La producción de alimentos podrá satisfacer las necesidades de 8.000 millones de personas en el 2020, de acuerdo a los progresos genéticos ya conocidos, afirmó hoy en la capital de España Hubert Zandstra, director general del Centro Internacional de la Papa (CIP), con sede en Lima.

Zandstra participó en Madrid en una reunión del Grupo Consultivo para la Investigación Agraria Internacional (GCIAI), una red con sede en Washington e integrada por 16 centros de investigación agraria en cinco continentess.

Como ejemplo, el científico citó los cultivos de raíces y tubérculos, que con los medios técnicos ya desarrollados pueden producir de 75 a 100 toneladas de alimentos por hectárea, casi dos veces el equivalente en granos de los mejores cultivos de cereales.

En el caso de la papa o patata, señaló que ya se dispone de la tecnología para reemplazar las dos toneladas de esos tubérculos utilizados como semillas para sembrar una hectárea, por apenas 50 gramos de semilla botánica.

La siembra tradicional de la papa se realiza utilizando el mismo producto, para lo cual siempre es necesario guardar una parte considerable de la cosecha del año anterior.

El nuevo sistema, desarrollado por el CIP, permite usar las semillas que provienen de la flor de las plantas, con lo cual se gana en trabajo, pues es más fácil sembrar semillas que enterrar papas, y en el producto que, en vez de guardarse para la siembra siguiente puede ser enviado al mercado para su venta.

Con esa técnica, explicó Zandstra, se puede aumentar en más del doble la producción de papas en los países en desarrollo, un incremento suficiente para alimentar a unos 150 millones de personas.

Alexander von der Osten, del CGIAR, pronosticó para dentro de cinco años un incremento de 25 por ciento en los rendimientos del arroz de riego, como consecuencia de la aplicación del mejoramiento genético de las plantas.

Eso se traduciría en un aumento de la producción asiática de arroz del orden de cien millones de toneladas anuales, suficientes para alimentar a unos 400 millones de personas.

Un informe presentado también este viernes en Madrid por el GCIAI y el Instituto Intrnacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IIIPA-IFPRI), de Washington, indica que la producción agregada de alimentos crecerá con rapidez hasta el 2020 para atender al aumento de la población mundial, con una baja gradual en los precios.

En un escenario básico del modelo de investigación del IIPA- IFPRI, de aquí al 2020 se evitaría una presión abrumadora sobre las existencias de alimentos, derivada del aumento de la población y del ingreso.

También se incrementaría lentamente la disponibilidad de alimentos por habitante y los precios reales de los principales cultivos alimentarios seguirían bajando en el mercado mundial.

Pinstrup-Andersen, del IIIPa-IFPRI, dijo que ''en teoría, si se sumara toda la gente y todos los alimentos del mundo, habría suficiente para todos. Sin embargo, en el mundo real, los alimentos no se distribuyen a menudo donde se necesitan y, cuando los hay, los pobres no pueden darse el lujo de comprarlos''.

De hecho, el escenario de investigación muestra un crecimiento limitado de la disponibilidad de alimentos por habitante en muchos países de Africa al sur del Sahara y Asia Meridional.

Pinstrup-Andersen señaló como sumamente agudo el problema en el Africa subsahariana, donde el crecimiento de la producción alimentaria se prevé en poco menos de tres por ciento anual, que a duras penas superaría el crecimiento demográfico, previsto en torno a 2,9 por ciento por año.

Esas previsiones podrían ser aún peores si los países desarrollados siguen disminuyendo el financiamiento para la investigación agrícola internacional y en los países en desarrollo.

Si se mantiene esa situación, prosiguió, habrá drásticas bajas en la producción de cereales, en especial de arroz y trigo, y unos 10 millones de niños pasarían a engrosar las filas de los malnutridos.

Por último destacó que una drástica reducción de la desnutrición infantil exigirá que se haga lo mismo con la pobreza.

''En los países con alto grado de pobreza, que también dependen mucho de la agricultura, eso se puede lograr sólo con un gran aumento de la inversión en infraestructura rural e investigación y extensión agrícolas''.

Y ello ''junto a un amplio desarrollo económico y un incremento del gasto social en educación, salud, saneamiento y nutrición'', concluyó. (IPS-Madrid)

Los ojos y oídos del mundo estuvieron atentos durante dos semanas de julio a lo que ocurría en Río de Janeiro, la ex capital de Brasil, en la que millares de representantes de todos los estados y de la sociedad civil se esforzaban por encontrar una fórmula, un camino, para salvar la salud del planeta sin renunciar a un desarrollo integral y al bienestar de la población.

Allí, la Cumbre de la Tierra reunió del 3 al 14 de julio de 1992, a 103 jefes de estado y de gobierno, la mayor concentración de mandatarios de toda la historia, 6.500 delegados oficiales de 178 países y 15.000 representantes de Organizaciones No Gubernamentales (ONG). A su término, unos hablaron de éxito, otros de fracaso y muchos de que la Cumbre puso en marcha un proceso de toma de conciencia de la globalidad de los problemas y soluciones para asegurar un hábitat sano para las generaciones presentes y futuras.

En la ex capital de Brasil se destacaron dos acontecimientos: la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD) y el Foro Global de las ONG, que sesionaron de forma simultánea, a 30 kilómetros de distancia una del otro y, no obstante, en una permanente interacción, algo inédito en las conferencias internacionales.

La CNUMAD debatió la relación entre el medio ambiente y el desarrollo y aprobó cuatro documentos: la Agenda 21, los Convenios sobre Diversidad Biológica y Cambio Climático y la Declaración de Principios Forestales.

El Foro Global consistió en centenares de actos de distinto tenor: seminarios, conferencias, exposiciones, simposios, demostraciones y manifestaciones. Una de éstas congregó a más de cien mil personas, encabezadas por el secretario general de la CNUMAD, Maurice Strong, el futbolista Pelé, la actriz Jane Fonda y el coordinador del Foro, Warren Lindner, de los Estados Unidos de América (EUA).

Un símbolo del grado que alcanzó el diálogo entre los delegados oficiales, aunque con importantes desacuerdos, fue que por primera vez el presidente de EUA, George Bush y el de Cuba, Fidel Castro, participaron en una misma reunión, escucharon sus respectivos discursos y posaron para una fotografía junto con un centenar de jefes de estado, separados apenas seis metros uno del otro.

154 países firmaron dos convenios

Los dos convenios aprobados registraron 154 firmas cada uno, correspondientes a 153 países y a la Comunidad Europea (CE), que superpuso su firma a la de sus 12 miembros. Los norteamericanos, entre tanto, se negaron a suscribir el Convenio de Diversidad Biológica o Biodiversidad, porque afecta a los intereses de las corporaciones farmacéuticas y Malasia el de los Cambios Climáticos, por considerar que afecta su soberanía sobre los bosques.

El Convenio sobre Biodiversidad entrará en vigencia después que haya sido ratificado por al menos 30 estados y dispone medidas para asegurar acciones nacionales efectivas para frenar la destrucción de especies biológicas, hábitats y ecosistemas. Por diversidad biológica los científicos entienden a todas las especies vegetales, animales yh micro-organismos de la tierra y los ecosistemas del cual forman parte.

Entre esas medidas se destacan el requerimiento a los países para que adopten reglas para conservar sus recursos biológicos y para que asuman la responsabilidad por los impactos ambientales que sus empresas causen en otras naciones. Asimismo, establece la reglamentación de las compañías de biotecnología, el acceso y propiedad del material genético y la compensación a los países del Sur por la extracción de sus materiales genéticos, con transferencias tecnológicas en términos preferenciales y concesionales.

Los EUA exigieron en vano la supresión de la necesidad de reglamentar el trabajo de las empresas de biotecnología, de reconocer el derecho de los países del Sur al acceso y propiedad del material genético y a que reciban una compensación por el uso de esos materiales. Cabe destacar que España fue uno de los países que presentó su candidatura para albergar la sede de la Secretaría General encargada de hacer cumplir este tratado.

El Convenio Marco sobre Cambio Climático entrará en vigor cuando haya sido ratificado por 50 de los Estados signatarios. Su objetivo es proteger la atmósfera de un aumento de los gases contaminantes que conservan el calor del sol y provocan un exceso de “efecto invernadero”, que a su vez origina un recalentamiento del planeta que de seguir agudizándose produciría el derretimiento de parte de los casquetes polares y la consiguiente inundación de zonas costeras bajas y otros cambios en el clima.

En la etapa previa de redacción del texto final, antes de la CNUMAD, la presión ejercida por Estados Unidos despojó al convenio de calendarios y metas específicas para limitar las emisiones contaminantes, aunque se logró que fije como propósito la estabilización de las concentraciones de esos gases en la atmósfera, en una proporción que impida una interferencia peligrosa con el sistema climático. Además, el documento registró el reconocimiento por algunos de los países industrializados más contaminantes –encabezados por los doce de la CE- de la importancia de llegar al año 2.000 con un nivel de emisiones de gases similar al que tenían en 1990. El convenio establece también un mecanismo para lograrlo.

La agenda común para el siglo XXI

La Agenda 21, aprobada por todos los estados representados en la Cumbre, es un programa de acción para asegurar la salud de la Tierra en el próximo siglo, explicitado en 40 capítulos que ocupan unas 800 páginas de texto y que abarcan las bases para la acción, objetivos, actividades y medios de ejecución, incluyendo en éstos los aspectos financieros y la evaluación de costos.

El programa establece que la financiación general para la ejecución de las actividades previstas, para las que se necesitarán 650.000 millones de dólares, estará basada en los recursos públicos y privados de cada país. Para el Tercer Mundo habrá una vía principal de financiación externa a través de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Si bien el Norte reafirmó su compromiso de llegar a disponer del 0,7% de su Producto Nacional Bruto para la AOD y de aumentar lo más rápido posible sus programas de asistencia, el Sur no logró que se fijase ese objetivo para antes del año 2.000.

En el preámbulo de la Agenda 21 se establece que la Humanidad enfrenta un momento crucial de su historia que ningún país actuando individualmente lo podrá superar, pero que se podrá hacerlo unidos en una asociación global para el desarrollo sostenible.

Al respecto, cuatro centenares de ONG de todo el mundo firmaron su propia Carta, en lal que asumen “una responsabilidad compartida para la protección y la restauración de la Tierra, que permita la utilización prudente y equitativa de los recursos, para lograr el equilibrio ecológico y la vigencia de nuevos valores sociales, económicos y espirituales”.

La Cumbre de la Tierra concluyó con los discursos en plenaria de 93 de los 103 jefes de estado y de gobierno que asistieron a la Conferencia y con la inauguración por las ONG del Monumento a la Paz que, con su forma de reloj de arena y mezclando en su interior tierra de 39 países, pretende demostrar a la humanidad que se está agotando el tiempo para alcanzar una paz definitiva. En su exterior figura la expresión “Paz Mundial” en 28 idiomas, con la frase: “La tierra es un solo país y los seres humanos sus ciudadanos”. (IPS, Río de Janeiro, 15-7-1992)

Antonio Magariños Compaired y Tito Drago


La presente comunicación pretende recoger y presentar ante los asistentes a este congreso, que por tercera vez reúne a científicos, políticos e interesados en general por la problemática ambiental del mundo latinoamericano, una serie de observaciones y consideraciones derivadas de la experiencia directamente desarrollada por los firmantes al frente de sendas actividades del CIFCA e IPS (la puesta en marcha de una biblioteca y centro de documentación especializado en medio ambiente y la edición de un boletín de difusión de noticias) realizadas en estrecha cooperación institucional.


El contenido se ha estructurado en dos grandes bloques, según los comentarios y observaciones que sugieren ambas experiencias que responden a su vez a las dos vertientes del fenómeno informativo: el acopio, sistematización y difusión de documentación, es decir la “información científico-técnica” y el tratamiento del problema ambiental en los Medios de Comunicación Social.

I.    EL ACCESO A LA INFORMACIÓN CIENTÍFICA
Problemas de captura y sistematización de datos


Planteamos esta primera parte de la comunicación recogiendo el problema de la accesibilidad como uno de los más difíciles con que se enfrenta el tratamiento documenta en general es sobradamente conocido y aunque el fenómeno viene siendo sistemáticamente denunciado como uno de los más graves para el avances científico  –hace ya 25 años que el inglés d. Bernal formuló su conocida tesis de que, con el ritmo de producción bibliográfica actual era más fácil inventar un nuevo descubrimiento que intentar comprobar que todavía no se había hecho (D. Bernal, Science in History, London,l 1954)) --  no es menos cierto que todos los esfuerzos de los últimos años no han conseguido mitigar el problema. Los planes de la UNESCO encaminados a conseguir racionalizar la gestión del patrimonio bibliográfico y documental a través de su Programa General de Información (PGI) y más concretamente del UNISIST y de los NATIS han supuesto verdaderamente una palanca que ha permitido implantar y poner en marcha inmensos sistemas y redes tendentes a hacer más accesible la información precisa en el momento preciso. Pero este último concepto  -seamos realistas-  está lejos de constituir un hecho cotidiano en muchos sectores de la ciencia y en la mayoría  -por no decir en casi todos-  de los países del área geográfica de este congreso.


Buena prueba de ello es el abundante número de reuniones y foros internacionales de los últimos años en los que se han estudiado reiteradamente estas deficiencias y puesto de relieve la necesidad apremiante de acometer de manera coordinada el tema que llamaremos de la “información para la ciencia”. Observen ustedes los títulos y fechas de algunas de estas últimas reuniones como muestra incontestable de que el acceso a la documentación científica en nuestros países no ha pasado de una fase de toma de conciencia del problema –lo que no deja de ser un avance digno de aplauso- y de la consiguiete declaración de “recomendaciones” a los gobiernos respectivos:


-    Septiembre 1978: Madrid. Conferencia Iberoamericana sobre Información y Documentación Científica y Tecnológica (REUNIBER-78).

-    Febrero 1979: Bogotá. Seminario sobre Estrategias Nacionales e Internacionales para el Desarrollo de Redes y Servicios de Información.
-    Junio 1979: México. Regional sobre Técnicas de Transferencia de Información en América Latina y el Caribe.
-    Octubre 1979: Lima. Primera reunión UNISIST sobre Cooperación Regional en materia de Política y Planificación de la Información para el Desarrollo de América Latina y el Caribe.
-    Mayo 19980: Kingston. Reunión de Consulta sobre el Desarrollo Coordinado de Sistemas Nacionales de Información en la Región del Caribe.


Es decir, en el mejor de los casos la mayoría de los países de nuestro área están en una fase de implementación de sus sistemas de redes para el acceso a la documentación científica, lo cual, repetimos, sería bastante halagador si no pecase un tanto de optimista.


Pues bien, a las deficiencias de infraestructura, de la falta de toma de conciencia por parte de las autoridades, de la precariedad de bancos y bases de datos elaborados en la región, de la escasez de profesionales formados para el tratamiento documental; en fin a todas estas limitaciones que producen el estado de desarrollo balbuciente que anteriormente se indicó, en el campo concreto del medio ambiente habría que añadir otras dos limitaciones, bien determinantes de la situación actual de la documentación e información científica a él referida.


Primeramente, la relativa novedad del fenómeno, al menos con el alcance y la terminología actuales; pero sobre todo ese carácter interdisciplinar inherente a los estudios ambientales. Lo que el profesor Margalef en un trabajo reciente de divulgación científica publicado este año plasmaba diáfanamente así:


“La ecología se ha desarrollado al revés de las otras ciencias. Mientras que el normal progreso de cualquier disciplina consiste en una paulatina diversificación de las materias, conducentes a la especialización, la ecología, por el contrario, ha ido combinando conocimientos que, en su origen, pertenecían a diferentes territorios científicos, para intentar formar con ellos un cuerpo unificado de doctrina. Se dice que la especialización científica ha conducido a la figura del superespecialista que lo conoce todo de un dominio tan reducido que, prácticamente, es nada. Con semejante acento humorístico en la exageración podría decirse que el ecólogo tiene tendencia a sentirse generalista, con el riesgo de no conocer nada de aquello sobre lo que habla o escribe, que es casi todo” (R. Margalef, Ecología. Barcelona, Planeta, 1981)


Esta última característica del tema es la que define la dificultad máxima con que se encara el documentalista a la hora de recoger y sistematizar la documentación que ha de poner al servicio del estudio y de la investigación del medio ambiente, ya que se encuentra con una pluralidad de disciplinas, productos de la especialización científica (biología, zoología, botánica, meteorología, química, sociología, derecho, urbanismo) con un etc. bastante largo, cada una de las cuales cuenta ya con una base documental y bibliográfica propias, y a las que además ha de interconexionarse entre sí, por imperativo de esa naturaleza “integradora” propia del mismo concepto del medio ambiente.



2. La Bibliografía Ambiental  


Hechas las consideraciones anteriores, pasamos a presentar brevemente una descripción, que no pretende ser valorativa, del estado actual de la bibliografía y la documentación ambientales y de sus modalidades y posibilidades de acceso desde nuestros países.


La producción bibliográfica especializada en medio ambiente, nace y se desarrolla, como es obvio, paralelamente al surgimiento de la preocupación por el tema. No quiere ello decir que no hubiese anteriormente producción bibliográfica sobre los problemas que hoy llamamos ambientales, pero sí que no la había con la abundancia de los últimos cinco años y, sobre todo, bajo lo que podría llamarse enfoque específicamente ambiental.


No existe todavía ningún estudio bibliométrico que permita un análisis mínimamente documentado acerca de este crecimiento o de la distribución y comportamiento sectorial dentro de esta evolución bibliográfica. No obstante, la experiencia práctdica en el manejo bibliotecario de un centro como el CIFCA nos ha permitido esbozar, más que formular, algunas consideraciones como la siguientes que, por la razón anteriormente expuesta, presentamos aquí, no como resultado de una investigación sino como simples observaciones:


a)    En el campo estrictamente librero y documental, la producción bibliográfica ambiental ha sufrido en los últimos años la siguiente evolución en los temas tratados preferentemente:


a.1) Un primer “boom” entre los años 1972-1976 en el que los temas predominantes fueron:  Conservación de la Naturaleza, Tecnología de la Contaminación y Aspectos de Desarrollo y Economía del Medio Ambiente.


a. 2) El auge a partir de 1977 de los llamados estudios de impacto ambiental y más recientemente de los de ordenación del territorio contemplados bajo la visión ambientalista.


a. 3) Una relativa precariedad, con respecto a la proliferación bibliográfica de otros temas, en relación a los estudios de derecho y legislación referidos al medio ambiente.


a. 4) Finalmente, una desigual atención, según se refleja en la producción bibliográfica de los diferentes países, a la educación y formación ambiental, temas hasta ahora de origen muy institucional y que alcanzan un climax productivo en torno a la Conferencia de Tblisi (1977).


b) En el mismo campo de los libros y documentos técnicos se observa, con respecto a los orígenes de la producción bibliográfica, la evolución normalmente y característica de cualquier tema que irrumpe con fuerza en la opinión pública. De un primer tiempo en que los libros y documentos proceden de reuniones y conferencias oficiales o son producto de la iniciativa de instituciones (Club de Roma, MIT, SCOPE, ITASA, OCDE, etc) se está pasando en estos momentos a la auténtica escalada de las editoriales comerciales sobre la producción de bibliografía de temas ambientales, hasta el punto de que pocas quedan que no tengan ya títulos de esta temática en sus colecciones.


c) Pero si en el ámbito de los libros y documentos, la ausencia de estudios bibliométricos no permitían más que las observaciones anteriores, en el de las revistas o publicaciones periódicas un reciente trabajo del CIFCA en trámite de imprenta (Se trata de una recopilación de revistas sobre medio ambiente, realizada por Beatriz Morla y que verá la luz próximamente en la serie del CIFCA “Cuadernos de Bibliografía”) hace posible un análisis que, sin llegar a ser exhaustivo ni determinante, ofrece una perspectiva más fiable y un análisis más fundamentado sobre el comportamiento bibliográfico en el sector  medio ambiente.


Adelantamos pues aquí algunas de las conclusiones estadísticas a que ha podido llegarse a través del mencionado trabajo, haciendo las salvedades siguientes:


-    Se trata de una recopilación de revistas sobre medio ambiente, más exhaustiva y extensiva en el caso de las de origen español que en el de los restantes países por razones obvias de facilidades en el acceso a las fuentes.


-    Mientras en el caso de España se rastrearon todas las “materias” de posible interés para el estudio del medio ambiente, para las no españolas se restringió la recogida de datos a las que por su título en los repertorios o por su existencia en la biblioteca del CIFCA se podían identificar como de contenido estrictamente ambiental.


-    Finalmente hay que precisar que de aquellas revistas que no se pudo tener un conocimiento directo, se acudió a repertorios bibliográficos –básicamente al ULRICH´s- lo que justifica y determina alguna de las conclusiones siguientes, por ejemplo la referida a “origen por países” con una clara inclinación por los EE.UU. e Inglaterra.


-    Con estas precisiones previas pueden formularse las siguientes conclusiones:
-    C.1) PAÍSES PRODUCTORES DE PUBLICACIONES PERIÓDICAS SOBRE MEDIO AMBIENTE
-    De una muestra total de 799 revistas, resulta la siguiente distribución:
-    FIGURA 1    Estados Unidos de (N) América        331
                      España                                         147
                      Gran Bretaña                                  68
                      Organismos Internacionales               39
                      Canadá                                          36
                      Australia                                         24
                      Finlandia                                         23
                      Brasil                                              11
                      México                                           11
                      Holanda                                         10
                      Venezuela                                      10
                      Restantes Países     (ninguno pasa de 10)  ___

La distribución completa por países es la siguiente:
África del Sur, 6 – Argentina, 8 – Australia, 24 – Barbados, 1 – Bélgica 3 – Brasil, 11 – Canadá, 36 – Ceyland, 1 – Chile, 6 – Colombia, 9 – Corea, 1 – Costa Rica, 1 – Cuba, 2 – Ecuador, 2 – España, 147 – Estados Unidos de (N) América, 331 – Finlandia, 2 – Francia, 3 – Gran Bretaña, 68 – Grecia, 1 – Guatemala, 1 – Holanda, 10 – India, 6 – Israel, 2 – Italia, 3  - Japón, 4 – México, 11 – Nepal, 1 -    Nigeria, 2 – Nueva Zelanda, 4 – Organismos Internacionales, 39 – Pakistán, 1 – Polonia, 1 – Portugal, 1 – China, 1 – Alemania, 5 – Rodesia, 1 – Senegal, 1 – Sudáfrica, 1 – Suecia, 6 – Suiza, 2 – URSS, 1- Venezuela, 10.


C.2) ORIGINAL INSTITUCIONAL DE LAS PUBLICACIONES PERIÓDICAS SOBRE  MEDIO AMBIENTE
Al realizar la recogida de datos sobre cada revista, se tuvo en cuenta el tipo de organismos o entidad que la producía, agrupando éstas en los siguientes apartados: a) Centros Universitarios, b) Institutos de Investigación, c) Órganos de la Administración, d) Empresas, e) Asociaciones Ecológicas, f) Organismos internacionales.
El resultado es el cuadro que reproducimos a continuación, tomado a partir del número total de citas del repertorio que, lógicamente, no coincide con el de revistas ya que éstas se incluyen según los temas de su contenido en una o varias materias.

DISTRIBUCIÓN POR EDITORES
a)    Centros Universitarios                    152
b)    Institutos de Investigación             308
c)    Órganos de la Administración          333
d)    Empresas                                    257
e)    Asociaciones Ecológicas y similares   366
f)    Organismos Internacionales              71
TOTAL                                           1.487

Los bancos y bases de datos

Tras la visión anterior sobre la bibliografía ambiental, queremos presentar ahora una panorámica global de otro tema de capital importancia para la evolución reciente del tratamiento documental en general y que afecta lógicamente también en gran medida al sector medio ambiental. Nos referimos a los llamados bancos y bases de datos, cuya proliferación es cada vez mayor y cuya formación y gestión por parte de los países desarrollados ha dado lugar en los últimos 20 años a un proceso de dependencia informativa –y por consiguiente también científica y tecnológica- que no consiguen sacudirse los países menos desarrollados.


Pero al margen de estas consideraciones, es un hecho incuestionable la creciente proliferación de estos “almacenes de datos” que, dado el volumen desmesurado de la producción bibliográfica actual, constituyen un instrumento de obligada e ineludible utilización en nuestros días si se quiere estar más o menos al día de la producción científica mundial.


La evolución del número de bases de datos es: Bibliográficos 1975, 335; 1976, 337; 1977, 422; 1978, 533; 1979, 567 – Factuales: 1975, 51; 1976, 149; 1977, 268; 1978, 568; 1979, 715 – Total: 1975, 386, 1976, 486, 1977, 690, 1978, 1.101 y 1978 1.280. (Fuente: EUSIDIC. Database Guide, 1980)


En el sector específico del medio ambiente, está relativamente bien cubierta el área de las bases de datos bibliográficos en comparación con los bancos de datos factuales.


De los segundos, solamente puede hablarse con propiedad del IRPTC (Registro Internacional de Sustancias Químicas Potencialmente Tóxicas), programa del PNUMA en colaboración con la OMS fundamentalmente y con otros organismos con intereses en este campo (FAO/UNESCO/IAEA), cuyo objetivo básico es la elaboración del índice que da nombre al programa.


En cuanto a las bases de datos bibliográficos, recomendamos un cuadro descriptivo y valorativo de la cobertura de las principales existentes hoy en el mundo, presentado por su autora, María de la Villa Sanz (5) al Seminario sobre Documentación e Información para el Medio Ambiente, Organizado por el CIFCA en mayo de 1980.



Sistemas y redes operantes actualmente en el ámbito iberoamericano: INFOTERRA y REPIDISCA 


Tras este análisis precedente de la bibliografía y las fuentes para el medio ambiente, llegamos a retomar el punto de que partíamos: el problema de procedimiento para acceder a esas fuentes; la modalidad de acceso que permita aquella idea expuesta al principio de poder disponer de la información precisa en el momento preciso pues, según se deduce de lo anterior, el problema no es tanto la falta de información como la estructuración adecuada de canales que permitan llegar a ella, lo que en nuestros días es a veces tan difícil de lograr por un exceso de datos como por la falta de los mismos.


Con la finalidad de establecer estos canales orientativos del flujo informativo han ido apareciendo en los últimos seis/ocho años una serie de redes, a veces con vocación de mayor alcance intentando configurar sistemas de información en distintos campos.


En medio ambiente también surgieron estos elementos de canalización, con las dificultades propias de todos ellos y con sus mismas virtudes: el loable empeño de facilitar el acercamiento del investigador al lugar donde está la fuente documental.


Únicamente dos de estas redes aspiran a abarcar la temática ambiental. Una, la red INFOTERRA del PNUMA, con ámbito mundial y amplia cobertura temática del concepto medio ambiente. Otra, la Red Panamericana de Información en Salud Ambiental (REPIDISCA), con sede en Lima, limitada al área americana y con una mayor especialización en la ingeniería sanitaria, fruto de la institución que le dio origen.


Ambas, pensamos que son suficientemente conocidas en su funcionamiento por la mayoría de los congresistas, por lo que nos limitamos a describir muy escuetamente su naturaleza y objetivos básicos.


La red INFOTERRA surge como consecuencia de un mandato de la Conferencia de Estocolmo por el que debía de organizarse un “servicio internacional de referencia”. En un primer momento respondía a las siglas IRS en inglés y SIC en castellano, para pasar más tarde (enero de 1979) al nombre actual de INFOTERRA. Desde un principio se prevé una infraestructura organizativa basada en una red descentralizada con “puntos focales nacionales”, “centros de coordinación regionales” y “centros de coordinación sectoriales”, más el Centro de Actividad del Programa.


Según los últimos datos disponibles (UNISIT. Reporto n the Evaluation of Infoterra. París, april 1981) en febrero de 1981 la red alcanza hoy un total de 100 puntos focales nacionales, lo que supone una cobertura mayor que la de cualquier otro servicio internacional de información, exceptuando el Sistema de Información Industrial UNIDO y el World Wather Watch. Cuenta además, con la participación de tres organizaciones (el Instituto Internacional para Análisis de Sistemas Aplicados; la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y sus Recursos y el Secretariado de la Commonwealth) y su estructura además de los puntos focales nacionales, consta actualmente con dos puntos focales sectoriales (la Oficina de Industria y Medio Ambiente del PNUMA y el Sistema de Información de Datos sobre el Medio Ambiente Marino del IOC) más un punto focal regional (el Centro Internacional para Información Científica y Técnica). Algunos de los puntos focales han recibido el calificativo de puntos focales “modelo”, como es el caso de Colombia, Egipto, India y Senegal, en los que se celebran cursos regionales de capacitación.


Con esta infraestructura, el actual INFOTERRA continúa su filosofía inicial de constituir exclusivamente un sistema de información de referencia, registrando fuentes y facilitando información sobre estas fuentes, a donde remite a los usuarios, si bien entre las recomendaciones de reciente informe de evaluación que hemos citado anteriormente, figura en primer lugar la de que INFOTERRA debería tender a facilitar alguna información sustantiva.


A otra red, la REPIDISCA es de ámbito más restringido, tanto en su cobertura temática como geográfica. Vinculada al CEPIS (Centro Panamericano de Ingeniería Sanitaria y Ciencias del Ambiente) tiene como misión fundamental “facilitar el acceso a información sobre ingeniería sanitaria y ambiental a los usuarios de la región”.

5. Otros elementos operativos “de facto” en el acceso a la información científica  
Junto a las dos redes descriptas anteriormente no deben olvidarse una serie de experiencias y empeños en diversos campos que, si bien no específicamente ambientales, sí son fundamentales para algunos aspectos muy relacionados con el medio ambiente. Tales como por ejemplo el AGRINTER (Sistema Interamericano de Información Agrícola), versión latinoamericana del Sistema AGRIS para ciencias agrícolas, sin duda el de más prestigio en la región y que se coordina desde el Instituto Interamericano de Ciencias Agrarias con sede en Costa Rica. Con una temática afín, pero más específica, se está implementando actualmente en la órbita del Acuerdo de Cartagena un Sistema Andino de Difusión de la Información Forestal que ofrece ya realidades tan interesantes en su infraestructura como son: 1) Un Catálogo Colectivo forestal andino; 2) Un Catálogo de Organismos relacionados con actividad forestal; 3) Un Catálogo de Personas relacionadas con el sector y 4) Un Catálogo de Resúmenes Analíticos.


Finalmente, el BIREME en Brasil coordina las actividades en materia de ciencias de la salud. Este último y el anteriormente citado AGRINTER tienen la virtualidad además de analizar la bibliografía iberoamericana para su incorporación a las bases de datos AGRIS y MEDLARS respectivamente, lo que nos lleva a enlazar de algún modo con la última cuestión que queremos tocar en este recorrido por los diversos registros de la documentación cient6ífica en lo que respecta al medio ambiente.



6. El reto de la telemática y su papel en la transferencia de la información   
No hay tiempo, ni quizás sea este el lugar más idóneo para entrar de lleno en este campo –el de la utilización de la tecnología de las comunicaciones, de la informática, la telemática- y sus posibilidades y realidades como instrumento al servicio del almacenaje, recuperación y difusión de información. Pero tampoco podemos dejar de mencionarlo al menos, porque su trascendencia es de importancia capital.


Ya quedó expuesto más arriba, el desarrollo en el mundo actual de los bancos de datos, tanto bibliográficos como los llamados factuales (hechos que pasan). Esta corriente es algo imparable y que no va ya a disminuir en su crecimiento. El volumen de sus fondos y la tecnología utilizada en su recopilación y sistematización obliga necesariamente a la utilización del proceso electrónico y los avances de esta misma tecnología fuerzan a su vez, no solamente a su utilización cuando nos movemos en estas altas cifras de datos reunidos, sino que incluso se hace ya necesaria por razones de evidente economía para la simple gestión de una pequeña biblioteca.


Nos guste o no, el caso es que vamos abocados sin remedio al proceso automático de datos y a su comunicación a distancia por terminal, sin que esto quiera suponer un canto gratuito y sin reparos a la telemática.
En realidad, como cualquier innovación tecnológica de gran calibre, supone una auténtica revolución de usos y costumbres como consecuencia de los nuevos “productos” y posibilidades de actuación que permite –piénsese en el cambio en las comunicaciones humanas que supone la aparición de la imprenta con respecto a la transmisión escrita y de ésta con respecto a la oral—y ello siempre conlleva períodos de convulsión con reales inconvenientes que pueden empañar desde una óptica próxima a los hechos, la virtualidad innegable de la nueva tecnología. Pero al final se impondrá y el costo de no haberla desarrollado y de importarla será demasiado gravoso (es decir costoso y grave en cuanto que origina dependencia).


Estas consideraciones vienen al caso porque en un sector como el medio ambiente, cuya trascendencia excede a planteamientos nacionales y generacionales, la fluidez en la transferencia de información es esencial y esta transferencia o sea hace hoy utilizando la automatización y el teleproceso o es imposible. Pero el planteamiento no puede ser simplista porque el problema es complejo, siendo muchas las variables que condicionan el proceso y diferentes las razones que pueden conducir a la telemática (entre las que está ausente el planteamiento comercial de esta industria que puede llevar a su desarrollo como un fin en sí).


Las ventajas pues que la telemática puede brindar a nuestros países –accesos inmediato a datos bibliográficos y factuales (estadísticos, económicos, etc.) de todo el mundo- lleva consigo el riesgo de la dependencia informativa con respecto a quienes sean los creadores-promotores-vendedores de esa información y la consecuencia obligación de fomentar bancos y bases de datos propios, para que esa fluidez tan deseada como necesaria sea de doble entrada. Por eso hemos titulado este punto de la comunicación calificando el problema de la telemática como de un “reto”.


Con esta idea dejada deliberadamente en el aire a la consideración de los congresistas, entramos en la segunda vertiente del problema informativo: el de la relación medio ambiente Medio de Comunicación Social (MCS).



Comunicación social, desarrollo y medio ambiente


El tratamiento de la información medioambiental en los medios de comunicación social (MCS) en América Latina, está íntimamente ligado al de la información sobre y para el desarrollo, partiendo de un hecho generalizado: los MCS no son entes asépticos, imparciales, objetivos ni neutrales, aunque en la mayoría de los casos puedan parecerlo.


Como se señaló en la Taller-Seminario organizado en octubre de 1980, en Bogotá, por INDERENA, CIFCA, COLCIENCIAS, PNUMA e INFOTERRA “la información es un instrumento al servicio de soluciones cuyas características dependen de los estilos de desarrollo por los que opta cada sociedad… no puede hablarse de una información válida universalmente, sino que la misma está condicionada a los objetivos que se buscan”.


Los MCS son instrumentos que, según se utilicen u orienten, pueden desempeñar un papel positivo o negativo, por acción o por omisión. “La supervivencia de la sociedad de consumo y de un sistema industrial en expansión requiere que se cultive una conciencia falsa de las realidades sociales, económicas y políticas, pues solo así puede permanecer estable y expandir constantemente la producción y el consumo” (Chakravarti Raghavan). En contraposición, dice Egon Bah que “para el desarrollo del Tercer Mundo la política de medio (política de comunicación) es una tarea que está inmediatamente después de la de garantizar la alimentación y que tiene, a lo menos, la misma importancia que la política económica, monetaria y demográfica”.


Como todo instrumento, su utilización de una manera determinada puede ser positiva en un país y negativa en otro. Hablando de medio ambiente y desarrollo, la principal diferencia surge cuando se aplica el mismo tratamiento en un país del norte rico y desarrollado o en uno del sur, subdesarrollado y empobrecido.


Anil Agarwal destacó en el Foro para el Desarrollo que “la influencia de la ciencia y la tecnología organizadas está creciendo en nuestras vidas –no simplemente en el Sur sino también en el Norte-, ello significa que a los formuladores de la política relativamente profanos se les está pidiendo cada vez más que tomen decisiones sobre problemas que son altamente técnicos. En tal situación, el periodista de la ciencia tiene que desempeñar un papel importante para informar a los formuladores de política profanos; con frecuencia incluso actuando como un mediador entre el experto técnico y el formulador de la política. Es claro que en campos tales como el de la política en materia de energía, la política en el caso del medio ambiente, etc., que son ciencias y tecnologías intensivas, el periodista tiene que estar desempeñando un papel de importancia creciente al influir sobre la política pública”.


Como un resumen de estas actitudes la Conferencia de las Naciones Unida sobre Cooperación Técnica entre los Países en Desarrollos (CTPD), (Buenos Aires, 1978), estableció que “entre información y desarrollo existe una relación simbiótica”, vale decir, interdependiente, de mutuo interés y apoyo.



Medio Ambiente y Desarrollo  


Si “El desarrollo y el medio ambiente no solo no se oponen sino que constituyen dos aspectos diferentes del mismo concepto” (Maurice Strong) y si “el desarrollo, su estilo y su calidad son inseparables del medio ambiente como expresión globalizadora del entorno social humano” (Helan Jaworski), para un adecuado enfoque de estos temas conviene precisar también que el criterio mismo de “desarrollo” está en plena y constante revisión.


Paralelamente a la idea de que medio ambiente y desarrollo “son dos aspectos diferentes del mismo concepto”, ha ido consolidándose la convicción de que es necesario abrir paso a otro estilo de desarrollo. Hasta ahora ha imperado un estilo calificado de “consumista”, realizado en el norte en forma ascendente hasta la denominada “crisis de la energía” y que al pretenderé ser trasplantado o imitado en el sur se ha manifestado tan solo como una dramática caricatura. Cambiar el estilo significa en los países industrializados curar los efectos, mientras que en el Tercer Mundo –del que América Latina forma parte- se trata de evitarlo. Allí, el consumismo no es una enfermedad, una consecuencia del desarrollo, sino una traba para éste.


La acción de los MCS se ejerce, esencialmente, a través de dos grandes áreas: la de publicidad y la de redacción. Si bien la publicidad no puede considerarse como información, ni su contenido está bajo responsabilidad directa de los editores, su influencia es de gran importancia y por desgracia suele estar totalmente libre de responsabilidad en sus afirmaciones.


“La publicidad… si bien brinda al hombre la posibilidad de conocer aquello de que puede servirse, en la mayoría de los casos estimula una mentalidad consumista y competitiva que crea necesidades y expectativas falsas, a fin de abastecer las apetencias de mercado de la industria. Se trata de estimular la posición individual, por encima del crecimiento de la persona y de la comunidad”! (Evangelización y comunicación social en América Latina, Decos, CELAM).


En este aspecto, los países industrializados han tomado ya una serie de medidas cautelares, cuya expresión más conocida es la obligación de incluir en las propagandas y en las cajetillas de cigarrillos la mención “fumar daña la salud”, pero que se manifiesta también en otros sectores, ligados a los temas de calidad de vida. En América Latina los ambientalistas deberían preocuparse no solo porque en sus países se dicten normas similares, sino también porque ellas se extiendan a otros campos. Hay que hacer notar cada vez más la necesidad de que la publicidad se ajuste al producto y que se ilegalice aquella que incite a consumir productos dañinos, como cierto pesticidas que en los países del norte ya han sido prohibidos por dañar al medio ambiente o los alimentos y que, sin embargo, continúan exportándose y publicitándose en el Tercer Mundo.


Sin embargo, la vía de la ilegalización o prohibición de ciertas propagandas solo puede transitarse con éxito en pocos y señalados casos, donde la probabilidad del daño es evidente. El mejor camino parece ser el de los compromisos editoriales por respetar códigos de ética publicitaria comunitariamente acordados. En esto la acción de las organizaciones ciudadanas y ecologistas puede desempeñar un papel de gran importancia, señalando primero la necesidad de lograr ese código de ética y denunciando después las infracciones que al mismo pudieran cometerse.


Es en la redacción de los MCS, en su propia producción, donde caben plantearse las más serias reflexiones. Y donde la responsabilidad de ambientalistas y comunicadores es o debe ser compartida, para romper la dependencia.


Sabiendo siempre que “no se trata solamente de dependencia técnica sino también de la dependencia frente a los mensajes transmitidos, y a su influencia sobre el pensamiento y los valores sociales y culturales en el sentido más amplio del término, hechos a los que los países en desarrollo son más sensibles”, y que “los valores e ideas de una civilización de consumo provenientes de los países ricos y transmitidos a través de los medios de difusión están, frecuentemente, en conflicto con los intereses y valores fundamentales de otros países, en particular de los menos desarrollados. No solo porque atacan las formas tradicionales de vida y de identidad culturales sino también porque provocan conflictos aún más profundos entre la pobreza y la riqueza, entre los deseos y las posibilidades… mientras que los países en desarrollo deben movilizar todos sus recursos para realizar una política nacional eficaz, para desarrollar los valores que son una condición del progreso global, para valorizar las fuerzas productivas y estimular la solidaridad, los medios de difusión ofrecen programas concebidos para favorecer el consumo, valorizando el individualismo egoísta, la ética del dinero y de la violencia, impulsando la irresponsabilidad y la ´dolce vita´u otros medios de evadir la realidad” (Bogdan Osolnik).


Todo planteamiento del tema debe hacerse respetando la libertad de expresión. Ni los ambientalistas o ecologistas deberían presionar para restringir esa libertad, ni los editores ampararse en ella para dar una sola parte de la información. A menudo llega a los MCS material originado en los departamentos de relaciones de grandes empresas, material cuyo fin último es favorecer la penetración en el mercado de determinados productos. O, por acción contraria, de impedir o dificultar la penetración de la competencia. Y no siempre esa acción resulta nociva, como cuando fabricantes de pieles sintéticas apoyan campañas de protección a las especies en vías de extinción.
Pero cuando solamente es una visión parcial o interesada de los hechos, la prudencia y una práctica verdadera de la libertad de expresión imponen que se dé “la otra cara de la noticia”.


No obstante, el mayor daño producido por los MCS, por acción u omisión, se debe a la falta de conocimiento sobre medio ambiente y desarrollo. Existen muy pocos, escasísimos periodistas especializados en estos temas, a la vez que son pocos también los ambientalistas que valoran el papel de los MCS y que están capacitados para transmitir adecuadamente a estos su mensaje.


La primera gran irrupción de temas medioambientales en los MCS se produjo a partir de la Conferencia de Estocolmo (1972), cuando la humanidad tomó conciencia de que daños a primera vista irreparables se estaban ocasionando al planeta en que vivimos. Como en todo efecto de acción y reacción, también entonces, ante la constatación de la destrucción irracional, se reaccionó con una actitud que años después demostraría ser también irracional: el conservacionismo.


Si la industrialización, si el desarrollo, producían indeseables deterioros en el medio ambiente, el remedio más fácil parecía ser el de no impulsar el desarrollo para no obtener junto a los beneficios los efectos nocivos. Al mismo tiempo que en los países del Tercer Mundo se hacían llegar ciertas tesis, aparentemente contradictorias pero unidas en su dependencia de la ideología desarrollista: por un lado se decía que quien quisiera desarrollo debería admitir que conllevaba un precio, la contaminación. Y por otro, se planteaba que para evitar los contaminantes males del desarrollo, era mejor que los países del tercer Mundo continuaran con su papel de monoproductores primarios. Era algo así como la excitación al culto de la belleza salvaje.


Los MCS reflejaron esa reacción, con publicaciones acerca de los diversos daños ocasionados por las industrias, la depredación, la codicia, al descuido o a la inconsciencia. Y en esa primera etapa su acción fue positiva, como positivo fue el grito de alarma lanzado en Estocolmo.


Después de esa primera alarma, comenzó a trabajarse seria e interdisciplinariamente sobre el tema. Poco a poco, primero entre los estudiosos más avanzados, después extendiéndose a más amplias capas, pero siempre entre iniciados, se fue imponiendo la conc3epción de que medio ambiente y desarrollo no son necesariamente términos antagónicos, que la naturaleza debe seguir utilizándose, que la humanidad debe proseguir su desarrollo y que es posible, con las debidas providencias, conciliar medio ambiente y desarrollo, desarrollar sin destruir y establecer una adecuada tasa del flujo de los recursos, de manera de asegurar su renovación y evitar su agotamiento. Se crea, incluso, el concepto de ecodesarrollo. “El objetivo básico y central del ecodesarro9llo es utilizar los recursos para la satisfacción de las necesidades de la población, asegurando un mejoramiento de la calidad de vida de las generaciones actuales y futuras”. (J. Hurtubia y otros).


Entre aquellos que se ocupan del desarrollo, hoy día, es difícil encontrar alguien que no considere al medio ambiente como una variable de éste. Gobiernos, agencias de las Naciones Unidas, corporaciones de ayuda al desarrollo e instituciones públicas y privadas de toda índole, al analizar los proyectos y programas incluyen en ellos la variable ambiental. Puede afirmarse que en esos medios calificados el grado de conciencia está llegando a un alto nivel.


No puede decirse lo mismo, salvo honrosas y episódicas excepciones, de los MCS. Estos continúan todavía manejándose con los valores de 1972 y hablándonos de la campaña para salvar focas o ballenas, de las playas contaminadas, del aire irrespirable y de infinidad de infracciones a la supervivencia, cuya denuncia es útil y correcta pero, ya, ahora, totalmente incompleta e insuficiente.


“La información alternativa sobre el medio ambiente no es exclusivamente la que tiende a protegerlo o a conservarlo intangible… la información sobre el medio ambiente para el desarrollo es la que concibe una interacción constante de ambas dimensiones, en que la mediación social del medio natural deriva de él los máximos beneficios parea la sociedad en un período histórico dado, sin comprometer el patrimonio común de las generaciones futuras” (Jaworski).


En otro lugar señalábamos que el desafío actual de la información sobre el medio ambiente podría resumirse en los siguientes puntos:


1.    Reducción del alarmismo y el sensacionalismo en las denuncias.  Para que las noticias aparezcan debidamente contextualizadas, es necesario poner a disposición de los periodistas una documentación accesible y, al mismo tiempo, que éstos se especialicen, logrando un mayor conocimiento, para evitar un tratamiento parcial de las noticias que induzca a error. Por ejemplo, se repite sin cesar, y sin pensar, que resulta dañino que las aguas empujen sedimentos ríos abajo hasta desembocar en el mar. La construcción de grandes represas sin medir el impacto ambiental, la deforestación y los cultivos en pendientes muy pronunciadas han provocado la pérdida del humus en grandes extensiones de tierra, con su consiguiente empobrecimiento y amenaza de desertización. Eso es cierto, pero también lo es que sin la afluencia de sedimentos hacia la plataforma submarina adyacente a las costas, la vida en sus aguas peligraría. De lo que se trata, entonces, es de que no se altere “una adecuada tasa del flujo de los recursos”. Y que cuando se informa sobre un aspecto se trata de complementarlo “mirando el otro lado”.


2.    Señalamiento de las soluciones, junto a la presentación de los problemas especialmente cuando ya hay ejemplos de esas soluciones, y más aún cuando son producto de previsiones de medidas adoptadas a tiempo y que evitaron males mayores. Se ha hablado y publicado bastante de la irresponsabilidad, o el desconocimiento con que se construyeron represas como la de Assuán en Egipto, constituida hoy en un enorme monumento a la imprevisión en los programas de desarrollo. Pero desde entonces son varias las obras emprendidas, en diversos lugares del mundo, midiendo previamente el impacto de éstas en el medio ambiente y adoptando medidas en consecuencia. De éstas también hay que hablar.
(III Congreso Iberoamericano de Medio Ambiente, Santiago de Compostela, 25 de junio de 1981. Autoría compartida por Antonio Magariños Compaired y Tito Drago).

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