Junta Directiva de
Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana

   Queridos compañeros:
   Me dirijo a vosotros por este medio, porque entiendo que debéis conocer rápidamente una información referida a nuestro Club.

   El jueves 28 por la noche se realizó la Asamblea General de la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera (ACPE, a la que asistí en mi calidad de socio de la misma y en la que también estuvieron otros tres miembros de nuestra Junta: María Gloria, Robert y Toshi. En ella, el presidente saliente y no reelegido, Gerardo Vallegas, informó que él y un representante del Círculo de Corresponsales Extranjeros (CCE) fueron convocados por una Directora General de Moncloa, quién les comunicó:

   1)    Que ha dado instrucciones al abogado del Estado para promover el desalojo del local de su propiedad, Monte Esquinza 41, 1º dcha. del Club Internacional de Prensa y de todas las instituciones que alberga: la propia ACPE, la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana, el Grupo Crónica, la Asociación de Periodistas Árabes en España, la Asociación para la Comunicación Empresarial e Institucional, la Asociación de Investigación de Comunicación, la Asociación de Informadores Gráficos de la Comunidad de Madrid, la Asociación de Amigos de las Hemerotecas y la Asociación Iberoamericana de Periodismo Científico.

   2)    Que una vez obtenido el desalojo, es intención del Ministerio de la Presidencia entregar el mismo local a la ACPE y el CCE, para coordinar lo cual el entonces presidente de la ACPE informó que se había reunido con el colega Walter Haubrich, éste en representación del CCE.

   Según informó Vallega en la citada asamblea, esa actitud estaría motivada por la convicción de Moncloa de que su local de la calle Monte Esquinza debe ser utilizado solamente por corresponsales extranjeros, entre los que no incluye a los de las asociaciones árabe e iberoamericana ni a los del Club (la institución que tiene asociados a la mayor cantidad de corresponsales de medios extranjeros. Esta es la única información de que dispongo sobre lo informado por Vallega, no he recibido ningún tipo de comunicación de Moncloa y he consultado a nuestra secretaria, quien me informó que tampoco ha llegado ninguna al Club.

   Me permito recordarles que el Club, desde que fue fundado en 1962, tuvo como uno de sus principales objetivos ser un punto de encuentro de periodistas extranjeros y españoles, que desde su fundación hay en su Junta Directiva periodistas españoles (habiendo cambiado sólo la forma de su integración, ya que al principio eran designados por la Asociación de la Prensa y en la actualidad son elegidos por los socios). También que desde su fundación albergó a otras asociaciones, de periodistas extranjeros y de periodistas españoles y  que en el Club se constituyeron las secciones españolas de la Asociación de Periodistas Europeos (APE) y del Instituto Internacional de Prensa (IPI). Esa tradición de mantener las mejores relaciones de cooperación y amistad con otras instituciones se mantuvo desde 1962, con independencia de quienes presidieran o integrasen nuestra Junta Directa. Si el CCE no tiene su sede en el Club es porque sus dirigentes decidieron no aceptar las reiteradas invitaciones para que compartieran el local en las mismas condiciones de igualdad y pluralismo que las demás asociaciones. La última invitación fue realizada en abril de 1995, cuando se les pidió que asistieran a una reunión con los representantes del Club y de todas las demás asociaciones, siendo los únicos que no asistieron a la misma, en la que se acordaron por consenso una serie de normas para el uso de la sede.          

    Antes de haceros una propuesta concreta, permitidme otro recuerdo: desde su fundación, la administración proporcionó al Club una sede amplia en la calle Pinar 5, con salas de reunión, bar, restaurante, biblioteca y oficinas, 21 personas para atender la sede y cubrió todos los gastos (luz, electricidad, teléfonos, télex, limpieza, etc.) con excepción del uso de los teléfonos y del telex para larga distancia. Entre 1986 y 1988 eliminaron la mayoría de las prestaciones, hasta ordenar el desalojo “transitorio y para hacer reparaciones en el edificio” de Pinar 5. Cuando en 1988 nos trasladamos, también “transitoriamente y hasta que se reparase Pinar” a Monte Esquinza, contábamos todavía con una secretaria y dos conserjes proporcionados por la Administración. A medida que se fueron jubilando, Moncloa decidió no reemplazarlos. La entrega de Pinar (que estaba arrendado por la administración a un precio irrisorio, porque el alquiler databa de 1940) a la propietaria, que lo demolió, puede ser objeto de otra explicación bastante interesante.

    Creo que la Junta Directiva debe dedicar una reunión exclusivamente a analizar este asunto, ante el que caben dos opciones y llevar una propuesta con todos los elementos de juicio, a la próxima Asamblea General, para que los socios decidan. También para comunicársela a las demás asociaciones y en particular a la ACPE que, tras no reelegir a la junta saliente, designó una Comisión Gestora con el encargo de que en un mes convoque otra Asamblea General.

    Creo que es urgente que nos reunamos,, aunque sea una hora, para analizar las posibles soluciones, que van desde la defensa del derecho adquirido y reconocido del Club a contar con una sede facilitada por la Administración y compartir su uso con las demás asociaciones, hasta la renuncia a ese derecho.

    En la medida que otras asociaciones están afectadas por la actitud de Moncloa, entre ellas la ACPE y la ACPI, dos que están en el Club desde su fundación, transmitiré esta información a sus respectivos presidentes. Lamento tener que comunicarme con vosotros para tratar sobre temas desagradables, pero entiendo que no debo mantener en reserva esta información y os envío con ella un fuerte abrazo.

                                                                            Tito Drago
                                                                            Presidente

   En las consideraciones para reformar los Estatutos del Club se tuvieron en cuenta dos mandatos de la Asamblea General: 1) mantener y desarrollar su carácter de punto de encuentro entre periodistas extranjeros y españoles y de relación con la sociedad española, objetivos que tuvo desde su creación, 2) ofrecer a las demás asociaciones una participación en la gestión del Club. El colega Boom, del Círculo de Corresponsales Extranjeros, parte de un error de información, cuando afirma. “siempre hemos entendido que Monte Esquinza 41 fue puesto a disposición de los corresponsales extranjeros”.

   Desde su fundación en 1962, el Club tuvo su sede en Pinar 5 y puso sus instalaciones a disposición de la prensa extranjera. Sólo cuando unas obras autorizadas desde Moncloa dejaron inutilizada la sede inicial, el Secretario General de la oficina del Portavoz, Santiago Varela, puso a disposición del CIP la sede de Monte Esquinza, mediante una carta que envió el 11 de junio de 1986 a su entonces presidente y en carácter de tal, Tito Drago, como precisa el encabezamiento de la misiva.

   El CIP, desde sus orígenes contó con la participación de periodistas españoles. Y no sólo de periodistas. Además, (hasta 1980, fecha en la que fue modificado su estatuto) en su Junta Directiva también había representantes del Gobierno, hecho que bien lo puede testimoniar el colega Boom, el colega Walter Haubrich, actual vicepresidente del Círculo. Haubrich fue presidente del Club Internacional de Prensa desde 1973 a 1980, época en la que integraron su Junta Directiva representantes del Gobierno en tanto que tales, de la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera (ACPE), de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y de la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana (ACPE).

   Recién en 1980 y por exigencia de la ACPE, dejaron de pertenecer a la Junta Directiva del CIP los representantes del Gobierno y todos los miembros de la Junta, incluido el presidente, pasaron a ser elegidos por el voto secreto de los socios. El gobierno de Adolfo Suárez se comprometió entonces, mediante documento firmado por el Secretario de Estado de Información, Josep Meliá, a seguir facilitando y financiando la sede del Club, incluyendo al personal de administración, secretaría y servicios (excepto los del  restaurante). Ese compromiso lo ratificó en comunicación al parlamento el Gobierno socialista, aunque lo incumplió al extremo de retirar todo el personal de la administración que trabajaba en el Club.

   Siempre, desde su fundación, la Junta Directiva dirigió el Club, incluso cuando su personal era del Estado.  Haubrich también podría haber informado a Boom y a sus demás colegas del Círculo de Corresponsales, que el edificio de Pinar 5 estaba identificado (con un cartel) en el frente del edificio y en su interior, como sede del Club Internacional de Prensa y que el CIP tuvo, desde el momento de su creación, sus propias secretarias, personal administrativo y servicios, entre ellos teléfonos y télex, todo sufragado por el Estado pero bajo la gestión de la Junta del Club. Además de ella dependía el bar y restaurante, excepto la parte administrativa y de personal de éste que gestionaba la Dirección General de Paradores.

   En el portal, en la sala de reuniones, en el restaurante y bar, sólo existía la identificación del Club y no la de las asociaciones. Recién al trasladarse a Monte Esquinza, la Junta del Club, sin que lo solicitaran las asociaciones, resolvió hacer colocar también el cartel anunciando a éstas en la puerta de entrada de la sede. En esa sede del CIP, de la calle Pinar, la ACPE y la ACPI, dispusieron, cada una, de un despacho separado donde tenían su secretaria y sus propias líneas de teléfono, que pagaban ellas, aunque funcionaban “dentro del Club”. Se puede citar (y ver) actas, como la de la Junta Directiva de la ACPE, de la que participó Haubrich, el 15 de septiembre de 1971, que comienza así: “Reunidos el día 15 a las 17.00 horas en el Club Internacional de Prensa, bajo la presidencia de D. Theo Stols…”.

   También en la sede del Club se realizaban, hasta 1980 (cuando se cambiaron los estatutos) los almuerzos en honor de los ministros, como el realizado con el de la Gobernación, Tomás Garicano Goñi, invitado el 5 de noviembre de 1970.

   Pero aún más clara es el acta de la reunión de la ACPE del 5 de marzo de 1970, de la que participó Haubrich, que dice: “La Junta Directiva de la Agrupación (se llamaba así entonces la Asociación) acepta la proposición del Sr. Tichman de elegir como sede social de la Agrupación un despacho del Club Internacional de Prensa, pero a condición de pagar al Club un alquiler mensual por dicho local”. En la misma reunión aprobaron celebrar un “almuerzo de hermandad” con el director de la Oficina de Información Diplomática. Asimismo el acta consigna que “El Secretario (de la ACPE) informa sobre la marcha del Club Internacional de Prensa, como delegado de la Agrupación en la Junta de dicho Club”.

   Dicho sea con claridad: el Club albergaba a la ACPI y pasó a albergar a la ACPE ocho años después de la fundación del Club, cuando ésta lo solicitó, pidiendo pagar alquiler, pago que nunca se concretó. Otra cuestión que también queda demostrada, repasando la historia, es que el Club, sus socios y sus sucesivas juntas directivas, sobre todo desde 1980, mantuvieron abiertas las puertas de la institución a todos los colegas de profesión sea cual sea su nacionalidad o la de sus medios. En el Club, todavía en Pinar 5, se constituyeron y funcionaron la sección española del Instituto Internacional de Prensa y de la Asociación de Periodistas Europeos, el Grupo Crónica y la Peña Primera Plana.

   Y si el Círculo no tuvo nunca su lugar en el Club es porque no lo quiso. Es bueno recordar que el Círculo surgió, en 1986, por una escisión de 12 miembros de la ACPE, presidida entonces por la colega Linde Hermann. Y a pesar de que en los estatutos de la nueva organización de corresponsales extranjeros pusieron un artículo que prohibía a sus miembros participar en otras asociaciones profesionales(artículo que nunca se aplicaron a sí mismos Haubrich y el primer presidente del Círculo, Anníbale Vasile, quienes siguieron siendo miembros del Club, con sus cuotas al día hasta la actualidad), la Junta del Club les mantuvo el ofrecimiento de un lugar en su sede, sin ninguna condición que pudiera limitar su autonomía. El Club tampoco contestó públicamente, nunca, a las críticas, calumnias y difamaciones lanzadas públicamente por los primeros inspiradores del Círculo y en algún caso en el medio al que Haubrich representa. Y no lo hizo, ni debería hacerlo en el futuro, porque esas cosas no se deben ventilar públicamente, porque perjudican al conjunto de la profesión.

   Con el pasar de los años y la incorporación de nueva gente era de esperar que el Círculo moderase sus posiciones y comprendiese que la pluralidad y la convivencia es una exigencia de la época actual.

   No se puede decir que tener sede en el Club y admitir que éste tiene una JD que los gestiona, sea limitar la libertad de nadie. Es el Club el que admite una cierta “tutela”, si se quiere decir así, al abrir su Junta Directiva a representantes de otras asociaciones, sin pedir contrapartida ni plantear reciprocidad. De la misma manera que ninguna de las asociaciones con sede en el Club tiene limitada la suya: pueden organizar sus actos profesionales y sociales sin ninguna interferencia por parte de la directiva del CIP y tomar contactos con quienes desean. El Club nunca tuteló a nadie y en especial desde que se democratizó, en 1980, sus directivas sostuvieron el pluralismo y el principio de que no había profesionales de primera y de segunda, ni medios de primera y de segunda, ni países de primera y segunda, ni etnias de primera y de segunda.

   Entonces, ¿por qué razón los colegas del Círculo niegan derechos a la ACPI, que tiene su despacho en el Club desde su fundación, o sea ocho años antes que la ACPE? ¿Por qué se los niegan a las demás asociaciones? ¿O es que los periodistas árabes, latinoamericanos, africanos, asiáticos o de Europa del Este son menos que los demás? ¿O los fotógrafos? ¿O…?

   El Club ha entendido siempre que debe mantener el pluralismo, en sus actos profesionales y sociales, en sus miembros, en sus órganos rectores, en los premios que otorga anualmente, en fin, en todas sus actividades. Y la propuesta de la Junta Gestora a la última Asamblea General realizada en marzo, es que se mantenga esa línea, así como que permanezcan abiertas las puertas para quienes deseen compartir esta grata y enriquecedora experiencia.  (Club Internacional de Prensa, TD, 17-4-1997).

Apreciada colega:

    El lamentable incidente sobre la rueda de prensa ofrecida en el Club para presentar el Manifiesto sobre el Juicio a la Mesa Nacional de Herri Batasuna, nos obliga a puntualizar algunas cosas, esclarecer otras y buscar soluciones para el futuro, con el fin de mantener un ambiente de sana convivencia entre todas las asociaciones y sin conflictos que nos hacen mal a todos. El martes tres de junio la periodista Lolo Rico envió desde el hotel París un fax dirigido al Club Internacional de Prensa, en el que decía que la Comisión Internacional pro Libertad de Expresión solicitaba el local “para presentar en rueda de prensa el Manifiesto sobre el proceso a los miembros de la Mesa Nacional de HB”.

   En el mismo fax, sin firma y sin consignar el domicilio de esa Comisión, se decía que estaba constituida por Pascual Serrano, periodista, Javier Sádaba, escritor y filósofo, Santiago Alba, escritor y filósofo, Carlos Fernández Liria, profesor en la Facultad de Filosofía de la Complutense, Andrés Sorel, periodistas, Emilio Ginés, abogado, Antonio O´Connor, sindicalista y un miembro, aún sin determinar, de la Asociación contra la Tortura. Esas personas, añadía el fax, representarían a dicha Comisión en la rueda de prensa (aunque, después, la mayoría de ellas no asistieron).

   Dos días después, tras las consultas con los miembros de la Junta Directiva, el presidente del Club, Tito Drago, le comunicó a Rico la negativa a ceder el local, habida cuenta de que esa Comisión no se había pronunciado acerca de las amenazas vertidas contra nuestros colegas que cumplen su tarea profesional en el País Vasco. Además, tuvimos en cuenta que miembros de la mesa de HB se solidarizaron con esas amenazas.

   Nosotros no entramos a cuestionar el derecho de esa Comisión a expresarse con total libertad, donde y cuando quisiera. Sólo que nos pareció inconveniente prestar nuestro local, que es una casa de periodistas españoles y extranjeros, quienes ni siquiera ante nuestro requerimiento consideraron oportuno pronunciarse acerca de las amenazas contra los periodistas. Además, tuvimos en cuenta que nuestros colegas que cubren información en la audiencia Nacional se negaron a recibir un comunicado distribuido por HB cuando sus integrantes fueron a declarar ante el juez.

   Después, la ACPE decidió ceder a esa Comisión el local para realizar una rueda de prensa “en el Club Internacional de Prensa”, como consta en la convocatoria. Ante esa situación el CIP envió el lunes 9 una nota de prensa a todos los medios, subrayando que su local de Monte Esquinza 41 no fue cedido a dicha comisión “que no se ha pronunciado, hasta ahora, en contra de las amenazas y ataques sufridos por periodistas que cumplen su labor profesional en el País Vasco”.

   Durante la mañana de ese mismo lunes 9 varias agencias de prensa y periódicos madrileños llamaron al CIP para obtener una clarificación. A todos se les contestó en los términos del comunicado y en ningún momento se abrió opinión sobre la decisión de la ACPE. Al preguntar un periodista de ABC sobre las razones de la ACPE, el presidente del Club lo remitió a que hablara contigo y reiteramos, sin abrir juicio.

   A la rueda de prensa de la aludida comisión no asistió la prensa española y casi nadie de la extranjera. Tampoco estuvieron presentes la mayoría de las personas cuyos nombres se anunciaron en la convocatoria. Los asistentes eran redactores de publicaciones de o afines a HB y de medios de otros grupos extraparlamentarios. En esa ocasión uno de los que ofrecieron la conferencia manifestó: “Todos sabemos ele tratamiento que la prensa española, con tal falacia, da a estos temas (juicio a mesa de HB), tergiversando la información sobre el País Vasco y mintiendo. Y sabemos todos al servicio de quien está la prensa española”.

   El lunes 16 fue publicada como carta al diario ABC una misiva de la ACPE en la que su presidenta afirma “haberse visto envuelta en un incidente provocado por el Club, que primero autorizó a la Comisión a que realizara este acto, como podrá comprobarse en la convocatoria de dicho evento y un día antes de la fecha les dijo que no”. Es curioso que ni la presidenta ni ningún miembro de la JD de la ACPE se haya dirigido al presidente o a algún miembro de la JD del Club para preguntarle que estaba sucediendo. Por lo que vemos, ustedes se fiaron total y exclusivamente de lo que les contaron los que iban a presentar el Manifiesto de la Mesa de HB.

   Y, subrayamos, hay dos hechos que tú mencionas en la carta a ABC que no se ajustan a la verdad. Dices que el Club retiró una presunta autorización “un día antes” de la conferencia, o sea el 8. ¿Cómo, entonces, la carta dirigida a la ACPE lleva fecha 6? Carta ésta en la que, al igual que en la convocatoria, ya no se habla del manifiesto de HB, lo que sí constaba en el primer fax de Lolo Rico.

   Aquí hay varias cuestiones que considerar: 1) Si la ACPE tiene facultades para ceder el local a terceros y en contra de la decisión del Club, 2) Si la ACPE tiene facultades para ceder el uso de “el Club Internacional de Prensa”, como se hizo constar en la convocatoria a la rueda de prensa, d) Si la ACPE puede invalidar una decisión del Club sin siquiera tener la cortesía de dialogar con sus dirigentes para establecer de qué se trata, máxime que tiene contactos diarios con ellos en la misma sede.

   Por si no estuviese claro, te informamos que el Club no ha delegado en nadie le uso de su nombre, por lo que no deben volver a hacer una cosa así (autorizar una Convocatoria “en el Club”…)- Es un hecho grave contra la identidad y la independencia del Club que otra asociación, la vuestra o cualquier otra, autorice a utilizar el nombre del Club Internacional de Prensa. Por otro lado, puedes imaginarte, apreciada compañera, la confusión y los incidentes que se plantearían de continuo si cada asociación con sede en Monte Esquinza anulase o modificase las resoluciones adoptadas por otra. En el caso que nos ocupa,  ¿Hubieras considerado normal que otra Asociación hubiese anulado vuestra indecisión, por más incorrecta e inconsulta que ésta sea?

   Además, de acuerdo a todos los antecedentes que te enumero en el anexo (entre ellos la carta en la que el Gobierno comunicó al Presidente del Club la cesión de dicho local), la ACPE tampoco tiene facultades para decidir por sí sobre el uso del salón de actos del Club. Pero si, como me has dicho, tienes información o autorización de Moncloa para hacerlo, te ruego que nos documentes al efecto.

   La Junta Directiva del Club se siente responsable de la administración del local de Monte Esquinza. Hace dos años convocó una comisión con representantes de todas las asociaciones con sede en él para tratar esos temas y en la última asamblea, como sabes, se decidió invitar a los presidente de las asociaciones a integrar la Junta Directiva del Club, precisamente para coordinar las actividades y evitar incidentes como el que origina esta carta. Ante vuestro “envolvimiento” hemos dejado hacer, precisamente parea no imponer una decisión a una asociación hermana ni crear un conflicto mayor.

   Por último, no deberías hablar de imposiciones ni presiones refiriéndote al Club. En el caso que nos ocupa, fue la ACPE la que impuso al Club la presencia de una comisión a la que le había negado el préstamo del local. El CIP respeta profundamente la autonomía de todas las Asociaciones que tienen su sede en el Club y a su vez reafirma la suya, por lo que no podemos aceptar que nadie o ninguna institución se arrogue la facultad de “corregir” sus decisiones y menos aún la de poner en duda –directa o indirectamente- su apoyo y defensa al principio fundamental de la democracia que es la libertad de expresión.

   Sin otro particular, esperando tu respuesta y con el ánimo de solucionar problemas y de evitar que se vuelvan a producir, te saludamos muy cordialmente.

Tito Drago, presidente

Alejandro Gourevitch, secretario ejecutivo

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