En pleno furor de la ofensiva sandinista que siguió al asalto del palacio legislativo de Manague, meses atrás, el nombre de un sacerdote español trascendió al gran público: Gaspar García Laviana. Ahora, cuando una escueta noticia dice que el sacerdote de 37 años de edad murió en un combate contra las fuerzas somocistas en un recóndito lugar llamado “el infierno”, en el departamento de Rivas, cercano a la frontera con Costa Rica, viene a la memoria unos versos suyos:

       A morir, a morir, guerrillero,
      que para subir al cielo
      hay que morir primero.



   O aquél otro poema suyo, titulado “Terratenientes”, en el que decía:


      Voy a cortar mi carne en girones para colgarla
      en cada púa de tus cercos hasta que se pudra
      y no resistas el hedor     y tengas que marcharte
      a otra parte.



   Fue el guerrillero muerto hombre múltiple en sus actividades. Y si su fino espíritu lo llevó a la poesía, esta no eludió los problemas populares, sino que se nutrió de ellos. Nacido en 1941 en Tuilla, poblado campesino de Asturias, estudió en Valladolid y se ordenó en Logroño. En un barrio de Madrid ejerció su sacerdocio, mientras trabajaba como obrero carpintero en un taller de la zona.


   En 1969 su orden, la Congregación de Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, pidió voluntarios para ir a Nicaragua. “Venía a  evangelizar, -relató a Manolo Revuelta, un periodista español que lo entrevistó en octubre pasado en Costa Ric-a, lo único que sabía de Nicaragua era que faltaban sacerdotes”.


   En 1973 comienza a colaborar con el Frente Sandinista y para Navidad del año pasado se incorpora activamente a la guerrilla. En esa oportunidad emite una carta dirigida sus hermanos “nicaragüenses”. Carta orientada a “participarles mi resolución de pasar a la lucha clandestina como soldado del señor y como soldado del frente sandinista de liberación nacional”.


   Decía en ella que después de llegar a Nicaragua se entregó “con pasión a mi labor de apostolado y pronto fui descubriendo que el hambre y sed de justicia del pueblo oprimido  y humillado al que yo he servido como sacerdote, reclamaba más que el consuelo de las palabras al consuelo de la acción. La corrupción, la represión inmisericorde, han estado sordas  a las palabras y seguirán estando sordas, mientras mi pueblo gime en la noche cerrada de las bayonetas y mis hermanos padecen tortura y cárcel por reclamar lo que es suyo: un país libre y justo, del que el robo y el asesinato desaparezcan para siempre”


   Añadía que la del frente sandinista “es una guerra justa, una guerra que los sagrados evangelios dan como buena y que en mi conciencia de cristiano es buena, porque representa la lucha contra un estado de cosas que es odioso al señor, nuestro Dios”. Y citaba los documentos de los obispos latinoamericanos reunidos en Medellin, cuando dijeron que “la insurrección revolucionaria puede ser legítima en el caso de tiranía evidente y prolongada y que atente gravemente  a los derechos fundamentales de la persona y damnifique peligrosamente el bien común del país, ya provenga de una persona, ya de estructuras evidentemente injustas".


   En su carta llamó a los obreros, a los artesanos, “a los olvidados sin techo y sin trabajo”, a los campesinos, cortadores, macheteros y peones. “A todos aquellos a quienes se ha robado hasta la más mísera oportunidad en esta tierra”, a cerrar filas alrededor del frente sandinista.


   Expresó en premonitaria frase su convencimiento de que “el día del triunfo vamos a construirlo con el sacrificio de nuestros héroes caídos que encarnan la voluntad de lucha de nuestro pueblo”. Prometiendo que “he de combatir hasta mi último aliento por el advenimiento del reino de la justicia en nuestra patria, ese reino de la justicia que el Mesías nos anunció bajo la luz de la Estrella de Belen”. (11-12-1978)

Benjamín Tepolizky, dirigente del partido radical chileno y secretario ejecutivo del comité “Chile democrático” que convocó a la conferencia mundial de solidaridad con ese país, que se realizará los días 9, 10 y 11 de noviembre próximos en esta ciudad, dijo que la misma se efectuaría “en un momento muy oportuno” y le preguntamos si eso significaba pronóstico acerca de un próximo derrumbe de la junta militar.

- Nosotros debemos ser cuidadosos –contestó- y no queremos entregar un optimismo desmesurado que introduzca confusión entre nuestros amigos en todo el mundo, entre la gigantesca masa del exilio ni hacia el interior de Chile. Sin embargo, hay muchas cosas que objetivamente no pueden ser ignoradas.
Primero, la fractura definitiva de la junta militar. Segundo, que a partir del primero de mayo, las condiciones de lucha del pueblo chileno cambiaron radicalmente. Todas las delegaciones extranjeras que fueron a Chile a participar con los trabajadores en los actos de ese día, coincidieron en señalar que la participación de la clase obrera fue de miles de personas, una verdadero cambio cualitativo. Tercero, los hechos internacionales. La situación, aun desde el punto de vista de la tan manida “seguridad nacional” de algunos militares fascistas está sometida a una prueba de fuego. El aislamiento internacional –y en especial respecto de los vecinos en el cono sur- han puesto en peligro como nunca la seguridad nacional y este factor pesa muy fuertemente, sobretodo en el medio militar.

- La elección de Madrid como sede de la conferencia ¿Tiene algo que ver con el llamado ´modelo español´ de tránsito no violento de la dictadura a la democracia?
- Cada país tiene su peculiaridad, su idiosincrasia. Trasplantar mecánicamente, en términos absolutos, experiencias de un país a otro no es bueno. Pero eso no quiere decir que no haya puntos de contacto y el surgimiento de la democracia en España, ese fenómeno fascinante, después de 40 años de dictadura franquista, me parece que es una lección de la cual nosotros debemos recoger enseñanzas y al mismo tiempo hemos entendido que si recibimos democracia y solidaridad debemos devolverla. El fenómeno chileno tiene una vigencia tremenda, aunque lo hayamos aprendido lamentablemente un poco tarde y esta vigencia se da también en España. Y nosotros devolvemos con nuestra unidad la concepción de la unidad de los demócratas frente al fascismo como concepción primaria de la lucha de los pueblos.

- ¿La junta militar tiene posibilidad de una retirada negociada?
- Yo creo que en eso están ellos.

- ¿Tienen interlocutores?
- Algunos. La burguesía chilena y sectores, por supuesto de  los Estados Unidos.

- ¿La izquierda chilena puede entrar en esas negociaciones?
-  Es muy difícil,, yo diría imposible, nosotros no podemos tener como interlocutor al general Pinochet. Sería olvidarnos de la sangre de nuestro pueblo.

- ¿Y con el general Leigh?
- Con ninguno de ellos cuatro. El límite que podríamos poner, creo que es el de esos cuatro generales que integran la junta y que son los culpables centrales de la tragedia que vive nuestro pueblo, sin perjuicio que sostengamos que la nuestra no es una actitud de revancha, ni de baños de sangre, ni de aterrorizar, pero si queremos decir que la justicia chilena, la verdadera –no ésta que imperó en estos cinco años- se hará cargo de quienes han cometido abusos o excesos de poder, torturado y asesinado.

- ¿Qué tipo de justicia será?
- No será de paredones y fusilamientos colectivos, ni se erradicará todo el aparato de justicia en su conjunto. La justicia en un gobierno de transición, provisional, tendrá que conducir el proceso hacia estos excesos a partir de su propia concepción de la justicia. Hay grandes y pequeños responsables. Como ex preso político te puedo decir que hay muchos hombres –nosotros tenemos los nombres- de militares chilenos, de las cuatro fuerzas armadas, que hicieron más fácil y aliviaron las torturas y los dolores de miles y miles de prisioneros. (Madrid, 8-7-1978)

    Los límites de los derechos humanos, y por lo tanto el nivel de sus violaciones, fueron puestos sobre el tapete en las intervenciones producidas durante la conferencia mundial de solidaridad con el pueblo de Chile, que se celebró en esta ciudad desde el 9 al 12 de este mes. La conferencia, convocada para expresar la condena del mundo progresista en contra de la violación reiterada de los derechos humanos por el régimen del general Augusto Pinochet, fue paulatinamente involucrando en la denuncia a otros regímenes que violan sistemáticamente tales derechos.

   El “Acta de Madrid por la libertad de Chile” no fue amplia en este aspecto, señalando que si bien el enfrentamiento entre sojuzgados y sojuzgadores “no tiene fronteras”. “El objetivo central de la conferencia” obligaba a precisar la denuncia sobre el caso de Chile. En la medida en que el acta fue aprobada por consenso cabe deducir que no todas las delegaciones estaban dispuestas a incluir una condena. Por ejemplo a las dictaduras uruguaya y argentina.

   Significativo fue también, en este sentido, que ni en la ceremonia de apertura ni en la de clausura, en la que se pronunciaron una treintena de discursos, se ofreciera la palabra a representante de Argentina, Uruguay, Paraguay o del frente sandinista, cuya delegada había sido saludada con una fuerte ovación al ser anunciada. Tampoco le fue ofrecida la palabra en esas ceremonias al delegado del Frente Polisario.

   Sin embargo otros oradores hicieron notar su presencia y la condena a las respectivas dictaduras. Luis Yáñez, que habló en nombre del Partido Socialista Obrero Español y de la Internacional Socialista, dijo que para ellos los derechos humanos son “una política indeclinable, universal, sin fronteras e indivisible, sin hacer diferencias cualitativas”. Aclaró además que “el ejemplo de solidaridad con Chile debe servir de ejemplo para la solidaridad con otros pueblos de Latinoamérica, como Uruguay, Argentina, Nicaragua y Guatemala”.

   El socialista chileno Carlos Altamirano, en una vibrante improvisación, precisó que “a través nuestro se está expresando la solidaridad con todos los pueblos que luchan en nuestra América", señalando que la lucha del frente sandinista “Es nuestra lucha, que su victoria será nuestra victoria.  Así como la victoria, la lucha del pueblo argentino y del uruguayo  y del paraguayo será también una gran victoria de todos los pueblos latinoamericanos”.

   Agregó que “los chilenos todos nos sentimos partícipes en el combate que libran otros pueblos: el Frente Polisario, acá en el África la temática histórica legítima de los palestinos también es una causa nuestra y la de los combatientes allá en el sur de África, en Zimbabue y Namibia”. El presidente de los comités de defensa de la revolución de Cuba, Jorge Lescano, dijo que “el golpe de estado en Chile es parte de una política del imperialismo que pretende inútilmente enfrentar el avance de los pueblos de nuestra América hacia su segunda y definitiva independencia, mediante el terror y la represión”.

   Y puso como ejemplo elocuente a Uruguay, Bolivia, Argentina, El Salvador, Guatemala y Nicaragua y Puerto Rico. Señaló también que podría preguntársele a los pueblos de África del Sur, Namibia, Zimbabue, Palestina e Irán, por citar solo algunos, que piensan de la política de derechos humanos proclamada por Washington. Pero no solo se extendió el límite de la lucha por los derechos humanos a otros pueblos de América Latina y del Tercer Mundo, sino que hubo alusiones a la necesidad de denunciar las violaciones “vengan de donde vengan”, mencionando incluso en la  solemne sesión de clausura Jesús Insaustegui, de la Confederación Nacional de Trabajadores de España, que esos derechos se violan también en países capitalistas avanzados “y en algunos socialistas”.

   Sobre la conferencia resonaban aún unas palabras dichas por el líder socialista español Felipe González en Caracas, en las que manifestó que por el problema de las libertades prefería ser asaltado en la boca de un ferrocarril subterráneo a las diez de la noche en Nueva York y no vivir en un país socialista, cuya misma denominación de tales cuestionó. Luis Yañez dijo a IPS que las palabras de González debían ubicarse en su contexto y dentro de su pasión por la defensa integral de los derechos humanos y no como una muestra de antisovietismo, recordando que justo en esos días una delegación de su partido visitaba la Unión Soviética y que “los soviéticos, con quienes mantenemos relaciones, conocen nuestras críticas a su sistema”.

   En conclusión puede decirse que si la conferencia fue convocada para apoyar la lucha del pueblo chileno y denunciar las atrocidades cometidas por la junta militar que detenta el poder en aquél país sudamericano. El tenor de la mayoría de las intervenciones vendría a demostrar que la violación de los derechos humanos es condenable donde quieran que se produzcan. Y que si la oposición de algunas delegaciones impidió que en la declaración final se consignara una condena explícita a las dictaduras del Cono Sur, como las de Argentina, Uruguay, Paraguay y Nicaragua, no quedó dudas entre los asistentes acerca de esa realidad. En ese sentido, podrían recordarse las afirmaciones de Felipe González, de que el problema de derechos humanos no es un problema cuantitativa o cualitativo. “Se violan o no se violan –dijo- y cuando se violan la condena debe ser inmediata y sin condicionamientos”. (Madrid, 13-11-1978)

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