El último atentado atribuido a la organización separatista vasca Eta Militar, en el que murieron un guardia civil y su novia, puede ser un paso más hacia la "guerra sucia" en el País Vasco, según observadores políticos de esta capital.

   La Consejería del Interior del Consejo General Vasco (CGV, organismo pre-autonómico constituido por la asamblea de parlamentarios de la región), emitió el lunes 8 del corriente un duro comunicado pidiendo a la Iglesia que condene el atentado.

   El CGV pone de manifiesto un hecho nuevo en los atentados de Eta, cual es el de haber agredido a la novia del guardia civil. Hasta ahora, más allá de las razones o sinrazones, sus objetivos habían sido miembros de las fuerzas del orden público, o ciudadanos acusados de "chivatos" (confidentes) o ultraderechistas.

   "En esta ocasión -dice el CGV- no puede hablarse de accidente ni error, puesto que el cuerpo de Hortensia González recibió diez impactos de bala, dos más que el guardia civil José Antonio Ramírez Gallardo".

   La Consejería de Derechos Humanos del mismo organismo afirma que "si no sentimos una profunda vergüenza por el hecho de que bajo del lema de la libertad de los vascos haya caído muerta Hortensia González, somos en parte responsables de esa muerte".

   Ramírez Gallardo y su novia fueron ametrallados el sábado 6 de enero cuando en un automóvil regresaban de un salón de diversión. El parar junto a un semáforo, fueron acribillados a balazos, muriendo ambos en el acto.

   En relación a la muerte de Ramírez Gallardo, se apunta en diversos medios de comunicación que este atentado se dirigía contra él por el solo hecho de ser militar y no por sus antecedentes --sea cual sea el color del cristal con que se los mirara-- personales, o en el ejercicio de sus tareas.

   El caso de Hortensia González parece ser más grave. Como lo señala el CGV, mal puede hablarse de "accidente" cuando recibió doce disparos en su cuerpo, "dos más que su novio". En otras circunstancias, cuando una bomba colocada por Eta Militar en una usina nuclear en construcción en Lemoniz estalló y mató a dos trabajadores, se discutieron las responsabilidades.

   Si como aseguran la mayoría de los medios de comunicación e importantes dirigentes políticos, el objetivo de la organización separatista vasca Eta militar es "desestabilizar" al estado español, parece que lo está consiguiendo. Lo está consiguiendo con su serie interminable y cotidiana de atentados mortales, algunos de ellos en Madrid, pero la mayoría en el País Vasco.

   Los importantes ministros del gabinete de Adolfo Suárez, están siendo acosados como secuelas de estos atentados. El de defensa, Manuel Gutiérrez Mellado, ha debido escuchar varias veces el pedido de "dimisión" gritado por voces militares, y el de interior, Rodolfo Martín Villa, ya debe haber perdido la cuenta de las veces que escuchó esa misma solicitud.

   Cuando los funerales del gobernador militar de Madrid, general Constantino Ortin Gil, los desórdenes producidos por un importante sector de los 2.500 oficiales presentes, contra Gutiérrez Mellado, fueron de gran magnitud.

   En tal medida que el propio rey Juan Carlos, por primera vez se refería un día después, en discurso ante formaciones militares a la "bochornosa indisciplina" y jugaba su propia persona en una felicitación al discutido Gutiérrez Mellado.

   Peo esos incidentes llegaron a tocar a otro ministro. Enterado Martín Villa de que la policía armada no hizo lo suficiente para impedir la manifestación ultraderechista, de civiles y militares, en que se convirtió el aludido funeral, se reunió con los mandos policiales e hizo presente una dura crítica.

   Resultado encadenado: la dimisión del inspector general (jefe) de la policía armada, general Brartret Aire y de otros altos cargos de esa institución. El vespertino Informaciones decía el 13 del corriente, que existían "problemas para sustituir a los mandos policiales dimitidos", considerando inclusive la posibilidad de una ola de dimisiones en cadena, que afectaría sensiblemente al cuerpo.

   La actividad armada de diversos grupos políticos conoció altibajos importantes, el «Grapo» (Grupo de Resistencia Antifascista Primero de Octubre), una organización de izquierda radicalizada, fue prácticamente desmantelado. La mayoría de sus dirigentes están presos o muertos y en los últimos meses no ha perpetrado ningún atentado.
De las dos organizaciones separatistas vascas que responden al legendario nombre de ETA (Euskadi Ta Askatasuna, Patria Vasca y Libertad), una, la ETA Político-Militar, mantiene todavía un «alto el fuego», declarado el pasado mes de marzo, por considerar que corresponde luchar por sus principios por vías democráticas y pacíficas.


   La otra, la ETA Militar, ha respetado transitorias treguas, pero se ha negado a establecer un «alto el fuego», por considerar que en España no existe una verdadera democracia y que el País Vasco continúa sojuzgado por el poder central. Sus acciones más espectaculares han sido atentados personales, la colocación de una poderosa carga en un barco de la armada y una perseverante campaña dinamitera en contra de la compañía «Iberduero», constructora de una controvertida central nuclear en Lemoniz, cerca de Bilbao. (18-11-81)

   El Club Internacional de Prensa, que este año cumple medio siglo de existencia, fue creado por Manuel Fraga Iribarne, siendo ministro de Información y Turismo del gobierno del dictador Francisco Franco, y lo inauguró personalmente el 15 de noviembre de 1962 en calle Pinar 5 de Madrid, edificio que a partir de ahí sería su sede durante muchos años.


   La Junta Directiva del Club, por resolución de Fraga, quedó integrada por un representante de la Agrupación de Corresponsales de Prensa Extranjera (ACPE), otro de la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana (ACPI) y un tercero de la Asociación de la Prensa de Madrid y cuatro representantes del Gobierno, dos del Ministerio de  Asuntos Exteriores y dos del de Información y Turismo.


   Un antecedente histórico fue la creación de una agrupación similar a la ACPE en 1923, realizada por el periodista, escritor y político español Julio Álvarez del Vayo, agrupación que se disolvió tras la guerra civil (1936-1939), durante la cual pudo seguir funcionando, aunque con muchas dificultades. En 1957 un grupo de corresponsales se unió y creó la Agrupación de Corresponsales de Prensa Extranjera, que mantuvo esa denominación porque la ley vigente de esa época impedía a los corresponsales "asociarse" pues de llevar esa denominación sería un organismo gremial, que no le correspondía. En sus estatutos, aprobados el 9 de diciembre de 1957, se explicitó que su objetivo era “facilitar la misión periodística de sus asociados estrechando sus relaciones mutuas y con organismos y colegas españoles”.


   Fraga también aprobó un reglamento que estableció que el ministerio de Información y Turismo se haría cargo del mantenimiento y conservación del edificio de la calle Pinar y de sus instalaciones y aportaría el personal para su funcionamiento administrativo y de servicios y entre otras tareas encomendadas al Club incluyó la de ocuparse de mejorar la organización y las actividades de la Agrupación de Corresponsales de Prensa Extranjera, que en 1968 había sido refundada y que posteriormente cambió su nombre por el de Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera (ACPE).


   En el acto inaugural del Club, Fraga afirmó que el mismo era "una evidente necesidad, algo que faltaba en nuestra organización de las relaciones con los extranjeros. La experiencia de muchos siglos de eso que ahora se llama relaciones públicas y que han existido siempre, aconsejó en los ambientes más diversos la creación de centros de relación social en los que se puede hablar de negocios sin la rigidez del trato propiamente comercial, de política sin el compromiso de la gestión de la cosa pública, de ideas sin acuñar definiciones".


   Un hombre que durante años fue indispensable para el Club, José Luis Bustos, encargado de la conservación y administración del local de la calle Pinar, recordó años después que "Antes había sido la sede de la Hispano Germana, en donde, durante algunos años, se habían reunido periódicamente simpatizantes de la ultraderecha. Cuando yo llegué a Pinar 5, me encontré en estos locales con un archivo enorme lleno de fotos, de fichas de simpatizantes del nazismo, de nombres de socios. Era un fichero completo, muy documentado. Entonces pensé que era peligroso que aquello estuviera allí y lo quemé todo. Se fue todo a la calefacción".


   También encontró en el local una gran cantidad de objetos, entre ellos vajillas completas con la cruz gamada impresa y batería de cocina con los mismos signos, de lo cual dijo: "Yo pedí permiso entonces y todos aquellos objetos fueron entregados al colegio que el Ayuntamiento de Madrid administraba en el Paseo del Prado, donde estudiaban niñas recogidas por varias instituciones benéficas madrileñas".


   El edificio de la calle Pinar había sido antes sede de una institución cultural madrileña, el Instituto Jaime Balmes, que se había puesto en marcha con la finalidad de que fuera sede para actividades culturales, pero que no prosperó mucho en ese tipo de iniciativas y, al no salir adelante, el Gobierno pensó en él como futura sede de los corresponsales de prensa extranjera afincados en Madrid que, en aquélla época, mantenían sus contactos y reuniones en el Casino de Madrid, cerca de la Puerta del Sol.


   Inaugurado oficialmente el Club en 1962, las actividades comenzaron a tomar cuerpo tras constituirse su primera junta directiva, órgano que, de acuerdo con sus primeros estatutos, se renovaría anualmente. Harold Milks ocupó el puesto de primer presidente, desde noviembre de 1962 hasta el mismo mes del año siguiente. Rafael Miralles, de Plus Ultra -una agencia vinculada a los sindicatos del régimen-, fue el primer vicepresidente y Rafael Salazar, del diario Ya, ocupó la secretaría general.


   Harry Debelius, corresponsal del diario británico The Times, siendo presidente de la ACPE en 1974 y respondiendo a declaraciones gubernamentales sobre la apertura política y libertad de prensa, decidió organizar en el Club charlas con personalidades políticas que jugarían un gran papel en la transición a la democracia, como el socialista Enrique Tierno Galván, el primero en ser convocado. Pero, relató Harry, "El día anterior a que tuviera lugar el acto me llamó el ministro López Bravo para decirme que no podía celebrarse y que se debía contar con la posibilidad de que fuera la policía (a impedir el acto) en caso de no atender a las recomendaciones de la Administración, y me aseguró que no me saldría con la mía".


   Cumpliendo con lo dicho por López Bravo, cuando varios socios comenzaron a llegar a la sede del club para tomar parte en el acto con Tierno Galván se encontraron con que en los alrededores del edificio se habían situado varios jeeps de la policía. En la puerta de la entrada, un letrero anunciaba: "Cerrado por reformas". Al tener impedida la entrada, contó Debelius después, "se convocó una reunión de la junta directiva de la ACPE en el Hotel Palace" y tras el debate resolvieron enviar una carta al ministro Fernández de Letona, en la que comenzaron informándole que lo hacían "Desde el bar del Hotel Palace, que en adelante se considera sede provisional del Club Internacional de Prensa, por ser privado...". Esta situación se prolongó, durante algunas semanas la sede del club permaneció cerrada, pero el proyecto de organizar aquellas charlas continuó. Para no pararlo, se avisó a los invitados de lo que ocurría y las reuniones  convocadas se trasladaron a otro lugar. Los directivos de la ACPE pensaron entonces que un buen sitio para que los encuentros con estas personalidades se celebrasen sin inconvenientes era un restaurante privado, lo cual, según Debelius, también "era una provocación al Gobierno".


   Por eso, añade Debelius, "en la primera de toda la serie que convocamos, antes de empezar, aparecieron por allí dos policías y preguntaron por mí. Ante la solicitud de que desconvocáramos el acto, les contesté que no podía anularlo y que, o se celebraba o nos detenían a todos. Llamaron por teléfono a sus superiores y yo les dije que podían asistir y escuchar todo lo que se decía durante el tiempo que quisieran. En cada una de las conferencias siguientes acudían siempre dos miembros de la policía, pero nunca pasó nada. Nosotros sabíamos que la alternativa que les dejábamos, si seguíamos adelante, era la de detenernos a todos. También los invitados que acudieron tuvieron que mostrar mucho valor, dadas las circunstancias, ya que conocían los problemas que se habían planteado. Después, todo volvió a la normalidad y al cabo de dos o tres semanas pudimos reanudar las actividades en el club".


   La Junta Directiva de la ACPE, reunida el 9 de diciembre de 1975, estableció el sistema de relaciones con el Club, destacando en primer lugar que "La junta del club deberá tener una mayoría de miembros de la Agrupación de Corresponsales de la Prensa Extranjera (ACPE)". Especificó además que la junta de la Agrupación tendría la responsabilidad de todas las actividades profesionales del club "siempre actuando según las leyes del Estado español."


   Dos años más tarde, muerto ya el dictador Franco e iniciada la transición democrática, el Club volvió a ser cerrado, siendo presidente todavía Debelius, quien relató a la agencia ByN que el 26 de noviembre de 1976 iba a celebrarse en el Club una conferencia coloquio con el dirigente socialista Felipe González, líder de la oposición, cuando un día antes llegó la policía y clausuró la sede. Funcionarios del gobierno colocaron en la puerta diciendo que "por razones técnicas se cierra este Club hasta el próximo viernes día 28. Los servicios correspondientes se prestarán en el centro de información de prensa del Palacio de Congresos y Exposiciones".


   Ante esa represión la Junta Directiva de la ACPE se reunió en el Hotel Palace donde aprobó el texto de una carta que enviaron al ministro de Información y Turismo protestando por la interferencia y aclarando que "según las normas que regían hasta ahora no se necesita permiso de la policía para las ruedas de prensa dentro de sus locales y a las que asisten únicamente sus socios". Además, un día más tarde en la sede de la Asociación de la Prensa de Madrid se reunieron un grupo de periodistas madrileños, el presidente del Club, el vice de la Agrupación de Corresponsales Extranjeros y doce corresponsales, que redactaron y firmaron de protesta por el trato recibido por los periodistas y otra en pro de la apertura del Club, que días después volvió a ser abierto.


   Pero los problemas prosiguieron una y otra vez, lo que llevó al célebre jurista José Mario Armero (Pepe Mario para todos sus amigos) a asumir gratuitamente la defensa del Club, cuya Junta Directiva llegó a integrar bajo mi presidencia (        ). Armero, aunque no militó en ningún partido político, igualmente cumplió un papel clave en la transición española a la democracia, en especial con sus actividades en el Club y en la agencia de noticias Europa Press, que presidió y puso en competencia con la oficial EFE, que defendía al dictador un día sí y otro también. Sus relaciones con la Casa Real y su apoyo al primer presidente de la democracia, Adolfo Suárez, también fueron muy importantes, así como la conexión que estableció entre éste y Santiago Carrillo, que se produjo el 27 de febrero de 1977 cuando el presidente y el líder comunista se reunieron en su casa. Esa reunión abrió el camino para que el PC aceptara la monarquía, la bandera rojigualda y la unidad de España y con ello hizo posible su legalización, que se produjo poco después.


   Reabierto el club y normalizadas sus relaciones con el Gobierno, en 1976 se realizaron en su sede una serie de actividades, entre las que destacaron las ruedas de prensa ofrecidas por los socialistas Enrique Tierno Galván y Felipe González y al izquierdista no partidista Joaquín Ruiz Jiménez.


   En marzo de 1979 la ACPE solicitó por escrito al presidente del Club disponer de un despacho en la sede de Pinar 5, para instalar en él su sede social, lo que le fue concedido. Dos meses más tarde la Comisión Gestora es reemplazada por una Junta Directiva, conmigo como presidente y Charles Vanecke, de Le Monde, como vice, siendo una de nuestras primeras actividades la modificación de sus estatutos, la profesionalización de los almuerzos de trabajo que no se deberían hacer nunca más "en honor" de funcionarios estatales, imperando el pluralismo en la lista de invitados y entre otras cosas se establece el criterio de dar la palabra por turno de pedida y no por categorías, se destaca algo muy importante que "el carácter de corresponsal no debe estar condicionado a la obtención de la acreditación gubernamental" y se reclama la democratización del Club Internacional de Prensa.


   El 24 de julio de 1980, tras un largo año de negociaciones entre la Junta Directiva de la ACPE y la Secretaría de Estado para la Información (SEPI) se concretó un acuerdo expresado en cartas entre yo, presidente de la asociación y José Antonio Novais, secretario y Josep Meliá por el Gobierno. En ese acuerdo se estableció que la ACPE asumiera la tarea de reestructurar el Club en base a un nuevo estatuto elaborado por la Asociación y al que prestó su conformidad Meliá. Asimismo se acordó que la Secretaría de Estado seguiría aportando los medios materiales, así como el personal constituido por ocho personas en total y una suma de 2.700.000 pesetas anuales para gastos de mantenimiento, además de pagar el alquiler de la sede, la energía eléctrica, la calefacción, los teléfonos y las teletipos.


   Los años de lucha por la democratización se vieron coronados por el éxito en junio de 1980, cuando la ACPE, presidida desde 1979 por mí como corresponsal de Inter Press Service, negoció y firmó un acuerdo con la Secretaría del Estado de información. En la negociación de ese acuerdo me acompañaron José Antonio Novais, Charles Vanecke, Volkhart Müller y Werner Herzog. Por parte del Gobierno participaron el secretario de Estado de Información, Josep Meliá, y sus más directos colaboradores, Jesús Picatoste, Inocencio Arias (Chencho) y Julián Barriga.


   Una vez reestructurado el Club, en 1981 y por primera vez en su historia su Junta Directiva pasó a ser elegida por el voto secreto de los socios, aunque se mantuvieron algunos criterios no democráticos como la diferenciación entre los derechos de los corresponsales de medios extranjeros y los periodistas de medios españoles, ya que los primeros elegían al presidente, al vicepresidente y a la mayoría de los vocales, mientras que los segundos solo elegían dos representantes y, además, en asamblea aparte de la general. El presupuesto y el programa de trabajo, así como la aceptación de nuevos socios y las bajas eran decididos en una asamblea a la que sólo asistían los corresponsales y los colaboradores de medios extranjeros.


   El acuerdo entre el CIP y la secretaría de Estado estableció que "la ACPE, como organización representativa de los corresponsales de prensa extranjera acreditados en España, asumiría la tarea de reestructurar el Club Internacional de Prensa". Asimismo se acordó que se redactarían unos nuevos estatutos del CIP en los que desaparecería la representación estatal y la corporativa. Asimismo, se estableció que los dirigentes del club serían elegidos por el voto secreto de sus socios, y se precisaron los términos en los que la Administración aportaría medios humanos y materiales para el funcionamiento del Club, dejando a su junta directiva una libertad profesional total.


   Entre los medios a disposición del CIP, quedó establecido que la Secretaría de Estado de Información seguiría aportando el edificio de la calle Pinar, 5, de Madrid, "o uno de similares características", así como personal -diez personas-, muebles y útiles, y que cubriría los gastos generales.


   Una prueba de la cantidad y calidad de las actividades del Club en esa época se puede apreciar tomando en cuenta los 71 actos realizados en un trimestre de 1984 (del 2 de abril al 28 de junio), con almuerzos y debates con dirigentes políticos y sociales, presentaciones de libros, conferencias, mesas redondas y ruedas de prensa.
En esos días ya se estaba negociando el traslado del Club a una nueva sede, cumpliendo una resolución de la asamblea general de la ACPE realizada el 8 de febrero de 1983, que resolvió plantear al Gobierno la necesidad de "dotar al Club de una nueva sede, personal y presupuestos suficientes para su digno funcionamiento" y advirtiéndole que si no hubiese respuesta satisfactoria "devolverá al Estado la gerencia del Club".


   El Gobierno hizo varias promesas, como la cesión de un inmueble en la calle Marqués de Monasterio, en la calle Juan Bravo o en la calle de la Bolsa 8, la construcción de un edificio de ocho plantas en el solar de Pinar 5 y otras alternativas, ninguna de las cuales se cumplió. Al mismo tiempo, la sede de Pinar 5 sufrió un deterioro por no realizarse tareas de mantenimiento "ante el traslado inminente". Ese deterioro llevó a que se derrumbase parte de un muro del jardín que limitaba con la embajada de Portugal, lo que dio un pretexto al Portavoz del Gobierno, Santiago Varela, para enviar un equipo de "restauración" que demolió la parte de atrás del edificio, donde estaba la vivienda del conserje y dependencias del restaurante que funcionaba en el Club. Esa "restauración" afectó también a parte del Club, por lo que el Portavoz ordenó que ante el "peligro de derrumbe" se desalojase el local, facilitándole una sede "provisional por unos meses" en la calle Monte Esquinza.


   Y lo que son las cosas, se retiraron las tejas para arreglar el techo, pero no se lo arregló, por lo cual en unas semanas las lluvias ayudaron al portavoz a cumplir su plan provocando el derrumbe parcial del edificio, paso previo a la devolución del solar a una sociedad anónima propietaria del mismo que desde varios años antes estaba ofreciendo una fuerte indemnización para que se lo desocupase. Ni la ACPE ni el Club ni el Gobierno de manera oficial, recibieron indemnización alguna y nadie pudo demostrar si alguien la percibió, aunque las sospechas cayeron sobre un funcionario de la Oficina del Portavoz. Lo cierto es que se edificó un edificio de varias plantas, de gran valor por su calidad y por la ubicación, una de las mejor calificadas de Madrid. En consecuencia ni el Club ni la ACPE pudieron volver a su sede ya que en agosto de 1986 se les otorgó una "provisional" en unas pequeñas oficinas de Monte Esquinza 41, que se mantuvo hasta 2010, cuando hubo un nuevo traslado, esta vez a la calle María de Molina. ¡No muchas veces en la historia se encuentran períodos "provisionales" que duren 14 años!


   La estrechez de la sede de Monte Esquinza hizo que el Club pasase a organizar los desayunos, comidas y cenas de trabajo en el Hotel Conde Duque, el Casino de Madrid, el Hotel Santo Domingo, el Hotel Tryp Ambassador y el Hotel Palace. A estos encuentros informativos asistieron personalidades como Yassir Arafat, Federico Mayor Zaragoza, Marcelino Oreja, José María Aznar, Julio Anguita, Antonio Gutiérrez, Cándido Méndez, José María Cuevas, Gustavo Villapalos, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Alberto Ruiz Gallardón, Luís Yañez, Javier Rupérez, Jorge Valdano, Francisco Álvarez Cascos, Jordi Pujol, José Antonio Ardanza, Manuel Fraga, Juan María Atutxa, Baltasar Garzón, Josep Borrel, Jesús de Polanco, Margarita Robles, Manuel Pizarro, Alberto Belloch, el embajador de Israel, Helz Invar, el embajador de la Autoridad Palestina, Nabil Maarouf, José Bono, Francisco José Vázquez, José Manuel Soria, Esperanza Aguirre, Isabel Allende, Francisco Román, Maria Asunción Ansorena, José María Fidalgo, Mercedes de la Merced, Enrique Múgica Herzog, Javier Urra y Josep Antoni i Lleida, entre otros.


   En marzo de 1986 fui otra vez elegido presidente de la ACPE y del Club, con Werner Herzog de vice.
Una de nuestras primeras decisiones fue democratizar al Club, lo que se logró plenamente en 1988 cuando se equipararon los derechos y obligaciones de todos los periodistas miembros del Club, con independencia de su nacionalidad o la de los medios para los que trabajasen. Así, a partir de entonces cualquier socio de número pudo ser candidato a uno de los cargos de la Junta Directiva y todos pudieron ejercer el derecho a voto. También se estableció una categoría de miembros adherentes para los no periodistas, o para periodistas que al hacerse socios no estuvieran ejerciendo su profesión en un medio de comunicación. Los adherentes no podrían elegir ni ser elegidos para la Junta, aunque sí podrían participar en las Asambleas y otras actividades del Club.



   Esta modificación de los Estatutos fue acordada de común acuerdo y aprobada por los socios del Club y de la ACPE en una asamblea única, por lo que en su artículo 29 se estableció que "El Club mantendrá buenas y armónicas relaciones con la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera y le seguirá facilitando sus instalaciones, presentes y futuras, para su funcionamiento y actividades sociales, al igual que a las demás asociaciones integradas en el Club". Por ello, en todos los anuarios del Club figura la ACPE como "Asociación con sede en el Club".


   En las primeras elecciones tras la democratización, celebradas en 1988, resultó elegida una Junta Directiva integrada por mí como presidente,  Ricardo Caruchi, vicepresidente, José Antonio Novais secretario, Werner Herzog tesorero y los vocales Einar Jensen, Peter Sereny, Volakart Muller, John Wihener, Moncilo Pudar, Ramón Darío Molinari y Guadalupe Enríquez, en representación de los periodistas y corresponsales extranjeros. En representación de los socios españoles fueron elegidos Antonio Casado y Amaro Gómez de Pablos. En tanto que Ramón del Corral y Rafael Jerez fueron elegidos para representar a los miembros adheridos.


   En esta historia un hecho muy lamentable ocurrió tres años antes, el 18 de diciembre de 1985, cuando un reducido grupo de corresponsales resolvió crear el Círculo de Corresponsales Extranjeros, informando en una carta dirigida a la ACPE que "con efecto inmediato nos damos de baja como socios de la Agrupación de Corresponsales Extranjeros" y además señalaron que quien perteneciera al Círculo no podría mantenerse como miembro de la ACPE.


   La Junta Directiva del Club, presidida por Linda Hermann, dialogó con representantes de los 12 escindidos, que estaban capitaneados por Walter Haubrich, ofreciéndoles resolver cualquier problema que tuvieran, pero fue en vano. Ante eso les señaló que si mantenían su decisión de no permitir que sus socios lo fueran al mismo tiempo de la ACPE, los suyos serían dados de baja del Club, lo que se concretó al rechazar la propuesta los directivos del Círculo.  En marzo de 1986 se renovó la Junta Directiva del Club, que pasó a ser encabezada otra vez por mí como presidente y Werner Herzog como vice. Una de sus primeras medidas "para serenar los ánimos" fue decretar la inmediata reincorporación de los doce expulsados, la mayoría de los cuales la aceptaron y abonaron sus cuotas sociales. Pero la división ACPE-Círculo se siguió manteniendo.


   Unas actividades del Club que hay que destacar es que desde que se democratizó comenzó a entregar premios anuales, destacándose entre ellos los otorgados al rey Juan Carlos I (1992), al secretario general de la ONU, Kofi Annan (1998) y al ex presidente de Portugal, Mario Soares (2000), que en mi carácter de presidente me correspondió entregarlos personalmente en actos masivos realizados en el Hotel Palace.

Otros premios fueron para la periodista Salima Ghezali, de Argelia, a los periodistas y trabajadores del diario Ya, al Real Madrid Club de Fútbol, Mensajeros de la Paz, ACPI, Baltasar Garzón, Javier Solana, OID, Gustavo Sierra, Julio Parrado, pueblos de Madrid y Leganés,  Julio Anguita, José Couso, Ricardo Ortega, Inocencio Arias, Francisco Fernández Ordóñez, Unión de Consumidores, UGT y CCOO, Drisde, Diego Sánchez Bustamante, Plataforma 0,7%, Gesto por la Paz, Jaime Mayor Oreja y Juan María Atutxa, Juan Carlos Rodríguez Ibarra y Javier Arenas, Joan Garcés, Julio Anguita, Juan José Badiola, Santiago López Valdivieso, Fernando Valderrama, Fundación Víctimas del Terrorismo, Asociación 11-M, Manuel Alcalá, Pilar Bonet, Alfonso Rojo, Herman Tersch, Joaquín Ibarz, Sol Gallego Díaz, Melchor Miralles y Ricardo Arqués, Fermín Bocos, Juan Tapia, Ricardo Fernández Deu, Ernesto Sáenz de Buruaga, Luz Rodríguez, Julio César Iglesias, Programa para Guinea Ecuatorial de Radio Exterior de España, Antonio Martín Benítez, Rosa María Mateo, Luis Mariñas, Informativos Canal Plus, Evaristo Cañete González, Gervasio Sánchez, Carles Rivas, Álvaro García Pelayo, José Huesca Garrido, Ricardo Gutiérrez, Angel Millán, Gumersindo Lafuente, Alberto Peláez, Luis Fernando Rodríguez Guerrero, Susana Nieves, María del Carmen Romero y Anna Politkovskaya.
Fue en esa época cuando se constituyó en novedad insólita ver que en una misma sede, a veces hasta coincidiendo en el horario, se celebraban actividades a las que concurrían adversarios políticos. Por mencionar algunas, Manuel Fraga, acompañado de los otros “seis magníficos”, presentó a Alianza Popular en el CIP; el legendario general comunista Enrique Lister dio una conferencia tras su regreso del exilio; Felipe González informó de las actividades de su emergente Partido Socialista; todos los sectores del nacionalismo vasco, sin exclusión, hicieron saber sus posiciones; los partidarios y los enemigos de la OTAN, las suyas y, así, el amplio espectro social y político de aquélla España rumbo a su democratización y normalidad europea pasó por Pinar, 5.
Sólo en 1979, por poner un ejemplo, la ACPE organizó encuentros informativos en el CIP en el que se dieron cita Felipe González, Carlos Ferrer Salat, Fernando Abril Martorell, Francisco Bustelo, Luis Gómez Llorente, Juan María Bandrés, Josep Tarradellas, Josep Meliá, la Comisión Gestora del PSOE, Telésforo Monzón, Jordi Pujol y Enrique García Diez, entre otros.


   En 1980 pasaron por el club Leopoldo Calvo Sotelo, Enrique Tierno Galván, Raimundo Pérez Hernández, Manuel Prado y Colón de Carvajal, Nicolás Redondo, Juan Luis Cebrián, Jesús Vicente Chamorro, Rafael Escudero, Jordi Pujol, Rafael Calvo Ortega, Javier Rupérez, Juan José Rosón, Luis Otero, Santiago Carrillo, Francisco Fernández Ordoñez, Marcelino Camacho, Rosa Posada, Manuel Fraga y Agustín Rodríguez Sahagún. En los años siguientes esa calidad y representatividad de los invitados se siguió manteniendo, lo que no se logró ya avanzado el siglo XXI.
Una iniciativa de la ACPE, presidida por Tito Drago, llevó a la realización en Madrid del primer Congreso Internacional de Asociaciones de Prensa Extranjera, del 11 al 13 de noviembre de 1987, al que asistieron delegaciones de Suiza, Bélgica, USA, México, Costa Rica, Uruguay, Israel, Gran Bretaña, Kenya, Portugal, Italia, El Salvador, España, Sri Lanka, Francia, Alemania Federal, Lagos, Managua, Chile, Viena y Egipto. El congreso reconoció "La necesidad de conseguir un mayor entendimiento y una cooperación asegurada entre Asociaciones de Prensa Extranjera con miras a cimentar unos lazos de una solidaridad integrada". En 1988 se realizó otra reunión similar, la Conferencia Internacional de Asociaciones de Corresponsales, en Londres y una tercera, en 1989, en Roma la que designó a Tito Drago para presidir el comité organizador de la División Europea de una Federación Internacional de Corresponsales Extranjeros, actividad que desapareció de la agenda de la ACPE después de 1989 y nunca más se volvió a retomar. En la conferencia de Roma habló el presidente de Italia, Francesco Cossiga, quien comenzó diciendo que una "nueva etapa de diálogo y de entendimiento entre el Este y el Oeste ha generado una luz prometedora de esperanza" en el que jugarían un papel muy significativo los corresponsales "llamados a jugar un papel esencial para presentar, interpretando y mediando entre la cultura y percepciones profundamente diversas, la exigencia y la realidad de los países en los cuales están llamados a actuar".


   En la conferencia de Londres se resolvió por consenso urgir "a todas las autoridades en los países donde funcionan asociaciones de prensa extranjera a tratar a los medios extranjeros sobre una base profesional, respetando los acuerdos, los códigos periodísticos y los convenios internacionalmente reconocidos. Deplorar las infundadas acusaciones de que la prensa extranjera crea, acelera o provoca hechos políticos en los países huéspedes. Denunciar el incremento de los ataques físicos y otras presiones contra los miembros de la prensa extranjera. Y condenar toda clase de censura y restricciones contra la actividad profesional de los corresponsales extranjeros".


   El Club sufrió un duro incidente en 2006, cuando su secretario ejecutivo, el argentino Gustavo Rachid, fue citado a una reunión de la Comisión de Ética para responder del manejo de fondos que había realizado, desviándolos para usos personales. Se negó a asistir, la Comisión propuso que se lo suspendiese tres meses como socio por no haber asistido y volviendo a citarlo para que respondiese por los fondos. Él respondió dándose de baja, sin devolver el dinero ni dar ninguna explicación. También tenía sobre su cabeza la acusación de “haber intentado excluir de la edición anual de entregas de premios del CIP a la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana (ACPI) y a la Asociación de Periodistas Árabes en España (APAE). Ese intento de marginación seguía a intentos sucesivos de acceder a la presidencia de la una y de la otra”.


Pero, afortunadamente, esas son cosas del pasado y tanto el Club como la ACPE han seguido funcionando y ahora tienen sus sedes en el Centro de Prensa instalado por el gobierno en la madrileña calle María de Molina.


   Funcionando y sin que se hayan vuelto a producir incidentes como los protagonizados por Rachid, aunque ha declinado el nivel de las actividades de ambas asociaciones, un ejemplo de lo cual es que durante siete años, entre 2004 y 2011, no lograron tener un encuentro con el Presidente del Gobierno ni con el líder de la oposición, a pesar de que se hicieron reiteradas solicitudes, que no fueron atendidas. (Tito Drago).

    El Club Internacional de Prensa, que este año cumple medio siglo de existencia, fue creado por Manuel Fraga Iribarne, siendo ministro de Información y Turismo del gobierno del dictador Francisco Franco, y lo inauguró personalmente el 15 de noviembre de 1962 en calle Pinar 5 de Madrid, edificio que a partir de ahí sería su sede durante muchos años.


   La Junta Directiva del Club, por resolución de Fraga, quedó integrada por un representante de la Agrupación de Corresponsales de Prensa Extranjera (ACPE), otro de la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana (ACPI) y un tercero de la Asociación de la Prensa de Madrid y cuatro representantes del Gobierno, dos del Ministerio de  Asuntos Exteriores y dos del de Información y Turismo.


    Un antecedente histórico fue la creación de una agrupación similar a la ACPE en 1923, realizada por el periodista, escritor y político español Julio Álvarez del Vayo, agrupación que se disolvió tras la guerra civil (1936-1939), durante la cual pudo seguir funcionando, aunque con muchas dificultades. En 1957 un grupo de corresponsales se unió y creó la Agrupación de Corresponsales de Prensa Extranjera, que mantuvo esa denominación porque la ley vigente de esa época impedía a los corresponsales "asociarse" pues de llevar esa denominación sería un organismo gremial, que no le correspondía. En sus estatutos, aprobados el 9 de diciembre de 1957, se explicitó que su objetivo era “facilitar la misión periodística de sus asociados estrechando sus relaciones mutuas y con organismos y colegas españoles”.


   Fraga también aprobó un reglamento que estableció que el ministerio de Información y Turismo se haría cargo del mantenimiento y conservación del edificio de la calle Pinar y de sus instalaciones y aportaría el personal para su funcionamiento administrativo y de servicios y entre otras tareas encomendadas al Club incluyó la de ocuparse de mejorar la organización y las actividades de la Agrupación de Corresponsales de Prensa Extranjera, que en 1968 había sido refundada y que posteriormente cambió su nombre por el de Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera (ACPE).


   En el acto inaugural del Club, Fraga afirmó que el mismo era "una evidente necesidad, algo que faltaba en nuestra organización de las relaciones con los extranjeros. La experiencia de muchos siglos de eso que ahora se llama relaciones públicas y que han existido siempre, aconsejó en los ambientes más diversos la creación de centros de relación social en los que se puede hablar de negocios sin la rigidez del trato propiamente comercial, de política sin el compromiso de la gestión de la cosa pública, de ideas sin acuñar definiciones".


   Un hombre que durante años fue indispensable para el Club, José Luis Bustos, encargado de la conservación y administración del local de la calle Pinar, recordó años después que "Antes había sido la sede de la Hispano Germana, en donde, durante algunos años, se habían reunido periódicamente simpatizantes de la ultraderecha. Cuando yo llegué a Pinar 5, me encontré en estos locales con un archivo enorme lleno de fotos, de fichas de simpatizantes del nazismo, de nombres de socios. Era un fichero completo, muy documentado. Entonces pensé que era peligroso que aquello estuviera allí y lo quemé todo. Se fue todo a la calefacción".


   También encontró en el local una gran cantidad de objetos, entre ellos vajillas completas con la cruz gamada impresa y batería de cocina con los mismos signos, de lo cual dijo: "Yo pedí permiso entonces y todos aquellos objetos fueron entregados al colegio que el Ayuntamiento de Madrid administraba en el Paseo del Prado, donde estudiaban niñas recogidas por varias instituciones benéficas madrileñas".


   El edificio de la calle Pinar había sido antes sede de una institución cultural madrileña, el Instituto Jaime Balmes, que se había puesto en marcha con la finalidad de que fuera sede para actividades culturales, pero que no prosperó mucho en ese tipo de iniciativas y, al no salir adelante, el Gobierno pensó en él como futura sede de los corresponsales de prensa extranjera afincados en Madrid que, en aquélla época, mantenían sus contactos y reuniones en el Casino de Madrid, cerca de la Puerta del Sol.


   Inaugurado oficialmente el Club en 1962, las actividades comenzaron a tomar cuerpo tras constituirse su primera junta directiva, órgano que, de acuerdo con sus primeros estatutos, se renovaría anualmente. Harold Milks ocupó el puesto de primer presidente, desde noviembre de 1962 hasta el mismo mes del año siguiente. Rafael Miralles, de Plus Ultra -una agencia vinculada a los sindicatos del régimen-, fue el primer vicepresidente y Rafael Salazar, del diario Ya, ocupó la secretaría general.


   Harry Debelius, corresponsal del diario británico The Times, siendo presidente de la ACPE en 1974 y respondiendo a declaraciones gubernamentales sobre la apertura política y libertad de prensa, decidió organizar en el Club charlas con personalidades políticas que jugarían un gran papel en la transición a la democracia, como el socialista Enrique Tierno Galván, el primero en ser convocado. Pero, relató Harry, "El día anterior a que tuviera lugar el acto me llamó el ministro López Bravo para decirme que no podía celebrarse y que se debía contar con la posibilidad de que fuera la policía (a impedir el acto) en caso de no atender a las recomendaciones de la Administración, y me aseguró que no me saldría con la mía".


   Cumpliendo con lo dicho por López Bravo, cuando varios socios comenzaron a llegar a la sede del club para tomar parte en el acto con Tierno Galván se encontraron con que en los alrededores del edificio se habían situado varios jeeps de la policía. En la puerta de la entrada, un letrero anunciaba: "Cerrado por reformas". Al tener impedida la entrada, contó Debelius después, "se convocó una reunión de la junta directiva de la ACPE en el Hotel Palace" y tras el debate resolvieron enviar una carta al ministro Fernández de Letona, en la que comenzaron informándole que lo hacían "Desde el bar del Hotel Palace, que en adelante se considera sede provisional del Club Internacional de Prensa, por ser privado...". Esta situación se prolongó, durante algunas semanas la sede del club permaneció cerrada, pero el proyecto de organizar aquellas charlas continuó. Para no pararlo, se avisó a los invitados de lo que ocurría y las reuniones  convocadas se trasladaron a otro lugar. Los directivos de la ACPE pensaron entonces que un buen sitio para que los encuentros con estas personalidades se celebrasen sin inconvenientes era un restaurante privado, lo cual, según Debelius, también "era una provocación al Gobierno".


   Por eso, añade Debelius, "en la primera de toda la serie que convocamos, antes de empezar, aparecieron por allí dos policías y preguntaron por mí. Ante la solicitud de que desconvocáramos el acto, les contesté que no podía anularlo y que, o se celebraba o nos detenían a todos. Llamaron por teléfono a sus superiores y yo les dije que podían asistir y escuchar todo lo que se decía durante el tiempo que quisieran. En cada una de las conferencias siguientes acudían siempre dos miembros de la policía, pero nunca pasó nada. Nosotros sabíamos que la alternativa que les dejábamos, si seguíamos adelante, era la de detenernos a todos. También los invitados que acudieron tuvieron que mostrar mucho valor, dadas las circunstancias, ya que conocían los problemas que se habían planteado. Después, todo volvió a la normalidad y al cabo de dos o tres semanas pudimos reanudar las actividades en el club".


   La Junta Directiva de la ACPE, reunida el 9 de diciembre de 1975, estableció el sistema de relaciones con el Club, destacando en primer lugar que "La junta del club deberá tener una mayoría de miembros de la Agrupación de Corresponsales de la Prensa Extranjera (ACPE)". Especificó además que la junta de la Agrupación tendría la responsabilidad de todas las actividades profesionales del club "siempre actuando según las leyes del Estado español."


   Dos años más tarde, muerto ya el dictador Franco e iniciada la transición democrática, el Club volvió a ser cerrado, siendo presidente todavía Debelius, quien relató a la agencia ByN que el 26 de noviembre de 1976 iba a celebrarse en el Club una conferencia coloquio con el dirigente socialista Felipe González, líder de la oposición, cuando un día antes llegó la policía y clausuró la sede. Funcionarios del gobierno colocaron en la puerta diciendo que "por razones técnicas se cierra este Club hasta el próximo viernes día 28. Los servicios correspondientes se prestarán en el centro de información de prensa del Palacio de Congresos y Exposiciones".


   Ante esa represión la Junta Directiva de la ACPE se reunió en el Hotel Palace donde aprobó el texto de una carta que enviaron al ministro de Información y Turismo protestando por la interferencia y aclarando que "según las normas que regían hasta ahora no se necesita permiso de la policía para las ruedas de prensa dentro de sus locales y a las que asisten únicamente sus socios". Además, un día más tarde en la sede de la Asociación de la Prensa de Madrid se reunieron un grupo de periodistas madrileños, el presidente del Club, el vice de la Agrupación de Corresponsales Extranjeros y doce corresponsales, que redactaron y firmaron de protesta por el trato recibido por los periodistas y otra en pro de la apertura del Club, que días después volvió a ser abierto.


   Pero los problemas prosiguieron una y otra vez, lo que llevó al célebre jurista José Mario Armero (Pepe Mario para todos sus amigos) a asumir gratuitamente la defensa del Club, cuya Junta Directiva llegó a integrar bajo mi presidencia (        ). Armero, aunque no militó en ningún partido político, igualmente cumplió un papel clave en la transición española a la democracia, en especial con sus actividades en el Club y en la agencia de noticias Europa Press, que presidió y puso en competencia con la oficial EFE, que defendía al dictador un día sí y otro también. Sus relaciones con la Casa Real y su apoyo al primer presidente de la democracia, Adolfo Suárez, también fueron muy importantes, así como la conexión que estableció entre éste y Santiago Carrillo, que se produjo el 27 de febrero de 1977 cuando el presidente y el líder comunista se reunieron en su casa. Esa reunión abrió el camino para que el PC aceptara la monarquía, la bandera rojigualda y la unidad de España y con ello hizo posible su legalización, que se produjo poco después.


   Reabierto el club y normalizadas sus relaciones con el Gobierno, en 1976 se realizaron en su sede una serie de actividades, entre las que destacaron las ruedas de prensa ofrecidas por los socialistas Enrique Tierno Galván y Felipe González y al izquierdista no partidista Joaquín Ruiz Jiménez.


   En marzo de 1979 la ACPE solicitó por escrito al presidente del Club disponer de un despacho en la sede de Pinar 5, para instalar en él su sede social, lo que le fue concedido. Dos meses más tarde la Comisión Gestora es reemplazada por una Junta Directiva, conmigo como presidente y Charles Vanecke, de Le Monde, como vice, siendo una de nuestras primeras actividades la modificación de sus estatutos, la profesionalización de los almuerzos de trabajo que no se deberían hacer nunca más "en honor" de funcionarios estatales, imperando el pluralismo en la lista de invitados y entre otras cosas se establece el criterio de dar la palabra por turno de pedida y no por categorías, se destaca algo muy importante que "el carácter de corresponsal no debe estar condicionado a la obtención de la acreditación gubernamental" y se reclama la democratización del Club Internacional de Prensa.


   El 24 de julio de 1980, tras un largo año de negociaciones entre la Junta Directiva de la ACPE y la Secretaría de Estado para la Información (SEPI) se concretó un acuerdo expresado en cartas entre yo, presidente de la asociación y José Antonio Novais, secretario y Josep Meliá por el Gobierno. En ese acuerdo se estableció que la ACPE asumiera la tarea de reestructurar el Club en base a un nuevo estatuto elaborado por la Asociación y al que prestó su conformidad Meliá. Asimismo se acordó que la Secretaría de Estado seguiría aportando los medios materiales, así como el personal constituido por ocho personas en total y una suma de 2.700.000 pesetas anuales para gastos de mantenimiento, además de pagar el alquiler de la sede, la energía eléctrica, la calefacción, los teléfonos y las teletipos.


   Los años de lucha por la democratización se vieron coronados por el éxito en junio de 1980, cuando la ACPE, presidida desde 1979 por mí como corresponsal de Inter Press Service, negoció y firmó un acuerdo con la Secretaría del Estado de información. En la negociación de ese acuerdo me acompañaron José Antonio Novais, Charles Vanecke, Volkhart Müller y Werner Herzog. Por parte del Gobierno participaron el secretario de Estado de Información, Josep Meliá, y sus más directos colaboradores, Jesús Picatoste, Inocencio Arias (Chencho) y Julián Barriga.


   Una vez reestructurado el Club, en 1981 y por primera vez en su historia su Junta Directiva pasó a ser elegida por el voto secreto de los socios, aunque se mantuvieron algunos criterios no democráticos como la diferenciación entre los derechos de los corresponsales de medios extranjeros y los periodistas de medios españoles, ya que los primeros elegían al presidente, al vicepresidente y a la mayoría de los vocales, mientras que los segundos solo elegían dos representantes y, además, en asamblea aparte de la general. El presupuesto y el programa de trabajo, así como la aceptación de nuevos socios y las bajas eran decididos en una asamblea a la que sólo asistían los corresponsales y los colaboradores de medios extranjeros.


   El acuerdo entre el CIP y la secretaría de Estado estableció que "la ACPE, como organización representativa de los corresponsales de prensa extranjera acreditados en España, asumiría la tarea de reestructurar el Club Internacional de Prensa". Asimismo se acordó que se redactarían unos nuevos estatutos del CIP en los que desaparecería la representación estatal y la corporativa. Asimismo, se estableció que los dirigentes del club serían elegidos por el voto secreto de sus socios, y se precisaron los términos en los que la Administración aportaría medios humanos y materiales para el funcionamiento del Club, dejando a su junta directiva una libertad profesional total.


   Entre los medios a disposición del CIP, quedó establecido que la Secretaría de Estado de Información seguiría aportando el edificio de la calle Pinar, 5, de Madrid, "o uno de similares características", así como personal -diez personas-, muebles y útiles, y que cubriría los gastos generales.


   Una prueba de la cantidad y calidad de las actividades del Club en esa época se puede apreciar tomando en cuenta los 71 actos realizados en un trimestre de 1984 (del 2 de abril al 28 de junio), con almuerzos y debates con dirigentes políticos y sociales, presentaciones de libros, conferencias, mesas redondas y ruedas de prensa.
En esos días ya se estaba negociando el traslado del Club a una nueva sede, cumpliendo una resolución de la asamblea general de la ACPE realizada el 8 de febrero de 1983, que resolvió plantear al Gobierno la necesidad de "dotar al Club de una nueva sede, personal y presupuestos suficientes para su digno funcionamiento" y advirtiéndole que si no hubiese respuesta satisfactoria "devolverá al Estado la gerencia del Club".


   El Gobierno hizo varias promesas, como la cesión de un inmueble en la calle Marqués de Monasterio, en la calle Juan Bravo o en la calle de la Bolsa 8, la construcción de un edificio de ocho plantas en el solar de Pinar 5 y otras alternativas, ninguna de las cuales se cumplió. Al mismo tiempo, la sede de Pinar 5 sufrió un deterioro por no realizarse tareas de mantenimiento "ante el traslado inminente". Ese deterioro llevó a que se derrumbase parte de un muro del jardín que limitaba con la embajada de Portugal, lo que dio un pretexto al Portavoz del Gobierno, Santiago Varela, para enviar un equipo de "restauración" que demolió la parte de atrás del edificio, donde estaba la vivienda del conserje y dependencias del restaurante que funcionaba en el Club. Esa "restauración" afectó también a parte del Club, por lo que el Portavoz ordenó que ante el "peligro de derrumbe" se desalojase el local, facilitándole una sede "provisional por unos meses" en la calle Monte Esquinza.


   Y lo que son las cosas, se retiraron las tejas para arreglar el techo, pero no se lo arregló, por lo cual en unas semanas las lluvias ayudaron al portavoz a cumplir su plan provocando el derrumbe parcial del edificio, paso previo a la devolución del solar a una sociedad anónima propietaria del mismo que desde varios años antes estaba ofreciendo una fuerte indemnización para que se lo desocupase. Ni la ACPE ni el Club ni el Gobierno de manera oficial, recibieron indemnización alguna y nadie pudo demostrar si alguien la percibió, aunque las sospechas cayeron sobre un funcionario de la Oficina del Portavoz. Lo cierto es que se edificó un edificio de varias plantas, de gran valor por su calidad y por la ubicación, una de las mejor calificadas de Madrid. En consecuencia ni el Club ni la ACPE pudieron volver a su sede ya que en agosto de 1986 se les otorgó una "provisional" en unas pequeñas oficinas de Monte Esquinza 41, que se mantuvo hasta 2010, cuando hubo un nuevo traslado, esta vez a la calle María de Molina. ¡No muchas veces en la historia se encuentran períodos "provisionales" que duren 14 años!


   La estrechez de la sede de Monte Esquinza hizo que el Club pasase a organizar los desayunos, comidas y cenas de trabajo en el Hotel Conde Duque, el Casino de Madrid, el Hotel Santo Domingo, el Hotel Tryp Ambassador y el Hotel Palace. A estos encuentros informativos asistieron personalidades como Yassir Arafat, Federico Mayor Zaragoza, Marcelino Oreja, José María Aznar, Julio Anguita, Antonio Gutiérrez, Cándido Méndez, José María Cuevas, Gustavo Villapalos, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Alberto Ruiz Gallardón, Luís Yañez, Javier Rupérez, Jorge Valdano, Francisco Álvarez Cascos, Jordi Pujol, José Antonio Ardanza, Manuel Fraga, Juan María Atutxa, Baltasar Garzón, Josep Borrel, Jesús de Polanco, Margarita Robles, Manuel Pizarro, Alberto Belloch, el embajador de Israel, Helz Invar, el embajador de la Autoridad Palestina, Nabil Maarouf, José Bono, Francisco José Vázquez, José Manuel Soria, Esperanza Aguirre, Isabel Allende, Francisco Román, Maria Asunción Ansorena, José María Fidalgo, Mercedes de la Merced, Enrique Múgica Herzog, Javier Urra y Josep Antoni i Lleida, entre otros.  En marzo de 1986 fui otra vez elegido presidente de la ACPE y del Club, con Werner Herzog de vice.


   Una de nuestras primeras decisiones fue democratizar al Club, lo que se logró plenamente en 1988 cuando se equipararon los derechos y obligaciones de todos los periodistas miembros del Club, con independencia de su nacionalidad o la de los medios para los que trabajasen. Así, a partir de entonces cualquier socio de número pudo ser candidato a uno de los cargos de la Junta Directiva y todos pudieron ejercer el derecho a voto. También se estableció una categoría de miembros adherentes para los no periodistas, o para periodistas que al hacerse socios no estuvieran ejerciendo su profesión en un medio de comunicación. Los adherentes no podrían elegir ni ser elegidos para la Junta, aunque sí podrían participar en las Asambleas y otras actividades del Club.


Esta modificación de los Estatutos fue acordada de común acuerdo y aprobada por los socios del Club y de la ACPE en una asamblea única, por lo que en su artículo 29 se estableció que "El Club mantendrá buenas y armónicas relaciones con la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera y le seguirá facilitando sus instalaciones, presentes y futuras, para su funcionamiento y actividades sociales, al igual que a las demás asociaciones integradas en el Club". Por ello, en todos los anuarios del Club figura la ACPE como "Asociación con sede en el Club".


   En las primeras elecciones tras la democratización, celebradas en 1988, resultó elegida una Junta Directiva integrada por mí como presidente,  Ricardo Caruchi, vicepresidente, José Antonio Novais secretario, Werner Herzog tesorero y los vocales Einar Jensen, Peter Sereny, Volakart Muller, John Wihener, Moncilo Pudar, Ramón Darío Molinari y Guadalupe Enríquez, en representación de los periodistas y corresponsales extranjeros. En representación de los socios españoles fueron elegidos Antonio Casado y Amaro Gómez de Pablos. En tanto que Ramón del Corral y Rafael Jerez fueron elegidos para representar a los miembros adheridos.


   En esta historia un hecho muy lamentable ocurrió tres años antes, el 18 de diciembre de 1985, cuando un reducido grupo de corresponsales resolvió crear el Círculo de Corresponsales Extranjeros, informando en una carta dirigida a la ACPE que "con efecto inmediato nos damos de baja como socios de la Agrupación de Corresponsales Extranjeros" y además señalaron que quien perteneciera al Círculo no podría mantenerse como miembro de la ACPE.
 

   La Junta Directiva del Club, presidida por Linda Hermann, dialogó con representantes de los 12 escindidos, que estaban capitaneados por Walter Haubrich, ofreciéndoles resolver cualquier problema que tuvieran, pero fue en vano. Ante eso les señaló que si mantenían su decisión de no permitir que sus socios lo fueran al mismo tiempo de la ACPE, los suyos serían dados de baja del Club, lo que se concretó al rechazar la propuesta los directivos del Círculo.  En marzo de 1986 se renovó la Junta Directiva del Club, que pasó a ser encabezada otra vez por mí como presidente y Werner Herzog como vice. Una de sus primeras medidas "para serenar los ánimos" fue decretar la inmediata reincorporación de los doce expulsados, la mayoría de los cuales la aceptaron y abonaron sus cuotas sociales. Pero la división ACPE-Círculo se siguió manteniendo.


   Unas actividades del Club que hay que destacar es que desde que se democratizó comenzó a entregar premios anuales, destacándose entre ellos los otorgados al rey Juan Carlos I (1992), al secretario general de la ONU, Kofi Annan (1998) y al ex presidente de Portugal, Mario Soares (2000), que en mi carácter de presidente me correspondió entregarlos personalmente en actos masivos realizados en el Hotel Palace.

   Otros premios fueron para la periodista Salima Ghezali, de Argelia, a los periodistas y trabajadores del diario Ya, al Real Madrid Club de Fútbol, Mensajeros de la Paz, ACPI, Baltasar Garzón, Javier Solana, OID, Gustavo Sierra, Julio Parrado, pueblos de Madrid y Leganés,  Julio Anguita, José Couso, Ricardo Ortega, Inocencio Arias, Francisco Fernández Ordóñez, Unión de Consumidores, UGT y CCOO, Drisde, Diego Sánchez Bustamante, Plataforma 0,7%, Gesto por la Paz, Jaime Mayor Oreja y Juan María Atutxa, Juan Carlos Rodríguez Ibarra y Javier Arenas, Joan Garcés, Julio Anguita, Juan José Badiola, Santiago López Valdivieso, Fernando Valderrama, Fundación Víctimas del Terrorismo, Asociación 11-M, Manuel Alcalá, Pilar Bonet, Alfonso Rojo, Herman Tersch, Joaquín Ibarz, Sol Gallego Díaz, Melchor Miralles y Ricardo Arqués, Fermín Bocos, Juan Tapia, Ricardo Fernández Deu, Ernesto Sáenz de Buruaga, Luz Rodríguez, Julio César Iglesias, Programa para Guinea Ecuatorial de Radio Exterior de España, Antonio Martín Benítez, Rosa María Mateo, Luis Mariñas, Informativos Canal Plus, Evaristo Cañete González, Gervasio Sánchez, Carles Rivas, Álvaro García Pelayo, José Huesca Garrido, Ricardo Gutiérrez, Angel Millán, Gumersindo Lafuente, Alberto Peláez, Luis Fernando Rodríguez Guerrero, Susana Nieves, María del Carmen Romero y Anna Politkovskaya.


   Fue en esa época cuando se constituyó en novedad insólita ver que en una misma sede, a veces hasta coincidiendo en el horario, se celebraban actividades a las que concurrían adversarios políticos. Por mencionar algunas, Manuel Fraga, acompañado de los otros “seis magníficos”, presentó a Alianza Popular en el CIP; el legendario general comunista Enrique Lister dio una conferencia tras su regreso del exilio; Felipe González informó de las actividades de su emergente Partido Socialista; todos los sectores del nacionalismo vasco, sin exclusión, hicieron saber sus posiciones; los partidarios y los enemigos de la OTAN, las suyas y, así, el amplio espectro social y político de aquélla España rumbo a su democratización y normalidad europea pasó por Pinar, 5.


   Sólo en 1979, por poner un ejemplo, la ACPE organizó encuentros informativos en el CIP en el que se dieron cita Felipe González, Carlos Ferrer Salat, Fernando Abril Martorell, Francisco Bustelo, Luis Gómez Llorente, Juan María Bandrés, Josep Tarradellas, Josep Meliá, la Comisión Gestora del PSOE, Telésforo Monzón, Jordi Pujol y Enrique García Diez, entre otros.


   En 1980 pasaron por el club Leopoldo Calvo Sotelo, Enrique Tierno Galván, Raimundo Pérez Hernández, Manuel Prado y Colón de Carvajal, Nicolás Redondo, Juan Luis Cebrián, Jesús Vicente Chamorro, Rafael Escudero, Jordi Pujol, Rafael Calvo Ortega, Javier Rupérez, Juan José Rosón, Luis Otero, Santiago Carrillo, Francisco Fernández Ordoñez, Marcelino Camacho, Rosa Posada, Manuel Fraga y Agustín Rodríguez Sahagún. En los años siguientes esa calidad y representatividad de los invitados se siguió manteniendo, lo que no se logró ya avanzado el siglo XXI.


   Una iniciativa de la ACPE, presidida por Tito Drago, llevó a la realización en Madrid del primer Congreso Internacional de Asociaciones de Prensa Extranjera, del 11 al 13 de noviembre de 1987, al que asistieron delegaciones de Suiza, Bélgica, USA, México, Costa Rica, Uruguay, Israel, Gran Bretaña, Kenya, Portugal, Italia, El Salvador, España, Sri Lanka, Francia, Alemania Federal, Lagos, Managua, Chile, Viena y Egipto. El congreso reconoció "La necesidad de conseguir un mayor entendimiento y una cooperación asegurada entre Asociaciones de Prensa Extranjera con miras a cimentar unos lazos de una solidaridad integrada". En 1988 se realizó otra reunión similar, la Conferencia Internacional de Asociaciones de Corresponsales, en Londres y una tercera, en 1989, en Roma la que designó a Tito Drago para presidir el comité organizador de la División Europea de una Federación Internacional de Corresponsales Extranjeros, actividad que desapareció de la agenda de la ACPE después de 1989 y nunca más se volvió a retomar. En la conferencia de Roma habló el presidente de Italia, Francesco Cossiga, quien comenzó diciendo que una "nueva etapa de diálogo y de entendimiento entre el Este y el Oeste ha generado una luz prometedora de esperanza" en el que jugarían un papel muy significativo los corresponsales "llamados a jugar un papel esencial para presentar, interpretando y mediando entre la cultura y percepciones profundamente diversas, la exigencia y la realidad de los países en los cuales están llamados a actuar".


   En la conferencia de Londres se resolvió por consenso urgir "a todas las autoridades en los países donde funcionan asociaciones de prensa extranjera a tratar a los medios extranjeros sobre una base profesional, respetando los acuerdos, los códigos periodísticos y los convenios internacionalmente reconocidos. Deplorar las infundadas acusaciones de que la prensa extranjera crea, acelera o provoca hechos políticos en los países huéspedes. Denunciar el incremento de los ataques físicos y otras presiones contra los miembros de la prensa extranjera. Y condenar toda clase de censura y restricciones contra la actividad profesional de los corresponsales extranjeros".


   El Club sufrió un duro incidente en 2006, cuando su secretario ejecutivo, el argentino Gustavo Rachid, fue citado a una reunión de la Comisión de Ética para responder del manejo de fondos que había realizado, desviándolos para usos personales. Se negó a asistir, la Comisión propuso que se lo suspendiese tres meses como socio por no haber asistido y volviendo a citarlo para que respondiese por los fondos. Él respondió dándose de baja, sin devolver el dinero ni dar ninguna explicación. También tenía sobre su cabeza la acusación de “haber intentado excluir de la edición anual de entregas de premios del CIP a la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana (ACPI) y a la Asociación de Periodistas Árabes en España (APAE). Ese intento de marginación seguía a intentos sucesivos de acceder a la presidencia de la una y de la otra”.


   Pero, afortunadamente, esas son cosas del pasado y tanto el Club como la ACPE han seguido funcionando y ahora tienen sus sedes en el Centro de Prensa instalado por el gobierno en la madrileña calle María de Molina. Funcionando y sin que se hayan vuelto a producir incidentes como los protagonizados por Rachid, aunque ha declinado el nivel de las actividades de ambas asociaciones, un ejemplo de lo cual es que durante siete años, entre 2004 y 2011, no lograron tener un encuentro con el Presidente del Gobierno ni con el líder de la oposición, a pesar de que se hicieron reiteradas solicitudes, que no fueron atendidas.


* Tito Drago, corresponsal de la agencia Inter Press Service (IPS), presidió el Club de 1980 a 1982, de 1986 a 2002 y en 1999 fue designado presidente Honorario.

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