"Los problemas, en ecología, no son tecnológicos, sino fundamentalmente económicos y políticos", dijo Daniel de Linos, director general de Medio Ambiente, al clausurar el 17 de enero el simposio sobre las necesidades científico-técnicas del medio ambiente, realizado en esta capital los días 16 y 17.

De Linos admitió que al organizar el seminario, al que calificó de "productivo y alentador", "sabíamos que no íbamos a descubrir grandes cosas. Las soluciones técnica son fáciles y se ha avanzado mucho, pero lo difícil es lograr su aplicación".

Señaló también que "la ecología no pretende frenar el desarrollo económico, sino cualificarlo".

En el simposio, organizado por la Universidad Complutense de Madrid, la Dirección General del Medio Ambiente, el Centro Internacional de Formación en Ciencias Ambientales (CIFCA) y la Fundación Universidad-Empresa, se presentaron setenta y siete memorias sobre diversos aspectos teóricos y metodológicos del medio ambiente.

En la ceremonia de clausura se anunció la adjudicación de una beca de investigación y de cinco becas de ayuda, sobre temas de medio ambiente, por una cuantía total en pesetas equivalentes a aproximadamente ochenta mil dólares.

La beca de investigación fue adjudicada a León Garzón Ruipérez y un equipo investigador, quienes estudiarán "las propiedades difusoras de la baja atmósfera en orden a desarrollar un método sencillo y eficaz para la vigilancia de la contaminación de un núcleo urbano o complejo industrial".

El simposio fue clausurado por el presidente del CIFCA, Feliz Díez Burgos, quien habló en representación del ministro de la presidencia, José Manuel Otero Novas, quien a último momento no pudo concurrir.

Díez burgos señaló que el gobierno es consciente "de la atención que el tema del medio ambiente requiere para prevenir efectos que podrían ser irreversibles o muy difíciles de conseguir".

Afirmó también que "aunque la atención dedicada a los mismos haya sido gradual, escasa y siempre más lenta de lo que el gobierno quisiera, debemos ser conscientes de que nuestros recursos son muy limitados y ante distintas alternativas de empleo de los mismos, no ha sido posible abordar los temas ambientales simultáneamente y en la forma que requieren".

Asimismo opinó que "por la calidad de los participantes y por el interés de los temas que se han tratado, este simposio puede representar un importante paso en el desarrollo de un conocimiento más profundo sobre el medio ambiente y servir de estímulo para las acciones que ya se están llevando a cabo para introducir la dimensión ambiental en los diferentes niveles educativos".

Finalmente expresó que "es necesario superar viejos esquemas y colaborar estrechamente para fomentar y planear soluciones integradas en las que se tome en cuenta el aporte que pueda recibirse desde los diferentes sectores del conocimiento".

Posteriormente, el presidente del CIFCA dijo a IPS que es interés prioritario de esa entidad colaborar activamente "más de lo que estamos haciendo ahora", con los países latinoamericanos, en la problemática del medio ambiente.

Recordó que el CIFCA, encuadrado en la tarea general promovida por el PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) tiene una parte importante de su financiación proporcionada por el estado español "y es política del gobierno no solo mantener, sino incrementar ese apoyo".

Al preguntarle si también en este tema España podría jugar un papel de "puente" entre Latinoamérica y los países más industrializados, respondió que "sí y no", y aclaró que sí, en tanto en algunas materias existen en España especialistas que pueden aportar conocimientos a Latinoamérica.

Y que no, por cuanto en los países latinoamericanos hay especialistas y experiencias que son muy útiles para España, precisando que "La comunicación, entre España y Latinoamérica, en materia de medio ambiente, no es en una sola dirección" y puntualizó que "los intercambios no son verticales, sino horizontales, en el mejor sentido de la hermandad". (IPS Madrid, 17-1-1979)

Si en 1494 se discutía cómo era y en qué consistía el mundo, cinco siglos después lo que está sobre el tapete es una polémica que no admitirá equívocos sobre el futuro del planeta y de todos los que en su ámbito habiten.

Si cuando partió Colón desde el puerto de Palos predominaban las incógnitas respecto de los secretos de ultramar, las que se plantean en la actualidad, no obstante que parten de hechos conocidos y de que pretenden responder a cuestiones más concretas, están relacionados con el porvenir de la especie humana y del planeta que la originó y sustenta.

Mientras aún pervive la discusión acerca de si Cristóbal Colón "descubrió" América o si la "encontró" en su camino hacia la India, lo que quedó fuera de dudas es que su gesta dio a los europeos la dimensión de su propia existencia en la redondez de un solo mundo. Sin embargo, quinientos años después, la realidad de que blancos, negros y amarillos integran ese "solo mundo" no fue asumida plenamente y los países más industrializados se comportan como si pudieran proseguir su propio desarrollo sin considerar el de los demás.

El de 1492 era un mundo conocido sectorialmente, con compartimentos más o menos estancados en los que continentes enteros ignoraban no solo que existían otros, sino también la mayoría de los secretos que los científicos lograron descubrir en los años subsecuentes. Era, en suma, una incógnita a develar. El signo que asoma menos secretos guarda, en una sociedad intercomunicada e interdependiente, que transmite sus mensajes vía satélite y transforma al planeta en una aldea.

A punto de cumplirse los quinientos años del acontecimiento que permitió a Europa complementar su peculiar visión del universo, es una verdad indiscutible que ese "nuevo mundo" aportó a sus ciudadanos el eslabón indispensable para que el desarrollo capitalista tomase velocidad hasta convertir a todo el planeta en una unidad. Unidad contradictoria, alineada, escindida en Norte y Sur, pero decididamente única.

La comprensión de esa realidad es lo que llevó a la Comisión Mundial del Medio Ambiente, presidida por la primera ministra noruega Gro Brundtland, a advertir en su informe "Un futuro común", que aunque haya quienes miren para otro lado y se hagan los desentendidos, la interdependencia planetaria es tal que nadie, ninguna persona, región o país, podrá plantearse un futuro al margen de lo que le ocurra al conjunto.

Como una paradoja y a pesar del tiempo transcurrido, la globalidad del planeta, sus problemas y su futuro, tienen nuevamente en América Latina un punto de referencia. El fin del mundo bipolar plantea ahora con una claridad mayor la existencia de problemas compartidos, como la cuestión ambiental, el Sida, el narcotráfico, la crisis financiera derivada de la impagable deuda externa y la presión demográfica que ejerce el Tercer Mundo sobre el primero. Temas que están muy lejos de admitir soluciones unilaterales, sean arbitradas desde Washington, Moscú, Londres, Tokio, París o Bonn.

El Norte, que agotó gran parte de su capital ecológico y que con sus demandas de materias primas (indispensables para mantener un estilo de vida que con su actividad contaminadora amenaza la salud ambiental de todo el planeta) se plantea ahora políticas descontaminantes en su entorno y exige al Sur que paralice su desarrollo para conservar el medio ambiente mundial.

El efecto invernadero, la lluvia ácida, la reducción de la capa de ozono, la contaminación de los mares, el armamentismo nuclear y bacteriológico, así como la tala inmoderada de bosques tropicales, son problemas ambientales de carácter global, porque su agravamiento perjudica a toda la humanidad y porque sus causas solo pueden ser combatidas con el consenso del Norte y el Sur.

De igual manera el Sida, enfermedad desconocida antes de 1981, convertida rápidamente en pandemia y que según informa la Organización Mundial de la Salud ya infectó a entre cinco y diez millones de personas en 140 países, no podrá ser contenida y erradicada si antes no se ataca el problema del Tercer Mundo y en especial la crisis en África.

Algo similar ocurre en relación al tráfico ilegal de estupefacientes. Es bien sabido que el mercado dominante de los narcotraficantes está en el Norte, mientras que las zonas productoras están en el Sur y gran parte de ellas en América. Los grandes mercaderes de la muerte, que viven y controlan sus redes financieras y de comercialización desde las más importantes capitales de Europa y desde Estados Unidos, jamás tocan las drogas ilegales con sus propias manos, porque tienen su principal aliado en la pobreza del Tercer Mundo.

La deuda externa, espada de Damocles que pende sobre la mayoría de los países en desarrollo y la presión demográfica, consecuencia de la anterior, son problemas ambos que no pueden estudiarse aisladamente. Necesitan de un tratamiento global par acercar a esas grandes multitudes al progreso y la resolución del conjunto de los problemas de sus sociedades.

Mientras todo esto acontece, el desarrollo tecnológico de los medios de comunicación social acelera la transmisión de imágenes confortables de los ciudadanos de los países ricos. Esas proyecciones impulsan a que cada vez más ciudadanos de los países menos favorecidos busquen en los primeros la sal y el pan que se les niega en su tierra natal. Millones de inmigrantes, legales e ilegales, ingresan a Europa, Estados Unidos y Canadá, en una marea humana que los controles aduaneros y policiales buscan infructuosamente evitar, y que motiva en muchos casos la muerte para quienes esperan acceder "a los paraísos desarrollados".

Todos estos problemas también requieren de un tratamiento global. Quizá por ello, el Consejo Mundial de Pueblos Indígenas afirmó rotundamente que "El mundo es uno solo y hay solamente una raza: la humana". Solo si se asume esa evidente realidad y se actúa en consecuencia, se podrá encarar con optimismo el futuro, en un nuevo mundo, socialmente justo, internacionalmente solidario y ecológicamente equilibrado.  (El Comercio, Ecuador, 22-12-1991).

La ecología está desplazando al sexo como noticia y como base de mensaje en las estrategias publicitarias en todo el mundo, tratase de países industrializados o subdesarrollados. Este es un hecho positivo cuando se apoya en hechos ciertos, pues significa que los temas medioambientales han salido del gueto de las publicaciones especializadas y han ingresado definitivamente en la opinión pública y buena parte de esta conquista corresponde a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y a su largo peregrinaje golpeando las puertas de las redacciones.
Sin embargo, también deben tenerse en cuenta los peligros de esta nueva situación globalmente positiva, cuyos extremos de riesgo lo constituyen el ecologismo de pura y simple denuncia y la apropiación por muchas empresas y gobiernos de los lemas medioambientales, sin incorporarlos debidamente en su quehacer cotidiano, o utilizándolos de manera engañosa sólo como reclamo publicitario.
La denuncia sigue siendo necesaria, pero resulta insuficiente y, en términos de comunicación social, puede llegar a ser contraproducente si sólo se queda en eso, en denuncia. Cuando los ciudadanos reciben un bombardeo de "malas noticias" y de advertencias apocalípticas para la salud del planeta, les queda la sensación de que se les habla de algo que supera sus fuerzas y ante lo que nada pueden hacer, como antaño les ocurría con la amenaza de una guerra nuclear total.
En cuanto a la "publicidad verde", en el caso de muchas empresas resulta una apropiación indebida de los ideales ambientalistas, realizada con el objetivo de atraer hacia sus productos al ciudadano más consciente, sin que ello signifique necesariamente que se está contribuyendo a un desarrollo sostenible. Sería bueno extender los códigos de conducta sobre el etiquetado también hacia la publicidad y los periodistas deberían estar atentos para discernir cuando una campaña verde es una contribución verdadera a la salud del planeta y cuando es sólo un gancho publicitario.
Si dos décadas atrás la información ambiental era la cenicienta en los medios de comunicación de masas, ahora, una vez ganado un cierto espacio en ellos, el principal peligro al que se enfrenta es el de su banalización, atrapada en la inercia de las leyes del mercado. Un ejemplo de entre muchos es el de la Aracruz Celulose Ltd., con casa central en Inglaterra y negocios en Brasil, que publica anuncios asegurando que "Cuidar la naturaleza es un buen negocio"... y los explica informando que planta cerca de 40 millones de eucaliptos por año, destinados a producir pulpa de celulosa.
Los temas ambientales no merecen ser tratados como hechos aislados de un proceso más amplio y, periodísticamente, sus hechos noticiosos, al igual que cualquiera de los otros, deben ser dadas enmarcados en su contexto. Porque el medio ambiente no se trata con recetas ni con políticas sectoriales, ya que es una "política de políticas", una materia que enlaza a todas las demás y que exige una comprensión y una actividad global, aplicada a cada palmo de la realidad social.
Y esta es una de las conclusiones más importantes que se ha abierto camino por la acción constante de los medioambientalistas: las soluciones extremas, aisladas, compartimentadas, son inviables y los problemas globales, como lo es cada vez más el de medio ambiente, exigen soluciones también globales.
Esa es la razón por la cual es necesaria una comunicación que globalice los mensajes y no una mera información, que los parcialice y compartimente. Entendiendo la comunicación como un acto participativo, en el que en vez de aislar los hechos se los ubique en los procesos y en lugar de acumular gran cantidad de datos, se los seleccione y contextualice de manera pertinente.
En suma una correcta comunicación en ese sentido es la que impulsa el flujo de los mensajes en doble sentido, en el que los papeles de emisor y receptor se intercambien e influyan mutuamente.
Lograr esa comunicación es tarea de todos, de ambientalistas, ecologistas y periodistas, quienes deben trabajar en estrecho contacto, intercambiando experiencias e información.
Si se progresa en ese camino, se aportará de manera positiva al logro de un desarrollo sostenible y se podrá aspirar a que figuren en las primeras páginas de los periódicos y en los espacios audiovisuales, las noticas medioambientales de importancia vital para un desarrollo humano, global, armónico, sano y socialmente justo. Y no sólo las grandes catástrofes.. (3-8-2000)

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