Camilo José Cela, controvertido escritor español, con los premios Nobel y Cervantes en su haber junto a muchas otras distinciones, murió el jueves 17 en Madrid, donde llevaba una semana en un hospital afectado por una enfermedad cardiorrespiratoria.

Su personalidad como intelectual fue definida por el director de la Real Academia Española de la Lengua, Víctor García de la Concha, al decir que fue “una figura capital de la cultura española...., poeta, novelista, lexicógrafo, ensayista, lingüista, hombre de totalidad del arte”.

La reacción de dolor por su desaparición y de reconocimiento por su obra literaria es general, con alguna excepción menor. El rey Juan Carlos, la Familia Real, el Presidente del Gobierno, los líderes de los Partidos Popular (de centroderecha) Socialista y Comunista, académicos, periodistas y escritores de todas las tendencias y la Iglesia Católica, entre otros, mostraron su pesar por la muerte y su admiración por el fallecido.

Solamente el portavoz parlamentario del Bloque Nacionalista Gallego, un partido político gallego de izquierda y que reivindica la independencia de Galicia, Francisco Rodríguez, después de manifestar su pesar por la muerte criticó su “talante mercantilista y su convivencia con el poder político en beneficio propio”.

Cela nació en 1916 en la aldea gallega de Iria Flavia y ganó fama mundial con  La familia de Pascual Duarte, la novela en español más traducida después de El Quijote, la inmortal obra de Miguel de Cervantes Saavedra, escrita hace cuatro siglos.

Participó en la guerra civil española (1936-39) desde el bando franquista y consolidado ya el régimen del generalísimo Francisco Franco (1939-75), en 1943 y por pedido propio trabajó como censor de dos revistas religiosas y una farmacéutica.

 

Un Nobel acusado de plagio

Esos hechos y sus descalificaciones de los políticos izquierdistas lo hizo blanco de múltiples críticas, que arreciaron en 2001 cuando fue acusado de plagiar una obra y de utilizar “negros” (regionalismo español para designar a escritores desconocidos que escriben por encargo para que firmen otros) para aumentar su producción literaria.

Sin embargo, al enterarse de su fallecimiento, el mundo literario progresista lo reconoció como uno de los más grandes escritores en lengua española.

El izquierdista Manuel Vázquez Montalbán, escritor y periodista, señaló que Cela fue “un estilista notable” y “un almacenista de lenguaje extraordinario”.

Otro escritor progresista, José Manuel Caballero Bonald, afirmó que Cela seguirá siendo un gran maestro del idioma y el último exponente de una tradición que comienza con Quevedo y llega hasta Valle-Inclán y Pío Baroja y “con una obra tan densa como sus cambios de carácter”.

Esos cambios pueden explicar sus continuos conflictos y su azarosa vida. Aunque según él mismo reconoció que tuvo “una niñez dorada”, fue expulsado de cuatro colegios y abandonó tres carreras universitarias que nunca acabó, en el campo literario se destacó, produciendo más de 40 novelas y escribiendo regularmente en los diarios.

Le costó lograr editor para su primera novela, “La familia de Pascual Duarte” (1942), que en la segunda edición (1943) fue retirada de las librerías por orden de la censura, ya que en ella reflejaba la situación de la posguerra civil. Después escribió “La Colmena” (1951), para la que tuvo que buscar editor en la Argentina, pues fue prohibida en España.

 

Rechazó el gentilicio latinoamericano

En los últimos años de su vida las controversias y sus actitudes provocadoras continuaron. Poco después de ser acusado –y sobreseído- ante la justicia por plagio, pronunció la conferencia de apertura del Segundo Congreso Internacional de la Lengua Española, en Valladolid, España (octubre 2001).

Allí el Nobel se pronunció en contra de la validez del término América Latina y que de ello se derive el gentilicio latinoamericano. Pues, dijo, hablar de América Latina y de latinoamericanos es una “equívoca y acientífica aberración”.

Cela,  quien en la versión escrita de su discurso se refirió a los habitantes de México como “mejicanos” (con jota, contraviniendo lo que es uso oficial y civil en México), añadió que la expresión correcta es “hispanos o hispánicos o íberos o ibéricos”, porque “bajo cualquiera de ambos dobles gentilicios caben también los portugueses y los brasileños”.

La respuesta más rotunda le llegó por boca de la eurodiputada española Ana Palacio, del gobernante y centroderechista Partido Popular, quien dijo que ella llama latinoamericanos a los habitantes de aquella región por la sencilla razón de que nueve décimas partes de los hispanohablantes se reconocen con ese nombre. Académicos, periodistas, políticos y literatos coincidieron con Palacio.

En el mismo congreso originó otra polémica, pues leyó un discurso que ya había leído en otras reuniones, lo que fue considerado por muchos como una falta de respeto y que fue tema debatido en los periódicos durante varios días, sin que él se disculpara.

La capilla ardiente instalada en esta capital registra una visita permanente de personalidades, de todos los niveles y sensibilidades políticas, mientras los obispos, que durante toda la semana están realizando unos Ejercicios Espirituales en una casa en las cercanías de Madrid, rezan por su alma.

El portavoz de la Conferencia Episcopal, monseñor Juan José Asenjo, declaró que los obispos españoles sienten “muy de veras la muerte de don Camilo, uno de los grandes escritores del siglo XX”. Su cuerpo será trasladado el viernes a su Galicia natal donde será inhumado. (Madrid, 17-1-2002)

Negar a Gabriel García Márquez es cosa de tontos, dijo a IPS Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española (DRAE) y presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española (AALE), refiriéndose a la discutida invitación del Premio Nóbel al Tercer Congreso, convocado para noviembre en Rosario, Argentina.

    Las palabras del académico se refieren a la polémica suscitada tras afirmar la presidenta del comité organizador del Congreso de la Lengua y subsecretaria de Cultura de la Argentina, Magdalena Faillace, que García Márquez no fue invitado porque fue rechazado “sin explicaciones” por las academias de la lengua.

   Simplemente pensar que los académicos habían decidido no invitar al Premio Nóbel colombiano “es tomarnos por tontos”, explicó, porque más allá de sus discursos, provocativos o no, su presencia enriquece cualquier reunión.

   Otro Premio Nóbel, el portugués José Saramago, tras anular su decisión de no asistir al Congreso, también habló de tonterías. Pues, señaló “falta saber todavía si la Academia argentina confirma o no las declaraciones de la subsecretaria de Cultura de que se había decidido no invitarle por causa del alboroto que produjo su discurso en el congreso anterior celebrado en Zacatecas".

    Es necesario saber eso, concluyó  “para que no nos tomen por tontos".

   En su diálogo con IPS, García de la Concha comenzó subrayando que las relaciones de la RAE y de la Asociación de Academias con García Márquez siempre fueron buenas, antes, durante y después del Primer Congreso, realizado en 1997 en Zacatecas, México.

   En aquél Congreso el autor de “Cien años de soledad” propuso jubilar la ortografía “terror del ser humano desde la cuna”, lo que provocó un gran debate y habría llevado a los organizadores del Congreso de Rosario a no invitarlo, según Faillace.

   Semanas después de Zacatecas, García Márquez viajó a Madrid y se encontró con García de la Concha y Fernando Lázaro Carreter, en aquél momento presidente de la RAE, con quienes compartió un almuerzo.  Después visitó la Academia, donde estuvo casi tres horas recorriendo sus instalaciones e interesándose por las tareas que allí se estaban realizando.

   Lo que ocurre, prosiguió, es que el Premio Nóbel decidió hace años no recibir premios, doctorados ni otro tipo de distinciones, así como hablar en Congresos, porque si lo hiciera una vez ya no podría negarse a sucesivas propuestas. Zacatecas fue una excepción, porque él estaba viviendo en México y consideró una deuda de honor con ese país asistir al Congreso.

   “La suya es una actitud respetable y es por esa razón, para no abrumarlo, que no se le cursó invitación, pero sin que hubiera un rechazo a él de por medio”, adicionó García de la Concha.

   A la pregunta de por qué entonces Faillace atribuyó a las Academias la decisión y refiriéndose a Zacatecas, contestó que la Subsecretaria pudo no haber preguntado las razones o no haber recordado bien el asunto, cuando habló con los periodistas. “Ha sido un desagradable malentendido, pero que ya está aclarado”, concluyó.

   Saramago, quien reside en una isla del español Archipiélago Canario, después de hablar con García de la Concha, manifestó este jueves su voluntad de asistir al Congreso. Aunque advirtió de que el tema seguirá abierto  "mientras la Academia argentina no aclare qué ha pasado. Mientras tanto, sólo estamos poniendo un parche, porque siempre quedará la duda de si García Márquez estaba invitado o no".

   Preguntó el Nóbel portugués "¿Es cierto que lo habían vetado, o no es cierto?” Y se contestó a sí mismo: “La subsecretaria de Cultura dijo que a ella le habría gustado que asistiera García Márquez, pero que los académicos habían decidido no invitarlo. Ahora queda que la Academia argentina diga si ha tenido o no un papel en todo eso", afirmó Saramago.

   Aunque esa aclaración que reclama Saramago todavía no se produjo, las charlas telefónicas de García de la Concha en la tarde-noche del miércoles con él y con García Márquez aclararon la situación, al menos en lo que respecta a la posición de las Academias, lo que posibilitó que este jueves anunciase su decisión de asistir y pronunciar el discurso en homenaje al escritor argentino Ernesto Sábato.

   En la conversación, “deliciosa” según él, García de la Concha escuchó decir al Nóbel que cuando se enteró de la dicho por Faillace en Buenos Aires le molestó haber leído dos de las cosas que más pueden dolerle «Que no iba a ir al Congreso por diferencias con la Academia y con Argentina, el país que más amo, una nación que llevo en el corazón».

   A continuación le pidió a su interlocutor que convenciera a Saramago para que acuda a Rosario, porque de lo contrario se vería él en la obligación de asistir, ya que el Nóbel portugués había dicho que si no concurría su colega colombiano tampoco él asistiría.


«¿En qué cabeza cabe -se preguntaba el director de la Real Academia Española- que las Academias no deseen tener a García Márquez en un Congreso así? Gabo es un invitado permanente a este tipo de actos». García Márquez le pidió a García de la Concha que convenza a Saramago para que acuda al Congreso de Rosario porque «si no, me veré en la obligación de ir yo».

   La invitación formal le fue enviada por la Primera Dama argentina, Cristina Fernández de Kirchner, presidenta honoraria del Congreso, quien en su nota le manifestó el miércoles que lo hacía “Desde la cabeza por las razones más que evidentes de su calidad de escritor, y desde el corazón porque nos identifica el sentimiento y la convicción del compromiso, que el arte y la política deben tener con la región latinoamericana, con los pueblos y su historia”.

   El Instituto Cervantes se abstuvo de pronunciarse, limitándose a apoyar plenamente lo que dijera e hiciese García de la Concha, ya que esa institución solo se ocupa de cuestiones organizativas en el Congreso, según su portavoz.

   La Asociación de Academias de la Lengua Española fue creada en 1951, en México, al celebrarse allí el primer congreso de las mismas. Allí se fijo como su objetivo “trabajar asiduamente en la defensa, unidad e integridad del idioma común, y velar porque su natural crecimiento sea conforme a la tradición y naturaleza íntima del castellano”.

   Esa Asociación es presidida siempre por el Director de la RAE, un tesorero, también de la RAE, un secretario general y dos vocales electos entre los académicos hispanoamericanos. La sede está en la misma RAE, que financia sus gastos.  (Madrid, 16-9-2004)

Veintidos academias de la lengua castellana elaborarán en un plazo de dos años un diccionario de dudas sobre ese idioma, a partir de un acuerdo firmado hoy en esta capital por la Real Academia Española (RAE) y la compañía Telefónica.

 

   El convenio fue suscripto en la sede de la RAE por su director, Víctor García de la Concha y el presidente de la transnacional española, Juan Villalonga, en presencia de representantes de 21 academias, 19 de América Latina y el Caribe, y las de Estados Unidos y Filipinas.

 

   La elaboración de ese “Diccionario normativo de dudas”, dijo de la Concha, no registrará todas las variantes lingüísticas del mundo hispanohablante. En cambio examinará las dudas que a diario se plantean los usuarios del español estándar, “la lengua que todos empleamos, o aspiramos a emplear, cuando sentimos la necesidad de expresarnos con corrección”.

 

   Porque, dijo Ofelia Kovaci, presidenta de la Academia argentina de letras, “las lenguas son organismos vivos destinados a satisfacer las necesidades de los hablantes de nombrar, expresarse, comunicarse, y deben ser flexibles para la creación intelectual y literaria”.

 

   Kovaci, quien habló en representación de las 21 academias de fuera de España, agregó que se preocuparán de manera especial “de los extranjerismos que cada día irrumpen en el mundo hispanohablante”, para “ofrecer de manera consensuada e inmediata la respuesta adecuada a cada caso”.

 

   Esa inmediatez la proporcionará la participación de Telefónica que, con el apoyo de su empresa en España y sus filiales en otros países, aportará los medios para interconectar a todas las Academias y para ofrecer el diccionario por Internet en la misma medida en que se vaya elaborando.

  

   El director del español Instituto Cervantes, Fernando Rodríguez Lafuente, comprometió su apoyo a la iniciativa y destacó que la lengua, “ese bien generoso, libre y crítico, se ha convertido en un recurso económico esencial en la vida moderna”.

 

   Es más, añadió, “en la era de la sociedad global las lenguas son las que facilitan o impiden el acceso a fuentes de información y de intercambio que se multiplican, como en el cuento borgiano, hasta el infinito”.

 

   Por ello, sostiene que “la lengua ha pasado a ser un requisito imprescindible para el crecimiento en todos los órdenes”.

 

   Y, en ese plano, subrayó que el español es el idioma oficial de una veintena de naciones, uno de los tres que habitualmente se consideran oficiales y de trabajo en múltiples organismos internacionales y “la más homogénea –dentro de su fertilísima tradición de unidad y diversidad- de entre todas las grandes lenguas internacionales, y una lengua en expansión por todo el planeta”.

 

   Villalonga expresó que su compañía, al suscribir el acuerdo, cumple con su obligación de aportar a que el español esté presente en Internet en proporción a su presencia en el mundo. Porque, adicionó, se está viviendo “la revolución lingüística más importante de nuestra historia”.

 

   Kovaci recordó que en el siglo XIX muchos americanos suponían que la independencia política debía acompañarse de la lingüística, “utopía que creían derivaría de la lectura de pensadores de otras lenguas”. Otros temieron que la lengua se fragmentara por las diferencias y ambas preocupaciones se reflejaron en la obra de Andrés Bello, autor de la Gramática Castellana.

 

   En la época de Bello, prosiguió la lingüista argentina, las amenazas a la unidad de la lengua y a su tradición se combatía con la educación, la gramática y los libros. Pero, “hoy muchos estudiosos consideran que los medios de comunicación orales y escritos son los que `hacen y deshacen` la lengua, y poco puede la escuela ante esos medios poderosos”.

 

   Ahora bien, puntualizó, “los medios masivos, como la radio, la televisión y los demás medios electrónicos, pueden tanto difundir errores o generar dudas idiomáticas como contribuir a la unidad de la lengua”.

 

   Esa unidad, matizó Kovaci, debe mantenerse con firmeza “respetando las diferencias propias de cada país o región”.

 

   Unas diferencias que considera naturales y lógicas “en una lengua que se extiende en un área geográfica tan extensa, que abarca tantas naciones con características históricas, sociales y culturales peculiares”.

 

   Para ella, “es asombroso comprobar cómo ha podido mantenerse en el tiempo la comprensión recíproca de los hablantes, principalmente en la lengua culta”.

 

   En su intervención no pudo dejar de referirse a las telenovelas o culebrones, cuando recordó observaciones del académico Gregorio Salvador.

 

   Al difundirse en España esas series televisivas, Salvador advirtió de que los jóvenes de la ciudad española de Burgos calificaban unos zapatos de chéveres (término venezolano para decir que algo es muy bueno) o el de los aplazados en un examen, aludiendo como se dice en Argentina a los estudiantes que no aprueban, siendo que en España se los denomina suspendidos.

 

   También notó Salvador que muchos españoles rescataron el verbo platicar, usual en México y olvidado en España, hasta que llegaron los culebrones.

 

   Esa riqueza y unidad en la diversidad del castellano lo convierten en un gran capital. Por eso, Rodríguez Lafuente concluyó afirmando que al vivir y depender la sociedad de la información de las lenguas, aquellas naciones que se expresan en español parten con ventaja.

 

   La ventaja “de contar con uno de los idiomas imprescindibles en ese nuevo mundo en el que apenas comenzamos a adentrarnos. Por ello, la apuesta por el español y por su difusión universal es la mejor inversión de futuro”. (Madrid, 8-3-2000)

Página 10 de 16