El funcionamiento del cerebro sigue siendo el quebradero de cabeza de muchos científicos, que lo consideran uno de los sistemas más complejos del mundo. Y es que comprenderlo en su totalidad continúa siendo una tarea pendiente, sin embargo existen ya muchas evidencias científicas que nos acercan a comprender mejor cómo actúa este órgano, eje central de nuestro sistema nervioso.

   Una de las premisas de las que se había partido, con controversia incluida, era la relación entre capacidad intelectual y tamaño del cerebro. El año pasado, un estudio realizado por la Universidad de Viena, y publicado en Neuroscience & Biobahavioral Reviews, reveló que tener un cerebro más grande no implica una mayor inteligencia, ya que depende de otros factores decisivos, como la conexión óptima entre la materia blanca y la materia gris. Y aunque si bien es cierto que durante el pasado siglo, gracias a múltiples factores como la mejora del perfil nutricional, el tamaño del cerebro ha aumentado tanto en hombres como en mujeres no hay una correlación simple entre estos dos factores, tal y como afirmó el neurocientífico de renombre internacional Karl Zilles en el último simposio sobre neurociencia realizado en Madrid. Eso sí, el especialista también apuntó que las probabilidad de que las personas con un cerebro mayor sean más inteligentes es mayor que las que cuentan con un cerebro de menor tamaño.

 


Cómo y cuándo se forma este órgano esencial

 

   Su desarrollo transcurre desde la formación del feto hasta bien entrada la adolescencia, transcurso en el que varias funciones cerebrales llegan a su pico de desarrollo, cada una con su periodo particular de duración.

 

   La función cognitiva, centrada en la visión y la audición, presenta un crecimiento acelerado, comenzando desde antes del nacimiento y llegando a su punto más alto a los pocos meses de nacer. Las capacidades relacionadas con el lenguaje llegan a su pico de desarrollo a los 9 meses y continúan desarrollándose hasta los 4 años. En cambio, el desarrollo completo de las las funciones cognitivas superiores, como la atención, la memoria o el pensamiento consciente, puede prolongarse hasta bien entrada la adolescencia.
¿Influye el perfil nutricional en su desarrollo?

 

   Los primeros años de vida son clave en el desarrollo de un niño, por ello debemos cuidar especialmente su alimentación, ya que un déficit nutricional podría desencadenar ciertos problemas de desarrollo, también a nivel de cerebral. De hecho, debemos de aumentar las precauciones al respecto ya que, según varios estudios, los niños españoles presentan carencias en nutrientes clave para su desarrollo durante los primeros años de vida, como el Omega 3, Yodo, Hierro o Vitamina D. Para solventarlo, debemos de intentar corregir su dieta y complementarla con leches de crecimiento, enriquecidas con las vitaminas y nutrientes más necesarios en esta etapa tan importante.

 

   Para entender hasta qué punto una ingesta adecuada puede influir en el desarrollo del cerebro durante los primeros años de vida basta con ver las consecuencias, contrastadas por varios estudios, a la hora de contar con un nivel de Omega-3 DHA adecuado, el ácido graso Omega-3 más abundante en el cerebro. Entre ellas destacan: mayor inteligencia no verbal, mejora en la ortografía y lectura, mayor comprensión oral y mejora de la memoria. Además, también tiene consecuencias muy positivas a nivel de desarrollo social y emocional.

 

   Por lo tanto, llegar a los niveles adecuados tanto de Omega-3 DHA, así como de otros nutrientes como el Hierro (con influencia probada en el desarrollo de las funciones cognitivas) es vital para una correcta formación, estructura y funcionamiento del cerebro. (Madrid,  24-6-2016)