Benjamín Tepolizky, dirigente del partido radical chileno y secretario ejecutivo del comité “Chile democrático” que convocó a la conferencia mundial de solidaridad con ese país, que se realizará los días 9, 10 y 11 de noviembre próximos en esta ciudad, dijo que la misma se efectuaría “en un momento muy oportuno” y le preguntamos si eso significaba pronóstico acerca de un próximo derrumbe de la junta militar.

- Nosotros debemos ser cuidadosos –contestó- y no queremos entregar un optimismo desmesurado que introduzca confusión entre nuestros amigos en todo el mundo, entre la gigantesca masa del exilio ni hacia el interior de Chile. Sin embargo, hay muchas cosas que objetivamente no pueden ser ignoradas.
Primero, la fractura definitiva de la junta militar. Segundo, que a partir del primero de mayo, las condiciones de lucha del pueblo chileno cambiaron radicalmente. Todas las delegaciones extranjeras que fueron a Chile a participar con los trabajadores en los actos de ese día, coincidieron en señalar que la participación de la clase obrera fue de miles de personas, una verdadero cambio cualitativo. Tercero, los hechos internacionales. La situación, aun desde el punto de vista de la tan manida “seguridad nacional” de algunos militares fascistas está sometida a una prueba de fuego. El aislamiento internacional –y en especial respecto de los vecinos en el cono sur- han puesto en peligro como nunca la seguridad nacional y este factor pesa muy fuertemente, sobretodo en el medio militar.

- La elección de Madrid como sede de la conferencia ¿Tiene algo que ver con el llamado ´modelo español´ de tránsito no violento de la dictadura a la democracia?
- Cada país tiene su peculiaridad, su idiosincrasia. Trasplantar mecánicamente, en términos absolutos, experiencias de un país a otro no es bueno. Pero eso no quiere decir que no haya puntos de contacto y el surgimiento de la democracia en España, ese fenómeno fascinante, después de 40 años de dictadura franquista, me parece que es una lección de la cual nosotros debemos recoger enseñanzas y al mismo tiempo hemos entendido que si recibimos democracia y solidaridad debemos devolverla. El fenómeno chileno tiene una vigencia tremenda, aunque lo hayamos aprendido lamentablemente un poco tarde y esta vigencia se da también en España. Y nosotros devolvemos con nuestra unidad la concepción de la unidad de los demócratas frente al fascismo como concepción primaria de la lucha de los pueblos.

- ¿La junta militar tiene posibilidad de una retirada negociada?
- Yo creo que en eso están ellos.

- ¿Tienen interlocutores?
- Algunos. La burguesía chilena y sectores, por supuesto de  los Estados Unidos.

- ¿La izquierda chilena puede entrar en esas negociaciones?
-  Es muy difícil,, yo diría imposible, nosotros no podemos tener como interlocutor al general Pinochet. Sería olvidarnos de la sangre de nuestro pueblo.

- ¿Y con el general Leigh?
- Con ninguno de ellos cuatro. El límite que podríamos poner, creo que es el de esos cuatro generales que integran la junta y que son los culpables centrales de la tragedia que vive nuestro pueblo, sin perjuicio que sostengamos que la nuestra no es una actitud de revancha, ni de baños de sangre, ni de aterrorizar, pero si queremos decir que la justicia chilena, la verdadera –no ésta que imperó en estos cinco años- se hará cargo de quienes han cometido abusos o excesos de poder, torturado y asesinado.

- ¿Qué tipo de justicia será?
- No será de paredones y fusilamientos colectivos, ni se erradicará todo el aparato de justicia en su conjunto. La justicia en un gobierno de transición, provisional, tendrá que conducir el proceso hacia estos excesos a partir de su propia concepción de la justicia. Hay grandes y pequeños responsables. Como ex preso político te puedo decir que hay muchos hombres –nosotros tenemos los nombres- de militares chilenos, de las cuatro fuerzas armadas, que hicieron más fácil y aliviaron las torturas y los dolores de miles y miles de prisioneros. (Madrid, 8-7-1978)

    Los límites de los derechos humanos, y por lo tanto el nivel de sus violaciones, fueron puestos sobre el tapete en las intervenciones producidas durante la conferencia mundial de solidaridad con el pueblo de Chile, que se celebró en esta ciudad desde el 9 al 12 de este mes. La conferencia, convocada para expresar la condena del mundo progresista en contra de la violación reiterada de los derechos humanos por el régimen del general Augusto Pinochet, fue paulatinamente involucrando en la denuncia a otros regímenes que violan sistemáticamente tales derechos.

   El “Acta de Madrid por la libertad de Chile” no fue amplia en este aspecto, señalando que si bien el enfrentamiento entre sojuzgados y sojuzgadores “no tiene fronteras”. “El objetivo central de la conferencia” obligaba a precisar la denuncia sobre el caso de Chile. En la medida en que el acta fue aprobada por consenso cabe deducir que no todas las delegaciones estaban dispuestas a incluir una condena. Por ejemplo a las dictaduras uruguaya y argentina.

   Significativo fue también, en este sentido, que ni en la ceremonia de apertura ni en la de clausura, en la que se pronunciaron una treintena de discursos, se ofreciera la palabra a representante de Argentina, Uruguay, Paraguay o del frente sandinista, cuya delegada había sido saludada con una fuerte ovación al ser anunciada. Tampoco le fue ofrecida la palabra en esas ceremonias al delegado del Frente Polisario.

   Sin embargo otros oradores hicieron notar su presencia y la condena a las respectivas dictaduras. Luis Yáñez, que habló en nombre del Partido Socialista Obrero Español y de la Internacional Socialista, dijo que para ellos los derechos humanos son “una política indeclinable, universal, sin fronteras e indivisible, sin hacer diferencias cualitativas”. Aclaró además que “el ejemplo de solidaridad con Chile debe servir de ejemplo para la solidaridad con otros pueblos de Latinoamérica, como Uruguay, Argentina, Nicaragua y Guatemala”.

   El socialista chileno Carlos Altamirano, en una vibrante improvisación, precisó que “a través nuestro se está expresando la solidaridad con todos los pueblos que luchan en nuestra América", señalando que la lucha del frente sandinista “Es nuestra lucha, que su victoria será nuestra victoria.  Así como la victoria, la lucha del pueblo argentino y del uruguayo  y del paraguayo será también una gran victoria de todos los pueblos latinoamericanos”.

   Agregó que “los chilenos todos nos sentimos partícipes en el combate que libran otros pueblos: el Frente Polisario, acá en el África la temática histórica legítima de los palestinos también es una causa nuestra y la de los combatientes allá en el sur de África, en Zimbabue y Namibia”. El presidente de los comités de defensa de la revolución de Cuba, Jorge Lescano, dijo que “el golpe de estado en Chile es parte de una política del imperialismo que pretende inútilmente enfrentar el avance de los pueblos de nuestra América hacia su segunda y definitiva independencia, mediante el terror y la represión”.

   Y puso como ejemplo elocuente a Uruguay, Bolivia, Argentina, El Salvador, Guatemala y Nicaragua y Puerto Rico. Señaló también que podría preguntársele a los pueblos de África del Sur, Namibia, Zimbabue, Palestina e Irán, por citar solo algunos, que piensan de la política de derechos humanos proclamada por Washington. Pero no solo se extendió el límite de la lucha por los derechos humanos a otros pueblos de América Latina y del Tercer Mundo, sino que hubo alusiones a la necesidad de denunciar las violaciones “vengan de donde vengan”, mencionando incluso en la  solemne sesión de clausura Jesús Insaustegui, de la Confederación Nacional de Trabajadores de España, que esos derechos se violan también en países capitalistas avanzados “y en algunos socialistas”.

   Sobre la conferencia resonaban aún unas palabras dichas por el líder socialista español Felipe González en Caracas, en las que manifestó que por el problema de las libertades prefería ser asaltado en la boca de un ferrocarril subterráneo a las diez de la noche en Nueva York y no vivir en un país socialista, cuya misma denominación de tales cuestionó. Luis Yañez dijo a IPS que las palabras de González debían ubicarse en su contexto y dentro de su pasión por la defensa integral de los derechos humanos y no como una muestra de antisovietismo, recordando que justo en esos días una delegación de su partido visitaba la Unión Soviética y que “los soviéticos, con quienes mantenemos relaciones, conocen nuestras críticas a su sistema”.

   En conclusión puede decirse que si la conferencia fue convocada para apoyar la lucha del pueblo chileno y denunciar las atrocidades cometidas por la junta militar que detenta el poder en aquél país sudamericano. El tenor de la mayoría de las intervenciones vendría a demostrar que la violación de los derechos humanos es condenable donde quieran que se produzcan. Y que si la oposición de algunas delegaciones impidió que en la declaración final se consignara una condena explícita a las dictaduras del Cono Sur, como las de Argentina, Uruguay, Paraguay y Nicaragua, no quedó dudas entre los asistentes acerca de esa realidad. En ese sentido, podrían recordarse las afirmaciones de Felipe González, de que el problema de derechos humanos no es un problema cuantitativa o cualitativo. “Se violan o no se violan –dijo- y cuando se violan la condena debe ser inmediata y sin condicionamientos”. (Madrid, 13-11-1978)

El pueblo argentino y el chileno no han bajado la cabeza ni los brazos y han demostrado capacidad de movilización en condiciones tan difíciles como las que hay en Chile hoy”, dijo Manuel Simón, secretario de relaciones internacionales de la poderosa central socialista Unión General de Trabajadores. Simón, que junto a sindicalistas italianos, finlandeses, franceses, colombianos, peruanos y costarricenses, participó en los actos del primero de mayo en Santiago de Chile, pasó también por Buenos Aires, donde se entrevistó con dirigentes del nucleamiento sindical denominado “de los veinticinco”.

En Chile dialogamos varias veces y estuvimos en estrecho contacto con la coordinadora, que viene a ser la CUT, con el Grupo de los Diez y con el comité organizador de las actividades del primero de mayo, nos dice Simón.

- ¿A qué tendencias políticas respondían los dirigentes con los que te entrevistaste?
- Había socialistas, radicales, demócratacristianos, comunistas, mapu obrero y campesino.

- ¿Cuál fue la principal actividad el primero de mayo?
- Como estaba previsto, nos dirigimos a la Plaza Aguirre Cerda, que estaba circundada por carabineros, quienes a los empujones y usando palos nos dispersaron. Vi apalear a viejos, a mujeres,, a niños. Eso lo vi yo, vi detener a mansalva, detuvieron a unas ochocientas personas en pocas horas.

- ¿Cuánta gente se concentró allí?
- Estuvimos corriendo de atrás para adelante unas cuatro horas, por lo que es difícil de precisar, pero no miento si digo varios millares de personas, trabajadores, jóvenes, estudiantes y muchos veteranos.

- ¿Qué gritaban los allí reunidos?
- Viva el primero de mayo, viva el socialismo, abajo Pinochet. Gritaban “asesinos” a la policía. Nadie podía pensar que en 1978, un primero de mayo en Santiago, tanta personas podían haber acudido al llamado del comité organizador. Fíjate que todo fue “anulado”, “prohibido” con amplia manipulación de la prensa.

- ¿Cómo fue lo de la iglesia?
- Después de muchas carreras, nos dirigimos por la Alameda a la Iglesia de San Francisco. Allí otra sorpresa, gran cantidad de gente nos estaba esperando y entramos a la iglesia a través de un verdadero cordón humano. Se cantaron canciones con mensajes, se celebró la misa, un sacerdote obrero explicó porque la gente se refugió allí y Eduardo Ríos se pagó un mitin de 20 minutos analizando lo que era el primero de mayo, la lucha que el pueblo de Chile estaba llevando contra la junta.
Al salir de la iglesia, a cuyo frente había un fuerte contingente policial, bajamos la avenida y como a los doscientos metros, al mirar para atrás, vimos que la iglesia se estaba vaciando detrás de nosotros (sindicalistas extranjeros y chilenos) y que de hecho estábamos haciendo una manifestación, hasta que otra vez los carabineros nos disolvieron, volviendo a detener mucha gente.

- ¿Ha sido debilidad del régimen que haya tenido que liberar a los detenidos a las pocas horas?
- Sí, pero también capacidad de reacción de las masas populares y de la clase trabajadora. No tengo dudas que el gobierno fue desbordado por la cantidad de gente que se almacenó en pocos minutos en los alrededores de la plaza Aguirre Cerda.

- ¿Qué impresión te transmitieron los dirigentes sindicales chilenos acerca de la persistencia del régimen? ¿Habrá cambios?
- Más que en los cambios dentro del régimen, ellos confían en la capacidad de respuesta de la clase trabajadoras y de su organización.

- ¿Qué opinión te has formado allá de la reciente amnistía?
-  Cuadros jurídicos de la vicaría, que también visité, nos pidieron que difundiéramos muy bien que la amnistía era un camelo, que saldrían unos pocos, no dejarían regresar al país a los que ellos considerasen elementos “peligrosos”. Entre los que salieron de la cárcel hay aquellos que estaban condenados por violencias, homicidios, allanamientos, pero que pertenecían a los cuerpos represivos.

- ¿De vuestra visita resultó algún plan concreto de solidaridad?
- Vamos a seguir haciendo lo que estábamos haciendo hasta ahora, a través de nuestras respectivas internacionales, aportando en la medida de nuestras posibilidades un apoyo material, económico, político y técnico a las expresiones políticas y a la expresión sindical unitaria en Chile. (Madrid, 10-5-1978)

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