El Club Internacional de Prensa, que este año cumple medio siglo de existencia, fue creado por Manuel Fraga Iribarne, siendo ministro de Información y Turismo del gobierno del dictador Francisco Franco, y lo inauguró personalmente el 15 de noviembre de 1962 en calle Pinar 5 de Madrid, edificio que a partir de ahí sería su sede durante muchos años.


   La Junta Directiva del Club, por resolución de Fraga, quedó integrada por un representante de la Agrupación de Corresponsales de Prensa Extranjera (ACPE), otro de la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana (ACPI) y un tercero de la Asociación de la Prensa de Madrid y cuatro representantes del Gobierno, dos del Ministerio de  Asuntos Exteriores y dos del de Información y Turismo.


   Un antecedente histórico fue la creación de una agrupación similar a la ACPE en 1923, realizada por el periodista, escritor y político español Julio Álvarez del Vayo, agrupación que se disolvió tras la guerra civil (1936-1939), durante la cual pudo seguir funcionando, aunque con muchas dificultades. En 1957 un grupo de corresponsales se unió y creó la Agrupación de Corresponsales de Prensa Extranjera, que mantuvo esa denominación porque la ley vigente de esa época impedía a los corresponsales "asociarse" pues de llevar esa denominación sería un organismo gremial, que no le correspondía. En sus estatutos, aprobados el 9 de diciembre de 1957, se explicitó que su objetivo era “facilitar la misión periodística de sus asociados estrechando sus relaciones mutuas y con organismos y colegas españoles”.


   Fraga también aprobó un reglamento que estableció que el ministerio de Información y Turismo se haría cargo del mantenimiento y conservación del edificio de la calle Pinar y de sus instalaciones y aportaría el personal para su funcionamiento administrativo y de servicios y entre otras tareas encomendadas al Club incluyó la de ocuparse de mejorar la organización y las actividades de la Agrupación de Corresponsales de Prensa Extranjera, que en 1968 había sido refundada y que posteriormente cambió su nombre por el de Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera (ACPE).


   En el acto inaugural del Club, Fraga afirmó que el mismo era "una evidente necesidad, algo que faltaba en nuestra organización de las relaciones con los extranjeros. La experiencia de muchos siglos de eso que ahora se llama relaciones públicas y que han existido siempre, aconsejó en los ambientes más diversos la creación de centros de relación social en los que se puede hablar de negocios sin la rigidez del trato propiamente comercial, de política sin el compromiso de la gestión de la cosa pública, de ideas sin acuñar definiciones".


   Un hombre que durante años fue indispensable para el Club, José Luis Bustos, encargado de la conservación y administración del local de la calle Pinar, recordó años después que "Antes había sido la sede de la Hispano Germana, en donde, durante algunos años, se habían reunido periódicamente simpatizantes de la ultraderecha. Cuando yo llegué a Pinar 5, me encontré en estos locales con un archivo enorme lleno de fotos, de fichas de simpatizantes del nazismo, de nombres de socios. Era un fichero completo, muy documentado. Entonces pensé que era peligroso que aquello estuviera allí y lo quemé todo. Se fue todo a la calefacción".


   También encontró en el local una gran cantidad de objetos, entre ellos vajillas completas con la cruz gamada impresa y batería de cocina con los mismos signos, de lo cual dijo: "Yo pedí permiso entonces y todos aquellos objetos fueron entregados al colegio que el Ayuntamiento de Madrid administraba en el Paseo del Prado, donde estudiaban niñas recogidas por varias instituciones benéficas madrileñas".


   El edificio de la calle Pinar había sido antes sede de una institución cultural madrileña, el Instituto Jaime Balmes, que se había puesto en marcha con la finalidad de que fuera sede para actividades culturales, pero que no prosperó mucho en ese tipo de iniciativas y, al no salir adelante, el Gobierno pensó en él como futura sede de los corresponsales de prensa extranjera afincados en Madrid que, en aquélla época, mantenían sus contactos y reuniones en el Casino de Madrid, cerca de la Puerta del Sol.


   Inaugurado oficialmente el Club en 1962, las actividades comenzaron a tomar cuerpo tras constituirse su primera junta directiva, órgano que, de acuerdo con sus primeros estatutos, se renovaría anualmente. Harold Milks ocupó el puesto de primer presidente, desde noviembre de 1962 hasta el mismo mes del año siguiente. Rafael Miralles, de Plus Ultra -una agencia vinculada a los sindicatos del régimen-, fue el primer vicepresidente y Rafael Salazar, del diario Ya, ocupó la secretaría general.


   Harry Debelius, corresponsal del diario británico The Times, siendo presidente de la ACPE en 1974 y respondiendo a declaraciones gubernamentales sobre la apertura política y libertad de prensa, decidió organizar en el Club charlas con personalidades políticas que jugarían un gran papel en la transición a la democracia, como el socialista Enrique Tierno Galván, el primero en ser convocado. Pero, relató Harry, "El día anterior a que tuviera lugar el acto me llamó el ministro López Bravo para decirme que no podía celebrarse y que se debía contar con la posibilidad de que fuera la policía (a impedir el acto) en caso de no atender a las recomendaciones de la Administración, y me aseguró que no me saldría con la mía".


   Cumpliendo con lo dicho por López Bravo, cuando varios socios comenzaron a llegar a la sede del club para tomar parte en el acto con Tierno Galván se encontraron con que en los alrededores del edificio se habían situado varios jeeps de la policía. En la puerta de la entrada, un letrero anunciaba: "Cerrado por reformas". Al tener impedida la entrada, contó Debelius después, "se convocó una reunión de la junta directiva de la ACPE en el Hotel Palace" y tras el debate resolvieron enviar una carta al ministro Fernández de Letona, en la que comenzaron informándole que lo hacían "Desde el bar del Hotel Palace, que en adelante se considera sede provisional del Club Internacional de Prensa, por ser privado...". Esta situación se prolongó, durante algunas semanas la sede del club permaneció cerrada, pero el proyecto de organizar aquellas charlas continuó. Para no pararlo, se avisó a los invitados de lo que ocurría y las reuniones  convocadas se trasladaron a otro lugar. Los directivos de la ACPE pensaron entonces que un buen sitio para que los encuentros con estas personalidades se celebrasen sin inconvenientes era un restaurante privado, lo cual, según Debelius, también "era una provocación al Gobierno".


   Por eso, añade Debelius, "en la primera de toda la serie que convocamos, antes de empezar, aparecieron por allí dos policías y preguntaron por mí. Ante la solicitud de que desconvocáramos el acto, les contesté que no podía anularlo y que, o se celebraba o nos detenían a todos. Llamaron por teléfono a sus superiores y yo les dije que podían asistir y escuchar todo lo que se decía durante el tiempo que quisieran. En cada una de las conferencias siguientes acudían siempre dos miembros de la policía, pero nunca pasó nada. Nosotros sabíamos que la alternativa que les dejábamos, si seguíamos adelante, era la de detenernos a todos. También los invitados que acudieron tuvieron que mostrar mucho valor, dadas las circunstancias, ya que conocían los problemas que se habían planteado. Después, todo volvió a la normalidad y al cabo de dos o tres semanas pudimos reanudar las actividades en el club".


   La Junta Directiva de la ACPE, reunida el 9 de diciembre de 1975, estableció el sistema de relaciones con el Club, destacando en primer lugar que "La junta del club deberá tener una mayoría de miembros de la Agrupación de Corresponsales de la Prensa Extranjera (ACPE)". Especificó además que la junta de la Agrupación tendría la responsabilidad de todas las actividades profesionales del club "siempre actuando según las leyes del Estado español."


   Dos años más tarde, muerto ya el dictador Franco e iniciada la transición democrática, el Club volvió a ser cerrado, siendo presidente todavía Debelius, quien relató a la agencia ByN que el 26 de noviembre de 1976 iba a celebrarse en el Club una conferencia coloquio con el dirigente socialista Felipe González, líder de la oposición, cuando un día antes llegó la policía y clausuró la sede. Funcionarios del gobierno colocaron en la puerta diciendo que "por razones técnicas se cierra este Club hasta el próximo viernes día 28. Los servicios correspondientes se prestarán en el centro de información de prensa del Palacio de Congresos y Exposiciones".


   Ante esa represión la Junta Directiva de la ACPE se reunió en el Hotel Palace donde aprobó el texto de una carta que enviaron al ministro de Información y Turismo protestando por la interferencia y aclarando que "según las normas que regían hasta ahora no se necesita permiso de la policía para las ruedas de prensa dentro de sus locales y a las que asisten únicamente sus socios". Además, un día más tarde en la sede de la Asociación de la Prensa de Madrid se reunieron un grupo de periodistas madrileños, el presidente del Club, el vice de la Agrupación de Corresponsales Extranjeros y doce corresponsales, que redactaron y firmaron de protesta por el trato recibido por los periodistas y otra en pro de la apertura del Club, que días después volvió a ser abierto.


   Pero los problemas prosiguieron una y otra vez, lo que llevó al célebre jurista José Mario Armero (Pepe Mario para todos sus amigos) a asumir gratuitamente la defensa del Club, cuya Junta Directiva llegó a integrar bajo mi presidencia (        ). Armero, aunque no militó en ningún partido político, igualmente cumplió un papel clave en la transición española a la democracia, en especial con sus actividades en el Club y en la agencia de noticias Europa Press, que presidió y puso en competencia con la oficial EFE, que defendía al dictador un día sí y otro también. Sus relaciones con la Casa Real y su apoyo al primer presidente de la democracia, Adolfo Suárez, también fueron muy importantes, así como la conexión que estableció entre éste y Santiago Carrillo, que se produjo el 27 de febrero de 1977 cuando el presidente y el líder comunista se reunieron en su casa. Esa reunión abrió el camino para que el PC aceptara la monarquía, la bandera rojigualda y la unidad de España y con ello hizo posible su legalización, que se produjo poco después.


   Reabierto el club y normalizadas sus relaciones con el Gobierno, en 1976 se realizaron en su sede una serie de actividades, entre las que destacaron las ruedas de prensa ofrecidas por los socialistas Enrique Tierno Galván y Felipe González y al izquierdista no partidista Joaquín Ruiz Jiménez.


   En marzo de 1979 la ACPE solicitó por escrito al presidente del Club disponer de un despacho en la sede de Pinar 5, para instalar en él su sede social, lo que le fue concedido. Dos meses más tarde la Comisión Gestora es reemplazada por una Junta Directiva, conmigo como presidente y Charles Vanecke, de Le Monde, como vice, siendo una de nuestras primeras actividades la modificación de sus estatutos, la profesionalización de los almuerzos de trabajo que no se deberían hacer nunca más "en honor" de funcionarios estatales, imperando el pluralismo en la lista de invitados y entre otras cosas se establece el criterio de dar la palabra por turno de pedida y no por categorías, se destaca algo muy importante que "el carácter de corresponsal no debe estar condicionado a la obtención de la acreditación gubernamental" y se reclama la democratización del Club Internacional de Prensa.


   El 24 de julio de 1980, tras un largo año de negociaciones entre la Junta Directiva de la ACPE y la Secretaría de Estado para la Información (SEPI) se concretó un acuerdo expresado en cartas entre yo, presidente de la asociación y José Antonio Novais, secretario y Josep Meliá por el Gobierno. En ese acuerdo se estableció que la ACPE asumiera la tarea de reestructurar el Club en base a un nuevo estatuto elaborado por la Asociación y al que prestó su conformidad Meliá. Asimismo se acordó que la Secretaría de Estado seguiría aportando los medios materiales, así como el personal constituido por ocho personas en total y una suma de 2.700.000 pesetas anuales para gastos de mantenimiento, además de pagar el alquiler de la sede, la energía eléctrica, la calefacción, los teléfonos y las teletipos.


   Los años de lucha por la democratización se vieron coronados por el éxito en junio de 1980, cuando la ACPE, presidida desde 1979 por mí como corresponsal de Inter Press Service, negoció y firmó un acuerdo con la Secretaría del Estado de información. En la negociación de ese acuerdo me acompañaron José Antonio Novais, Charles Vanecke, Volkhart Müller y Werner Herzog. Por parte del Gobierno participaron el secretario de Estado de Información, Josep Meliá, y sus más directos colaboradores, Jesús Picatoste, Inocencio Arias (Chencho) y Julián Barriga.


   Una vez reestructurado el Club, en 1981 y por primera vez en su historia su Junta Directiva pasó a ser elegida por el voto secreto de los socios, aunque se mantuvieron algunos criterios no democráticos como la diferenciación entre los derechos de los corresponsales de medios extranjeros y los periodistas de medios españoles, ya que los primeros elegían al presidente, al vicepresidente y a la mayoría de los vocales, mientras que los segundos solo elegían dos representantes y, además, en asamblea aparte de la general. El presupuesto y el programa de trabajo, así como la aceptación de nuevos socios y las bajas eran decididos en una asamblea a la que sólo asistían los corresponsales y los colaboradores de medios extranjeros.


   El acuerdo entre el CIP y la secretaría de Estado estableció que "la ACPE, como organización representativa de los corresponsales de prensa extranjera acreditados en España, asumiría la tarea de reestructurar el Club Internacional de Prensa". Asimismo se acordó que se redactarían unos nuevos estatutos del CIP en los que desaparecería la representación estatal y la corporativa. Asimismo, se estableció que los dirigentes del club serían elegidos por el voto secreto de sus socios, y se precisaron los términos en los que la Administración aportaría medios humanos y materiales para el funcionamiento del Club, dejando a su junta directiva una libertad profesional total.


   Entre los medios a disposición del CIP, quedó establecido que la Secretaría de Estado de Información seguiría aportando el edificio de la calle Pinar, 5, de Madrid, "o uno de similares características", así como personal -diez personas-, muebles y útiles, y que cubriría los gastos generales.


   Una prueba de la cantidad y calidad de las actividades del Club en esa época se puede apreciar tomando en cuenta los 71 actos realizados en un trimestre de 1984 (del 2 de abril al 28 de junio), con almuerzos y debates con dirigentes políticos y sociales, presentaciones de libros, conferencias, mesas redondas y ruedas de prensa.
En esos días ya se estaba negociando el traslado del Club a una nueva sede, cumpliendo una resolución de la asamblea general de la ACPE realizada el 8 de febrero de 1983, que resolvió plantear al Gobierno la necesidad de "dotar al Club de una nueva sede, personal y presupuestos suficientes para su digno funcionamiento" y advirtiéndole que si no hubiese respuesta satisfactoria "devolverá al Estado la gerencia del Club".


   El Gobierno hizo varias promesas, como la cesión de un inmueble en la calle Marqués de Monasterio, en la calle Juan Bravo o en la calle de la Bolsa 8, la construcción de un edificio de ocho plantas en el solar de Pinar 5 y otras alternativas, ninguna de las cuales se cumplió. Al mismo tiempo, la sede de Pinar 5 sufrió un deterioro por no realizarse tareas de mantenimiento "ante el traslado inminente". Ese deterioro llevó a que se derrumbase parte de un muro del jardín que limitaba con la embajada de Portugal, lo que dio un pretexto al Portavoz del Gobierno, Santiago Varela, para enviar un equipo de "restauración" que demolió la parte de atrás del edificio, donde estaba la vivienda del conserje y dependencias del restaurante que funcionaba en el Club. Esa "restauración" afectó también a parte del Club, por lo que el Portavoz ordenó que ante el "peligro de derrumbe" se desalojase el local, facilitándole una sede "provisional por unos meses" en la calle Monte Esquinza.


   Y lo que son las cosas, se retiraron las tejas para arreglar el techo, pero no se lo arregló, por lo cual en unas semanas las lluvias ayudaron al portavoz a cumplir su plan provocando el derrumbe parcial del edificio, paso previo a la devolución del solar a una sociedad anónima propietaria del mismo que desde varios años antes estaba ofreciendo una fuerte indemnización para que se lo desocupase. Ni la ACPE ni el Club ni el Gobierno de manera oficial, recibieron indemnización alguna y nadie pudo demostrar si alguien la percibió, aunque las sospechas cayeron sobre un funcionario de la Oficina del Portavoz. Lo cierto es que se edificó un edificio de varias plantas, de gran valor por su calidad y por la ubicación, una de las mejor calificadas de Madrid. En consecuencia ni el Club ni la ACPE pudieron volver a su sede ya que en agosto de 1986 se les otorgó una "provisional" en unas pequeñas oficinas de Monte Esquinza 41, que se mantuvo hasta 2010, cuando hubo un nuevo traslado, esta vez a la calle María de Molina. ¡No muchas veces en la historia se encuentran períodos "provisionales" que duren 14 años!


La estrechez de la sede de Monte Esquinza hizo que el Club pasase a organizar los desayunos, comidas y cenas de trabajo en el Hotel Conde Duque, el Casino de Madrid, el Hotel Santo Domingo, el Hotel Tryp Ambassador y el Hotel Palace. A estos encuentros informativos asistieron personalidades como Yassir Arafat, Federico Mayor Zaragoza, Marcelino Oreja, José María Aznar, Julio Anguita, Antonio Gutiérrez, Cándido Méndez, José María Cuevas, Gustavo Villapalos, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Alberto Ruiz Gallardón, Luís Yañez, Javier Rupérez, Jorge Valdano, Francisco Álvarez Cascos, Jordi Pujol, José Antonio Ardanza, Manuel Fraga, Juan María Atutxa, Baltasar Garzón, Josep Borrel, Jesús de Polanco, Margarita Robles, Manuel Pizarro, Alberto Belloch, el embajador de Israel, Helz Invar, el embajador de la Autoridad Palestina, Nabil Maarouf, José Bono, Francisco José Vázquez, José Manuel Soria, Esperanza Aguirre, Isabel Allende, Francisco Román, Maria Asunción Ansorena, José María Fidalgo, Mercedes de la Merced, Enrique Múgica Herzog, Javier Urra y Josep Antoni i Lleida, entre otros.


   En marzo de 1986 fui otra vez elegido presidente de la ACPE y del Club, con Werner Herzog de vice.
Una de nuestras primeras decisiones fue democratizar al Club, lo que se logró plenamente en 1988 cuando se equipararon los derechos y obligaciones de todos los periodistas miembros del Club, con independencia de su nacionalidad o la de los medios para los que trabajasen. Así, a partir de entonces cualquier socio de número pudo ser candidato a uno de los cargos de la Junta Directiva y todos pudieron ejercer el derecho a voto. También se estableció una categoría de miembros adherentes para los no periodistas, o para periodistas que al hacerse socios no estuvieran ejerciendo su profesión en un medio de comunicación. Los adherentes no podrían elegir ni ser elegidos para la Junta, aunque sí podrían participar en las Asambleas y otras actividades del Club.


   Esta modificación de los Estatutos fue acordada de común acuerdo y aprobada por los socios del Club y de la ACPE en una asamblea única, por lo que en su artículo 29 se estableció que "El Club mantendrá buenas y armónicas relaciones con la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera y le seguirá facilitando sus instalaciones, presentes y futuras, para su funcionamiento y actividades sociales, al igual que a las demás asociaciones integradas en el Club". Por ello, en todos los anuarios del Club figura la ACPE como "Asociación con sede en el Club".


   En las primeras elecciones tras la democratización, celebradas en 1988, resultó elegida una Junta Directiva integrada por mí como presidente,  Ricardo Caruchi, vicepresidente, José Antonio Novais secretario, Werner Herzog tesorero y los vocales Einar Jensen, Peter Sereny, Volakart Muller, John Wihener, Moncilo Pudar, Ramón Darío Molinari y Guadalupe Enríquez, en representación de los periodistas y corresponsales extranjeros. En representación de los socios españoles fueron elegidos Antonio Casado y Amaro Gómez de Pablos. En tanto que Ramón del Corral y Rafael Jerez fueron elegidos para representar a los miembros adheridos.


   En esta historia un hecho muy lamentable ocurrió tres años antes, el 18 de diciembre de 1985, cuando un reducido grupo de corresponsales resolvió crear el Círculo de Corresponsales Extranjeros, informando en una carta dirigida a la ACPE que "con efecto inmediato nos damos de baja como socios de la Agrupación de Corresponsales Extranjeros" y además señalaron que quien perteneciera al Círculo no podría mantenerse como miembro de la ACPE.


   La Junta Directiva del Club, presidida por Linda Hermann, dialogó con representantes de los 12 escindidos, que estaban capitaneados por Walter Haubrich, ofreciéndoles resolver cualquier problema que tuvieran, pero fue en vano. Ante eso les señaló que si mantenían su decisión de no permitir que sus socios lo fueran al mismo tiempo de la ACPE, los suyos serían dados de baja del Club, lo que se concretó al rechazar la propuesta los directivos del Círculo.  En marzo de 1986 se renovó la Junta Directiva del Club, que pasó a ser encabezada otra vez por mí como presidente y Werner Herzog como vice. Una de sus primeras medidas "para serenar los ánimos" fue decretar la inmediata reincorporación de los doce expulsados, la mayoría de los cuales la aceptaron y abonaron sus cuotas sociales. Pero la división ACPE-Círculo se siguió manteniendo.


   Unas actividades del Club que hay que destacar es que desde que se democratizó comenzó a entregar premios anuales, destacándose entre ellos los otorgados al rey Juan Carlos I (1992), al secretario general de la ONU, Kofi Annan (1998) y al ex presidente de Portugal, Mario Soares (2000), que en mi carácter de presidente me correspondió entregarlos personalmente en actos masivos realizados en el Hotel Palace.

   Otros premios fueron para la periodista Salima Ghezali, de Argelia, a los periodistas y trabajadores del diario Ya, al Real Madrid Club de Fútbol, Mensajeros de la Paz, ACPI, Baltasar Garzón, Javier Solana, OID, Gustavo Sierra, Julio Parrado, pueblos de Madrid y Leganés,  Julio Anguita, José Couso, Ricardo Ortega, Inocencio Arias, Francisco Fernández Ordóñez, Unión de Consumidores, UGT y CCOO, Drisde, Diego Sánchez Bustamante, Plataforma 0,7%, Gesto por la Paz, Jaime Mayor Oreja y Juan María Atutxa, Juan Carlos Rodríguez Ibarra y Javier Arenas, Joan Garcés, Julio Anguita, Juan José Badiola, Santiago López Valdivieso, Fernando Valderrama, Fundación Víctimas del Terrorismo, Asociación 11-M, Manuel Alcalá, Pilar Bonet, Alfonso Rojo, Herman Tersch, Joaquín Ibarz, Sol Gallego Díaz, Melchor Miralles y Ricardo Arqués, Fermín Bocos, Juan Tapia, Ricardo Fernández Deu, Ernesto Sáenz de Buruaga, Luz Rodríguez, Julio César Iglesias, Programa para Guinea Ecuatorial de Radio Exterior de España, Antonio Martín Benítez, Rosa María Mateo, Luis Mariñas, Informativos Canal Plus, Evaristo Cañete González, Gervasio Sánchez, Carles Rivas, Álvaro García Pelayo, José Huesca Garrido, Ricardo Gutiérrez, Angel Millán, Gumersindo Lafuente, Alberto Peláez, Luis Fernando Rodríguez Guerrero, Susana Nieves, María del Carmen Romero y Anna Politkovskaya.


   Fue en esa época cuando se constituyó en novedad insólita ver que en una misma sede, a veces hasta coincidiendo en el horario, se celebraban actividades a las que concurrían adversarios políticos. Por mencionar algunas, Manuel Fraga, acompañado de los otros “seis magníficos”, presentó a Alianza Popular en el CIP; el legendario general comunista Enrique Lister dio una conferencia tras su regreso del exilio; Felipe González informó de las actividades de su emergente Partido Socialista; todos los sectores del nacionalismo vasco, sin exclusión, hicieron saber sus posiciones; los partidarios y los enemigos de la OTAN, las suyas y, así, el amplio espectro social y político de aquélla España rumbo a su democratización y normalidad europea pasó por Pinar, 5.


   Sólo en 1979, por poner un ejemplo, la ACPE organizó encuentros informativos en el CIP en el que se dieron cita Felipe González, Carlos Ferrer Salat, Fernando Abril Martorell, Francisco Bustelo, Luis Gómez Llorente, Juan María Bandrés, Josep Tarradellas, Josep Meliá, la Comisión Gestora del PSOE, Telésforo Monzón, Jordi Pujol y Enrique García Diez, entre otros.


   En 1980 pasaron por el club Leopoldo Calvo Sotelo, Enrique Tierno Galván, Raimundo Pérez Hernández, Manuel Prado y Colón de Carvajal, Nicolás Redondo, Juan Luis Cebrián, Jesús Vicente Chamorro, Rafael Escudero, Jordi Pujol, Rafael Calvo Ortega, Javier Rupérez, Juan José Rosón, Luis Otero, Santiago Carrillo, Francisco Fernández Ordoñez, Marcelino Camacho, Rosa Posada, Manuel Fraga y Agustín Rodríguez Sahagún. En los años siguientes esa calidad y representatividad de los invitados se siguió manteniendo, lo que no se logró ya avanzado el siglo XXI.
Una iniciativa de la ACPE, presidida por Tito Drago, llevó a la realización en Madrid del primer Congreso Internacional de Asociaciones de Prensa Extranjera, del 11 al 13 de noviembre de 1987, al que asistieron delegaciones de Suiza, Bélgica, USA, México, Costa Rica, Uruguay, Israel, Gran Bretaña, Kenya, Portugal, Italia, El Salvador, España, Sri Lanka, Francia, Alemania Federal, Lagos, Managua, Chile, Viena y Egipto. El congreso reconoció "La necesidad de conseguir un mayor entendimiento y una cooperación asegurada entre Asociaciones de Prensa Extranjera con miras a cimentar unos lazos de una solidaridad integrada".


   En 1988 se realizó otra reunión similar, la Conferencia Internacional de Asociaciones de Corresponsales, en Londres y una tercera, en 1989, en Roma la que designó a Tito Drago para presidir el comité organizador de la División Europea de una Federación Internacional de Corresponsales Extranjeros, actividad que desapareció de la agenda de la ACPE después de 1989 y nunca más se volvió a retomar. En la conferencia de Roma habló el presidente de Italia, Francesco Cossiga, quien comenzó diciendo que una "nueva etapa de diálogo y de entendimiento entre el Este y el Oeste ha generado una luz prometedora de esperanza" en el que jugarían un papel muy significativo los corresponsales "llamados a jugar un papel esencial para presentar, interpretando y mediando entre la cultura y percepciones profundamente diversas, la exigencia y la realidad de los países en los cuales están llamados a actuar".


   En la conferencia de Londres se resolvió por consenso urgir "a todas las autoridades en los países donde funcionan asociaciones de prensa extranjera a tratar a los medios extranjeros sobre una base profesional, respetando los acuerdos, los códigos periodísticos y los convenios internacionalmente reconocidos. Deplorar las infundadas acusaciones de que la prensa extranjera crea, acelera o provoca hechos políticos en los países huéspedes. Denunciar el incremento de los ataques físicos y otras presiones contra los miembros de la prensa extranjera. Y condenar toda clase de censura y restricciones contra la actividad profesional de los corresponsales extranjeros".


   El Club sufrió un duro incidente en 2006, cuando su secretario ejecutivo, el argentino Gustavo Rachid, fue citado a una reunión de la Comisión de Ética para responder del manejo de fondos que había realizado, desviándolos para usos personales. Se negó a asistir, la Comisión propuso que se lo suspendiese tres meses como socio por no haber asistido y volviendo a citarlo para que respondiese por los fondos. Él respondió dándose de baja, sin devolver el dinero ni dar ninguna explicación. También tenía sobre su cabeza la acusación de “haber intentado excluir de la edición anual de entregas de premios del CIP a la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana (ACPI) y a la Asociación de Periodistas Árabes en España (APAE). Ese intento de marginación seguía a intentos sucesivos de acceder a la presidencia de la una y de la otra”.


   Pero, afortunadamente, esas son cosas del pasado y tanto el Club como la ACPE han seguido funcionando y ahora tienen sus sedes en el Centro de Prensa instalado por el gobierno en la madrileña calle María de Molina. Funcionando y sin que se hayan vuelto a producir incidentes como los protagonizados por Rachid, aunque ha declinado el nivel de las actividades de ambas asociaciones, un ejemplo de lo cual es que durante siete años, entre 2004 y 2011, no lograron tener un encuentro con el Presidente del Gobierno ni con el líder de la oposición, a pesar de que se hicieron reiteradas solicitudes, que no fueron atendidas.


* Tito Drago, corresponsal de la agencia Inter Press Service (IPS), presidió el Club de 1980 a 1982, de 1986 a 2002 y en 1999 fue designado presidente Honorario. (www.titodrago.com).

   En Madrid, Alianza por el Clima, una coalición estatal de más de 400 organizaciones no gubernamentales (ONG) entre las que se encuentran las principales ecologistas de España, ha presentado este martes su propuesta para una futura ley de cambio climático impulsada por el gobierno, con el objetivo de lograr “un futuro energético descarbonizado y basado al 100% en energía renovable” en 2050.

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1: Creación del Club (1962)


    El Club Internacional de Prensa (CIP) fue creado por Orden Ministerial del 17 de noviembre de 1962. Basándose en ella, el Ministerio de Información y Turismo dictó un reglamento, por el cual se rigió esa institución hasta 1980. En esa época el Club era dirigido por una Junta Directiva, integrada por representaciones igualitarias (tres representantes cada una) de la Asociación (entonces Agrupación) de Corresponsales de Prensa Extranjera (ACPE), la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana (ACPI) y la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), y por dos representantes del Ministerio de Información y turismo, y dos de Asuntos Exteriores, uno de ellos de la OID y el otro del Instituto de Cultura Hispánica (hoy ICI).

Según el Reglamento, podían ser miembros los periodistas extranjeros, fuesen miembros o no de las citadas asociaciones, periodistas españoles, agregados de prensa de embajadas extranjeras y de ministerio y centros oficiales españoles y “aquellas personas que, previo acuerdo de la Junta, sean aceptados como tales socios”.

   Competía a la Junta, según el citado reglamento, regular el acceso al Club, vigilar el buen uso de sus instalaciones y servicios, garantizar el orden interior, dirigir las actividades profesionales y sociales y requerir de las autoridades españolas cuanto apoyo, ayuda y cooperación pudieran facilitar la tarea de los periodistas extranjeros en España.

   La sede, el personal, los gastos de mantenimiento y funcionamiento, las comunicaciones y demás servicios estaban a cargo del Estado. Además, funcionaba un restaurante de la Red de Paradores, con precios subvencionados para los socios y asociaciones que tenían allí su sede y con precios de mercado para los terceros que utilizaban sus salones.

2: Acuerdo con el Gobierno para modificar el status (1980).


   El 24 de Julio de 1980, tras un año de negociaciones entre la Junta Directiva de la ACPE y la Secretaría de Estado para la Información (SEPI) se formalizó un acuerdo para modificar esa situación, que se plasmó con un cruce de cartas de Tito Drago y José Antonio Novais, por la Asociación y Josep Meliá, por el gobierno. El acuerdo estableció:

-    Que la ACPE asumiera la tarea de reestructurar el Club, en base a un nuevo Estatuto elaborado por la Asociación y al que prestó su conformidad Meliá. (Ese Estatuto, con leves modificaciones hechas y registradas en forma legal, volvió a establecer que la tuición de la sede corresponde a la Junta Directiva del Club).

-    Que la Secretaría de Estado seguiría aportando los medios materiales y humanos existentes en el Club, (una secretaria, dos telefonistas, un conserje, dos ordenanzas y dos personas para la limpieza). Sobre el resto del personal (ocho personas en total, trabajadores del restaurante y cafetería) se dejó constancia que dependían de la Administración Turística, con la que el Club debería negociar por separado, con el apoyo de la Secretaría de Estado.

-    Que la Secretaría seguiría sufragando los gastos generales, el alquiler de la sede, la energía eléctrica, la calefacción, los teléfonos y las teletipos y concedería además una ayuda anual, estimada por la ACPE en 2.700.000 Pts. Anuales (Meliá especificó “cuya cuantía se espera sea la indicada”) para gastos de mantenimiento, papelería, materiales de trabajo e información, correos y gastos generales.


3. Democratización del Club (1981 a 1988).


    Tras un breve período durante el cual el Club fue gestionado por la Junta Directiva de la ACPE, sus autoridades pasaron a ser elegidas por el voto secreto de los socios, lo que ocurrió por primera vez en su historia y aplicando el Estatuto antes aludido (1981). Ese fue un primer paso, en la medida en que con anterioridad sus integrantes eran designados en representación corporativa, por cada una de las asociaciones e instituciones antes mencionadas y a partir de entonces lo fueron por voto secreto. No obstante, fue solo un primer paso, ya que se mantuvo una diferenciación entre los derechos de los corresponsales de medios extranjeros y los periodistas de medios españoles. Los primeros elegían al Presidente, Vicepresidente y la mayoría de los vocales, en tanto que los segundos sólo elegían dos representantes y en asamblea aparte. También elegían dos representantes los socios no periodistas.

    El presupuesto y el programa de trabajo, así como la aceptación de nuevos socios y las bajas, eran decididos en una asamblea a la que sólo asistían los corresponsales y los colaboradores de medios extranjeros. Además, el Presidente y el Vicepresidente tenían que coincidir con los que fueran electos para tales cargos en la ACPE. En la práctica, la ACPE realizaba su Asamblea, elegía su Junta Directiva y sus miembros pasaban a serlo de la del Club, que se completaba con cuatro vocales, elegidos por los periodistas españoles y los no periodistas.


    La plena democratización se logró en 1988, al equipararse los derechos y obligaciones de todos los periodistas miembros del Club, con independencia de su nacionalidad o la de los medios para los que trabajasen. Desde entonces, cualquier socio de número puede ser candidato a cualquiera de los cargos de la Junta Directiva y todos pueden votar. Existe, además, una categoría de socios adherentes (o asociados), para los no periodistas, o periodistas que al hacerse socios no estuvieran trabajando en la profesión en un medio de comunicación y quienes no eligen ni pueden ser elegidos para la Junta, aunque pueden participar en las Asambleas y otras actividades del Club.


    Esta última modificación de los Estatutos fue acordada de común acuerdo y en una única asamblea por los socios de la ACPE y del Club. Por ello, el Estatuto recoge en su artículo 29 que: “El Club mantendrá buenas y armónicas relaciones con la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera y le seguirá facilitando sus instalaciones, presentes y futuras, para su funcionamiento y actividades sociales, al igual que a las demás asociaciones integradas en el Club”. Por ello, en todos los anuarios del Club figura la ACPE como “Asociación con sede en el Club”.


4: Historia de la sede y las relaciones con el Gobierno. 
 

   Tras el acuerdo con Meliá, su Secretaría incrementó los medios materiales del Club, con cinco máquinas de escribir y mobiliario, y dispuso reparaciones parciales en el edificio, además de pagar las deudas pendientes con diversos proveedores. En 1982, el nuevo Secretario de Estado, Ignacio Aguirre, consideró oportuno no seguir alquilando esa sede y en su lugar comprar un edificio para dedicarlo al Club. El elegido fue el local del Restaurante Don Pedro, en el viejo Madrid, pero fracasaron las negociaciones de compra al no llegar a un acuerdo en el precio, según informó esa Secretaría.

   Con el cambio de Gobierno hubo un compás de espera, hasta que a principios de 1984 la Oficina del Portavoz decidió comprar la sede para demolerla y en el solar edificar una nueva, de ocho plantas o construirla en otro solar. Al trascender un proyecto de decreto, que hablaba de la creación de un “Centro Internacional de Prensa”, se despertaron inquietudes en la Directiva del Club y una polémica, tras la cual el gobierno y la Directiva llegaron al acuerdo de que ésta intervendría en la reelaboración del Decreto. El portavoz, Eduardo Sotillos, señaló entonces que antes de elaborar el decreto discutido se había reunido con la Junta Directiva, con la que se hizo un inventario de las necesidades de la nueva sede.

   A una interpelación parlamentaria del diputado y socio del Club, Javier Rupérez, el Secretario de Estado para las Relaciones con las Cortes aclaró el 6 de septiembre de 1984 que “bajo ningún concepto es intención del Gobierno ingerirse directa o indirectamente en la actividad de una institución de las características de un Club Internacional de Prensa, si bien parece lógico que desde un punto de vista de apoyos en materia de infraestructura pueda establecerse un sistema de ayudas al mismo, tal y como están organizadas en los países democráticos este tipo de instituciones”.

   En marzo de 1985 Sotillos informó a la Junta Directiva (tal como ésta reseñó en un boletín interno) que en 1986 se iniciaría la construcción de un nuevo edificio de ocho plantas, en Pinar 5, para sede del Club. No obstante, 1986 fue el inicio de los más serios problemas con la sede del Club. Los nuevos responsables de la portavocía (Javier Solana, Santiago Varela, Fernando Puig) abandonaron la idea de construir un nuevo edificio y se pronunciaron por la idea de reclamar a los propietarios de Pinar 5 que lo repararan. Los propietarios se empeñaron en recuperar el inmueble, que cada día se  valorizaba más, al compás de la reactivación económica y del “boom inmobiliario”, por lo cual no repararon nada e iniciaron todo tipo de gestiones para que se anulase el contrato de alquiler.

   En una primera aproximación y en reunión de Junta Directiva presidida por la Presidenta, Linde Hermann, el secretario general de la Oficina del Portavoz, Santiago Varela, se avanzó la posibilidad de que el Club pudiera compartir sede con la Asociación de la Prensa, en la calle Juan Bravo. Una posterior visita a esa sede, que todavía no se había comenzado a restaurar, demostró que no había espacio físico para las dos instituciones. A lo sumo, la Asociación de la Prensa ofreció alquilar un despacho al Club.

   En mayo de 1986 se produjo el derrumbe de un muro que separaba el jardín de Pinar 5 del inmueble vecino. Un informe del arquitecto de Moncloa, Tomás Pérez Baudín, señaló que existían otros problemas en el edificio y consejo que no se utilizase el local hasta que fuesen reparados esos desperfectos (el muro del jardín, unos forjados y la estructura de madera del tejado del edificio principal). La Oficina del Portavoz prohibió el acceso del público al local “con carácter provisional y hasta que se adopten las medidas oportunas”, en escrito firmado por el Jefe del Servicio del Régimen Interior y Personal. El 12 de mayo Santiago Varela autorizó por escrito a los propietarios a ingresar a Pinar 5 para proceder a las reparaciones apuntadas.

   Los propietarios enviaron máquinas y personal para ejecutar las “reparaciones”. A las pocas horas de entrar y demostrando una peculiar interpretación de lo que significaba el verbo “reparar”, comenzaron a demoler el edificio. Por la rápida intervención  de la Junta Directiva, con acta notarial y fotografías autenticadas de por medio y mediando una entrevista y carta al Presidente del Gobierno, se logró la paralización de la demolición. Pero ya habían sido demolidos la vivienda del conserje, el almacén, la antecocina, la cocina y el despacho de administración del restaurante.

   La sede, ya sin restaurante, se reabrió a principios de julio de 19886. No obstante, la Junta Directiva informó el 22 de ese mes por Boletín Interno que “La permanencia en Pinar 5 llegará a su fin en los próximos meses, tanto por la situación legal con la propietaria como por el estado en que se encuentra el edificio y, sobre todo, por carecer de las instalaciones necesarias para nuestro trabajo profesional”.

   El 29 de Julio la Oficina del Portavoz, invocando un informe de su Arquitecto que hablaba de que no se podía utilizar Pinar 5 sin que se llevasen a cabo las reparaciones propuestas, dispuso la prohibición del acceso del público, “con carácter provisional, hasta que se adopten las medida oportunas”. Asimismo, ofreció el piso de la calle Monte Esquinza 41 como sede provisional, el que fue ocupado en tal carácter a partir de agosto de 1986.

   A partir de entonces se sucedieron una serie de situaciones en torno a Pinar 5: la Oficina del Portavoz se abstuvo de realizar cualquier reparación; el propietario tampoco las realizó ni fue intimado a hacerlas por quien legalmente podía: la Oficina del Portavoz; el edificio fue dejado abierto y a merced de rateros que robaron pertenencias y destrozaron instalaciones; el propietario intentó negociar una indemnización con el Club para que lo abandonase; el arquitecto de Moncloa seguía insistiendo que el edificio no podía ser ocupado… y, finalmente (1993), el edificio fue entregado a su propietario, quien dispuso su demolición.

   La sede de Monte Esquinza nunca fue acondicionada para cumplir con las funciones profesionales y sociales del Club, al ser considerada siempre como provisional. Al trasladarse a esa sede, el Club contaba con una secretaria y dos conserjes destinados allí por la Oficina del Portavoz. Los tres se jubilaron y no fueron reemplazados. El alquiler, la energía eléctrica y los dos teléfonos son pagados directamente por Moncloa. El resto de los gastos los pago el Club, de sus fondos propios.

   En la actualidad la sede consta de: una sala apta para conferencias de prensa (capacidad aproximada de 60 personas sentadas), una antesala que suele utilizarse para servir una copa después de dichas conferencias, una sala de juntas, un despacho del presidente, un despacho de la ACPI, una secretaría (donde trabajan las dos secretarias) y un cuarto de depósito de muebles y útiles. Dentro del Club tienen sede la ACPE, la ACPI, la Asociación de Periodistas Árabes en España (APAE), la Asociación de Comunicación Empresarial e Institucional (AECI), el Grupo Crónica, la Asociación para la Investigación en Comunicación (AIC), la Asociación Iberoamericana de Periodismo Científico y la Peña Primera Plana. Las tres últimas no realizan actividades en la sede, excepto una reunión anual cada una. (Madrid, 20-12-1993).

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