Después de cinco tensos días, convulsionados por atentados, amenazas de bombas, violentas manifestaciones ultraderechistas en las calles y toda suerte de rumores, en la tarde del 30 de mayo Adolfo Suárez logró del congreso de los diputados un expreso y mayoritario apoyo

   El día anterior, con el trasfondo de los ultraderechistas de "Fuerza Nueva", armando barricadas, quemando vehículos y promoviendo desórdenes en barrios aristocráticos, el diario El Imparcial pedía "un gobierno de salvación", los rumores más benignos daban como segura la renuncia de los dos vicepresidentes del gobierno y los más osados daban por renunciado al mismo Suárez.

   El aludido pleno del congreso comenzó su sesión vespertina con la lectura de una "declaración institucional contra el terrorismo", aprobada por todas las fuerzas parlamentarias y con la sola abstención de los minoritarios integrantes del "grupo mixto" y  del "grupo de coalición democrática".

   La declaración "insta y apoya al gobierno de la nación, a los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado y a los órganos del poder judicial" para que, cumpliendo las leyes, "utilicen todos los medios a su alcance", "tendentes a erradicar el terrorismo".

   Después de condenar a "las bandas armadas" por realizar "un ataque frontal contra el estado", calificado de "estrategia consciente de provocación y terror", en contra de la democracia, el congreso denuncia "a los que se aprovecha n del clima de inseguridad", "para infundir el desánimo y la desconfianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas".

   Suárez, en medio de gran expectación y después de ubicar a las causas de la violencia "en los momentos más críticos y difíciles", rindió homenaje a la serenidad de las Fuerzas Armadas y rechazó las acusaciones, provenientes de la derecha, de que su gobierno no tiene programa ni proyecto de vida.