El poeta español Rafael Alberti ganó hoy el Premio Cervantes 1983, considerado el Nobel de la literatura castellana, con el beneplácito de escritores latinoamericanos. Un jurado presidido por el ministro de cultura, Javier Solana, adjudicó el galardón al autor de Marinero en Tierra, después de un polémico trámite, en el que quedaron como finalistas principales los escritores Camilo José Cela, español y Arturo Uslar Pietri, venezolano.

   “Finalmente se hizo justicia”, dijo a IPS el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, quien ganó el mismo premio en 1980. “Por la trayectoria de Alberti, éste es un premio compartido también por los latinoamericanos”, expresó otro escritor uruguayo, Mario Benedetti. El premio está dotado con el equivalente de 65.000 dólares, pero su mayor atractivo consiste en que cada año lo entrega el rey Juan Carlos en persona y que las academias latinoamericanas presentan candidatos y tienen una representación simbólica en el jurado.

   En el jurado la administración española tiene una presencia decisiva, ya que de ocho miembros cuatro son funcionarios públicos y entre ellos el ministro de cultura, que lo preside y tiene además voto de desempate. En los dos últimos años, bajo el gobierno del conservador Leopoldo Calvo Sotelo, el voto de la administración estuvo influido por prejuicios políticos, que perjudicaron a los finalistas Rafael Alberti  y José Bergamín, fallecido éste hace pocas semanas.

   Rafael Alberti fue propuesto por la Academia Colombiana de la Lengua, con una comunicación que fue discutida por haber sido corregida 27 días después de cerrado el plazo para recibir candidaturas. El jurado tuvo  hoy a su disposición un informe jurídico del Ministerio de Cultura, que dio por válida esa presentación. Cela fue propuesto por la Academia Española de la Lengua y Arturo Uslar Pietri por once academias latinoamericanas y la de los Estados Unidos.


   Onetti manifestó su profunda alegría por el fallo de hoy y recordó a los que en 1981, cuando él como ganador del año anterior integró el jurado, defendió con Ardorla candidatura de Alberti. “La semana pasada le envié un telegrama en el que le auguré que este año se iba a hacer justicia y se hizo”, añadió el novelista uruguayo y comentó que su alegría es mayor porque no se lo hayan hecho a otro de los concursantes, cuyo nombre se reserva “y al que le envié una maldición gitana para que tuviera suerte”.

   Benedetti señaló que Alberti “es uno de los escritores españoles con mayores merecimientos para este premio cuya adjudicación a él esperamos varios años. Es uno de los escritores vivos de lengua castellana de mayor calidad, notable en poesía pero también muy buena en otros campos”. Este libro significó una ruptura radical con el lenguaje poético tradicional, ya que empleó una técnica surrealista, con imágenes libres y predominio del versículo.

   Después, ya comprometido políticamente, escribió “El poeta en la calle”, “de un momento a otro” y “Entre el clavel y la espada”, los últimos durante la guerra civil. En el exilio vuelve a su producción variada, también en estilos y se suceden “A la pìntura”, “Retorno de la vivo lejano”, “Los ocho nombres de Picasso” y “Canciones del alto valle Aniene”. Alberti también escribió teatro, entre el que se menciona “El hombre deshabitado”, “El adefesio” (1944), “El trébol florido” y “La Gallarda”. También escribió dos libros en prosa: “Imagen primera de…” (1945), unas semblanzas de artistas y escritores de su tiempo y “La arboleda perdida” (1953), una autobiografía.

   El año pasado, al cumplir 80 años, declaró, optimista: “No me pienso morir” y leyó un poema autobiográfico: “Cádiz, del muerto de Santamaría”. Ese día dijo: “Yo no he hecho otra cosa que oír hablar de la guerra, de campos de concentración,, todo eso ha tenido en mi una grandísima influencia. Pero por encima de todo, sé que están las flores, los árboles, el mar y el amor”. ((IPS Madrid, 14-11-1983).