Mario Benedetti se ha ido pero nos ha dejado un gran legado, millones de letras enlazadas en las que ha depositado, con pluma fina,  su amor por la poesía, la literatura y el periodismo y su compromiso con la libertad y la democracia.
Nacido en Tacuarembó, Uruguay en 1920, pasó muchos de sus años alternando su residencia entre su país y España, donde se asiló tras huir de la dictadura que asoló a todo el Cono Sur de América Latina, una de las pocas que sufrió su “paisito”,  conocido entonces como “la Suiza de América”.
Mario Benedetti falleció, pero seguirá vivo junto a quienes tuvimos grandes y amistosas relaciones con él, ya que no podremos olvidar nunca todo lo que aportó al mundo de la cultura, una obra tan grande y contradictoria como su propia personalidad. Escribió decenas de libros, varios de ellos traducidos a más de 20 idiomas.
Ya era un conocido autor de novelas, cuentos, poesía, canciones, ensayos guiones de cine y teatro, cuando decidió incursionar también en el género periodístico. Tengo en mi mente las entrañables conversaciones que mantuvimos cuando, viviendo en España, en los 70 y 80,  colaboró con nuestra agencia Inter Press Service (IPS) y pasaba por nuestra oficina algunas tardes para dejarnos sus artículos. En esos encuentros comentábamos lo que sucedía en el mundo, especialmente en nuestras querencias del Cono Sur y aunque a veces discutíamos, -algunas no muchas-, porque interiorizábamos demasiado las cosas y llegábamos a disentir en detalles de algunos análisis, el final era el mismo: Nos despedíamos con un gran abrazo y el deseo repetido, una y mil veces, de que en nuestra tierra volviese pronto la libertad.  En España también escribió para el diario El País.
Fue su compromiso político lo que lo llevó a estudiar profundamente la situación social de Uruguay y de los demás países de América Latina alcanzando conclusiones que reflejó en “Poemas de la oficina” (1956), un libro en el que mostró la crisis que sufría la pequeña burguesía uruguaya y que fue el primer escalón de una larga escalera de obras de gran calidad literaria y a la vez de sólido contenido político.
Cuatro años después publicó su primera novela, “La tregua”, que se convirtió en un best seller en su país y lo dio a conocer en todo el mundo, ya que de inmediato fue traducida a varios idiomas, uno de ellos el chino y que lleva ya 175 ediciones registradas.
En este libro, Benedetti puso de manifiesto su inconfundible estilo, una narrativa que impulsa a los lectores a reflexionar y a identificarse con alguno de sus personajes y repudiar a otros. En “La tregua” esto se refleja en el diario del protagonista, un anciano que se enamora perdidamente de una joven compañera de trabajo, la que pronto enferma y muere, dejando trunca la historia de amor. Catorce años más tarde, en 1974, esta novela fue llevada al cine por el también uruguayo Sergio Renán.
En otra de sus apreciadas obras, “Gracias por el fuego”, profundizó dramáticamente sobre la vida y los negocios del mundo del periodismo y la política. Escrita en 1963, fue finalista del premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral, pero no pudo ser publicada porque la censura franquista lo impidió. No obstante,  adquirió también gran resonancia en todo el mundo, aunque recién salió a la luz en España en 1974.
Pero Benedetti no sólo se comprometió con la política a través de la pluma, ya que en 1971 integró la dirección del Movimiento castrista 26 de Marzo y apoyó con firmeza a la Revolución Cubana.  Ese mismo año, en plena efervescencia militante en toda América Latina, dedicó su poemizada novela “El cumpleaños de Juan Ángel” al líder guerrillero uruguayo Raúl Sendic, lo que lo llevó al exilio para evitar caer en las garras de la dictadura imperante en su país, preso o a engrosar, con toda probabilidad, el número de desaparecidos bajo aquella dictadura.
En España, Benedetti contactó también con Juan Manuel Serrat, con quien colaboró en 1985 para editar el disco “El Sur también existe”, una musicalización de su obra que iniciaron años antes sus compatriotas Daniel Viglietti y Nacha Guevara. Los lazos creados por estos trabajos compartidos cuajaron en un respeto mutuo muy profundo. Al enterarse de su, además de manifestar su pena, Viglietti precisó que éste siempre aplicó un “rigor crítico”, incluso consigo mismo, y que en él "el ejemplo de cohesión, de imposibilidad de separación entre obra y ser es fuertísimo, y el que separe el ser opinante, comprometido, cariñoso, generoso de la obra, no lo entiende y desvía la imagen de Mario",
Benedetti obtuvo los premios Etnosur, Internacional Menéndez Pelayo, Reina Sofía y Morosoli de Oro,  así como la Orden de Saurí y la Condecoración Francisco de Miranda. Al fallecer, con 88 años de edad, el gobierno uruguayo dispuso un día de duelo nacional y los parlamentarios del país facilitaron la sede del Palacio Legislaltivo para velar sus restos, depositados luego en el Panteón Nacional, donde fueron sepultados con honores de Estado. (Madrid, 7 de junio de 2009).

Mario Benedetti, poema sobre el bombardeo de Hiroshima,
escrito al cumplirse 40 años del mismo.

Cuadragésimo Aniversario
Ahora en buena hora
con cielo transparente y suave clima
el mundo conmemora
aunque el pasado oprima
estos cuarenta agostos de Hiroshima.
Los nipones hicieron
un survey escolar de varios usos
y los niños dijeron
sin mostrarse confusos
la bomba fue arrojada por los rusos.
Si se atiende al alcalde
de la misma ciudad a la que exhuman
quizá todo fue en balde
sus palabras abruman
mas no menciona ni una vez a Truman.
Los muertos son ceniza
Occidente da dólares y apoyo
Oriente olvida aprisa
ya salvado el escollo
la bomba es un factor de desarrollo.

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