El pueblo argentino y el chileno no han bajado la cabeza ni los brazos y han demostrado capacidad de movilización en condiciones tan difíciles como las que hay en Chile hoy”, dijo Manuel Simón, secretario de relaciones internacionales de la poderosa central socialista Unión General de Trabajadores. Simón, que junto a sindicalistas italianos, finlandeses, franceses, colombianos, peruanos y costarricenses, participó en los actos del primero de mayo en Santiago de Chile, pasó también por Buenos Aires, donde se entrevistó con dirigentes del nucleamiento sindical denominado “de los veinticinco”.

En Chile dialogamos varias veces y estuvimos en estrecho contacto con la coordinadora, que viene a ser la CUT, con el Grupo de los Diez y con el comité organizador de las actividades del primero de mayo, nos dice Simón.

- ¿A qué tendencias políticas respondían los dirigentes con los que te entrevistaste?
- Había socialistas, radicales, demócratacristianos, comunistas, mapu obrero y campesino.

- ¿Cuál fue la principal actividad el primero de mayo?
- Como estaba previsto, nos dirigimos a la Plaza Aguirre Cerda, que estaba circundada por carabineros, quienes a los empujones y usando palos nos dispersaron. Vi apalear a viejos, a mujeres,, a niños. Eso lo vi yo, vi detener a mansalva, detuvieron a unas ochocientas personas en pocas horas.

- ¿Cuánta gente se concentró allí?
- Estuvimos corriendo de atrás para adelante unas cuatro horas, por lo que es difícil de precisar, pero no miento si digo varios millares de personas, trabajadores, jóvenes, estudiantes y muchos veteranos.

- ¿Qué gritaban los allí reunidos?
- Viva el primero de mayo, viva el socialismo, abajo Pinochet. Gritaban “asesinos” a la policía. Nadie podía pensar que en 1978, un primero de mayo en Santiago, tanta personas podían haber acudido al llamado del comité organizador. Fíjate que todo fue “anulado”, “prohibido” con amplia manipulación de la prensa.

- ¿Cómo fue lo de la iglesia?
- Después de muchas carreras, nos dirigimos por la Alameda a la Iglesia de San Francisco. Allí otra sorpresa, gran cantidad de gente nos estaba esperando y entramos a la iglesia a través de un verdadero cordón humano. Se cantaron canciones con mensajes, se celebró la misa, un sacerdote obrero explicó porque la gente se refugió allí y Eduardo Ríos se pagó un mitin de 20 minutos analizando lo que era el primero de mayo, la lucha que el pueblo de Chile estaba llevando contra la junta.
Al salir de la iglesia, a cuyo frente había un fuerte contingente policial, bajamos la avenida y como a los doscientos metros, al mirar para atrás, vimos que la iglesia se estaba vaciando detrás de nosotros (sindicalistas extranjeros y chilenos) y que de hecho estábamos haciendo una manifestación, hasta que otra vez los carabineros nos disolvieron, volviendo a detener mucha gente.

- ¿Ha sido debilidad del régimen que haya tenido que liberar a los detenidos a las pocas horas?
- Sí, pero también capacidad de reacción de las masas populares y de la clase trabajadora. No tengo dudas que el gobierno fue desbordado por la cantidad de gente que se almacenó en pocos minutos en los alrededores de la plaza Aguirre Cerda.

- ¿Qué impresión te transmitieron los dirigentes sindicales chilenos acerca de la persistencia del régimen? ¿Habrá cambios?
- Más que en los cambios dentro del régimen, ellos confían en la capacidad de respuesta de la clase trabajadoras y de su organización.

- ¿Qué opinión te has formado allá de la reciente amnistía?
-  Cuadros jurídicos de la vicaría, que también visité, nos pidieron que difundiéramos muy bien que la amnistía era un camelo, que saldrían unos pocos, no dejarían regresar al país a los que ellos considerasen elementos “peligrosos”. Entre los que salieron de la cárcel hay aquellos que estaban condenados por violencias, homicidios, allanamientos, pero que pertenecían a los cuerpos represivos.

- ¿De vuestra visita resultó algún plan concreto de solidaridad?
- Vamos a seguir haciendo lo que estábamos haciendo hasta ahora, a través de nuestras respectivas internacionales, aportando en la medida de nuestras posibilidades un apoyo material, económico, político y técnico a las expresiones políticas y a la expresión sindical unitaria en Chile. (Madrid, 10-5-1978)

Benjamín Teplizky, dirigente del Partido Radical chileno y secretario ejecutivo del comité “Chile democrático” que convocó a la conferencia mundial de solidaridad con ese país, que se realizará los días 9, 10 y 11 de noviembre próximos en esta ciudad, dijo que la misma se efectuaría “en un momento muy oportuno”. Le preguntamos si eso significaba pronóstico acerca de un próximo derrumbe de la junta militar.

- Nosotros debemos ser cuidadosos, contestó, y no queremos entregar un optimismo desmesurado que introduzca confusión entre nuestros amigos en todo el mundo, entre la gigantesca masa del exilio ni hacia el interior de Chile. Sin embargo, hay muchas cosas que objetivamente no pueden ser ignoradas.
- Primero, la fractura definitiva de la junta militar. Segundo, Que a partir del primero de mayo las condiciones de lucha del pueblo chileno cambiaron radicalmente. Todas las delegaciones extranjeras que fueron a Chile a participar con los trabajadores en los actos de ese día, coincidieron en señalar que la participación de la clase obrera fue de miles de personas. Un verdadero cambio cualitativo. Tercero, los hechos internacionales. La situación, aun desde el punto de vista de la tan  manida “seguridad nacional” de algunos militares fascistas está sometida a una prueba de fuego, el aislamiento internacional –y en especial respecto de los vecinos en el cono sur- han puesto en peligro como nunca la ´seguridad nacional´ y esta factor pesa muy fuertemente, sobretodo en el medio militar.

- La elección de Madrid como sede de la conferencia tiene algo que ver con el llamado ´modelo español´ de tránsito no violento de la dictadura a la democracia?
- Cada país tiene su peculiaridad, su idiosincrasia. Trasplantar mecánicamente, en términos absolutos, experiencias de un país a otro no es bueno, pero eso no quiere decir que no haya puntos de contacto. Y el surgimiento de la democracia en España, ese fenómeno fascinante, después de 40 años de dictadura franquista, me parece que es una lección de la cual nosotros debemos recoger enseñanzas. Y al mismo tiempo hemos entendido que si recibimos democracia y solidaridad debemos devolverla.
El fenómeno chileno tiene una vigencia tremenda, aunque lo hayamos aprendido lamentablemente un poco tarde y esta vigencia se da también en España y nosotros devolvemos con nuestra unidad, la concepción de la unidad de los demócratas frente al fascismo como concepción primaria de la lucha de los pueblos.

- ¿La juntar militar tiene posibilidad de una retirada negociada?
-Yo creo que en eso están ellos.

- ¿Tienen interlocutores?
- Algunos. La burguesía chilena y sectores por supuesto de los Estados Unidos.

-¿La izquierda chilena puede entrar en esas negociaciones?
- Es muy difícil, yo diría que imposible. Nosotros no podemos tener como interlocutor al general Pinochet. Sería olvidarnos de la sangre de nuestro pueblo.

- ¿Y con el general Leigh?
- Con ninguno de ellos cuatro. El límite que podríamos poner creo que es el de esos cuatro generales que integran la junta y que son los culpables centrales de la tragedia que vive nuestro pueblo. Sin perjuicio que sostengamos que la nuestra no es una actitud de revancha, ni de baños de sangre, ni de aterrorizar. Pero sí queremos decir que la justicia chilena, la verdadera –no ésta que imperó en estos cinco años- se hará cargo de quienes han cometido abusos o excesos de poder, torturando y asesinando.

- ¿Qué tipo de justicia será?
-  No será de paredones y fusilamientos colectivos, ni se erradicará todo el aparato de justicia en su conjunto. La justicia en un gobierno de transición, provisional, tendrá que conducir el proceso hacia estos excesos a partir de su propia concepción de la justicia. Hay grandes y pequeños responsables. Como ex preso político te puedo decir que hay muchos hombres n-nosotros tenemos los nombres- de militares chilenos, de las cuatro fuerzas armadas, que hicieron más fácil y aliviaron las torturas y los dolores de miles de prisioneros. (IPS Madrid, 3-7-1977)

   La mayoría de los observadores creyó ver en la destitución del general Gustavo Leigh un síntoma del fortalecimiento de Pinochet al frente de la junta militar. Sin embargo, esta apreciación peca de ligereza y, en todo caso, demuestra un desconocimiento no solo de la situación chilena, sino también de la historia golpista de América Latina.

   “La principal fuerza empeñada en derribar a Pinochet, nos decía un colega chileno exiliado, es el departamento de estado, deseoso de un cambio de imagen”. Nos agrega que reconocerlo así no era calificarlo de positivo o negativo, sino simplemente de constatar un hecho. Constatación que no es contradictoria con aquella otra, que dice del innegable protagonismo norteamericano en la caída de Salvador Allende. Desde hace un par de años, los mismos que impulsaron a Pinochet a dar el golpe, consideraron terminada su tarea y empezaron a urgir un cambio, un retorno a formas más o menos democráticas de gobierno.


    Si algo atrasó el cambio, fue la decisión del primer actor de la tragedia, que se tomó muy en serio su papel y respondió “no” a todas las insinuaciones para el recambio. Las presiones que con otros dictadores sudamericanos dieron resultados, con Pinochet fracasaron. Un hecho vendría a apresurar los planes de recambio: el primero de mayo, por vez primera desde el golpe, el pueblo trabajador se movilizó masivamente en las calles de Santiago, durante horas, desafiando la represión policial. Si hasta ese momento se podían buscar soluciones de recambio superestructurales y más o menos pactadas, la irrupción de un factor incontrolable, como es la movilización popular, hizo apresurar planes.

   La huelga de hambre de los familiares de “detenidos-desaparecidos”, con su eco mundial y su incipiente papel de movilización interior, se agregó a las razones de las urgencias. Cuando se trató de derrocar a Salvador Allende, los norteamericanos impulsaron un pre-golpe, conocido como el “tanquetazo”. Un coronel ultraderechista con un centenar de hombres y tres tanques (que a mitad de camino se quedaron sin gasolina y sin municiones) intentó tomar el palacio de La Moneda, actuó como si lo suyo fuera solo parte de un plan más amplio, cosa que se comprobó cuando después llegaron sus quejas de “traición y abandono2.

   Dos meses después se produjo el “pinochetazo”. Durante ese lapso los servicios de información norteamericanos recogieron y computaron todas las reacciones favorables y desfavorables, que sus agentes en las fuerzas armada le remitieron. Supieron así a quienes “trabajar”, quienes neutralizar y quienes eliminar. Después del “tanquetazo” llegó el 11 de septiembre. La historia latinoamericana recuerda otros. En junio de 1955 un grupo de la aviación naval se alzó contra Perón, bombardeó la casa de gobierno y ametralló plazas cubiertas del pueblo. Pareció también un acto dentro de una obra mayor, el 16 de septiembre Perón fue derrocado. Curiosamente también Isabel Perón conoció “el golpe en dos etapas” o “golpe con ensayo previo” y Goulart en Brasil o Torres en Bolivia, también.

   Gustavo Leigh actuó contando con un respaldo mayor al recibido. Alguien lo suficientemente importante le hizo creer que era el hombre del recambio, animándolo a asumir el papel de “democratizante”. A la hora de la verdad, cuando quiso avanzar, miró hacia atrás y solo vio a un puñado de generales de la fuerza aérea, dispuestos a renunciar pero no a pelear. Si lo hubiera pensado quizás se habría dado cuenta que ya no puede ser el hombre del recambio, que asegure a las transnacionales unos años de “paz”, pues no ofrece imagen de credibilidad.

   Demasiado cerca está su actuación el once de setiembre de 1973, recordando todavía los chilenos u expresión ferozmente antipopular en las pantallas televisivas. A Leigh, lo engañaron y le hicieron jugar el papel del perro en la caza de la perdiz. Los norteamericanos tienen otros candidatos, el general Hernán Brady entre ellos y en el plano civil alguna alta figura de la democracia cristiana.  Resta solo preguntarse: después del “tanquetazo” ¿cuánto tardará en llegar el septiembre de Pinochet? Si se cumplieran los habituales dos meses entre ensayo y puesta en escena, la ironía de la historia marcaría para Pinochet un septiembre coincidente con el del calendario. (Madrid, 11-8-1978)

Página 7 de 98