Una crisis está siendo investigada por la Fiscalía Provincial de Madrid y en primer lugar lo hace con cinco futbolistas de primera línea acusados de delitos contra la Hacienda Pública, un hecho del que todos los periódicos informaron en primera plana. El Ministerio Fiscal lo señaló el miércoles 7 de este mes, en una pequeña nota remitida a los medios de comunicación en la que precisa haber denunciado a tres jugadores a raíz de datos remitidos por la pública Agencia Tributaria.

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El Club, abierto y democrático 
    En relación al intercambio de cartas, la última suya del 3 de febrero, la Junta Directiva del Club Internacional de Prensa, tras reunirse el 10 de este mes y analizar el tema, desea manifestarle:

   1)    Que no hay nada más alejado de nuestra intención que mantener una situación de malentendidos, crispación, indefinición o conflicto en torno a la sede del Club y que por lo tanto reiteramos nuestra disposición para acordar soluciones.

   2)    Que desde su fundación, el 17 de noviembre de 1962, hasta la fecha, el Gobierno ha cedido un inmueble para sede del Club y que siempre, ininterrumpidamente desde entonces, es la Junta Directiva la que tiene la responsabilidad de regular el acceso a esa sede, vigilar el buen uso de sus instalaciones y servicios, garantizar el orden interior, dirigir las actividades profesionales y sociales y requerir de las autoridades españolas cuanto apoyo, ayuda y cooperación pudieran facilitar la tarea de los periodistas extranjeros en España y su relación social y profesional con sus colegas españoles.

   Esa situación fue ratificada por el Secretario de Estado para las Relaciones con las Cortes del Gobierno presidido por D. Felipe González, el 6 de septiembre de 1984, en comunicación al Congreso de los Diputados, al afirmar “que bajo ningún concepto es intención del Gobierno ingerirse directa o indirectamente en la actividad de una institución de las características del Club Internacional de Prensa, si bien parece lógico que desde un punto de vista de apoyos en materia de infraestructura pueda establecerse un sistema de ayudas al mismo, tal y como están organizadas en los países democráticos este tipo de instituciones”.

   3)   Que esas funciones recayeron cada vez más sobre los hombros del Club, en la misma medida en que el gobierno no reemplazó al personal de la administración que se fue jubilando, hasta el extremo de no contar con ninguno en la actualidad y fue mermando sus aportaciones materiales y económicas.


   4)    Que en la actualidad, además de las actividades propias del Club, realizan las suyas normal y cotidianamente en la sede de Monte Esquinza 41, las siguientes asociaciones: de Corresponsales de Prensa Extranjera (ACPE), de Corresponsales de Prensa Iberoamericana (ACPI), de Periodistas Árabes en España (APAE) y de Comunicación Empresarial e Institucional (ACEI). Además, tienen allí registrada su sede otras asociaciones, pero que no registran una actividad cotidiana y permanente. Asimismo, utilizan la sala de prensa para ofrecer conferencias todo tipo de instituciones, asociaciones y personalidades de la vida política, social, cultural, sindical y empresarial, aunque por razones obvias en menor medida de cómo lo hacían en Pinar 5. Todos los gastos que han dejado de ser cubiertos por el Ministerio de la Presidencia lo son por el Club (limpieza, mantenimiento de instalaciones eléctricas y de servicios, pequeñas reparaciones, reemplazo de cambios de moquetas y cristales, portería). Asimismo, al no reemplazar el Ministerio de la Presidencia a los últimos conserjes, secretaria y telefónicas jubilados, el Club ha contratado y paga de sus fondos propios el personal que cumple esas funciones y que cubre, aunque precariamente, las necesidades de atención que el funcionamiento de la sede requiere.

   5)    Que entendemos que dada esa mencionada pluralidad en su utilización –que puede ser aumentada con el ingreso de otras asociaciones o círculos-, la sede requiere una unidad de gestión en los términos del punto 2, por razones de buen uso y administración fácilmente comprensibles. Por ejemplo, y como la señora Directora General conoce y con la finalidad de evitar una facturación abusiva de los teléfonos que paga esa Dirección General, la Junta Directiva del Club debió restringir el uso de las líneas y colocar candados –medida antipática pero necesaria-, después el conserje (funcionario de esa Administración hoy jubilado) informarse haber descubierto a un miembro de una anterior Junta Directiva de la ACPE, acompañado de una persona ajena a esa asociación y al Club, realizando llamadas internacionales fuera del horario habitual de apertura de la sede.


   6)    Que, aunque no sea tema de nuestra incumbencia y dado el conocimiento que tenemos de la situación, debemos rectificar su afirmación de que “la ACPE no tiene su sede en el Club Internacional de Prensa sino en Monte Esquinza, 45”. La ACPE, según nos consta y consta en toda su papelería, tiene su sede en el Club, c/ Monte Esquinza 41, 1ro. Dcha.


   7)    Que debemos reiterar nuestra voluntad de mantener, como se ha hecho hasta el presente, un funcionamiento democrático, abierto y plural del Club, albergando a las asociaciones que ya tienen su sede en él y a otras que quisieran tenerla. Y añadimos que si alguna de las Asociaciones desea tener un despacho para su uso exclusivo, es posible acondicionar uno a tales efectos. Por ejemplo, existe el precedente de la ACPE, que en Pinar 5 disponía de un despacho y teléfono con su línea propia aparte y que si lo desea puede volver a tenerlos en Monte Esquinza 41,


   8)    Que estaremos encantados de recibir y a cooperar con el Círculo de Corresponsales Extranjeros en Monte Esquinza 41; pero que suponemos que tras 32 años, la Secretaría no tiene la intención de retirar a la Junta Directiva de la tuición sobre esa sede. Con gusto nos pondremos de acuerdo con la Junta Directiva del Círculo –del mismo modo que hemos hecho con las demás Asociaciones radicadas en esta sede-, sobre los efectos prácticos de su presencia en Monte Esquinza 41.

   Sin otro particular y reiterándole nuestra invitación para que acepte reunirse con esta Junta Directiva, en lo posible en un almuerzo, para dialogar amplia y distendidamente acerca de este tema y de otros que hacen a las relaciones del Club con ese Ministerio, la saludamos muy atentamente.

Por la Junta Directiva, Tito Drago (presidente)

   En las consideraciones para reformar los Estatutos del Club se tuvieron en cuenta dos mandatos de la Asamblea General: 1) mantener y desarrollar su carácter de punto de encuentro entre periodistas extranjeros y españoles y de relación con la sociedad española, objetivos que tuvo desde su creación, 2) ofrecer a las demás asociaciones una participación en la gestión del Club. El colega Boom, del Círculo de Corresponsales Extranjeros, parte de un error de información, cuando afirma: “siempre hemos entendido que Monte Esquinza 41 fue puesto a disposición de los corresponsales extranjeros”.  

   Desde su fundación, en 1962, el Club tuvo su sede en Pinar 5 y puso sus instalaciones a disposición de la prensa extranjera. Sólo cuando unas obras autorizadas desde Moncloa dejaron inutilizada la sede inicial, el Secretario General de la oficina del Portavoz, Santiago Varela, puso a disposición del CIP la sede de Monte Esquinza, mediante una carta que envió el 11 de junio de 1986 a mí, entonces presidente. El CIP, desde sus orígenes contó con la participación de periodistas españoles. Y no sólo de periodistas. Además (hasta 1980, fecha en la que fue modificado su estatuto), en su Junta Directiva también había representantes del Gobierno, hecho que bien lo puede testimoniar al colega Bomm el colega Walter Haubrich, actual vicepresidente del Círculo. Haubrich fue presidente del Club Internacional de Prensa desde 1973 a 1980, época en la que integraron su Junta Directiva representantes del Gobierno en tanto que tales, de la Asociación de Corresponsales Extranjeros de Prensa Extranjera (ACPE), de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y de la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana (ACPE).

   Recién en 1980 y por exigencia de la ACPE, dejaron de pertenecer a la Junta Directiva los representantes del Gobierno y todos los miembros de la Junta, incluido el presidente, pasaron a ser elegidos por el voto secreto de los socios. El Gobierno de Adolfo Suárez se comprometió entonces, mediante documento firmado por el Secretario de Estado de Información, Josep Meliá, a seguir facilitando y financiando la sede del Club, incluyendo al personal de administración, secretaría y servicios (excepto los del restaurante). Ese compromiso loa ratificó en comunicación al parlamento el Gobierno socialista, aunque lo incumplió, al extremo de retirar todo el personal de la administración que trabajaba en el Club.

   Siempre, desde su fundación, la Junta Directiva dirigió el Club, incluso cuando su personal era del Estado. Haubrich también podría haber informado a Boom y a sus demás colegas del Círculo de Corresponsales que el edificio de Pinar 5 estaba identificado (con un cartel) en el frente del edificio  y en su interior, como sede del Club Internacional de Prensa y que el CIP tuvo, desde el momento de su creación, sus propias secretarias, personal administrativo y servicios, entre ellos teléfonos y télex, todo sufragado por el Estado pero bajo la gestión de la Junta del Club. Además de ella, dependía el bar y restaurante, excepto la parte administrativa y de personal de éste que gestionaba la Dirección General de Paradores.

  En el Portal, en la sala de reuniones, en el restaurante y bar, sólo existía la identificación del Club y no la de las asociaciones. Recién al trasladarse a Monte Esquinza, la Junta del Club, sin que lo solicitaran las asociaciones, resolvió hacer colocar también el cartel anunciando a éstas en la puerta de entrada a la sede. En esa sede del CIP, de la calle Pinar, la ACPE y la ACPI, dispusieron cada una de u n despacho separado, donde tenían su secretaria y sus propias líneas de teléfono, que pagaban ellas, aunque funcionaban “dentro del Club”. Se pueden citar (y ver) actas, como la de la Junta Directiva de la ACPE, de la que participó Haubrich, el 15 de septiembre de 1971, que comienza así: “Reunidos el día 15 a las 17.00 horas en el Club Internacional de Prensa, bajo la presidencia de D. Theo Stols…”.

   También en la sede del Club se realizaban, hasta 1980 (cuando se cambiaron los estatutos) los almuerzos en honor de los ministros, como el realizado con el de la Gobernación, Tomás Garicono Goñi, invitado el 5 de noviembre de 1970. Pero aún más clara es el acta de la reunión de la ACPE del 5 de marzo de 1970, de la que participó Haubrich, que dice: “La Junta Directiva de la Agrupación (se llamaba así entonces la Asociación) acepta la proposición del Sr. Tichman de elegir como sede social de la Agrupación un despacho del Club Internacional de Prensa, pero a condición de pagar al Club un alquiler mensual por dicho local”. En la misma reunión aprobaron celebrar un “almuerzo de hermandad” con el director de la Oficina de Información Diplomática. Asimismo el acta consigna que “El Secretario (de la ACPE) informa sobre la marcha del Club Internacional de Prensa, como delegado de la Agrupación en la Junta de dicho Club”. Dicho sea con claridad: el Club albergaba a la ACPI y pasó a albergar a la ACPE, ocho años después de la fundación del Club, cuando ésta lo solicitó, pidiendo pagar alquiler, lo que nunca se concretó (el pago).

   Otra cuestión que también queda demostrada, repasando la historia, es que el Club, sus socios y sus sucesivas juntas directivas, sobre todo desde 1980, mantuvieron abiertas las puertas de la institución a todos los colegas de profesión sea cual sea su nacionalidad o la de sus medios. En el Club, todavía en Pinar 5, se constituyeron y funcionaron la sección española del Instituto Internacional de Prensa y de la Asociación de Periodistas Europeos, el Grupo Crónica y la Peña Primera Plana. Y si el Círculo no tuvo nunca su lugar en el Club es porque no lo quiso. Es bueno recordar que el Círculo surgió, en 1986, por una escisión de 12 miembros de la ACPE presidida entonces por la colega Linde Hermann.

   Y a pesar de que en los estatutos de la nueva organización de corresponsales extranjeros pusieron un artículo que prohibía a sus miembros participar en otras asociaciones profesionales (artículo que nunca se aplicaron a sí mismos Haubrich y el primer presidente del Círvulo, Anníbale Vasile, quienes siguieron siendo miembros del Club, con sus cuotas al día hasta la actualidad), la Junta del Club les mantuvo el ofrecimiento de un lugar en su sede, sin ninguna condición que pudiera limitar su autonomía. El Club tampoco contestó públicamente, nunca, a las críticas, calumnias y difamaciones lanzadas públicamente por los primeros inspiradores del Círculo y en algún caso en el medio al que Haubrich representa. Y no lo hizo, ni debería hacerlo en el futuro, porque esas cosas no se deben ventilar públicamente, porque perjudican al con junto de la profesión. Con el pasar de los años y la incorporación de nueva gente era de esperar que el Círculo moderase sus posiciones y comprendiese que la pluralidad y la convivencia es una exigencia de la época actual.

   No se puede decir que tener sede en el Club y admitir que éste tiene una JD que los gestiona, sea limitar la libertad de nadie. Es el Club el que admite una cierta “tutela”, si se quiere decir así, al abrir su Junta Directiva a representantes de otras asociaciones, sin pedir contrapartida ni planear reciprocidad. De la misma manera que ninguna de las asociaciones con sede en el Club tiene limitada la suya: pueden organizar sus actos profesionales y sociales sin ninguna interferencia por parte de la directiva del CIP y tomar contactos con quienes desean. El Club nunca “tuteló” a nadie y en especial desde que se democratizó, en 1980, sus directivas sostuvieron el pluralismo y el principio de que no había profesionales de primera y de segunda, ni medios de primera y de segunda, ni países de primera y de segunda, ni etnias de primera y de segunda.

   Entonces, ¿por qué razón los colegas del Círculo niegan derechos a la ACPI, que tiene su despacho en el Club desde su fundación, o sea ocho años antes que la ACPE? ¿Por qué se los niegan a las demás asociaciones? ¿O es que los periodistas árabes, latinoamericanos, africanos, asiáticos o de Europa del Este son menos que los demás? ¿O los fotógrafos? ¿O…?

    El Club ha entendido siempre que debe mantener el pluralismo, en sus actos profesionales y sociales, en sus miembros, en sus órganos rectores, en los premios que otorga anualmente, en fin, en todas sus actividades. Y la propuesta de la Junta Gestora a la última Asamblea General realizada en marzo, es que se mantenga esa línea, así como que permanezcan abiertas las puertas para quienes deseen compartir esta grata y enriquecedora experiencia.  (CIP Madrid, 17-4-1997).

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