Querido Javier: Te escribo en relación a la carta de Owen, cuya copia me enviaste. Al respecto quiero puntualizar algunas cuestiones. Este individuo tuvo tiempo de sobra para plantear dentro de la Asociación todos los temas que quisiera, siguiendo las normas que marcan nuestros Estatutos y nuestro reglamento: presentar sus cargos a la Comisión de Ética para que ésta los analice y, en caso de considerarlas pertinentes, otorgue al o a los acusados la oportunidad de defenderse, y luego –a partir de esos nuevos datos- informar a la Junta Directiva de sus conclusiones. Después de ese trámite, corresponde a la Junta Pronunciarse y, por último, queda el recurso de acudir a la Asamblea General.


   No obstante, Owen, quien alardea de haber estado dieciséis años en la ACPE,, prefiere la calumnia y tras hacer uso de ella, primero renuncia a la asociación y tras este trámite hace sórdidas acusaciones y pedidos de investigaciones policíacas, dando por sentado que con su renuncia evita asistir a la comisión de Ética para dar la cara. Por tal motivo, solicito a la Junta que presides que le sea rechazada la renuncia y que se lo convoque a la Comisión de Ética para que responda ante ella de sus actitud.

   Por mi parte –como estoy seguro de que ocurre con Gloria y Robert-, no tengo nada que ocultar y cualquier información que desee la Junta o la Comisión de Ética está a su disposición. Y así como manifiesto esa disposición, también reclamo que se rechacen las acusaciones sin fundamento, que son sólo calumnias y que se sancione al calumniador como corresponde.
Muy cordialmente, Tito Drago

   Recibí hoy una nota en la que me comunicas que he sido dado de baja de la ACPE “por no haber acreditado la condición de corresponsal de prensa extranjera”. Es curioso que se adopte tal decisión, cuando de acuerdo con los mismos estatutos que se invocan en esa nota, y dado que llevo 22 años ininterrumpidos en la Asociación, me corresponde ser y debería haber sido designado socio honorario.

   Así lo hice constar en el fax que envié en respuesta a vuestro pedido de que acreditase mi condición de corresponsal. Aunque, añado, cualquiera que esté trabajando en el sector periodístico sabe que sigo trabajando ininterrumpidamente como corresponsales en España desde hace 22 años. Como te consta, desde noviembre de 1977 me desempeño como corresponsal de la agencia Inter Press Service (IPS), que tiene su sede central en Roma y la jefatura mundial de redacción en México.

   En mi fax de respuesta señalé que el servicio de IPS se distribuye por todo el mundo a través del tradicional hilo de agencia y, además, sus despachos se pueden ver pinchando la Web ips.org. Así, simplemente pinchando en la web, pueden comprobar que mi promedio de notas firmadas (de aproximadamente mil palabras, o sea cuatro folios, cada una) es de tres a cuatro por semana. ¿Cuántos socios de la ACPE, de número o adscriptos, producen una cantidad equivalente de material periodístico sobre la realidad española?

   Creo que la actitud de adoptar una decisión como la que me comunicas no se compadece ni con mi actividad actual como corresponsal ni con mi participación de tantos años en la ACPE. Durante muchos años he puesto mi esfuerzo para fortalecer y desarrollar a la ACPE y me tocó hacerlo en los momentos más difíciles. En mayo de 1979 la Asociación tenía menos de cien miembros y estaba sumida en una grave crisis, sin Junta Directiva y con una gestora. Ese año fui elegido presidente y comenzamos la reorganización, que incluyó la democratización del Club Internacional de Prensa (1980), llevada a cabo por la Junta Directiva de la ACPE presidida por mí.

   Uno de los logros más importantes de esa época fue independizar al Club y a la ACPE, de las injerencias gubernamentales. En la Junta del Club había representantes oficiales del Gobierno, cosa que eliminamos. También y respondiendo a una imposición gubernamental, para ser miembro de la ACPE había que tener previamente la acreditación oficial, que en muchos casos se otorgaba o negaba por motivos políticos.

   ¿Cómo podía una asociación profesional defender a un corresponsal o enviado especial que fuese molestado, expulsado, o apresado por desempeñar su tarea, si para reconocerlo como tal primero debía contar con una acreditación del gobierno? En concreto, nosotros debimos recurrir ante el Gobierno para que se reconociese el carácter de corresponsales de los colegas José Antonio Novais y Eduardo Sou Ermo, a los que se les había negado el carné por razones políticas.

   Asumir que la ACPE debía reconocer o no el carácter de corresponsal de un profesional por sí misma, con sus propios medios, sin depender de la calificación gubernamental, fue una de nuestras grandes conquistas, que algunos hoy parecen olvidar. En marzo de 1982 fui reelegido, en una Asamblea a la que se presentaron tres listas. La encabezada por mí obtuvo 75 votos, la de Ricardo Carucci 42 y la de Kees van Bemmelen, 12. Votaron 139 colegas sobre un total de 267 socios, la mayor cantidad de votantes, así como de asociados en la historia de la ACPE y más del doble de los socios que tiene en la actualidad.

   A fines de ese año anuncié que no me presentaría a una reelección (porque es una vieja convicción mía la de que no hay que perpetuarse en los cargos) y en marzo de 1983 fui reemplazado por el colega Armando Puente. Tres años después, bajo la presidencia de Linda Hermann, se produjo una escisión de 12 colegas, que fundaron el Círculo de Corresponsales, al amparo del Gobierno. Ante la nueva crisis y respondiendo al pedido de varios socios, Werner Herzog y yo encabezamos una candidatura, que en marzo de 1986 resultó elegida. Esa Junta hizo todo lo posible, infructuosamente, para la reunificación con el Círculo, organizó el Primer Congreso Internacional de Asociaciones de Corresponsales con representantes de todo el mundo e inició la celebración de las fiestas anuales y la entrega de premios, que tan alto pusieron al Club y a la Asociación. (Lamentablemente, en los dos últimos años la ACPE no quiso participar, a pesar de haber sido invitada a hacerlo en las mismas condiciones que los demás).

   Posteriormente, en 1989, anunció mi decisión de no ser otra vez candidato a la presidencia de la ACPE, aunque los estatutos lo permitiesen y no existiera ninguna oposición, como lo prueba que fue electo presidente el hasta entonces vice, Werner Herzog. Por mi lado, desde la presidencia del Club continué aportando todo mi apoyo a la ACPE, porque consideraba –y sigo considerando- que la unidad de todas las asociaciones de corresponsales y el Club es un requisito importantísimo para el mejor y más libre desempeño de nuestra profesión periodística.

   Son muchos años y muchas actividades, aparte de las arriba reseñadas, las que me ligan a la historia de la ACPE. Es una pena que se llegue a lo que se ha llegado.

Cordialmente, Tito Drago

Señor director del ABC
D. Luis María Ansón

Querido Luis María:
Mediante estas líneas te pido rectificar una información publicada hoy por el diario que diriges, en la que se afirma que “El Club Internacional de Prensa se alineó con la dictadura castrista al no permitir la participación en un almuerzo con Armando Hart, del escritor y periodista Carlos Alberto Montaner”. El Club que presido jamás se alineó con gobierno alguno, ya que es una entidad profesional de carácter plural e independiente.

    En el episodio que nos ocupa la situación es clara. En las comidas de trabajo siempre hay dos partes, una persona invitada que responde a preguntas de la otra parte, constituida por periodistas en ejercicio en un medio, sea éste español o extranjero. Se trata de comidas de trabajo, claramente diferenciadas de debates o mesas redondas.

    Por otra parte, en el Club hay dos categorías de socios: a) los de número y b) los adheridos. Los socios de número son periodistas que trabajan con periodicidad para un medio español o extranjero y los únicos que de acuerdo a los estatutos del Club, pueden asistir a esas comidas. Respecto de los adheridos, se encuentran entre ellos escritores, políticos, diplomáticos, directores de comunicación, etc. Ellos no asisten a las comidas de trabajo, por motivos perfectamente comprensibles y que acatan sin ningún tipo de problemas.

    Carlos Alberto Montaner lleva casi 20 años en el Club como socio adherido y nunca pidió una recalificación. Tampoco asistió ni pidió asistir a ninguno de nuestros almuerzos de trabajo. En el caso que nos ocupa, el Club Internacional de Prensa invitó al Ministro de Cultura de Cuba, Armando Hart, a una comida de trabajo. A ella pidieron poder asistir dos periodistas del ABC, que no son socias del Club. Por cortesía, y como se hace en otras ocasiones para facilitar el conocimiento del Club a otros colegas en ejercicio de la profesión, aceptamos su participación en igualdad de condiciones que los demás participantes.

    Hoy, tu periódico, en una nota que firma S.I. (iniciales que no coinciden con el nombre de ninguna de las dos periodistas de ABC que participaron en el almuerzo), habla sobre un supuesto “alineamiento del Club con la dictadura castrista”. Eso lo desmiente la misma presencia de Carmen Muñoz y Lissette Bustamante –periodistas de ABC- en esa comida. Como tú, nosotros y quien escribió esa información saben, conocemos que Lissette es exiliada cubana y que sustenta posiciones similares a las de Montaner y no hemos puesto ningún impedimento para que asista al almuerzo con Armando Hart.

    Carlos Alberto Montaner llegó de improvisó al almuerzo e intentó participar, negándose en principio a aceptar razones y acusándonos a todos los presentes de ser “cómplices del dictador Fidel Castro”. Finalmente, fueron los mismos colegas quienes se encargaron de demostrarle que era una apreciación gratuita e injusta la que imputaba a todos los presentes y se retiró. Por otra parte, Montaner sabe perfectamente, porque ha participado en algunos de esos actos, que el Club Internacional de Prensa y ha facilitado siempre, y de manera totalmente desinteresada, su sede a las organizaciones del exilio cubano en España. Yo mismo he presidido algunos de esos actos como el que realizó el presidente del Partido Demócrata Cristiano de Cuba, en el exilio, Ángel del Cerro.

    Por todo ello y porque el contenido de la información publicada el miércoles 29 en vuestro periódico afecta el buen hacer de toda la directiva del Club Internacional de Prensa, una de cuyas integrantes es vuestra periodista Isabel San Sebastián, te ruego, querido Director, que tomes en cuenta nuestra rectificación, reiterándote que el Club Internacional de Prensa no se alinea con Ningún Gobierno, sea del tipo que sea y que mantenemos y mantendremos nuestra línea profesional, independiente, democrática y pluralista.

Te envío un cordial abrazo,  Tito Drago (presidente CIP).

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