La crisis de las vacas locas que está en auge en Europa y el brote de aftosa atentan contra la supervivencia de las águilas reales y de otras aves carroñeras, dijo hoy a IPS Theo Oberhuber, secretario general de la organización no gubernamental Ecologistas en Acción.

     La detección de nuevos casos de animales afectados por la Encefalopatía Espongiforme Bovina (EBB) y la irrupción de otra enfermedad, la fiebre aftosa, desató una serie de medidas en toda la Unión Europea (UE), que incluyen el sacrificio y la incineración de miles de reses.

    Según las normas dictadas por la UE, que entrarán en vigor el primero de marzo, los cadáveres procedentes de cualquier tipo de explotación ganadera y que no sean destinados al consumo deberán ser incinerados.

   Los problemas ya no afectan sólo a los bovinos y ovinos. Este miércoles se informó que 540 cerdos importados a España desde Gran Bretaña serán incinerados, porque provienen de una zona afectada por una epidemia de aftosa.

   Oberhuber señala que el 15 por ciento (unas 10.000 toneladas) de los desechos animales que se producen normalmente es eliminado de manera eficiente y ambientalmente correcta por las aves carroñeras que los consumen.

   Si esos animales no consumieran las reses muertas se podrían producir problemas ambientales y de salud y bienestar públicos, añadió.

   Pero, también, si los animales muertos y los desechos resultantes son incinerados, “se pondrá en evidente peligro a las poblaciones de aves necrófagas, pues las carroñas procedentes de la ganadería suponen entre el 60 y el 80 por ciento de la alimentación de estas especies”, puntualizó Oberhuber.

   Las poblaciones de aves carroñeras censadas en España constituyen la mayoría de cada una de las especies en Europa. Ellas oscilan entre el 98 por ciento del buitre negro, el 80 por ciento de los alimoches, el 80 por ciento de los quebrantahuesos, el 90 de los buitres leonados, la mitad de las águilas reales y la totalidad de las águilas imperiales ibéricas.

   Ecologistas en Acción reunió esta semana a un Grupo de Trabajo que analiza el problema y demandó que se dicten de manera urgentes normas específicas que legalice a las rapaces necrófagas como uno de los sistemas de eliminación de cadáveres de otros animales, siempre y cuando existan las garantías sanitarias pertinentes.

   Además destacó la necesidad de crear una red nacional de puntos de alimentación para esas especies, coordinada y adaptada en cada región a las necesidades de esa fauna. Por último, reclamaron que se legalice el abandono en la naturaleza de los cadáveres procedentes de la ganadería extensiva, cuando no exista riesgo sanitario.

   En el Grupo de Trabajo participaron representantes de Ecologistas en Acción, Adenex, Centro de Estudios Superiores Marcelo Spínola, Estación Biológica de Doñaña, Fondo de Amigos del Buitre, Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, Fundación para la Conservación del Buitre Negro, Grupo para la Recuperación de la Fauna Autóctona, iberis y el Instituto de Investigación de Recursos Cinegéticos.

    La fiebre aftosa, cuya existencia años atrás en países de América del Sur fue esgrimida para bloquear en Europa la importación de carne vacuna, se está propagando ahora en esta región.

    Ahora, científicos como Manuel Rodríguez, decano de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupan de subrayar que esa enfermedad no afecta a las personas.  
  
    Al contrario de la EBB, que puede producir la enfermedad de Creutzfeld-Jakob, que solía afectar sólo a mayores de 55 años y era muy rara en todo el mundo hasta 1996, cuando se detectó su conexión con el mal de las vacas locas en Gran Bretaña, donde murieron 81 personas por esa causa desde entonces.

   Los primeros síntomas incluyen temblores, nerviosismo, falta de memoria, pérdida del equilibrio, alucinaciones y debilidad. Las víctimas pasan con rapidez a un estado en el que no pueden caminar ni hablar.

   La encefalopatía espongiforme bovina, atribuida a la ingestión por las reses vacunas de harinas animales infectadas, integra un grupo de enfermedades infecciosas poco conocidas que afectan a humanos y animales.

   Esta encefalopatía, al igual que el scrapie, su equivalente en las ovejas, no es causada por virus o bacterias, sino por un agente conocido como proteína "prion" que, según se cree, produce una lenta reacción bioquímica que modifica las moléculas de proteína del cerebro.

   Como consecuencia, el cerebro adquiere la consistencia de una esponja, con resultados siempre fatales. Los "priones" no parecen provocar respuesta inmunitaria alguna en las víctimas, son muy estables y pueden resistir temperaturas extremas, radiación y antisépticos que matarían a otros agentes infecciosos. (IPS-Madrid, 28-02-2001).