataforma de comunicación sobre medio ambiente y desarrollo sostenible en América Latina. Lo realiza también IPS, en cooperación con el PNUD y el PNUMA. Tiene su lugar en Internet (www.tierramerica.net) y se edita como suplemento impreso en una veintena de diarios, entre ellos la Folha do Paraná y el Correio Popular, de Brasil, La República, de Uruguay, La Razón, de Bolivia, El Universal, de México, Últimas Noticias, de Venezuela y La Hora, de Ecuador. En su Consejo Editorial hay varios ex presidentes, como Patricio Aylwin, de Chile, Miguel de la Madrid, de México, César Gaviria, de Colombia, Osvaldo Hurtado, de Ecuador, así como el líder indígena yanomami, Marcos Terena, Maurice Strong, presidente del Consejo de la Tierra, los escritores Eduardo Galeano y Carlos Fuentes y el ex secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuellar. Además, produce semanalmente una versión radiofónica.

 

Por ello, y en este campo, se puede afirmar que la América Latina está a la vanguardia en información para un desarrollo sostenible, a partir de un proyecto que nació en Madrid hace más de dos décadas.

 

  1. La comunicación para un desarrollo sostenible.

 

            La cuestión ambiental no es una simple variable más en el proceso social, sino que cruza y relaciona a todos los sectores de la sociedad, entre ellos el económico, el político, el social y el cultural. Hablar del desarrollo sostenible es hacerlo del futuro de la humanidad, del porvenir de esta aldea global en la que se ha convertido el Planeta Tierra.

 

            Si una información libre, pertinente y veraz es importante para asegurar la democracia y los derechos humanos, el medio ambiente y el desarrollo sostenible deben ocupar un lugar de primera línea en los medios de comunicación. Y en esto, quiérase o no, además de los periodistas y comunicadores, los ecologistas, los ecólogos, los ambientalistas, los ecodesarrollistas y todos los que nos preocupamos por el presente y el futuro de nuestro planeta, que es decir de nuestra sociedad, debemos asumir la responsabilidad que nos corresponde.

 

Según la interpretación tradicional, que sigue imperando en la mayoría de los medios y de los profesionales, la información periodística es una sucesión de noticias transmitida unidireccionalmente, desde un emisor activo y minoritario hacia masas de receptores pasivos y mayoritarios. Son noticias aisladas de su contexto, centradas en los hechos y no en los procesos donde éstos se dan, en hechos cuya selección, orientación y transmisión queda en pocas manos.

 

Este fenómeno se ha agudizado en la televisión, cada vez menos inclinada a los análisis y a contextualizar las noticias, debido tanto a cuestiones ideológicas como a las imposiciones de la tecnología, el mercado competitivo y la publicidad. Un fenómeno que, además, es preocupante por el importante papel que la televisión tiene en la educación, se quiera o no asumirlo. Por ello desde sectores que estudian el problema se insiste en que desde temprana edad se debe enseñar a los niños a ver televisión, a verla crítica y analíticamente.

 

Para tener una información interactiva la irrupción de Internet de alguna manera ayuda, pero no resuelve la cuestión. Quienes están interesados en informarse en las fuentes pueden acudir a Internet, visitar páginas, intercambiar mensajes y recoger datos y opiniones. Pero se enfrentan a dos problemas serios: por un lado Internet y la dedicación de tiempo y conexiones a ella, no está al alcance de todos. Y por otro, la mayor parte de la información que se recibe por ese medio carece de tratamiento profesional periodístico y en muchos casos es unidireccional y escasamente contrastada. Además y a pesar de la expansión creciente, Internet no está al alcance de todos en una era en la que se habla de globalización pero donde la mitad de la población mundial no ha realizado una sola llamada telefónica en su vida, según datos de las Naciones Unidas.

 

En este campo de la comunicación y la información, además de los periodistas, tienen una gran responsabilidad los ambientalistas y ecologistas, sea cual sea el lugar que ocupen. Si se toma conciencia de la necesidad de informar de manera clara, contextualizada y veraz, todos debemos contribuir a hacerlo.

 

Además, hay que tener presente que la comunicación no puede ser restringida al fenómeno conocido como comunicación social y entendiendo como ésta sólo a la que se ejerce a través de los medios, sean periódicos, revistas, radios, televisiones o internet. Estos medios son importantes, pero no agotan la cuestión, pues se deben incluir en la comunicación las prácticas sociales de acción e interrelación de las personas. Y en este campo la educación debe jugar un papel importante.

 

Decía Armand Mattelart hace unos años que “La comunicación se ha vuelto demasiado importante para el porvenir de las relaciones entre las culturas, como para seguir retrasando su reapropiación por la ciudadanía”. De eso se trata.

 

Los periodistas tenemos una gran responsabilidad, pero también la tienen los ambientalistas. Y para cumplirla hay que tener presente que cuantas más noticias haya, cuanta más saturación informativa se produzca y crezca la marea del océano de la información, cuanto más importante y trascendente sea ésta, más necesario será tener buenos métodos de navegación por ella, para navegar y encontrar puertos seguros y lograr que sea verdaderamente interactiva.

 

La información, además de veraz y libre debe ser pertinente, debe venir a propósito de lo que se está tratando y debe ayudar a comprender el fondo del asunto en cuestión.

 

Si lo primero es acertar en la elección de lo qué es noticia –un desafío permanente para los periodistas--, lo que complementa esa decisión acertada, cuando lo es, es la interpretación y contextualización, la ubicación del hecho noticioso en el tiempo, el espacio y la sociedad.

 

La comunicación se debe llevar también a las escuelas, de formas diversas y complementarias. Porque ahora, cuando ya no se habla de revolución social,  todavía es posible seguir pensando en revolucionar la sociedad, en cambiar sus pautas y, si se quiere una sociedad regida por una política ambientalmente sana, es legítimo pensar en un cambio en las conductas, en una “revolución tranquila”, según la definición del filósofo Mario Bunge.

 

Porque, dice este gran pensador, “La acción comunitaria y la actividad política, con ser necesarias, no bastan para llevar a cabo la revolución tranquila que se preconiza. También hará falta un cambio radical de las normas morales que rigen nuestro comportamiento social. La nueva moral que necesitamos corresponde al ideal del ecosociodesarrollo, o desarrollo integral con respeto por el medio ambiente y por nuestra posteridad”.

 

Los medios siempre educan, para bien o para mal. Y los institutos de enseñanza y aprendizaje siempre comunican, para bien o para mal.

 

5.         La información profesional, periodística y ambiental

 

Los periodistas profesionales y quienes en las instituciones y ong tienen la responsabilidad de la relación con los medios y de proporcionar información a éstos, deben tener claro cual es el esquema tradicional, al que no deben sujetarse. Ese esquema tradicional y negativo se caracteriza por tener un solo sentido de transmisión, de emisores hacia receptores, vertical y minoritario. En esa transmisión los emisores son activos y los receptores pasivos, se privilegian los hechos aislados sobre los procesos y se otorga más importancia a la cantidad que a la calidad de las informaciones.

 

El sentido único de la transmisión privilegia el papel de los emisores, fuertes, hacia los receptores que, aún siendo mayoría por su individualidad, por su aislamiento, se convierten en débiles en ese proceso. Esto es particularmente notable en el caso de los países del Sur, en desarrollo o subdesarrollados, cuya dependencia informativa del Norte es abrumadora. Años atrás, hasta principios de los 90, el Pool de Agencias de los Países no Alineados hacía llegar su voz en sentido Norte y, sobre todo, Sur-Sur. Si bien esa voz no llegaba a balancear las del Norte, era algo. Pero la globalización y la consecuente concentración de poder financiero y comunicacional no sólo debilitó la alianza de esos países sino que destruyó el “pool”, que ya no existe, y que consistía en un intercambio de material informativo entre las respectivas agencias nacionales de noticias y su distribución a los medios.

 

El establecimiento de un polo activo (el emisor) que decide qué es noticia y qué no, y uno pasivo (los receptores), que carece de capacidad de decidir qué es noticia y que a menudo ni siquiera tiene la posibilidad de elegir el mensaje que desea recibir, condiciona en líneas generales el panorama informativo. En muchos casos la capacidad de elección es ilusoria, ya que el monopolio de la oferta sólo permite elegir entre más de lo mismo o parecido.

 

Otra característica negativa del sistema tradicional consiste en privilegiar los hechos sobre el proceso y las noticias sobre el contexto y el análisis, atribuyendo más importancia a la cantidad de informaciones que a su calidad, pertinencia y comprensibilidad. Ejemplos hay a montones, pero en la cobertura de trascendentes conflictos internacionales se encuentran los mejores ejemplos. Como se demostró en la Guerra del Golfo, en la de la ex Yugoeslavia y en otros grandes casos, el “bombardeo” de noticias, escritas, radiadas o televisadas, aunque se transmitan en vivo y en directo, puede derivar en una desinformación manifiesta, en la que el gran público no se entera de lo que verdaderamente ocurre.

 

En contraposición a ese esquema anticuado, anticuado aunque siga siendo el dominante, surge el concepto de comunicación global, todavía en gestación y que en lo fundamental atiende a eliminar la pasividad que se asigna a los receptores y lograr una información contextualizada que permita comprender lo que sucedió, está sucediendo o puede llegar a suceder.

 

Además del creciente aumento de la demanda participativa, hay conquistas técnicas que ayudan a romper el sentido único. Una de ellas es internet, que ha posibilitado que los medios abran sus puertas y sus receptores charlen (“chateen”) entre ellos y con los periodistas. Este procedimiento ha superado con creces a las tradicionales “cartas de los lectores”, que utilizaba sólo una minoría de éstos. Si bien la charla informática está todavía incipiente, es una aportación inestimable.

 

En ese sentido es imprescindible establecer un doble carril, con transmisión de ida y vuelta, en un sistema en el que los actores sean a la vez receptores y emisores. Se deben estimular los foros, las encuestas y la participación de los lectores, oyentes y televidentes.

 

La comunicación global exige que se privilegien los procesos sobre los hechos y el contexto sobre la noticia aislada. Sin ignorar, claro, ni los hechos ni las noticias. Y, desde luego, enfocar globalmente la información, no verla sólo desde el punto de vista de los intereses de un sector, país o región, sino contemplando también los de los demás. Por ejemplo, no se puede criticar a quienes explotan la Amazonia, aunque sea mal, y al mismo tiempo poner barreras arancelarias y para-arancelarias a los países productores de materias primas y productos agropecuarios. Porque en muchos casos el exceso de explotación de los recursos naturales, como las maderas, está basado en necesidades económicas y en la demanda de esos productos por el Norte. Una comunicación global no debe silenciar esa contradicción sino hacerla pública y en lo posible haciendo participar a sus actores en la creación y recepción de las noticias.

 

Esa nueva comunicación, aplicada al medio ambiente, reclama en primer lugar que los ecólogos, ecologistas y responsables públicos traten profesionalmente el tema de la información, con criterios periodísticos. Si se pretende que la información llegue al gran público y motive su participación, debe ser clara, comprensible, pertinente, veraz y contextualizada. No basta con producir o difundir un informe científico, hay que hacerlo cumpliendo con las normas para que llegue y motive al gran público.

 

En temas ambientales es necesario tener presente que la sociedad civil tiene mucho que decir y que, como norma general con brillantes excepciones, las ong poseen una menor capacidad de emitir informaciones que la administración y las empresas. Y sobre todo, que tienen menor fuerza para presionar a los medios que estas últimas. La rutina y la espera de que la noticia llegue a las redacciones termina privilegiando, de manera inconsciente, a los emisores más fuertes.

 

Un defecto habitual en esa comunicación es el alarmismo y el sensacionalismo de las denuncias que, de tanto repetirse pierden credibilidad. En este tema la principal llamada de atención deben recibirla los ecologistas que, salvo excepciones y no siempre, privilegian la denuncia de los casos negativos al destaque de los positivos.

 

La comunicación global requiere introducir siempre que sea posible una previsión, una mirada al futuro, una advertencia sobre lo que podrá ocurrir, una “información del día después”.

 

Además de necesario es posible desarrollar esa comunicación global en el campo del desarrollo sostenible. Sobre todo, teniendo presente que la información ambiental ha ganado campo en los últimos años y que se han creado asociaciones de periodistas especializados, suplementos o páginas en los periódicos y programas especiales en radio y televisión, que dos décadas atrás eran impensables.

 

Por último, pero no por ello menos importante, es preciso recordar a cada instante que habrá una seguridad humana global cuando culmine un proceso orientado a que la sociedad sea capaz de garantizar una vida digna y segura para las generaciones actuales y para las venideras en todo el mundo, sin distinciones étnicas, religiosas, políticas, nacionales ni sociales. En ese proceso lograr que el desarrollo sea sostenible, que las conquistas técnicas y productivas no vayan condenando a muerte al planeta es esencial. Para lograrlo, una información libre, pertinente y veraz es indispensable que tenga al medio ambiente como uno de sus objetivos prioritarios. Por ello mismo, no cabe hablar de un periodismo aséptico, prescindente ni de una objetividad aparentemente imparcial, pues la comunicación global tal como la entendemos es un compromiso con la supervivencia de la especie humana. (Madrid, 13-10-2001).

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