La contaminación radiactiva en el mar se transmite a través de unas relaciones completas, que llevan sus efectos desde las algas hasta los hombres. La cuestión de los vertimientos de residuos radiactivos en los océanos tiene una larga historia, que comenzó con los experimentos nucleares en los atolones del océano pacífico, en Siberia y en el Desierto de Arizona.

   Los océanos recibieron descargas directas, algunas veces secretas, de basura radioactiva, pero los mares son siempre la última instancia, los receptores de todos los vertimientos, que le llegan a través de la atmósfera o de los ríos, afirma el biólogo marino Santiago Olivier. El científico, quien está dirigiendo un programa de control de la contaminación de la Bahía de La Habana, llegará a España la próxima semana, para participar en un seminario sobre vertimientos radiactivos en el mar, que se celebrará en Vigo, Galicia, del siete al nueve de septiembre.

   La ecología marina se plantea estudios apasionantes, para conocer las intrincadas cadenas y tramas trópicas de alimentación que constituyen la estructura del funcionamiento de los ecosistemas oceánicos. Olivier, un argentino que dictó cursos y conferencias en universidades de Chile, Brasil, Uruguay, Colombia, Venezuela Honduras, México, Estados Unidos, Canadá y Francia, estudia el camino que recorre la energía solar que, después de ser fijada y transformada en energía química por los vegetales, se disipa en forma de calor.

   En esa síntesis compleja de materias orgánicas también quedan atrapados elementos contaminantes, como el petróleo, pesticidas, herbicidas órgano clorados y sustancias radioactivas. “Todos estos compuestos son transferidos,, parcial o totalmente, a animales herbívoros y éstos a carnívoros… y el hombre”, señala Olivier. La sociedad apenas conoce lo que ocurre en el fondo de los mares, que los que se estudiaron solo una parte de sus especies. La creencia de que los océanos son una riqueza inagotable, que su enorme masa de agua es capaz de resolver todo tipo de elementos y en cualquier cantidad, recién comenzó a ser cuestionada en los últimos años.

   En ese cuestionamiento, de la constatación de que se están produciendo daños que pueden llegar a ser irreparables, surgieron programas de investigación y planes de acción. El programa de las Naciones Unidas para el medio ambiente (PNUMA), está ejecutando proyectos para salvar y preservar mares regionales. El más famoso de estos programas es el del Mar Mediterráneo, que pretende restituir al “Mare Nostrum” la limpieza y el esplendor de sus mejores días. El más reciente es el plan de medios del Gran Caribe.

   En la Bahía de la Habama, Oliver trabaja en el control de la contaminación, un proyecto del Pnuma que incluye la formación de personal técnico-científico, la organización y equipamiento de laboratorios especializados, la formulación de un diagnóstico sobre el estado de la bahía y recomendaciones al gobierno sobre medidas adecuadas para su saneamiento. De las cosas que ya se saben sobre el mar, llama la atención que la alga marina “Sargassun” parece ser el colector más eficaz de plutonio, uno de los elementos de más alta radiactividad.

   Un estudio, referido por Olivier, de éstas algas en el Mar de los Sargazos demostró que su biomasa había acumulado 0.2 curios de Plutonio, una cantidad considerada alta. Esas algas, cuando mueren, son arrastradas hacia las costas con su respectiva carga radiactiva. En las aguas costeras de Windscale, Gran Bretaña, se realizan vertimientos de residuos radiactivos líquidos y las autoridades sanitarias de la región incluyeron un tradicional Pan de Algas entre los productos cuyo consumo está prohibido.

   Otro estudio determinó que los mejillones “Mytilos Edulis” o tienen las mismas concentraciones de plutonio en su cuerpo y en su concha. Esto sugiere que esos mariscos asimilan con rapidez el plutonio a través del Manto, que es uno de loso órganos que intervienen en la captura de alimentos y en la formación de la concha, según Olivier. El científico adelantó que expondrá éstos y otros casos a los seminarios que, convocados por el Centro Internacional de Formación en Ciencias Ambientales (CIFCA), se reunirán en Vigo para examinar con amplitud el tema de los vertimientos radiactivos en el mar.  (IPS Madrid, 5-9-1985).