Unos “fragmentos caídos al roce del tiempo” del desaparecido poeta chileno Pablo Neruda, fueron recuperados y serán exhibidos al público a partir del viernes 23, en esta capital.

Un total de 61 manuscritos -45 cartas y 16 poemas- que el poeta envió entre 1923 y 1955 a la que fue entonces su novia e inspiradora durante décadas desconocida de sus célebres “20 poemas de amor y una canción desesperada”, Albertina Rosa Azócar, integran una muestra que incluye también fotografías, pipas y dibujos.

La mayoría de esos poemas se incluyeron en “el hondero entusiasta”, “20 poemas…” y “residencia en la tierra”. En una nota del autor, que inicia “el hondero entusiasta”, Neruda advirtió que esos versos eran parte de una producción mayor y que los faltantes “se extraviaron para siempre” o se les cayeron “fragmentos al roce del tiempo”.

El celo con que Albertina Rosa guardó esos manuscritos, la casualidad y la vocación literaria del ex ministro y actual presidente del Banco Exterior de España, Francisco Fernández Ordóñez, hicieron posible el conocimiento de documentos que ilustran una etapa de la vida del extinto premio nobel de literatura.

La exposición tendrá un catálogo, con escritos del escritor español Vicente Aleixandre, también premio nobel, de Albertina Nega y de Fernández Ord. Albertina Rosa relata como conoció a Neruda en el instituto pedagógico de Santiago de Chile. “A mi hermano no le gustaba (Neruda) porque mi familia era muy conservadora y los poetas tenían mala fama. Además, Pablo era muy delegado, taciturno, de cara vacilante, iba muy abrigado con capa, porque su padre era ferroviario y entonces les daban unas capas enormes, largas…”.

Su intercambio postal fue difícil: “yo tenía que sacar las cartas del correo a escondidas, porque en mi casa eran terribles para esto y me escondía también para escribirle y poner las cartas”. Después vino el distanciamiento, la ruptura, el casamiento de ella con otros y las cartas que fueron a parar a un desván, dentro de una caja.

Cuando enviudó volvió a Santiago y al arreglar su vivienda encontró las cartas que “tenía guardadas desde… toda la vida. Nunca nadie las había visto… y ahí estaban, casi rompiéndose por el tiempo. Si, cuanto tiempo: sesenta años, sesenta años…”.

Fernández Ordóñez, en una visita a Santiago de Chile realizada a principios de año, conoció a Albertina Rosa en una reunión de amigos, se enteró de la existencia de los manuscritos y, con la intención de asegurar su conservación y conocimiento, los adquirió para la fundación del Banco Exterior. Hacia fines de año, todos los manuscritos serán reproducidos de manera facsimiltar, incluyendo una imitación de los papeles originados y publicados en un libro que estaba fuera del comercio.

Aleixandre recuerda que fue Federico García Lorca quien le presentó a Neruda, en 1934: “Era alto, corpulento y aquella lentitud tenía algo de profundo y confiado. Desde sus ojos levemente abultados, su mirada otorgaba una luz que parecía tentar y reconocer”. “Cuanta posibilidad humana se adivinaba en aquella mirada apaciguadora/recuerdo su rostro alargado, la tex mate y la tranquilidad de una frase serena”.

Arriba, Neruda tenía un pelo laso, cansado que, si no era en longitud, en color y finura me traía la memoria de algunos imposibles indios de sus remotísimos Andes. Cuanta afable nobleza en su cercanía, aquella tarde primera de la amistad/cuanta delicadeza en la entrega de un libro, el anterior a su ´residencia´, que traía, sin duda, de Chile para sus nuevos amigos.

Las cartas fueron a veces sin firmar y otras con las signaturas de Pablo, tu Pablo, Neftali Ricardo, tu Paul o Ricardo. En sus misivas su ánimo aparece cambiante, unas veces calmo, otras enojado. En 1923, desde Temuco, le confiesa su pobreza y su desesperación por no tener dinero, en carta escrita sobre un recetario médico.

Otra vez, desde Puerto Saavedra, en el sur de Chile, le habla del mar y de su soledad y le anuncia que le enviará un caracol amarillo. Le cuenta cosas, como que robó un gato hermosísimo y le asegura que se peleó con sus otras novias. En 1924 le escribe que si no pasan ese año juntos será difícil que “volvamos a cruzarnos, luego, en la larga vida”. Insise reiteradas veces en que ella se reúna con él y se casen, le advierte que le enviará un “mensaje telepático” tdiciéndole que la ama. Hacia el final se suceden las cartas con reproches por nho contestar a las suyas.

En 1929, desde Colombo, le pide a Albertina Rosa que destruya sus cartas y le devuelve un retrato en traje de bengala. En mayo de 1932, desde Santiago, sobre un papel con membrete del Ministerio de Relaciones Exteriores le señala el “gran error” de ella por no casarse con él y le propone que olviden el mal que se hicieron y que sean amigos.

Entre los manuscritos hay también algunos inéditos, como uno escrito a mano con tinta verde, que dice: “Estos versos en frases gongorinas/ como escrito sobre una mariposa/ ha puesto nueva luz sobre las cosas/ una luz de pupilas albertinas”. En el original de un poema de “El hondero entusiasta”, figura el título, después abandonado, de “el flechazo entusiasta”, quizás el primero que pensaba en darle.

En el poema séptimo de ese mismo volumen, aparecen en el manuscrito unos versos que se omitieron en el libro: “Las olas de ternura que desde ti se arranca/ y que yo recojo/ queriendo ir hacia ti, queriendo huir de ti, en un anhelo loco/ decirme de quedarme, de irme, de quedarte,/ ante la marea de tus besos, de tu silencio de tus sollozos,/ e inmóvil y azotado bajo los cielos bruscos/ como un farallón húmedo, trizado y doloroso”.

La exposición presenta también el manuscrito del verso que la mayoría de los críticos de Neruda consideran como su mejor poema, el décimo quinto de los “20 poemas…”, que comienza con “me gustas cuando callas porque estas como ausente/ y me oyes desde lejos y mi voz no te toca/”.

En suma, un conjunto de cartas y poemas, escritos sobre papeles de diversa calidad y procedencia, tarjetas postales, guías de ferrocarril, recetarios médicos y otros. Muchas veces, con dibujos del autor. La apertura de la exposición será también un acto de homenaje a Neruda, muerto hacía diez años, día después de triunfar el golpe de estado contra Salvador Allende. (Buenos Aires,IPS/ 21-9-1973)

Tres centenares de expertos de la lengua castellana, provenientes de cinco continentes, decidieron hoy crear una “Asociación de Historia de la Lengua Española”, que tendrá sede en esta ciudad española próxima a la frontera con Portugal.

El académico español Rafael Lapesa fue designado presidente y los profesores Antonio Salvador Planes y Manuel Ariza, de la universidad de Extremadura, tesorero y secretario de la asociación, que no incluirá en su denominación el calificativo de “internacional” hasta que se resuelvan problemas legales, pero ya incluye entre sus miembros a hispanistas de todo el mundo.

El castellano o español, a pesar de sus diferencias nacionales y regionales, que en la mayoría de los casos lo enriquecen, se manifiesta como una lengua única a ambos lados del Atlántico, señalaron los expertos, quienes estuvieron reunidos toda esta semana en el primer congreso internacional de la lengua española.

El estudio de la historia del idioma es esencial para cimentar su pujanza y ayudar a que pueda enfrentar el desafío que para su desarrollo significa la aparición de la informática. Ésta por un lado provoca una mayor presión del inglés, pero al mismo tiempo es un instrumentos útil para la defensa del idioma, si se lo sabe utilizar a tiempo, señalaron.

El académico Fernando Lázaro Carreter señaló que en las dos últimas décadas, unida a la revolución tecnológica se produjo una revolución en el lenguaje, con la incorporación de nuevos términos. Lázaro Carreter se pronunció a favor de la aceptación de términos provenientes de otras lenguas, siempre y cuando no tengan su equivalente en castellano.

El boliviano José García Antezana, profesor en la universidad Simón Frazer de Canadá, explicó como utiliza ordenadores (computadores) para estudiar la historia de la lengua, en su ponencia “Morfosintaxis de haber y tener en el libro del buen amor”.

El computador, dijo, se puede usar para identificar o comprobar escritos antiguos, en base al análisis de la estructura de la escritura de otros textos de la época con autor reconocido y su comparación con el que esté todavía sin identificar, aunque se sospeche su autoría.

El profesor peruano José Luis Rivarola, de la Universidad Católica de ese país, afirmó que la lengua española tuvo dos momentos cruciales: la época alfonsí (por el rey Alfonso el Sabio) y la de la expansión atlántica (por la propagación en América). “En la época Alfonsí el castellano experimentó una decisiva ampliación funcional con el cultivo en gran escala de la prosa historiográfica, jurídica, didáctica, científica y recreativa”.

En esa época, además, “se fijó –de manera implícita y en el uso mismo que se hacía del idioma en los textos emanados de la cancillería real o vinculados a ella-, una norma lingüística que tuvo uno de sus principales componentes en la fijación ortográfica. La castellanización de América constituye el otro momento crucial de la historia de nuestra lengua, en término de su significado como fenómeno de transculturación y como proceso de absorción de nuevos contenidos culturales y de ensanchamiento del acervo idiomático”.

En América, el castellano “no solo amplió su horizonte geográfico sino que se puso otra vez a prueba en su capacidad para adaptarse a nuevas necesidades expresivas sin desbordar su cauce tradicional.  Por ello, la historia de la lengua española es, en grande y sustancial parte, su histórica en América, pero esta historia está aun por escribirse y por enfocarse en su estrecha relación con la europea, de tal manera que se corrija la situación actual. Esta situación hace aparecer al castellano de América como una especie de apéndice dialectológico y rechazo que sea así”.

Añadió que “la historia del español tiene aun bastante que esperar de las fuentes americanas, muchas de las cuales aguardan en el rincón de algún archivo a alguien que las desempolve y les arranque la dormida música de la lengua antigua”.

Rivarola contó una anécdota para ilustrar su afirmación. Hace unos años se descubrió el manuscrito de “La crónica del Perú” de Pedro de Cieza de León. En las ediciones anteriores se hacía decir a Cieza que unos indios salvajes, que peleaban aullando en lenguas extrañas luego de matar a sus enemigos les tomaban a sus mujeres e iban triunfando (correcto: triunfando) a lo alto de los cerros donde tenían sus castillos y allí hacían sus sacrificios a los dioses.

El nuevo manuscrito trae en vez de “trufando” (que los editores interpretaron como “triunfando”) el vocablo “trufando” (correcto “trufand´”) con lo cual la frase adquiere su pleno sentido. Ese “trufando” es el gerundio de “trufar”, verbo derivado de “trufa” (chanza o tontería), con lo cual la frase adquiere su pleno sentido. Ese “trufando” es el gerundio de trufar, verbo derivado de “trufa” (chanza o tontería), con lo cual en el nuevo texto se dice que los indios se iban haciendo burlas o chanzas a sus vencidos.

Rivarola también destacó que con los estudios de la historia de la lengua se pudo comprobar “como se fue formando la conciencia americana acerca del seseo (correcto seseo) como rasgo específicamente criollo y como hubo a lo largo del siglo XIX una larga pugna con la pronunciación interdental, favorecida ésta por grupos tradicionalistas y conservadores”. (Cáceres, España, 4-4-1987)

Los españoles y los latinoamericanos de habla hispana en muchos casos no solamente emplean diversas palabras para decir lo mismo,  sino que además las pronuncian de manera distinta. Uno de los ejemplos más claro es la pronunciación de los argentinos y uruguayos, que dicen “cayáte” en vez de “cállate” como lo hacen los españoles. Entre rioplatenses es normal decir “vos” en vez de “tú”, de la misma manera que para preguntarle a alguien por su país de origen le dicen “¿De dónde sos vos?”, que traducido al español de España sería: “¿De dónde eres tú?”.

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