Las declaraciones anti-golpistas realizadas hoy por el escritor argentino Ernesto Sábato, al arribar al aeropuerto de esta capital, confirman el compromiso político de su obra literaria que recibirá mañana el máximo reconocimiento español El rey Juan Carlos le entregará mañana el premio miguel de Cervantes, considerado el nobel de la literatura castellana y todos los analistas coinciden en vincularlo a su lucha por los Derechos Humanos.

   El Premio Cervantes, que fue otorgado por primera vez en 1976, al español Jorge Guillén, lo recibieron en años sucesivos el novelista cubano Alejo Carpentier, los españoles Damaso Alonso y Gerardo Diego, el argentino Jorge Luis Borges, el uruguayo Juan Carlos Onetti, el mexicano Octavio Paz y los españoles Luis Rosales y Rafael Alberti. Cuando fue fallado el premio a favor de Sábato, el 10 de diciembre de 1984, el presidente del jurado y ministro de cultura, Javier Solana, insistió en que el dictamen se basó pura y exclusivamente en los valores literarios del escritor.

   Pero el galardonado ya había dado pruebas suficientes de que la suya es una literatura comprometida con la realidad social de su tiempo y acababa de entregar al presidente de la Argentina, Raúl Alfonsín, un informe sobre los “desaparecidos” bajo la dictadura militar y que pasó a ser conocido como el Informe Sábato. Sábato, al ser consultado hoy sobre rumores de golpe de estado en buenos Aires, afirmó que “no hay ninguna posibilidad de golpe de estado contra el gobierno constitucional de la República Argentina. El gobierno republicano ha reaccionado como es debido frente a declaraciones golpistas y desestabilizadoras de quienes no representan ni al uno por ciento de los votos”, añadió.

   En otra oportunidad en que visitó España, definió su fórmula política como “justicia, libertad con libertad, ya que ambos términos tienen que ir juntos”. El escritor, nacido en 1911 en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, se doctoró en física en la universidad de esa ciudad, estuvo becado en París en el Instituto Curie en 1938, pero al finalizar la segunda guerra mundial abandonó la docencia e investigación universitaria para dedicarse a la literatura. Atrás quedaron unos años de militancia en el anarquismo y en las juventudes comunistas. Dejó las filas comunistas cuando los procesos de Moscú, incoados por José Stalin contra sus disidentes, abrumaron su conciencia.


   Ahora y en especial después de la guerra de Las Malvinas, 1982, se proclama “contra los dos imperialismos” y propugna la necesidad de una autonomía tanto de la Unión Soviética como de los Estados Unidos. (IPS Madrid, 21-4-1985).