Antonio Tovar, el lingüista español que más estudió las lenguas autóctonas de la América Latina, murió hoy en esta capital a la edad de 74 años. El filósofo José Luis López Aranguren, afirmó al dar a conocer la noticia que el desaparecido es el más grande lingüïsta español de todos los tiempos. Era catedrático y miembro de número de la Real Academia Española de la Lengua.


   Su trabajo más conocido es el “Catálogo de las lenguas de América del Sur”, donde reunió información sobre dos millares de lenguas y dialectos de aquél continente.


   De muy joven se hizo conocer públicamente al asumir la presidencia de la Federación Universitaria Escolar y siendo muy joven se integró a una organización republicana y al mismo tiempo se incorporó a una que respondió a Francisco Franco, pero muy pronto la abandonó. En 1942 asumió la cátedra de latín en la Universidad de Salamanca, en la que enseñó e investigó todo lo que pudo sobre la lengua española. Asimismo creó la primera cátedra de literatura vasca, pero lo que más le interesó fue el ser profesor en dos universidades argentinas, en las que además de trabajar estudió las lenguas indígenas de ese país.


   Después pasó a Estados Unidos (1960-61) y en 1965 ganó la cátedra de latín de la Universidad de Madrid que ejerció una vez regresado a Madrid, donde quedó poco tiempo porque al régimen atacó con mucha fuerza estudiantes y profesores democráticos, lo que produjo la expulsión de varios de ellos, entre ellos Enrique Tierno Galván, él los defendió y regresó a Estados Unidos hasta 1967, cuando se trasladó a Alemania donde trabajó hasta jubilarse en 1979. Como científico estudió y habló una docena de idiomas entre ellos los de indígenas latinamericanos. (IPS Madrid, 17-4-1996).

   El poeta español Rafael Alberti ganó hoy el Premio Cervantes 1983, considerado el Nobel de la literatura castellana, con el beneplácito de escritores latinoamericanos. Un jurado presidido por el ministro de cultura, Javier Solana, adjudicó el galardón al autor de Marinero en Tierra, después de un polémico trámite, en el que quedaron como finalistas principales los escritores Camilo José Cela, español y Arturo Uslar Pietri, venezolano.

   “Finalmente se hizo justicia”, dijo a IPS el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, quien ganó el mismo premio en 1980. “Por la trayectoria de Alberti, éste es un premio compartido también por los latinoamericanos”, expresó otro escritor uruguayo, Mario Benedetti. El premio está dotado con el equivalente de 65.000 dólares, pero su mayor atractivo consiste en que cada año lo entrega el rey Juan Carlos en persona y que las academias latinoamericanas presentan candidatos y tienen una representación simbólica en el jurado.

   En el jurado la administración española tiene una presencia decisiva, ya que de ocho miembros cuatro son funcionarios públicos y entre ellos el ministro de cultura, que lo preside y tiene además voto de desempate. En los dos últimos años, bajo el gobierno del conservador Leopoldo Calvo Sotelo, el voto de la administración estuvo influido por prejuicios políticos, que perjudicaron a los finalistas Rafael Alberti  y José Bergamín, fallecido éste hace pocas semanas.

   Rafael Alberti fue propuesto por la Academia Colombiana de la Lengua, con una comunicación que fue discutida por haber sido corregida 27 días después de cerrado el plazo para recibir candidaturas. El jurado tuvo  hoy a su disposición un informe jurídico del Ministerio de Cultura, que dio por válida esa presentación. Cela fue propuesto por la Academia Española de la Lengua y Arturo Uslar Pietri por once academias latinoamericanas y la de los Estados Unidos.


   Onetti manifestó su profunda alegría por el fallo de hoy y recordó a los que en 1981, cuando él como ganador del año anterior integró el jurado, defendió con Ardorla candidatura de Alberti. “La semana pasada le envié un telegrama en el que le auguré que este año se iba a hacer justicia y se hizo”, añadió el novelista uruguayo y comentó que su alegría es mayor porque no se lo hayan hecho a otro de los concursantes, cuyo nombre se reserva “y al que le envié una maldición gitana para que tuviera suerte”.

   Benedetti señaló que Alberti “es uno de los escritores españoles con mayores merecimientos para este premio cuya adjudicación a él esperamos varios años. Es uno de los escritores vivos de lengua castellana de mayor calidad, notable en poesía pero también muy buena en otros campos”. Este libro significó una ruptura radical con el lenguaje poético tradicional, ya que empleó una técnica surrealista, con imágenes libres y predominio del versículo.

   Después, ya comprometido políticamente, escribió “El poeta en la calle”, “de un momento a otro” y “Entre el clavel y la espada”, los últimos durante la guerra civil. En el exilio vuelve a su producción variada, también en estilos y se suceden “A la pìntura”, “Retorno de la vivo lejano”, “Los ocho nombres de Picasso” y “Canciones del alto valle Aniene”. Alberti también escribió teatro, entre el que se menciona “El hombre deshabitado”, “El adefesio” (1944), “El trébol florido” y “La Gallarda”. También escribió dos libros en prosa: “Imagen primera de…” (1945), unas semblanzas de artistas y escritores de su tiempo y “La arboleda perdida” (1953), una autobiografía.

   El año pasado, al cumplir 80 años, declaró, optimista: “No me pienso morir” y leyó un poema autobiográfico: “Cádiz, del muerto de Santamaría”. Ese día dijo: “Yo no he hecho otra cosa que oír hablar de la guerra, de campos de concentración,, todo eso ha tenido en mi una grandísima influencia. Pero por encima de todo, sé que están las flores, los árboles, el mar y el amor”. ((IPS Madrid, 14-11-1983).

El catedrático español Antonio Tovar catalogó dos mil lenguas y dialectos de América del Sur e incluyó en el libro una bibliografía sobre cada una de ellas. Tovar, quien es miembro de la Real Academia Española de la Lengua, alertó en distintas oportunidades sobre el peligro de extinción que pesa sobre estas lenguas y razas indígenas y justificó el esfuerzo de catalogación señalando que su obra “aún puede ser completada”.

Al presentar en Madrid la segunda edición aumentada del “Catálogo de las lenguas de América del Sur” (la primera apareció en 1961), dijo que ésta es fruto de un profundo estudio realizado “con amor a los indios pero sin fantasías ni idealizaciones”. Tovar explicó que su obra es continuación de la iniciada por el español Lorenzo Hervás, quien escribió en el siglo XVIII el “Catálogo de las lenguas conocidas” y que pensó en la segunda edición de su catálogo en 1984, cuando asumió la cátedra de lenguas indígenas americanas en la Universidad de Salamanca.

Se lamentó de que la documentación existente “es poca y se encuentra dispersa” y que en este área “se adolece más bien de falta de organización, de atención, de medios”. Es un problema que, según el escritor, existe “en todos los países de lengua española, incluidos Brasil y Portugal”. Respecto de los grupos que estudian las lenguas, recordó que existen estudios valiosos en Perú, Colombia, Argentina y México y que la falta de democracia en Argentina durante los últimos años hizo desaparecer algunos de ellos, “quizás los mejores”.

El catedrático alertó también acerca de la desaparición de los indios a los que se “está cercando en reservas en las que pierden su identidad y sus lenguas". Culpables de la situación son, a su juicio, “las autopistas, la destrucción de la Amazonia y la creación de Brasilia” y, aunque existen reservas para ellos, sucede que los juntan y se mezclan y pierden su identidad y sus lenguas.

   Citó a Estados Unidos “donde los indios terminan bailando para los turistas y recordó que los hombres no están hechos para meterlos en reservas. La incorporación a la civilización es muy dura para ellos”. (IPS Madrid, 17-4-1985)

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