Reafirmamos la importancia de la educación y de la toma de conciencia pública. Por lo tanto nos comprometemos a respaldar totalmente lo0s esfuerzos que busquen aumentar el conocimiento y la adhesión pública a los procedimientos ambientalmente idóneos”. (Declaración de los presidentes de los países amazónicos, Manaos, 11-2-1992).

La opinión pública influye cada vez más en los procesos sociales y en los mecanismos para la toma de decisiones. Los gobiernos de la mayoría de los países del mundo y con mayor fuerza cuanto más desarrolladas están sus sociedades, es habitual consultar mediante encuestas el estado de opinión pública antes de proponer leyes o adoptar medidas. Hay veces que se piensa que por encima de los programas y compromisos electorales mandan las encuestas de opinión.

Así como esta influencia se fortalece, también se diluye lo que se considera opinión pública y al mismo tiempo se tornan más complejos los mecanismos para su formación y expresión. Por el juego de intereses de todo tipo y por los problemas para acceder a la comunicación de masas, lo menos que se puede decir es que la participación de los ciudadanos es imperfecta y que en muchos casos se reduce a apretar el botón de mando para cambiar de canal o a la compra o no de periódicos.

En este módulo trataremos de analizar el papel de la comunicación social en la educación no formal y en el desarrollo, las diferencias entre noticias e información y las técnicas del tratamiento de la información periodística en y para los medios, en especial cuando está relacionada con el desarrollo y el medio ambiente.

Casi como un símbolo, los presidentes de los ocho países que comparten la región del globo que se convirtió en el centro mundial de la discusión ecológica, la Amazonia, señalaron en su declaración de manteos que “Un planeta ambientalmente sano debe corresponderse con un mundo social y económicamente justo. Para lograr este objetivo es fundamental transformar conductas y modelos de desarrollo y patrones de consumo no sustentables”.

La transformación de las conductas y de los modelos de desarrollo y de patrones de consumo es imposible sin cambios en la opinión pública y sin que ésta pueda formarse con la efectiva, democrática y plural participación de los ciudadanos.

Sin una conciencia social que haga compatibles la necesidad del desarrollo integral con la preservación del medio ambiente, será imposible encarar de verdad los problemas ambientales, con vocación de generar soluciones racionales y con vistas de largo plazo.

Esa es una tarea en la que deben cumplir su papel los periodistas, con conocimiento de causa, fines y objetivos, pero no sólo a ellos les compete, ya que es una responsabilidad compartida por todos aquellos involucrados en el proceso. Una falsa noción de lo que significa la independencia profesional de los periodistas y de la  libertad de expresión puede derivar en que las acciones para influir en los medios y a través de ellos en la opinión pública, quede solo o mayoritariamente en manos de sectores interesados prioritariamente en obtener ganancias rápidas antes que en asegurar el porvenir.


Los medios en la educación no formal   


El científico Mario Bunge afirma que “No demos por sentado que todos los adultos son alfabetos. Incluso en los Estados Unidos se estima que uno de cada cinco adultos es analfabeto funcional. Ni confiemos en que los conocimientos que adquirimos hoy nos servirán toda la vida, porque en un mundo que cambia tan rápidamente como el nuestro la esperanza de vida de la mayoría de los conocimientos científicos y técnicos es sólo de unos cinco años. No es que la verdad no exista, sino que suele ser aproximada y reemplazable por  una mejor aproximación, o bien por una verdad más pertinente. Por estos dos motivos es preciso intensificar la educación de adultos”. .

Bunge pone el acento en la relatividad de los conocimientos y en su constante renovación, para concluir que es necesario intensificar la educación de los adultos. Cabe agregar que una de las formas más influyentes que asume esa formación es la comunicación social, no sólo en los adultos pero sí fu7ndamentalmente en ellos.

El educador Miguel Ángel Escotet, ex secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), sostiene que “En base de toda acción educativa está la comunicación. De ahí que se afirme que en su aspecto relacional, constituye el problema central de toda la pedagogía”.

La educación no formal que llega a través de los medios, informadora y formadora de opinión pública, desempeña un papel de relieve en los procesos en desarrollo. Los medios siempre educan, para bien o para mal. El discurso que pretende un papel inocuo para los medios esconde, en la realidad, la elusión de responsabilidades en unos casos, la creencia de que las cosas ocurren porque sí o la intención de perpetuar un determinado modelo de comunicación que responde, a la vez, a un modelo determinado de producción, distribución y consumo.

El desarrollo económico que dio nacimiento a la sociedad moderna tuvo en los periódicos uno de sus resortes fundamentales. Sería imposible reconocer a aquella sociedad librecambista que estuvo en la base de la pujanza del capitalismo en sus albores, sin sus medios de expresión libres. De la misma manera, la sociedad actual sería igualmente irreconocible sin el sistema de comunicación social transnacional, que reproduce 3e incita a reproducir un modelo consumista, aunque no haya condiciones para que todos lo puedan abordar.

Un ejemplo se puede derivar de la información y la publicidad (dos aspectos de la comunicación social que deben ser analizados individualmente y en conjunto) sobre los automóviles. Es difícil encontrar un medio, tanto en el Norte industrializado como en el Sur subdesarro9llado, que no dedique abundante espacio informativo y que no recoja la correspondiente publicidad incitando a la compra de más coches, privilegiando su uso sobre el de los transportes colectivos.

Con la población mundial actual, si en todos los países se lograran las metas implícitas o explícitas de todos los programas de gobierno y suponiendo que en todos los países los modelos de consumo se mantuvieran de acuerdo a lo que ocurre hoy en los Estados Unidos, Europa y Japón, el resultado llevaría a contar con unos tres mil millones de coches privados..

El reputado ecologista y secretario nacional del Medio Ambiente de Brasil, José Lutzenbergere, autor del cálculo precedente, añadió que cuando la población mundial alcance los diez mil millones de habitantes, alrededor del 2020 o del 2030 y si se siguiera aplicando, con éxito el mismo modelo de desarrollo, la previsión sería de unos siete mil millones de coches. Una cifra que aterra el solo pensar que ya son demasiados los 350 millones de coches que existen en la actualidad.

El economista y escritor español José Luis Sampedro indicó que el problema del consumismo y la proliferación de bienes que se convierten en metas por sí mismos, más allá de sus real utilidad o necesidad en la vida cotidiana del consumidor, no es solamente un fenómeno económico sino que tiene un claro origen cultural, expresado en la propagación y asunción de esquemas y valores por la sociedad.

Si esa propagación debe ser cuestionada en el Norte, ¿qué queda para el Sur? En el Tercer Mundo, donde habitan las tres cuartas partes de la población mundial, los medios de comunicación social siguen propagando noticias, comentarios, opiniones, publicidad, novelas, películas y fotografías importadas del Norte, ilustrando metas de un consumismo, inalcanzables para ellos y destructivo para los industrializados. Es patético ver los anuncios de espléndidos automóviles de lujo en países donde faltan carreteras y transportes públicos, de lavadoras de ropa superautomáticas en regiones de mayorías andrajosas, de televisores en colores y por cable donde los analfabetos se cuentan por millones, de bebidas de lujo importadas y refrescos que pagan “royalties” incluso donde falta el agua potable y campea la des nutrición.

El editor jefe del Servicio Especial de las Naciones Unidas Chakravarti Raghavan, afirmó que  “La supervivencia de la sociedad de consumo y de un sistema industrial en expansión requiere que se cultive una conciencia falsa de las realidades sociales, económicas y políticas, pues sólo así puede permanecer estable y expandir constantemente la producción y el consumo”.

La creación de demandas copiadas de otros países, o la creación de demanda artificial, no sólo vulnera las identidades culturales nacionales, sino que en el caso de los países subdesarrollados acerca demasiado la cerilla a la  mecha de un polvorín donde la mezcla explosiva surge de la comparación entre la miseria cotidiana y la ilusoria riqueza ofrecida o “vendida” por los medios.

El sistema de libre empresa dominante en la comunicación social que, en la realidad, es la libertad para unos pocos empresarios, requiere de la publicidad para subsistir. Pero ésta, indica Heriberto Muraro, “no consiste en proponer al público la adopción de una marca o producto determinado, sino todo un estilo de vida, un conjunto de fines y valores normativos”.  Desde luego que la solución no está en la estatización de los medios ni en el control público de la comunicación, sino en la búsqueda de caminos y vías de participación, diversificación y descentralización, algo que no podrán hacer solos los profesionales del periodismo y que exige una actividad sistemática de los sectores involucrados en los procesos sociales.

Si bien no siempre libertad de empresa es sinónimo de libertad de información y en muchos casos significa lo contrario, lo cierto es que el concepto mismo de la libertad de expresión y de información es una de las mayores conquistas de la sociedad y que toda modificación debe ser realizada para ampliar el ejercicio de ese derecho y no para restringirlo.

Como veremos más adelante, no se trata de imponer, de ninguna forma y mucho menos a través del poder del Estado, que los medios de comunicación social “eduquen” o informen “a favor” de la preservación del medio ambiente y del equilibrio necesario entre desarrollo y medio ambiente. Por ese camino no sólo se atentaría contra la libertad de expresión, sino que solo se conseguiría una comunicación social tan aburrida e ineficaz como la que existía en la ex Unión Soviética y en sus países dependientes.


Información y comunicación social    


A menudo se suele utilizar el término “información” como sinónimo de “comunicación social”. En los últimos años este último concepto comenzó a adquirir un significativo diferenciado del primero.

Según Roberto Savio, director general de la agencia Inter Press Service, que se caracteriza por una amplia y sistemática cobertura de las cuestiones ambientales, “la información es una estructura vertical no interactiva, a través de la cual un número reducido de personas comunica --o más bien informa— datos, información o ideas a un gran número de receptores”.

Ese concepto de información, tradiciones y dominante en nuestros días se caracteriza por:
    Tener un único sentido de transmisión, de emisoras hacia receptores.
    Ser vertical y minoritario, por transmitir informaciones desde un pequeño hacia un gran número de personas y desde arriba hacia abajo.
    Establecer un poco activo (el emisor) que decide qué es noticia y qué no  y unos pasables (el receptor) que carece de capacidad de decidir qué es noticia y que a menudo ni siquiera tienen la posibilidad de elegir el mensaje que desea recibir.
    Privilegiar los hechos sobre el proceso y la noticia sobre el contexto y el análisis.
    Atribuir más importancia a la cantidad de noticias que a  la pertinencia y comprensibilidad de la información. Como se demostró en la Guerra del Golfo, el “bombardeo” de noticias, aunque se transmitan en vivo y en directo, puede derivar en una desinformación manifiesta.

Por contraposición a ese esquema anticuado de información, surge la diferenciación del concepto de comunicación social, el cual, en una situación ideal debería caracterizarse por eliminar la pasividad. La comunicación, para merecer tal nombre, debe tener dos sentidos de transmisión, de ida y de vuelta, en un sistema donde los intervinientes sean a la vez receptores y emisores, aspecto que contribuye a resolver de una manera más plural y democrática qué es y qué no es noticia. La comunicación privilegia el proceso sobre los hechos y el contexto sobre la noticia.

Como ejemplo se puede mencionar que en el periodismo tradicionalmente se decía que si un perro mordía a una persona no era noticia, pero que si era la persona la que mordía al perro ese hecho se constituía en noticia. Ese concepto lleva a convertir en titular el descuartizamiento de una persona por un alienado o por un criminal y a silenciar el “holocausto silencioso”, calificado así por el estadounidense George Kent y que consiste en la  muerte por hambre de más de catorce millones de niños al año, 40.000 cada día.

Esa información sobre los 14 millones de niños muertos cada año, “no son grandes noticias, sólo mal nutrición; alguna infección; diarrea en un cuerpecillo incapaz de retener el agua; deshidratación, debilitamiento general del cuerpo, y después una u otro germen da el golpe final”. (Johan Galtung).

La degradación del medio ambiente, que es una sucesión e interacción de hechos y omisiones con unas causas y derivaciones sociales complejas, pocas veces es analizado como un proceso. La contaminación de la atmósfera no se produce de 7un día para el otro, sino que es el resultado de miles y millones de emisiones contaminantes, pero sólo se convierte en noticia, en titular, cuan do se declara una zona en emergencia o cuando un científico comunica una drástica reducción del ozono en las capas altas de la atmósfera.

La desforestación de los bosques tropicales suele ser presentada como una película de malos y buenos, donde los buenos son los países industrializados, que exigen a los del Sur (los malos) que se abstengan de hacer ahora lo que ellos hicieron antes con sus propios bosques. Esa información deja de lado la relación entre el subdesarrollo y la deforestación (“La peor contaminación es la pobreza”, dijo Indira Gandhi) y no se refiere a la voracidad de los mercados de Europa, Japón y los Estados Unidos por las materias primas del trópico.

Un enfoque maniqueo de los problemas, en el que los culpables siempre son los otros, aparte de falsear la realidad contribuye a que los ciudadanos eludan su propia responsabilidad. Si el culpable es “el otro” resulta evidente que se puede firmar un manifiesto contra la deforestación de la Amazonia y al mismo tiempo apoyar políticas, en Europa por ejemplo, que mantienen relaciones comerciales discriminatorias para los países amazónicos y precios bajos para sus productos, lo que de manera indirecta contribuye a aumentar la presión sobre la Amazonia.


Medio ambiente y comunicación social   

La relación entre los ambientalistas y el periodismo es similar a la que el brasileño Manuel Chaparro9, de la Escuela de Comunicación y Artes de la Universidad de San Pablo, atribuye a los científicos y periodistas.

Éstos, dice, “ven el mundo por ópticas propias, se orientan por objetivos diferentes y actúan bajo motivaciones antagónicas. Por esas y otros motivos no hablan el mismo lenguaje”. Chaparro añade que “cuando el hecho científico (en nuestro caso deberíamos decir también el ambiental) adquiere la dimensión de noticia, la información sale del universo y del control de los científicos, para ingresar en los procesos de producción periodística, y cuyos criterios y objetivos aunque diferentes no son necesariamente incompatibles con las finalidades de la ciencia”. Podríamos añadir que tampoco lo son con los objetivos ambientalistas o ecologistas.

No se trata de que los periodista se conviertan en especialistas en medio ambiente, sino de que manejen la información suficiente como para introducirse en los procesos que vinculan al desarrollo y al medio ambiente, una tarea en la que tienen una re