El consumo de la cocaína, “Droga dura que mata”, sólo puede ser combatido con eficacia en su origen y con el apoyo, insustituible, de los países con grandes mercados consumidores, afirma el responsable de las Naciones Unidas para estos asuntos en América Latina. Fernando Miranda de Larra, 42 años, abogado e ingeniero agrónomo, ex director del Instituto Nacional de Semillas, director del Departamento Latinoamericano del Fondo de las Naciones Unidas para el control del abuso de las drogas, con sede en La Paz, Bolivia, vino a España para reclamar que su país tenga una posición más activa en esta cuestión.

   En dialogo con IPS señaló que “Italia es un país modelo en el control de las drogas”, ya que además de una adecuada política interna y de contribuir con sus cuotas normales al fondo que representa, aportó 43  millones de dólares adicionales en los dos últimos años. Miranda de Larra criticó con dureza a los medios de comunicación que presentan a la cocaína ligada a personalidades triunfantes: “La coca no es limpia, es la que genera más adición psíquica y física, ataca a la personalidad, destruye las neuronas, provoca tensión arterial elevada, taquicardias y alucinaciones”.

   Pero lo peor es que genera una dependencia tal “que lleva a los adictos a cualquier situación para conseguirla, situación especialmente peligrosa cuando se da en los jóvenes marginados. La cocadicción no es solo un problema para los individuos afectados, es un grave problema social”. “La heroína parece haber tocado techo en sus niveles de consumo. La cocaína, en cambio, si bien tiene casi saturado el mercado estadounidense, se está desbordando hacia Japón y Europa. Es muy probable que en Europa se produzca una baja del precio de esta droga para generalizar su consumo”, advierte Fernando Miranda.

   El funcionario cree que es incorrecto hablar de culpas exclusivas: “Ni los productores ni los consumidores son los únicos culpables. Se produce porque se vende y porque se compra. Perjudica más a los países productores que a los consumidores, porque desequilibra totalmente sus economías y, además, porque los productores terminan siendo también consumidores. Los únicos, los verdaderos, los grandes culpables son los narcotraficantes”.

   Miranda de Larra precisó que los países latinoamericanos son los más trágicamente afectados e indicó como una señal optimista que haya gobiernos valientes y decididos, que se están enfrentando al problema, como los de Alán García, en Perú y León Febres, en Ecuador. El funcionario sostiene que es más fácil atacar a la cocaína en su origen, en las plantaciones: “El producto una vez en los Estados Unidos o Europa multiplica su precio por cincuenta o cien, en un mercado complejo, controlado por mafias organizadas y poderosas”.

   Sin despreciar la represión, que considera necesaria, Fernando Miranda pone el acento en la sustitución de economías en los países productores y cita como ejemplos concretos los de Tailandia, donde la producción de opiáceos bajó veinte veces en una década, gracias a la actividad del Fondo de las Naciones Unidas para el Control del Abuso de Drogas y Turquía, donde prácticamente ya no se producen. “Europa puede y debe liderar un movimiento de los países desarrollados para contribuir eficaz y seriamente a terminar con la cocaína como problema, pero para ello todos deben comprender que hay que cooperar para combatir el mal en su origen”.

   A los países productores no basta decirles que hay que sustituir cultivos. Esto solo es muy difícil de realizar, ya que los cocales dejan el suelo yermo, lo esquilman, producen desequilibrios ecológicos que tardan décadas en curarse. “De lo que se trata es de sustituir economías, en parte donde se pueda, implantando otros cultivos –como cítrico, café, té y plantas temporeras de alta rentabilidad--, pero atendiendo al desarrollo económico, facilitando la industrialización y comercialización de esos nuevos productos”.

   Miranda de Larra niega que la masticación de Coca haya sido conocida en la época pre-colombina: “Esa historia es un mito. Había masticación, pero sólo del Inca, de élites. Fueron los españoles quienes la dieron masivamente a los indios para que produjesen más en las minas. La masificación de su uso se convirtió entonces en un factor histórico de explotación. Cooperar para desarrollar los programas en América Latina, sobre todo en el área andina, sería una manera de compensar ese hecho histórico y de “devolver algo de la plata potosina”, finaliza. (IPS Madrid, 12-10-1985).