Un clima de gran cordialidad entre todos los mandatarios, a pesar de las previsiones más pesimistas y de las diferencias políticas, permitió un diálogo profundo entre los participantes en la cumbre iberoamericana celebrada ayer y  hoy en la capital española.

Ese clima fue de particular evidencia en las sesiones a puertas cerradas, en las que participaron solo los mandatarios, los doce invitados especiales y hasta diez delegados por país y a las que tuvo acceso este corresponsal.

Una de las previsiones realizadas por la mayoría de los analistas locales e internacionales, pronosticaba enfrentamientos entre los presidentes de Argentina, Carlos Menem y de Cuba, Fidel Castro, a propósito de sus criterios dirigentes sobre democracia y libertad, se llegó a afirmar que se había extremado las precauciones del protocolo para evitar que el rey de España coincidiese con el mandatario cubano.

Sin embargo, Menem y Castro se sentaron juntos, uno al lado del otro, por un fruto del azar ya que todos los puestos fueron sorteados, con excepción de la presidencia que ostentó el rey Juan Carlos acompañado por el presidente del gobierno español, Felipe González. Finalmente, en la “foto de familia”, Fidel Castro salió retratado muy próximo al Rey y ambos dialogaron cordialmente en varias oportunidades.

Los mandatarios argentino y cubano intercambiaron comentarios personales y, cuando les tocó el turno de intervenir, se refirieron a sus mutuas intervenciones con cordialidad, coincidiendio en la necesidad de impulsar la participación de todos los países iberoamericanos en programas de cooperación horizontal en la educación básica.

Menem insistió en la necesidad de transformar el estado para ponerlo al servicio de la comunidad y no al revés y afirmó que es la libertad la que permite que se realicen intercambios de opiniones como el registrado en la cumbre, sin que Castro se sintiera aludido por ello.

Otro símbolo de ese buen entendimiento entre los mandatarios iberoamericanos lo constituyen las anécdotas contadas por ellos para ilustrar sus afirmaciones. Por ejemplo, después que Menem planteó el problema derivado de las largas horas que los niños y jóvenes pasan frente a un televisor, con escasos positivos, subrayó que hay que hacer programas educativos y a la vez entretenidos.

De inmediato tomó la palabra el presidente del gobierno español, Felipe González, quien dijo que en su juventud él y sus con discípulos estudiaban y al mismo tiempo escuchaban la radio  que, como símbolo de los tiempos, ahora los jóvenes son capaces de estudiar y ver televisión a la vez.  Por su parte Fidel Castro, refiriéndose a la emigración rural, puso como ejemplo que al visitar una granja en su país, la madre de una de las jóvenes estudiantes le comentó que su hija, “por desgracia”, tenía excelentes notas y que por eso la perderían para las labores agrarias, pues el estado le había adjudicado una beca.

Otra situación curiosa se dio al concluir la sesión matinal del viernes, cuando el Rey tomó la palabra para darla por cerrada e invitar a los demás mandatarios a pasar al comedor. En esa ocasión el presidente de la República Dominicana, Joaquín Balaguer, lo interrumpió y dijo que él, el más anciano de todos, aun tenía algo que decir. “Yo –continuó en tono festivo- son un hombre de bien que nunca ha hablado bien de nadie” y entre las carcajadas que provocaban sus palabras explicó que las decía para que se valorara su afirmación posterior: que aprendió mucho en la Cumbre.

Además, mientras algunos mandatarios en sus intervenciones trataban de usted a los demás, otros se tuteaban entre ellos. Entre los primeros casos se encontraban los presidentes Fernando Collor de Melo, Menem y Lacalle. Mientras que González, Castro y los presidentes de Bolivia, Jaime Paz Zamora, de El Salvador, Alfredo Cristiani y  de Guatemala, Jorge Serrano, se dirigían unos a los otros utilizando el tuteo.

Ese clima de cordialidad permitió que concepciones muy distanciadas entre sí acerca de la estructura de las sociedades, como las sostenidas por Menem y Castro, se pudieran defender sin que mediaran actitudes agrias. Castro defendió con vehemencia el papel del estado y de la socialización como un camino para aumentar la cultura del pueblo y asegurar el acceso a la educación en todos los niveles. Menem aludió a que “no se puede volver por el túnel del tiempo”, acusó al crecimiento desmesurado del estado como responsable del atraso argentino y aseguró que para transformar la educación hay que transformar primero al estado.

En el cuarto intermedio realizado a media mañana los mandatarios pasaron a una sala contigua a tomar un café. Solo quedó en el recinto Collor de Melo, quien escribía el esquema de lo que sería su intervención. Uno de los presidentes pasó a su lado, lo palmeó en el hombro y le dijo, en son de broma: “¡Ah! Si hubieras hecho los deberes antes ahora podrías venir con nosotros a tomar café”. En resumen, el clima de cordialidad, que dio por tierra con todos los pronósticos agoreros, favoreció el diálogo, a pesar de las diferencias políticas.

Ese clima favoreció acuerdos para impulsar programas de educación con la participación de todos los países, pero también para que el texto de la declaración final sea aceptable para todos los mandatarios. Se demostró así el aserto del presidente chileno, Patricio Aylwin, quien afirmó en Mérida, Extremadura, al entrar a España para esta Cumbre, que lo más importante de estas reuniones es que permiten que los mandatarios se conozcan, entablen relaciones cordiales y puedan, en cualquier momento, llamarse por teléfono para resolver problemas que de otra manera llevarían meses de negociaciones diplomáticas.
(Madrid, 24-7-1992)

Un clima de gran cordialidad entre todos los mandatarios, a pesar de las previsiones más pesimistas y de las diferencias políticas, permitió un diálogo profundo entre los participantes en la cumbre iberoamericana celebrada ayer y  hoy en la capital española.

Ese clima fue de particular evidencia en las sesiones a puertas cerradas, en las que participaron solo los mandatarios, los doce invitados especiales y hasta diez delegados por país y a las que tuvo acceso este corresponsal.

Una de las previsiones realizadas por la mayoría de los analistas locales e internacionales, pronosticaba enfrentamientos entre los presidentes de Argentina, Carlos Menem y de Cuba, Fidel Castro, a propósito de sus criterios dirigentes sobre democracia y libertad, se llegó a afirmar que se había extremado las precauciones del protocolo para evitar que el rey de España coincidiese con el mandatario cubano.

Sin embargo, Menem y Castro se sentaron juntos, uno al lado del otro, por un fruto del azar ya que todos los puestos fueron sorteados, con excepción de la presidencia que ostentó el rey Juan Carlos acompañado por el presidente del gobierno español, Felipe González. Finalmente, en la “foto de familia”, Fidel Castro salió retratado muy próximo al Rey ambos dialogaron cordialmente en varias oportunidades.

Los mandatarios argentino y cubano intercambiaron comentarios personales y, cuando les tocó el turno de intervenir, se refirieron a sus mutuas intervenciones con cordialidad, coincidiendio en la necesidad de impulsar la participación de todos los países iberoamericanos en programas de cooperación horizontal en la educación básica.

Menem insistió en la necesidad de transformar el estado para ponerlo al servicio de la comunidad y no al revés y afirmó que es la libertad la que permite que se realicen intercambios de opiniones como el registrado en la cumbre, sin que Castro se sintiera aludido por ello.

Otro símbolo de ese buen entendimiento entre los mandatarios iberoamericanos lo constituyen las anécdotas contadas por ellos para ilustrar sus afirmaciones. Por ejemplo, después que Menem planteó el problema derivado de las largas horas que los niños y jóvenes pasan frente a un televisor, con escasos positivos, subrayó que hay que hacer programas educativos y a la vez entretenidos.

De inmediato tomó la palabra el presidente del gobierno español, Felipe González, quien dijo que en su juventud él y sus con discípulos estudiaban y al mismo tiempo escuchaban la radio  que, como símbolo de los tiempos, ahora los jóvenes son capaces de estudiar y ver televisión a la vez.  Por su parte Fidel Castro, refiriéndose a la emigración rural, puso como ejemplo que al visitar una granja en su país, la madre de una de las jóvenes estudiantes le comentó que su hija, “por desgracia”, tenía excelentes notas y que por eso la perderían para las labores agrarias, pues el estado le había adjudicado una beca.

Otra situación curiosa se dio al concluir la sesión matinal del viernes, cuando el Rey tomó la palabra para darla por cerrada e invitar a los demás mandatarios a pasar al comedor. En esa ocasión el presidente de la República Dominicana, Joaquín Balaguer, lo interrumpió y dijo que él, el más anciano de todos, aun tenía algo que decir. “Yo –continuó en tono festivo- son un hombre de bien que nunca ha hablado bien de nadie” y entre las carcajadas que provocaban sus palabras explicó que las decía para que se valorara su afirmación posterior: que aprendió mucho en la Cumbre.

Además, mientras algunos mandatarios en sus intervenciones trataban de usted a los demás, otros se tuteaban entre ellos. Entre los primeros casos se encontraban los presidentes Fernando Collor de Melo, Menem y Lacalle. Mientras que González, Castro y los presidentes de Bolivia, Jaime Paz Zamora, de El Salvador, Alfredo Cristiani y  de Guatemala, Jorge Serrano, se dirigían unos a los otros utilizando el tuteo.

Ese clima de cordialidad permitió que concepciones muy distanciadas entre sí acerca de la estructura de las sociedades, como las sostenidas por Menem y Castro, se pudieran defender sin que mediaran actitudes agrias. Castro defendió con vehemencia el papel del estado y de la socialización como un camino para aumentar la cultura del pueblo y asegurar el acceso a la educación en todos los niveles. Menem aludió a que “no se puede volver por el túnel del tiempo”, acusó al crecimiento desmesurado del estado como responsable del atraso argentino y aseguró que para transformar la educación hay que transformar primero al estado.

En el cuarto intermedio realizado a media mañana los mandatarios pasaron a una sala contigua a tomar un café. Solo quedó en el recinto Collor de Melo, quien escribía el esquema de lo que sería su intervención. Uno de los presidentes pasó a su lado, lo palmeó en el hombro y le dijo, en son de broma: “¡Ah! Si hubieras hecho los deberes antes ahora podrías venir con nosotros a tomar café”. En resumen, el clima de cordialidad, que dio por tierra con todos los pronósticos agoreros, favoreció el diálogo, a pesar de las diferencias políticas.

Ese clima favoreció acuerdos para impulsar programas de educación con la participación de todos los países, pero también para que el texto de la declaración final sea aceptable para todos los mandatarios. Se demostró así el aserto del presidente chileno, Patricio Aylwin, quien afirmó en Mérida, Extremadura, al entrar a España para esta Cumbre, que lo más importante de estas reuniones es que permiten que los mandatarios se conozcan, entablen relaciones cordiales y puedan, en cualquier momento, llamarse por teléfono para resolver problemas que de otra manera llevarían meses de negociaciones diplomáticas.
(Madrid, 24-7-1992)

La informalidad de los mandatarios y las anécdotas y los chistes con que acompañaron sus intervenciones, ayudaron a quebrar la seriedad establecida por el obligado protocolo. Un protocolo que no impidió que desde el rey Juan Carlos de España, hasta el presidente de Cuba, Fidel Castro, conversaran animadamente e intercambiaran bromas.


Estas actitudes dieron origen a lo que Castro calificó como “ambiente fabuloso” y se mantuvieron a lo largo de todas las sesiones de la Cumbre realizadas a puertas cerradas, pero a las que tuvo acceso este corresponsal.
En el salón de plenos del Senado, los 19 mandatarios permanecieron sentados alrededor de  una mesa redonda, pero sus ministros y otros colaboradores (podían estar en la sala hasta diez por país), se movían constantemente, entrando y saliendo del recinto, entregándoles documentos o haciéndoles consultas,, en base a las cuales en salas próximas se iba redactando la declaración final.


Sin embargo, tanto a la mañana como a media tarde, se observaron breves intermedios, en el transcurso de los cuales los jefes de estado y de gobierno interrumpieron su tarea para disfrutar de un ligero refrigerio que consistió en jugos de naranja, café y pasteles. En una sala distinta, los delegados y los doce invitados especiales compartieron otro refrigerio.


Esos breves intermedios fueron aprovechados por los mandatarios para realizar reuniones bi y tripartitas, totalmente informales, en las que fueron acordadas diversas cuestiones. Por ejemplo, Serrano habló con el director general de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza y obtuvo su apoyo para una reunión de “talentos”, que se realizará en Guatemala en abril de 1993. Y el mismo Mayor Zaragoza comprometió a Salinas de Gortari para que participe, en marzo de 1993, en una reunión organizada por la Unesco en la India.


Unos presidentes participaron más que otros. El Rey se limitó a abrir y cerrar las sesiones, por aquello de que no participa en la política menuda. Menem, Lacalle, Castro, Serrano, Collor y Paz Zamora fueron los que más veces y con mayor extensión intervinieron. Violeta Chamorro fue la única que, en estas sesiones a puertas cerradas, leyó su discurso. Los demás improvisaron.


En los intermedios, los fotógrafos oficiales de la Casa Real accedieron al pedido de los delegados y les hicieron fotos con sus presidentes. Castro batió el record: integrantes de casi todas las delegaciones hicieron fila para fotografiarse a su lado, a lo que accedió, aunque con más dedicación cuando se trataba de delegadas.


González fumó dos o tres puros, algo que desde hace cuatro o cinco años nunca hace en público y Castro no fumó. Cada mandatario se expresó en su idioma y aunque había traducción simultánea español/portugués, sólo Castro y Serrano solían colocarse los auriculares para escuchar las traducciones. El Rey, González, el ministro español de Asuntos Exteriores y el jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, intercambiaban impresiones continuamente, hablándose al oído. También se consultaban los presidentes del Mercosur, con excepción de Rodríguez, algo retraído, pero no tanto como el panameño Jorge Endara que parecía “sapo de otro pozo”, pues no intervino, no tomó notas y prácticamente no conversó con los demás mandatarios, ni siquiera en los intermedios. Parecía como aislado del mundo.


En cambio y en contra de las previsiones que auguraban un aislamiento de Castro, el azar determinó que al sortearse los lugares alrededor de la mesa de reuniones, le tocase pasar las dos sesiones de la mañana del viernes sentado codo a codo con el presidente argentino Carlos Saúl Menem, de un lado y la nicaragüense Violeta Chamorro del otro. En las sesiones de la tarde sus compañeros de mesa fueron el español Felipe González y el hondureño Rafael Callejas.


Al tratarse el tema educativo, Menem habló de la reforma del estado y dijo que ésta es un pre-requisito esencial para lograr la reforma de la educación y evitar volver “por el túnel de los tiempos”. Para apoyar su planteo recordó que en su juventud, cuando los padres entregaban la llave a los hijos, les indicaban que debían regresar a casa a las once o doce de la noche. “Ahora esto ha cambiado, pues a esa hora es cuando salen y casi ningún padre marca una hora de regreso a sus hijos”, señaló entre las rizas de los demás mandatarios y miembros de las delegaciones.


Momentos después, Felipe González retomó el tema y refiriéndose a unas frases de Menem en la que éste decía que la fijación de los niños con la televisión se convertía en un problema dramático, contó que en su época de estudiante lo normal era estudiar y escuchar la radio al mismo tiempo. “Ahora, los estudiantes estudian y ver la TV simultáneamente. Es un signo del cambio de los tiempos”, dijo. Pero todos coincidieron en que la televisión educativa para ser efectiva debe ser buena, realizada con un alto nivel de calidad, capaz de competir con cualquier otro programa de entretenimiento.


González ofreció 400 becas universitarias de posgrado y tres horas diarias de televisión educativa por el satélite Hispasat. Salinas de Gortari anunció de inmediato que su país ofrecía otras 400 becas y Menem, ni corto ni perezoso, dijo que Argentina comenzaría a emitir un programa educativo “no de tres, sino de seis horas diarias y que comenzará a más tardar en dos meses”, por lo que lo puso a disposición de los países que quisieran recibirlo.
Uno de los que mayores carcajadas provocó fue Joaquín Balaguer, de la República Dominicana, quien interrumpió al Rey cuando estaba por cerrar la segunda sesión matinal e invocó su ancianidad para pedir la palabra y decir: “Yo soy un hombre de bien, que nunca hablé bien de nadie”. Esa confesión no pedida, dijo, “me sirve para que tomen en serio mi afirmación de que estoy aprendiendo mucho en la Cumbre”.


Pero no todo fueron bromas y los presidentes buscaron coincidencias para obtener buenos resultados finales. Precisamente para lograr en la declaración final una mención expresa a la Ronda Uruguay del GATT, se empeñaron conjuntamente Collor, Rodríguez, Menem y Lacalle. El presidente oriental planteó con claridad la cuestión: España y Portugal pertenecen a la Comunidad Europea y los demás países participantes a la región latinoamericana. Eso permite, “si hay voluntad política”, que se logren coincidencias en el punto más importantes de la actualidad, que es la finalización rápida y satisfactoria de la Ronda Uruguay del GATT.


Collor, al apoyar la moción de Lacalle, puso un ejemplo claro: “Cada vaca está subvencionada en la Comunidad Europea con dos mil dólares al año, una cantidad que es superior al ingreso per cápita del 85% de la población mundial”. América Latina, añadió, no quiere nada más que un tratamiento recíproco y reclama que se quiten los subsidios pues éstos, al ser excesivos, financian la ineficacia.


Felipe González contestó: “Apoyamos firmemente, con convicción, la propuesta sobre la Ronda Uruguay…, a ver si conseguimos que no haya ninguna vaca con renta per cápita superior a la de ninguna persona en ningún lugar del mundo”. No obstante, el gobernante español puntualizó que la reciente rebaja de aranceles en la CE hizo perder a esta región cinco puntos en el total del comercio mundial y que perderá otros tres al ponerse en práctica próximamente una nueva rebaja, “pero esos puntos no beneficiaron a los países en desarrollo, sino a otros muy poderosos”.


Para sorpresa de muchos de los mandatarios presentes, Fidel Castro se declaró totalmente satisfecho con la Cumbre, en un discurso sobre el final que fue seguido con atención y duró 17 minutos, cuando estaba previsto que ninguno superara los cinco. “Reinó un clima fabuloso en esta Cumbre, de la que nos marchamos con entusiasmo y con mayor unidad”, dijo Castro, después de apoyar la constitución de la Comunidad Iberoamericana y de expresar su inquietud por el futuro de América Latina, amenazada por la balcanización.


Castro no dejó pasar la oportunidad y precisó también que en la Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro, se abstuvo de hablar sobre el bloqueo impuesto a Cuba por Estados Unidos, pero “aquí, por un deber insoslayable al hablar en una reunión de familia, tengo que plantearlo”, subrayó.


Un momento de cierta tensión se vivió asimismo cuando el mexicano Carlos Salinas de Gortari propuso que en la declaración final se expresase la solidaridad con el presidente de Colombia, César Gaviria, quien suspendió a último momento su viaje ante la fuga de la cárcel del narcotraficante Pablo Escobar. Salinas pidió que se manifestase por escrito una solidaridad y un apoyo expresos a Gaviria en su lucha contra el narcotráfico.


Menem le apoyó de inmediato y añadió que se agregase la solidaridad con “el presidente Fujimori, pese a las diferencias que podamos tener” por estar enfrentándose al narcoterrorismo y “al amigo Carlos Andrés Pérez”. 


Menem insistió con vehemencia en que no alcanzaba a comprender al parlamento venezolano por esa prohibición, a la que calificó de “falta de consideración para los demás mandatarios”. El tema pareció quedar cerrado ahí, pero al concluir su intervención Paz Zamora, pidió la palabra Jorge Serrano de Guatemala y planteó que el apoyo a Gaviria debería diferenciarse de los otros dos ”porque Gaviria estuvo ausente por una razón de fuerza mayor, no por no querer o por no tener autorización de su parlamento”. Finalmente concilió las posiciones González, quién pidió que confiaran en que la redacción final recogería esas diferencias.


Al debatir sobre cooperación y desarrollo y ante intervenciones demasiados generales, González anunció que haría de “provocador” y ofreció datos concretos: hay un problema de estancamiento en el crecimiento de la economía de los países industrializados, el dinero es escaso y los sectores públicos están en quiebra “incluso en Alemania”. Hay distorsiones tremendas, añadió y puso como ejemplo que su gobierno está alquilando helicópteros rusos, con pilotos rusos, parea apagar incendios forestales en España. “Y cuestan diez veces más baratos que utilizar los propios, sí, como oyen, diez veces más baratos”.


No obstante, se manifestó convencido de que América Latina es la región del mundo que está en mejores condiciones para dar el salto al desarrollo, aunque para ello no debe temer la competencia con otras regiones.
Pero el clima de cordialidad no impidió que se lanzasen algunos dardos, como lo hizo Menem con Castro. Al intervenir después de éste dijo que la Cumbre era una demostración “de que con libertad todos podemos plantear lo que queremos, por lo que es necesario que defendamos en todas partes esa libertad”.


Pero Castro también aprovechó la ocasión al decir que había escuchado cosas interesantes que dan la impresión de que se vive en el mejor de los mundos: “Se habla de la baja de inflación, de las inversiones, del crecimiento, pero no de la pérdida de empleos ni de la pobreza creciente”.


Finalmente el equipo de organización, coordinado por Luis Reverter, secretario general del gobierno español, logró que los horarios se cumplieran casi como estaba previsto, aunque debieron esforzarse para que los presidentes abandonasen o retornasen a las reuniones cada vez que hacían un cuarto intermedio. Al final, todos abandonaron el edificio del Senado y abordaron el autobús que los llevó al Hotel Ritz, en el que están alojados. Solamente fueron aparte el Rey, quien regresó a su residencia en auto, González que se dirigió al Centro de Prensa a informar a los periodistas y Menem, que fue a inaugurar un monumento a Eva Perón, en el parque del mismo nombre. (Madrid, 24-7-1992)

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